Tal día como hoy, 9 de noviembre de 1208, murió Sancha de Castilla, hija de Alfonso VII de León y de su segunda esposa, Riquilda de Polonia. Fue infanta de Castilla y reina consorte de Aragón.
El rey Alfonso VII de Castilla ,prometió su hija Sancha de Castilla, a su sobrino Alfonso II "el Casto" de Aragón, cumpliéndose en este matrimonio, el mismo pacto que el rey había hecho cuando se casó, con Berenguela de Barcelona, hija de Ramón Berenguer III conde Barcelona
El rey, Alfonso II "el Casto" de Aragón, hijo del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV y de Petronila de Aragón, fue el primero que ostentaba la titularidad, de la unión de Aragón y Cataluña, tomando el nombre de Alfonso II, tanto por cortesía hacia sus súbditos aragoneses, como en recuerdo de Alfonso I "el Batallador".
Aun cuando el matrimonio del Rey Alfonso II con Sancha de Castilla fue al parecer muy feliz, originalmente respondía, a motivos no tan románticos. Era necesario encontrar un argumento, para que se legitimara la superioridad del rey Alfonso II, por encima de la aristocracia, y al tiempo, confirmara sus derechos.
En este contexto el matrimonio con Sancha no podía ser más perfecto: hija del rey, Alfonso VII de Castilla y hermana del rey de León Fernando II, así como tía del rey de Castilla, Enrique I.
El Rey Alfonso no desaprovechó ocasión, para demostrarle sus sentimientos hacia Sancha, y en su documentación pública, alabó a, Sancha —que firmó cientos de documentos como "Sancha regina Aragón" , subscribía acuerdos con su propia firma, ostentando los mismos títulos de soberanía, situándola por encima de los demás súbditos, incluido el propio hermano del Rey.
Eso evitó que, tras su viudez en el Monasterio de Sijena, nadie osara llamarla, con el despectivo apelativo, de "la castellana" porque la Reina Sancha se había ganado el mérito de serlo en una tierra ajena, gracias al apoyo prestado a su esposo y la colaboración, entre ambos.
Aparte de la conquista de Teruel, Alfonso II incorporó la Provenza a la Corona de Aragón, siendo feudatarios del Monarca un enorme señorío —Rosellón, Nimes, Montpellier, Béziers, Carcasona, Foix, Bigorra y Bearne—.
También mantuvo buenas relaciones con Castilla, apoyando a ese reino en la recuperación de Cuenca y firmando con Alfonso VIII, el Tratado de Cazola, que rectificaba el de Tudillén. Ninguna de esas decisiones fue ajena a Sancha.
La Reina, desempeñó también un importante papel, en el matrimonio de su primogénito, el futuro Pedro II "el Católico", influyendo de forma determinante para que se casara con la heredera de Montpellier. Se presentaba aquel matrimonio para Aragón, y para la novia, María, como una oportunidad feliz.
Sancha de Castilla, era una mujer piadosa, que conocía la triste historia de María y de su madre. Su madre desgraciada en su matrimonio, con Guillermo, señor de Montepellier, tuvo a María, hija única del matrimonio.
De alguna forma la reina Sancha, quiso que sus temores, se sanaran, casando a su hijo, Pedro II con la joven heredera Maria de Montpellier. Su suegra, pues, fue su mayor valedora, pero como si del destino inevitable se tratara, el matrimonio de conveniencia de María y Pedro —celebrado en 1204— sería tan desgraciado, como el de los padres de María.
El matrimonio fue muy tenso y pronto fracasó. Pedro II abandonó a María de Montpellier y trató de conseguir la nulidad eclesiástica ante el papa Inocencio III para casarse con otras damas (como María de Montferrato o una hija del rey de Francia). Pero el papa Inocencio III se opuso al divorcio.
Ante el desinterés del rey y su intención, de anular el matrimonio, los partidarios de María —y la propia reina— idearon una estratagema, para que Pedro II mantuviera relaciones con ella, haciéndola pasar por una amante a oscuras, de cuya unión nació Jaime I.
El rey Alfonso II, para entonces, ya había fallecido. Murió en 1196 sin haber cumplido los cincuenta, pasando a la historia europea, como un gran gobernante. El matrimonio formado por Alfonso II y Sancha, tuvo cinco hijos varones y cuatro hijas.
Un punto fundamental del testamento de Alfonso II remite a Sancha, con discreción y firmeza, a la que deja al cuidado de su hijo primogénito Pedro II, indicando que, si la reina desea mantener el esponsalicio (1) que en su día recibió, debía permanecer honrada —caste et sine marito— (casta y sin marido), un gesto conforme, a las directrices de la Iglesia de la época, respecto al matrimonio.
La castellana acabó sus días, en el Monasterio de Sigena, -Huesca_ dejando tras de sí, un inmejorable recuerdo de auténtica reina, amada por su marido y por su pueblo.
(1) Esponsalicio :La promesa de matrimonio

















