Tal día como hoy, 17 de noviembre de 1566, el Rey Felipe II promulgaba una serie de rigurosas medidas, en contra de los moriscos de Granada, que afectaban tanto al uso del idioma árabe, como a sus costumbres musulmanas.
La Rebelión de las Alpujarras,fue un levantamiento morisco en el Reino de Granada contra las políticas de Felipe II, que prohibían sus costumbres y prácticas religiosas. La insurrección, iniciada por la promulgación de una pragmática en 1568, que reducía sus derechos, fue brutalmente reprimida por las fuerzas comandadas, por don Juan de Austria.
Como resultado, los moriscos fueron expulsados de las Alpujarras y se dio un gran número de muertes, lo que generó una vasta literatura, sobre el conflicto y marcó el fin del morisco, como entidad social y cultural significativa.
El Rey Felipe II, aceptó lo acordado en el Concilio de Trento y, animado por el Papa Pio V, llevó a la práctica, una serie de recomendaciones, que hizo que la política morisca, retrocediese a la utilizada en el año 1500.
En 1566, Felipe II promulgaba una Pragmática, que establecía la nulidad de los contratos redactados en árabe, e impuso un plazo de tres años, para que los moriscos aprendiesen el castellano, entre otras medidas. ,
En esta línea restrictiva, se encuadraba la decisión de arrebatar las tierras a todos aquellos, que no tuvieran un título de propiedad, un serio problema para una comunidad que, en su mayor parte, no disponía de dicho título.
Las duras medidas de Felipe II contra los moriscos, causaron una rebelión en el año 1568 en las Alpujarras, rebelión que terminó con la coexistencia pacífica de ambas comunidades, durante más de 50 años y a la que se sumaron, los territorios de Ronda, el norte de Granada y de Almería.
La Rebelión de las Alpujarras, se prolongó durante dos años. Ni el propio Rey Felipe II, disimuló la gravedad de los acontecimientos, en la corte y llamó a su hermanastro, Don Juan de Austria, para sofocar la Rebelión de las Alpujarras.
Lo consiguió en el verano de 1570. Ese mismo año, el 1 de noviembre, Felipe II firmó un Decreto de expulsión, de todos los moriscos del Reino de Granada, incluidos los nuevos conversos cristianos.
Todos los moriscos del Reino de Granada, fueron desterrados en 1571 y dispersados a lo largo de los territorios de la Corona de Castilla, excepto aquellos pertenecientes a la administración pública, los esclavos, los menores de 14 años y los mayores de 70.
Sin embargo, las medidas de represión no solo afectaron a los rebelados, también al resto de los moriscos que no apoyaron la revuelta. En febrero de 1571 fueron deportados en masa, repartidos por Castilla y vieron confiscados sus bienes, que a la postre serían repartidos entre nuevos pobladores, procedentes de diferentes puntos de Castilla, al objeto de repoblar aquellas áreas, que se vieron más afectadas, por la expulsión.
La salida forzosa de los moriscos del reino de Granada, representaba el fracaso de la política de asimilación, emprendida por la Monarquía, desde principios de siglo y preparaba el camino, para la futura expulsión de todos los moriscos de España, decretada en 1609 por Felipe III.
Y, lo más importante, conllevó un grave proceso de despoblamiento, de regiones donde la mayoría, o la totalidad de la población era morisca, y el inicio de un período de crisis económica en el reino, cuya tierra, como recordaba Diego Hurtado de Mendoza, había quedado “despoblada y destruida”.
La política de repoblación de Felipe II, no solucionó el problema y el territorio, tardaría mucho tiempo en recuperarse del impacto social, económico, religioso y cultural de lo que, al decir de los cronistas más importantes del conflicto, fue una auténtica guerra civil. La más importante, producida en suelo peninsular en el siglo XV


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