Tal día como hoy ,7 de marzo de 1939: En el marco de la Guerra Civil Española, las defensas costeras de Cartagena, hunden el buque mercante Castillo de Olite. Se trata del hundimiento con más víctimas mortales, de la historia de España. En él fallecieron 1.476 personas-
El 7 de marzo de 1939, en los días finales de la Guerra Civil Española, se produjo el hundimiento en el puerto de Cartagena, del buque franquista Castillo Olite, un barco mercante que formaba parte de una expedición, de más de 30 barcos que iban a tomar la base naval de la II República, en un asalto que iba a ser definitivo.
El vapor iba cargado de tropas y se dirigía, a una ciudad en la que se creía que la República, ya se había rendido. No era del todo así, porque un cañonazo disparado desde la batería de costa, situada en La Parajola -que aún permanecía fiel al gobierno republicano- cruzó la bahía desde el oeste al este y hundió, el buque en las proximidades de la Isla de Escombreras, con el resultado de 1.476 muertos, 342 heridos y 294 prisioneros.
Hubo muchas personas, implicadas en aquellos sucesos, pero hay dos grandes protagonistas, en esta historia. El primero es el capitán de la batería, Antonio Martínez Pallarés, un comunista que veía perdida la guerra y que a primeros de marzo, estaba a punto de rendir la batería, a favor del ejército de Franco, cuando en última instancia otro capitán, el republicano Cristóbal Guirao García le ordena, con la pistola en la sien, que realice el fatal disparo.
Un momento crítico, en donde estos dos hombres deciden, uno involuntariamente y el otro totalmente convencido, disparar el cañonazo que matará, a casi 1.500 tripulantes del Castillo de Olite.
Tras la guerra, estos dos hombres corrieron desigual suerte: el capitán Cristóbal Guirao pudo huir desde el puerto de Águilas, hasta Argelia tan solo unos días después, vivió en el exilio, durante los 40 años de dictadura, regresó a España en democracia y murió de viejo en 2007; pero el capitán Antonio Martínez Pallarés, permaneció en la España franquista esperando no ser culpado, por este hecho de guerra, aduciendo su involuntariedad.
Este argumento, no les valió a los magistrados franquistas del juicio sumarísimo, al que fue sometido y a resultas del cual, fue condenado a muerte y fusilado, dos años después, pues ni el juez ni el fiscal, de ese Consejo de Guerra, creyeron en su inocencia. Fue el único de los 97 militares, que servían en la batería de la Parajola, que pagó con su vida por estos hechos.
Estuvieron apareciendo cuerpos flotando, en la dársena de Cartagena durante mucho tiempo: treinta o cuarenta cadáveres cada mes, todos los meses siguientes, incluso hasta septiembre de 1939.
Enterrados los difuntos, curados los heridos y liberados los prisioneros tras la guerra, el franquismo, comenzó con una serie de homenajes a los fallecidos, en forma de desfiles militares en fechas señaladas y la erección, de un monumento, en principio una cruz de piedra erigida en 1939, en la costa de Escombreras, acompañada de una concentración multitudinaria.
Cada 7 de marzo, se repitió esta ceremonia hasta los años 50, cuando aquello ya cayó en el olvido, aunque en 1956 se levantó otro monumento, en forma de cruz de hierro, porque el monumento anterior, desapareció por la construcción en su anterior emplazamiento, de la nueva central térmica.
La cruz de hierro, que homenajeaba a los fallecidos del Castillo Olite, era visible desde muy lejos, y constituía una imagen típica del puerto de Cartagena, hasta el año 2001, cuando fue desmontada, por la ampliación de la dársena de Escombreras, que se desarrolló tras la reconversión industrial, de los años 90













