Tal día como hoy, 11 de enero del 347, nacía en la actual localidad segoviana de Coca, el Emperador romano que cambió la historia, a través de la religión, Teodosio I "el Grande".
Teodosio I el Grande fue el emperador romano, que transformó la historia al hacer, del cristianismo niceno, la religión oficial y única del Imperio, con el Edicto de Tesalónica (380 d.C.), prohibiendo el paganismo y unificando el credo, además de ser el último en gobernar, un Imperio Romano unido antes de su división definitiva, consolidando el cristianismo, como fuerza dominante y marcando el fin de la coexistencia, con las religiones paganas.
Teodosio adquirió experiencia militar, combatiendo en Gran Bretaña bajo las órdenes de su padre. En el año 374 se encargó de la defensa de Mesia, actual Serbia, frente a los sármatas, al ocupar el cargo de dux. Lo hizo hasta que su padre fue ejecutado.
En el año 378, recibió la llamada del Emperador Graciano, para volver a defender los territorios de Mesia, esta vez frente a los godos. Un año después, Teodosio se convirtió en el tercer Emperador romano, nacido en Hispania al ser nombrado augusto, con potestad en el Imperio Romano de Oriente, un título que, después de vencer a los visigodos y acordar con el Rey Atanarico, la instalación de este pueblo en Mesia como federados del Imperio, transmitió a su hijo Arcadio.
Mientras esto sucedía en el Imperio Romano de Oriente, en Occidente Graciano era destronado por un militar hispano llamado Máximo, sin embargo, el hermano de Graciano, Valentiniano II, luchó contra él por el poder.
Teodosio, reconoció al principio la autoridad de Máximo, pero más tarde se alió con Valentiniano y también se casó con su hermana Gala, en el año 387. Al año siguiente Teodosio venció a Máximo, en la batalla de Aquileya y, a pesar de mantener formalmente en el trono occidental a Valentiniano II, extendió su autoridad a todo el Imperio.
Teodosio pasó a la historia, por volver a unificar el Imperio Romano, pero sobre todo, por cambiarla a través de la religión. Como cristiano, adoptó el catolicismo como religión del Imperio y, aunque su actitud en un principio, fue conciliadora hacia los paganos, esta cambió tras ser excomulgado por el arzobispo de Milán, San Ambrosio, a causa de la represión de la revuelta de Tesalónica, que acabó con la vida de unas 7.000 personas.
Teodosio hizo penitencia pública, para obtener el perdón y prohibió los cultos paganos, primero en Roma y, más tarde, en todo el Imperio. El paganismo fue perseguido.
Aquella situación, provocó una revuelta encabezada por el usurpador Eugenio, quien aprovechando que Teodosio, se encontraba en Constantinopla, negociando la paz con los persas y se adueñó de las Galias, la Península Itálica y el norte de África; dio muerte a Valentiniano II y se proclamó Emperador, de Occidente en el año 392.
En cuanto Teodosio, regresó a la Península Itálica dio muerte a Eugenio, restableció la unidad del Imperio y se proclamó oficialmente Emperador de Oriente y de Occidente, en el año 394.
Teodosio falleció un año después. Consciente de las diferencias culturales, económicas y políticas, entre el Imperio Romano de Oriente y de Occidente, dividió el Imperio entre sus dos hijos. El mayor, Arcadio, recibió el Imperio Romano de Oriente y el menor, Honorio, se quedó con el Imperio Romano de Occidente.
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Relación efemérides históricas; cuentos, reflexiones, poesias...
sábado, 10 de enero de 2026
Teodosio I "El Grande":el emperador que cambió la historia con la religión
viernes, 9 de enero de 2026
Historia del servicio militar obligatorio en España
Tal día como hoy, 10 de enero de 1877: Se establece en España el servicio militar obligatorio.
El servicio militar obligatorio (la "mili")fue abolido en España en 2001, poniendo fin a una tradición de más de dos siglos y dando paso, a unas Fuerzas Armadas completamente profesionales y voluntarias, aunque la Constitución contempla la posibilidad, de movilización forzosa en casos excepcionales de guerra, y el debate sobre su posible, regreso ha surgido en el contexto europeo, pero el Ministerio de Defensa, ha sido claro en su postura de mantener el modelo profesional
En 1877, España estableció formalmente el servicio militar obligatorio, mediante la Ley de Reemplazo de 1877, haciendo obligatorio para todos los españoles, mayores de 20 años el servicio en el ejército, fijando una duración de servicio activo en 8 años (4 en activo y 4 en reserva) y prohibiendo la recluta de personal extranjero, marcando un hito en la modernización, del reclutamiento militar.
En España, los distintos servicios militares implantados, a partir de la Regencia posterior a la muerte de Fernando VII, se encontraron con problemas de aceptación social. Los quintos y la posibilidad de pagar, para eludir el servicio resultaban en la utilización de soldados de las clases sociales bajas, para la defensa de la patria, lo cual causaba mucha animadversión entre los afectados.
Existía, la redención a metálico mediante la cual, por una importante cantidad de dinero, se quedaba exento. Aunque hubo aristócratas e hijos, de la alta burguesía que no se acogieron a esa ventaja, lo cierto es que muchos otros si lo hicieron, eludiendo ir a Cuba o África.
Esta injusticia, era criticada tanto por los militares profesionales, como por el movimiento obrero. La patria era de todos pero solo la defendían los pobres.
En 1912 el presidente Canalejas, quiso aportar otra solución más satisfactoria al problema, de las injusticias de reemplazo, creando un servicio obligatorio para todos con la figura del "soldado de cuota", para eliminar los sistemas de "sustitución" y de "redención en metálico".
La redención se eliminó en 1912, pero siguió existiendo un “soldado de cuota” que, aunque debía servir en filas, lo hacía con un tiempo muy reducido y mejores condiciones que el resto.
De acuerdo con el nuevo sistema, nadie se libraba totalmente del servicio militar, aunque se seguían ofreciendo, ventajas importantes a las familias, de determinado nivel económico; estos, pagando una cuota de 1000 pesetas, permanecían en filas durante diez meses y aquellos que abonaban, la cantidad de 2000 pesetas sólo servían cinco meses.
En cambio, aquellos que no se hallaban en disposición, de pagar cualquiera de estas cuotas, se veían obligados a prestar servicio durante tres años. Se suponía que en caso de guerra, los "soldados de cuota", podían ser movilizados.
Los “cuotas”, desaparecieron durante el periodo republicano y el servicio militar se universalizó, hasta su desaparición en tiempo de paz, con la llegada del siglo XXI.
Este servicio recibió la denominación popular de "mili" y fue siempre exclusivo de los varones mayores de edad. Los únicos que se podían salvar de realizarla eran los hijos de viudas y los individuos con discapacidades físicas para la correcta realización del servicio.
Durante los últimos años del franquismo, se produjeron los primeros casos de objeción de conciencia de carácter antimilitarista, como los testigos de Jehová, que se negaban ya a cumplir con el servicio militar. En 1996 el servicio militar obligatorio, fue finalmente suspendido por el gobierno de José María Aznar. No obstante, la obligación no acabaría totalmente hasta el año 2001
La vigente Constitución española de 1978, como todas las constituciones liberales, establecen la defensa de la patria, como un derecho y un deber de cada ciudadano.
jueves, 8 de enero de 2026
La ciudad de Valencia capitula tras cuatro días de asedio francés
La conquista de Valencia en enero de 1812,.fue un evento clave de la Guerra de la Independencia española, donde el mariscal francés Louis Gabriel de Suchet tomó la ciudad el 9 de enero, tras un duro asedio y bombardeos, tras la capitulación del ejército español del General Blake, facilitando la ocupación francesa de la región, y convirtiendo a Valencia brevemente, en la capital de España cuando José I, trasladó allí su corte en verano, marcando un momento de gran importancia, militar y política en la península.
En enero de 1812, las armas francesas comandadas por Louis Gabriel Suchet, mariscal de campo del Primer Imperio, entraban en València después de vencer la resistencia, del ejército español a las órdenes del general, Joaquín Blake Joyes.
Con la conquista de València, el emperador francés Napoleón conseguía el dominio territorial, sobre la práctica totalidad de lo que habían sido, hasta 1808, los dominios borbónicos peninsulares; y conseguía, también, reforzar el poder de su hermano José I como rey de España, desde que Carlos IV y Fernando VII, habían cedido la corona española, a los Bonaparte.
En aquella operación militar, cuatro meses antes de la conquista de València, los generales españoles Castaños y Contreras, a pesar de la evidente inferioridad de recursos y la imposibilidad de recibir refuerzos, se habían negado a rendir la plaza. Y habían abandonado Tarragona a su suerte, horas antes del asalto y saqueo que acabaría costando la vida a más de cinco mil personas.
Los franceses tomaron Tarragona, el 28 de junio de 1811 tras un brutal asedio, con el ejército napoleónico del mariscal Suchet, asaltando la ciudad después de semanas de lucha y abriendo una brecha en sus murallas, lo que acabó en una masacre y saqueo, que duró días.
El año 1812 Valencia, con 120.000 habitantes, compartía con Barcelona y con Madrid el liderazgo demográfico y económico del reino español. Catalunya había sido incorporada a Francia, como una región más. Pero en París no tenían los mismos planes para el País Valenciàno.
El general español Blake, aislado y sin posibilidad de recibir refuerzos, rindió la plaza y una guarnición, de 16.000 soldados a la autoridad del rey José I. Y salvó València de una más que probable, carnicería monstruosa que, como en Tarragona, habría costado miles de vidas humanas, entre la población civil, la destrucción economía y la irreparable destrucción, de su patrimonio histórico y monumental.
El 14 de enero de 1812, hizo su entrada como gobernador de la ciudad y reino de Valencia el mariscal francés Louis Gabriel de Suchet.
El acontecimiento fue preparado, con la solemnidad que requería. Se asearon y limpiaron las calles y arrabales; se adornaron las fachadas de las casas; se arregló el piso de Santo Domingo y se estableció el Palacio de Cervellón, como su residencia.
Los miembros del ayuntamiento, junto con el cabildo eclesiástico y demás dignidades fueron a recibirle hasta la Zaydia. Entró por la puerta nueva de San José y de allí se dirigió, a la que sería su residencia en Valencia.
En la campaña de Rusia de 1812 el emperador Napoleón pierde a su “Grande Armée” y retira más fuerzas de España, para reconstruir su ejército: el mariscal Suchet evacua Valencia el 5 de julio de 1813 retirándose hacia Aragón, y el 6 de julio entran en la ciudad las tropas españolas, del general Villacampa, quedando la ciudad liberada, del dominio francés .
miércoles, 7 de enero de 2026
Biografía de Abderramán III, el primer califa andalusí
Tal día como hoy, 8 de enero de 891: En la ciudad de Córdoba nace Abderramán III, el primer califa de la Península Ibérica.
La infancia de Abderramán, estuvo marcada por la violencia palaciega, ya que su padre fue asesinado pocos días después de su nacimiento, por su propio hermano Mutarrif, quedando bajo la tutela de su abuelo, el emir Abdalá, y criado por su tía en el harén, recibiendo una educación enfocada en los estudios y el gobierno, preparando su futuro, como califa omeya de al-Ándalus.
Era un hombre de piel blanca y ojos azules, con ascendencia norteña por parte de su madre, la concubina cristiana Muzna y de su abuela, algo poco común para un omeya de la época.
A pesar de la violencia, creció rodeado de un ambiente cortesano, que fomentaba la cultura y el saber, sentando las bases para su futuro como gran mecenas.
Cuando el viejo emir Abd Allah murió a los setenta y dos años de edad, la sucesión tomó un cariz inédito, puesto que no recayó en ninguno de los hijos del difunto, sino en su nieto Abderramán.
A pesar de los temores de que los tíos de Abderramán pudiesen estorbar su ascenso al trono del emirato, la sucesión se produjo sin problemas el jueves 15-16 de octubre del 912 tras morir Abd Allah
En una serie de ceremonias, tanto la corte como el pueblo juraron fidelidad al nuevo emir; los primeros en hacerlo fueron sus propios tíos, hermanos de su padre fallecido.
Al proclamarse califa, Abderramán III estaba reclamando, como representante de Dios en la tierra, la dirección espiritual de todos los musulmanes del orbe. Lo hacía en competencia con los califas abbasíes de Bagdad, responsables de la desaparición de los omeyas de Damasco a mediados del siglo VIII y enemigos declarados, de sus descendientes andalusíes. Sin embargo, nadie se llamaba a engaño.
Los verdaderos enemigos de Abderramán III, no eran estos lejanos rivales, cuyo poder hacía aguas por todas partes, sino unos recién llegados, que acababan de ocupar los territorios del actual Túnez, en medio de grandes celebraciones y proclamas, que anunciaban el advenimiento, de una nueva era.
Estos soberanos se hacían llamar fatimíes y reclamaban el califato en razón de una genealogía que les hacía descender de Ali ibn Abi Talib, primo y yerno del profeta Mahoma, con cuya hija Fátima se había casado.
Todos los que creían que el carisma y la autoridad religiosa del Profeta, se habían transmitido a la descendencia de su yerno Alí sólo podían sentirse impresionados por la llegada al poder de estos fatimíes: por primera vez el bando (shía) de Alí estaba en condiciones de guiar a la comunidad musulmana.
Al adoptar el título califal y el apodo de al-Nasir, "el Victorioso", Abderramán III mostraba su disposición, a aceptar el reto planteado por los fatimíes. Ostentar el califato no era para él cuestión de genealogía, sino de merecimiento; no entrañaba lanzar mensajes demagógicos, sino demostrar con hechos, la confianza que Dios había depositado en los omeyas. .
De este modo, Abderramán III, dos años después de proclamarse califa, decidió atacar a los fatimíes, ordenando que sus tropas cruzaran el Estrecho y ocuparan Ceuta. Iniciaba, asi, una larga secuencia de enfrentamientos, con los fatimíes en el Magreb durante las décadas siguientes.
Pero, no era sólo el nuevo panorama del mundo mediterráneo, lo que impulsaba a Abderramán al-Nasir a tomar el título califal. También la propia evolución de la sociedad andalusí, respaldaba su inédita decisión.
Transcurridos dos siglos desde la conquista de 711, al-Andalus era ya un territorio con mayoría de población, musulmana, una sociedad de "creyentes", sobre la que un califa ejercía su autoridad espiritual y terrenal. Esta conversión paulatina, pero masiva, de la población indígena, parece haberse iniciado en fechas muy tempranas.
Puede atestiguarse a través de indicios, como las sucesivas ampliaciones, de la mezquita de Córdoba, que llevaron casi a duplicar su superficie original en el siglo IX, o el gran número de mezquitas surgidas, no sólo en la capital, sino también en ciudades como Sevilla, Toledo o Zaragoza, o en enclaves tan diversos como Tudela (Navarra), Almonaster (Huelva) o Tortosa (Tarragona).
La peripecia personal del nuevo califa, ratificaba el sentimiento de triunfo y plenitud que se vivía en al-Andalus, a comienzos del siglo X. En ese año de 929, Abderramán tenía cuarenta años, de los cuales había pasado batallando, los 17 que ya llevaba en el poder. En todos esos combates, la suerte siempre le había sonreído.
De su abuelo y antecesor, el emir Abd Allah, había recibido una difícil herencia, de rebeliones frente a la autoridad omeya. El gran logro de Abderramán III, había consistido en sofocar todas esas sublevaciones, en agotadoras campañas, muchas conducidas por él mismo. Écija, Carmona, Sevilla, Niebla, Mérida y un largo etcétera de fortalezas y castillos se habían, rendido a las tropas omeyas, entregando a los cabecillas que allí se habían, hecho fuertes y permitiendo, la entrada de gobernadores nombrados desde Córdoba.
La conquista que más satisfacción, había producido a Abderramán III había sido, sin embargo, la de Bobastro, una fortaleza situada en los montes de Málaga y todavía visible, en el impresionante emplazamiento, de las Mesas de Villaverde (término municipal de Ardales, Málaga).
Desde allí, un descendiente de indígenas, convertidos al Islam, llamado Umar ibn Hafsún, había conducido una formidable rebelión que a punto estuvo de acabar con la dinastía omeya. Umar falleció en el año 918 sin haber sido sometido y dejando sus amplios dominios en herencia a sus hijos, que continuaron desafiando a la autoridad central.
Fueron necesarias largas y trabajosas campañas para conseguir que a comienzos de 928 Bobastro capitulara. Llegada la primavera, Abderramán se dirigió a inspeccionar en persona la ciudad recién conquistada. Observó su emplazamiento y sus defensas detenidamente, recorrió sus edificios y, finalmente, requirió ser conducido al lugar donde se encontraba la tumba, de quien había sido el azote de sus antecesores.
Una vez allí ordenó que se desenterrara su cadáver. Todos los presentes pudieron comprobar entonces, lo que siempre se había sospechado: a pesar de haber nacido musulmán, Umar ibn Hafsún, se había convertido al cristianismo, en el curso de su rebelión. Su apostasía quedaba delatada, por el hecho de que se hubiera enterrado, sobre la espalda y con los brazos cruzados en el pecho, en lugar de hacerlo siguiendo el rito musulmán, que exige que el cadáver, se deposite sobre el costado derecho y orientado hacia La Meca.
Para culminar su venganza, Abderramán III mandó transportar los restos a Córdoba, donde ordenó izarlos sobre una cruz, en la orilla del río, junto al alcázar. Completó la escenografía disponiendo los cadáveres de dos hijos de Umar a uno y otro lado de los despojos de su padre.
Durante casi 15 años, las tres cruces quedaron allí bien visibles, junto al Guadalquivir, y sólo desaparecieron cuando una riada arrastró los viejos maderos y los restos que de ellos todavía colgaban.
La conquista de Bobastro no detuvo al califa de al-Andalus. Cuatro años después, en 932, Toledo se rendía a las tropas cordobesas, poniendo, de este modo, punto final a una larga serie de rebeliones, que los habitantes de esta ciudad habían protagonizado durante decadas.
Por ello, la siguiente campaña, la del año 939, fue considerada trascendental, incluso en el nombre que se le dio: "campaña del gran poder". Dos años antes se había sometido Zaragoza y por ello el califa hizo especial hincapié en que le acompañaran los principales caudillos de la frontera, en una expedición que, sin duda, estaba destinada a cambiar definitivamente, el equilibrio de fuerzas en la Península. La ambiciosa campaña se puso en marcha a comienzos de julio.
Su primer objetivo fue el enclave de Simancas (Valladolid), donde el poderoso ejército califal, midió sus fuerzas con las del rey Ramiro II de León. "el rey guerrero". El resultado fue incierto, para desesperación de un califa, convencido de que mandaba, un ejército invencible.
Tal vez desconcertado, al-Nasir se dejó persuadir por una propuesta descabellada: conducir sus fuerzas hacia el valle del Riaza (en el límite de las actuales provincias de Segovia y Soria), donde algunas poblaciones fronteriza, atacaban los dominios andalusíes.
Cuando el ejército se internó por una zona escarpada y con accesos muy difíciles, sufrió una emboscada, que provocó un desastre del que el propio califa escapó, a duras penas. La derrota de Alhándega –o "del barranco»", como pasó a ser conocida– resultó especialmente dura, porque en medio del fragor de la batalla, algunos miembros del ejército califal, decidieron emprender la huida sin preocuparse de defender al califa.
Las pérdidas humanas fueron muy elevadas y a ello se añadió la humillación, sufrida por el califa, que perdió su pabellón y objetos personales, demostrando ser vulnerable.
De regreso a Córdoba, el califa ordenó construir junto al alcázar, una plataforma con diez cruces. Poco después, con ocasión de un alarde público del ejército y en presencia del califa, un funcionario comenzó a vocear los nombres de diez altos mandos de las tropas, que inmediatamente fueron sacados de la formación, despojados de sus armas, izados en las cruces y ejecutados, bajo la acusación de traición, al califa. en la jornada de Alhándega.
Los reproches mutuos ,debieron de ser tan agrios, sin embargo, que a alguno de los condenados, hubo que cortarle la lengua para impedir ,que siguiera insultando al califa. Por su parte, el ánimo de éste, se volvió cada vez más sombrío.
El desastre hizo profunda mella, en un hombre que estaba a punto de cumplir los 50 años y que decidió, no volver a salir jamás en campaña con su ejército. Abderramán continuó en el poder, hasta su muerte, en octubre de 961.
Murió a los 73 años, en su lecho y tras haber conseguido, logros impresionantes. Gobernadores omeyas regían en cada provincia y ciudad de importancia, los ingresos del fisco, superaban los seis millones y medio de dinares al año, las propiedades del califa rendían más de 700.000 dinares, y la moneda de oro, había vuelto a circular, merced a la apertura de las rutas africanas, que la expansión omeya en el Magreb ,había permitido.
Sin embargo, no parece que Abderramán muriera satisfecho. Tras su fallecimiento hubo quien dijo haber encontrado un escrito de su puño y letra, en el que el califa afirmaba que a lo largo de su vida, habían sido muy escasos, los días de felicidad, de los que había disfrutado.
Es posible que a esta amargura final, contribuyera la ejecución de su propio hijo Abd Allah en el 950, acusado de haber conspirado, para destronar a su padre y que, al parecer, concitó grandes simpatías, como alguien dotado de una personalidad opuesta, al carácter brutal de su progenitor.
De hecho, en al-Nasir, parece adivinarse una figura temida y respetada, pero escasamente querida. Al contrario de lo que ocurre con algunos de sus antecesores, son escasas las noticias, que hablan de su religiosidad y piedad, a pesar de haber sido, un incansable luchador por conseguir, la unidad de al-Andalus y el sometimiento, de los reinos cristianos del norte.
lunes, 5 de enero de 2026
Historia del guerrillero español, Jerónimo Merino, más conocido como "El Cura Merino"
Tal día como hoy, 6 de enero de 1809: Jerónimo Merino, más conocido como ‘el Cura Merino’, sacerdote que se convirtió en uno de los más prestigiosos guerrilleros, de la resistencia española, durante la Guerra de la Independencia, inicia su actividad como guerrillero, al atacar a un correo francés y a su escolta, en la localidad burgalesa de Fontioso.
Jerónimo Merino Cob, conocido como "El Cura Merino", fue un sacerdote y líder guerrillero español, durante la Guerra de la Independencia Española.
En 1808, ejerciendo de párroco en su pueblo natal, pudo apreciar el maltrato que recibía la gente de su pueblo, por parte de las tropas francesas; esto le incitó a convertirse en guerrillero.
Durante la guerra de la Independencia, contra el ejército napoleónico, se convirtió en uno de los más prestigiosos guerrilleros, de la resistencia española. El 6 de enero de 1809, noche de reyes, tiene lugar la primera acción de guerra del Cura Merino, atacando a un correo y su escolta en la localidad de Fontioso.
El 9 de junio de 1809, cuando se encontraba con su partida en Tordómar, recibe aviso de la llegada a Lerma, de una patrulla franca procedente de Burgos. Su éxito al asaltar el Palacio Ducal, rindiendo a la guarnición francesa, atrae a sus filas jóvenes estudiantes de la comarca.
A partir de julio de 1809, incrementadas sus fuerzas, actúa sobre las comunicaciones Burgos-Valladolid. Así, el 22 de enero de 1810 sorprendió a una división francesa, en las inmediaciones de la villa de Dueñas, cayendo en la emboscada sobre 1500 hombres, de los que lograron evadirse solamente unos 200.
El 10 de julio de 1810, las tropas francesas al mando del general Duvernet, incendian la villa de Almazán, en represalia a la tenaz resistencia que dentro de sus muros, hizo el guerrillero con 1600 hombres.
En 1811, funda el Regimiento de Húsares de Burgos en el que participaron entre otros Julián de Pablos y otros jóvenes lermeños, como Ramón de Santillán, futuro ministro de Hacienda y primer gobernador del Banco de España, y también el de infantería conocido como Regimiento de Arlanza. Los húsares vestían pelliza azul bordada en blanco, con “sus armas bruñidas y sus hermosos caballos, podían emparejarse, sin menoscabo, con la mejor fuerza regular de la Caballería francesa".
Logró una audaz victoria en Roa, una de los pocas que efectuó Merino sobre poblaciones ocupadas por los franceses. También consiguió victorias en Quintanar de la Sierra y Hontoria del Pinar. En dichas victorias, fue relevante su asentamiento en el Monte Carmona de Vilviestre del Pinar y en Covarnantes Regumiel de la Sierra, pero en este último, los franceses llevaron a cabo la quema del pueblo, debido a que el cura se escondía en aquella cueva y la gente de la localidad, no desveló su localización, en represalia los franceses, incendiaron la iglesia de San Adrián Mártir y la casa del cura, más tarde el fuego se vio propagado.
Esta cueva sirvió como cuartel general del Cura Merino, debido a su localización estratégica y su buen camuflaje en pleno monte. El 15 de abril de 1812 recibe aviso de cómo el batallón 1.º del Vístula, formado por soldados polacos al servicio de Francia, salía de Aranda -para efectuar requisición de carnes, en el partido de Peñaranda de Duero y caseríos de las inmediaciones- un convoy escoltado por 1400 infantes, 150 caballos y dos piezas de artillería, lo que le agradaba, pues veía la posibilidad de escarmentar él, a los franceses que el 2 de abril habían ahorcado a los junteros en Soria, dejándolos colgados para escarmiento de la población.
Merino determinó salir a su encuentro, atacando en el camino de Hontoria de Valdearados, cerca de Peñaranda de Duero, comunicando de este modo su acción:
"... Tenemos la satisfacción de anunciar a V.E. que el 16 del pasado mes de abril de 1812 han tenido estas tropas la acción más brillante de cuantas han ocurrido desde los principios de su formación: todo el batallón 1.º del Vístula, compuesto de 669 polacos fueron fruto de ella. Habían salido de la villa de Aranda a continuar sus robos y saqueos. El Coronel Merino cae sobre ellos en Hontoria de Valdearados, en tan buena disposición, que ni uno siquiera se les fue. Sesenta y nueve murieron en el ataque, sin que por nuestra parte hubiese más desgracias que cinco heridos, el uno de gravedad, los demás polacos, con sus jefes y oficiales, quedaron prisioneros. Inmediatamente de concluida la acción mandaron los Comandantes degollar a 110 de ellos. El resto de los prisioneros ha sido conducido hacia las Asturias...»"
Culminó esta etapa de su vida en 1814, alcanzando el cargo de gobernador militar, con grado de general, de la plaza de Burgos y una vez acabada la guerra, renunció a sus honores militares y volvió a sus labores, de cura de pueblo.
Acabada la guerra, volvió a su ministerio en Villoviado. Sus ideas absolutistas, le valieron ser recompensado por Fernando VII a su regreso, con una canonjía en Valencia. Para Merino era inconcebible que el rey, designado por la gracia de Dios, no ostentase el poder absoluto, y consideraba una herejía, que el poder pasase al pueblo.
Durante el Trienio Libera,l entre 1820 a 1823, retomó la guerrilla, y se enroló durante la Guerra Realista, en las partidas que marchaban, apoyando la invasión del ejercito francés de los "Cien Mil Hijos de San Luis" ,que acabaría con el gobierno liberal.
A la muerte de Fernando VII, se alistó en el bando absolutista del pretendiente don Carlos y dirigió el alzamiento carlista en Castilla la Vieja, participando en los sitios de Morella y de Bilbao.
Derrotado el pretendiente Carlos María Isidro de Borbón, se opuso al llamado Abrazo de Vergara, que dio por finalizado en 1839 la primera guerra carlista en el norte, se exilió en la localidad francesa de Alenzón, donde residía junto a algunos familiares, del que todos los días salía para atender como capellán, las misas en un convento de monjas.
Murió en la localidad francesa de Alenzón, a los setenta y cinco años, y sus restos fueron trasladados en 1968, desde el cementerio de Alenzón hasta España, siendo inhumados el 2 de mayo en la localidad burgalesa de Lerma, frente al convento de Santa Clara, a unos metros del mirador del Arlanza y el valle de Solarana.
domingo, 4 de enero de 2026
Reseña breve del genial escritor español Ramón María del Valle-Inclán
Tal día como hoy, 5 de enero de 1936: Fallece el escritor español Ramón María del Valle-Inclán.
Ramón María del Valle-Inclán, fue un dramaturgo, novelista, poeta y periodista español, figura clave de la Generación del 98 y maestro del Modernismo, famoso por innovar la literatura española con el desarrollo del esperpento, una estética de deformación grotesca de la realidad, como se ve en obras como Luces de Bohemia.
Su vida bohemia y extravagante, su personalidad de dandy y su evolución literaria desde un modernismo exuberante, hasta la creación de un teatro crítico, lo convirtieron en una de las voces más originales y transgresoras, del siglo XX en España.
Nacido en la localidad pontevedresa de Villanueva de Arosa en 1866, y muerto en Santiago en 1936, Valle-Inclán es uno de los autores más importantes de la literatura española del siglo XX. Sabemos que abandonó las aulas de Derecho en Compostela, decidido a seguir su vocación de letraherido. En torno a 1890 afilaba su pluma en Madrid, animado por los modernistas. Dos años después, ya era conocido por sus publicaciones periódicas en la prensa de la época.
Viajó por entonces a México, y a su regreso publicó "Femeninas" (Seis historias amorosas). En 1902 salió de imprenta "Sonata de Otoño", obra que consolidó su fama literaria. En el cauce que lleva desde el esteticismo modernista, al expresionismo, Valle-Inclán modificó su posición política y vital. Dicha transición, lo llevó desde un carlismo sincero, cuyo probable encanto era el de las viejas catedrales, hasta un anarquismo de matiz colectivista, más propio de las vanguardias posteriores a 1917.
En todo caso, la originalidad del personaje, impide consolidar etiquetas permanentes, tanto en lo ideológico, como en lo estético.
Hablando de estética: se sabe que en 1915, fue catedrático de dicha disciplina en la madrileña Escuela de Bellas Artes. Inquieto, incluso rebelde en su extravagancia, el escritor diseñó el "esperpento", como fórmula cabal de su juicio crítico.
Al distorsionar lo real, este género por él creado, le permitía diagnosticar los males más íntimos de su sociedad, resaltándolos por medio del absurdo. Ejemplo definitivo del esperpento, fue "Luces de Bohemia" de 1920. La radicalidad de esta propuesta no fue comprendida, por luminarias de la época, como Pérez Galdós, quien impidió que las creaciones de Valle-Inclán, fueran exhibidas en el Teatro Español.
Polémico, también perseguido durante la dictadura de Primo de Rivera, Valle-Inclán tuvo un respiro en tiempos de la Segunda República. Lo nombraron Conservador General del Patrimonio Artístico ,y director de la Academia Española de Bellas Artes, en Roma. Muy menoscabado en su salud, buscó reposo en Santiago de Compostela, donde pereció en 1936.
Según cuenta una de sus leyendas, Valle-Inclán murió gritando ingeniosas proclamas y juicios antológicos. Advertía que no quería en su funeral "ni cura discreto, ni fraile humilde ni jesuita sabihondo". Se desesperaba en la interminable agonía: "¡Me muero! ¡Pero lo que tarda esto!" Y mascullaba unas última palabras ,redondas para la posteridad: "Aquí he cogido la enfermedad hace treinta años. Aquí he vivido y aquí dejo mi cuerpo".
La mañana del 5 de enero de 1936, en un sanatorio de Santiago, Ramón María del Valle-Inclán, falleció en una habitación atestada de amigos, familiares y curiosos, más sala de museo o animado café, que lecho mortuorio.
El entierro se celebró al día siguiente,día de Reyes, en el cementerio de Boisaca. Allí, mientras la muchedumbre y los poderes públicos locales al completo, daban su último adiós al escritor, bajo una lluvia torrencial, un jabato anarquista que atendía al nombre de Modesto Pasín , se abalanzó sobre el ataúd para arrancar la cruz. La tapa se quebró,y el cadáver quedó al descubierto, ante el horror de los asistentes y el furioso ácrata, cayó rodando al hoyo, de donde tuvieron que rescatarlo.
Según los describe Manuel Alberca en su biografía, los últimos años de Valle-Inclán fueron "amargos". Los trámites de la separación, la ruptura familiar que le alejaría de sus hijos, las crecientes dificultades económicas... "Él, que había creado un mundo propio y una lengua literaria inconfundible, para darle sostén, fracasó al no ser capaz de crear las condiciones de vida, más favorables para los suyos".
María del Valle-Inclán criticaba a Alfonso XIII y a la monarquía por corrupta, acusando al rey de abusar de su poder en negocios turbios, especialmente con el juego y concesiones (como ferrocarriles), y de favorecer la dictadura de Primo de Rivera, lo que llevó a la frase popularizada: "Los españoles han echado al último Borbón no por rey, sino por ladrón".
Estas acusaciones reflejaban el sentir popular, que asociaba a la monarquía con la corrupción y la falta de mérito, según un discurso antimonárquico popularizado por escritores y republicanos.
En pocas palabras, Valle-Inclán fue un artista total, un innovador incansable que transformó la literatura española, haciendo de su propia vida, una obra de arte inseparable de sus creaciones.
El militar y político español Bernardo de Gálvez, en la independencia de Estados Unidos
Tal día como hoy, 7 de enero de 1720,: Nace el militar y político José Bernardo de Gálvez y Gallardo.
Hijo de Matías de Gálvez, teniente general y virrey de Nueva España;
sobrino de José de Gálvez, marqués de la Sonora, visitador de Nueva
España, ministro universal de las Indias y consejero de Estado, bajo el
reinado de Carlos III.
Bernardo de Gálvez, militar y político español, fue crucial en la Independencia de EE. UU. al bloquear, estratégicamente a los británicos en el sur, facilitando ayuda (armas, dinero) a los rebeldes, y mediante victorias militares directas, como la conquista de Pensacola y Mobile, que desarticuló los planes británicos y abrió el rio Misisipi, para suministros patriotas, algo reconocido incluso por George Washington.
Sin la ayuda de España, el triunfo estadounidense en la Guerra de la Independencia, contra Gran Bretaña no hubiera sido posible. Así lo declaró George Washington, hace más de 200 años, y lo reafirmó el ex presidente Joe Biden, en su primera y última visita oficial al país ibérico:"Estados Unidos no sería un país independiente sin vosotros", expresó frente al rey Felipe VI.
La intervención de los militares españoles ,en el proceso más significativo de la historia de Norteamérica, es poco conocida, a pesar de su gran relevancia. Crucial al proporcionar dinero, armas, munición, mantas, vestuario y también ayuda militar directa, el ejército de Carlos III, diseñó un plan discreto —evitando así un choque directo, con la Corona británica— y eficaz —con un frente de alrededor de 11.000 soldados— a favor de la causa independentista, de las Trece Colonias.
No es de extrañar, pues, que en 2014 se llevase por fin a cabo, una promesa hecha por los padres fundadores de Estados Unidos en 1783: la de honrar con un retrato en el Capitolio, la memoria de Bernardo de Gálvez, el militar español que acumuló numerosas victorias contra los británicos, especialmente en las campañas, del Misisipi y el Golfo de México.
Macharaviaya, es el municipio malagueño que vio nacer, en 1746, a Bernardo de Gálvez. Sin embargo, poco tiempo de su vida pasó allí: criado en el seno de una familia de tradición militar, sintió el llamado de las armas con tan solo 16 años, cuando decidió luchar contra Portugal, en la Guerra de los siete años. La labor por la que sería reconocido, no obstante, tuvo lugar al otro lado del Atlántico.
Todo comenzó en 1765, cuando Gálvez viajó a México, para ofrecer apoyo a su tío, José de Gálvez, quien ocupaba el cargo de inspector general de la Nueva España —el territorio que incluye lo que actualmente es México y el suroeste de Estados Unidos—. Allí, entre las muchas campañas que lideró, venció a los apaches en las luchas que se desarrollaron, a lo largo del río Bravo.
En vista de su destreza para planificar las contiendas, el militar fue ascendido a coronel en 1776, y un año más tarde empezó a ejercer como gobernador de Luisiana, lo que le hizo de algún modo empatizar, por cercanía, con la causa revolucionaria e independentista, americana. Y es que, desde 1775 a 1783, se libraba en el territorio de las Trece Colonias, una batalla para, después de más de 160 años de ocupación, deshacerse del yugo británico.
La España de Carlos III era enemiga de Gran Bretaña: la Guerra de los siete años, que aconteció entre 1756 y 1763 y que enfrentó a varias potencias europeas, acabó con la victoria anglo-prusiana y conllevó, pérdidas importantes para el país ibérico. Por ello, con una mochila cargada de rencor, Bernardo de Gálvez vio la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, como una oportunidad para debilitar, a la Inglaterra de Jorge III.
El apoyo de España a Estados Unidos, se materializó primeramente con el abastecimiento de elementos, fundamentales para hacer la guerra, como armas, munición y otros suministros, los cuales llegaron hasta el escenario del conflicto, a través del comerciante Oliver Pollock, considerado uno de los financiadores principales, de la Revolución Americana.
Pero, más tarde, cuando los británicos supieron de la colaboración extraoficial de España, en la causa rebelde, estos dieron inicio a una guerra directa contra los hombres de Carlos III, dirigidos por Bernardo de Gálvez.
Lo que no sabían, sin embargo, era que al aumentar sus esfuerzos en luchar contra los españoles, disminuirían la presión ejercida en las Trece Colonias: un aspecto fundamental para comprender el éxito, de la Independencia de Estados Unidos, adquirida el 4 de julio de 1776, aunque la paz, no llegara al nuevo país hasta abril de 1784.
Las grandes gestas, por las que tanto George Washington como Barack Obama o Joe Biden reconocieron a Bernardo de Gálvez, tuvieron lugar en una etapa de la Revolución Americana, que comenzó a partir de 1779, cuando España entró oficialmente en guerra, contra Gran Bretaña.
Ese año, el militar reunió tropas formadas tanto por españoles,como por colonos franceses, alemanes locales, libertos, personas esclavizadas y choctaw, para capturar los puertos británicos, ubicados en la parte baja del Misisipi en Natchez, Baton Rouge y la desembocadura, del rio Bayou Manchac (ambos en Luisiana).
El éxito en dichas campañas, le ofreció ventaja para, en 1780, salir victorioso de la toma del fuerte británico en Mobile (Alabama), y no fue hasta un año más tarde, cuando, montado en un bergantín llamado Gálveztown, Pensacola (en la actual Florida) cayó finalmente en manos de los españoles, en lo que sería su batalla más distinguida, a lo largo de la historia por ser "decisiva", en el curso de la revolución, en palabras de Carlos del Toro, secretario de la Marina de Estados Unidos.
Han pasado exactamente 238 años, desde que Bernardo de Gálvez murió, en Tacubaya, en la actual Ciudad de México, tras dedicar sus últimos años de vida a gobernar —con un alto grado de popularidad— el Virreinato de la Nueva España. No tuvo la suerte, sin embargo, de experimentar en vida, el reconocimiento que hoy ostenta.
Y es que, en su momento, ademas de la española, la única ayuda internacional que recibió distinción, en el contexto de la Revolución Americana fue la francesa, por la existencia de un tratado oficial que corroboraba, la alianza entre ambos países.
Ahora, en pleno siglo XXI,este hombre ilustre, considerado ciudadano honorífico estadounidense, (un estatus otorgado solo a 8 personas ), la figura de Gálvez está recuperando su gloria en la memoria colectiva, debido al esfuerzo de la administración estadounidense, por rendir homenaje a sus héroes nacionales, a través de pequeño, pero significativos gestos:
La decisión de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, de bautizar a una nueva fragata con su nombre, en una forma de reconocer nuevamente, la excelente relación diplomática entre España y el gigante norteamericano. la fragata bautizada con el nombre del militar español el,(USS Gálvez) ha sido el último de ellos.
Bernardo de Gálvez tiene varios monumentos y homenajes en EE.UU., destacando una estatua ecuestre en Pensacola (Florida), otra en la Embajada Española en Washington, y calles con su nombre en lugares como Nueva Orleans, honrando su papel crucial en la Guerra de Independencia de EE.UU., conmemorando su victoria en Pensacola y su ciudadanía honoraria.
Como suele ser tristemente costumbre, en España casi nadie sabe quien fue...
sábado, 3 de enero de 2026
El levantamiento de Zaragoza, contra el golpe de estado del general Pavia
Tal día como hoy, 4 de enero de 1874: Los republicanos llevan a cabo un levantamiento en la ciudad de Zaragoza, a causa del golpe de Estado del general Pavía.
El 4 de enero de 1874, tras el golpe de Estado del general Pavía, que disolvió las Cortes de la Primera República en Madrid, los republicanos federalistas de Zaragoza, se levantaron en armas al día siguiente, levantando barricadas para defender la República, en un acto de resistencia popular, que desafió al nuevo gobierno unitario, instaurado por Pavía
El levantamiento en Zaragoza contra el golpe de Pavía, en enero de 1874 fue la mayor resistencia popular en España, contra la disolución de la Primera República, con la ciudad construyendo barricadas en defensa de la República, aunque el golpe de Pavia fue finalmente exitoso a nivel nacional, instaurando la dictadura de Serrano.
Tras la entrada de Pavía en el Congreso el 3 de enero, se puso fin a la República parlamentaria, para dar paso a un régimen presidencialista bajo el general Serrano. Zaragoza fue una de las pocas ciudades, que ofreció una resistencia armada directa contra este movimiento.
Este golpe no terminó con la República, sino que dio paso a una República Unitaria, controlada por el general Serrano, alejándose del ideal federalista.
Al conocer la noticia en Zaragoza, los republicanos federales, que defendían la estructura federal del Estado, se levantaron en la ciudad, erigiendo barricadas en las calles como protesta y defensa de sus ideales republicanos, frente al golpe.
Los conocidos como "Voluntarios de la República", levantaron barricadas en las calles del casco antiguo, convirtiendo la ciudad en un foco de resistencia heroica, frente al cambio de régimen que, a la postre, derivaría en la dictadura de Serrano.
Este episodio, representó el último gran esfuerzo del republicanismo federal zaragozano, antes de la Restauración borbónica, a finales de ese mismo año.
Aunque el levantamiento zaragozano, fue una importante resistencia popular, finalmente fue sofocado, y la República continuó en una fase más conservadora, hasta el golpe de Martínez Campos en diciembre de 1874 que restauró la monarquía.
Aunque el golpe de Pavía suele describirse, como un evento que apenas encontró oposición, la resistencia en Zaragoza demuestra que el tejido social republicano de la ciudad, seguía dispuesto a defender la legalidad, de la Primera República por las armas.















