lunes, 19 de enero de 2026

La supresión de la organización gremial en España

Tal día como hoy 20 de enero de 1834: Se suprime de modo indirecto, la organización gremial en España.

La organización gremial en España funcionaba, como corporaciones de artesanos de un mismo oficio, que regulaban el trabajo, la formación y la calidad, protegiendo a sus miembros mediante una jerarquía de aprendices, oficiales y maestros; defendían intereses económicos, fijaban precios, regulaban la competencia y ofrecían asistencia mutua, pero su rigidez llevó a su declive y abolición durante la Revolución Liberal.

Los trabajadores debían lealtad, obediencia y trabajo diligente a los gremios, mientras que los gremios les ofrecían protección, formación (aprendiz, oficial, maestro), control de la calidad, acceso al mercado, y un estatus social y seguridad laboral, regulando salarios y condiciones, garantizando sustento y un flujo de trabajo, controlando el número de talleres y la entrada de competidores.

En 1834, en España, se suprimió indirectamente la organización gremial a través de un Real Decreto que, al liberalizar oficios y minar sus bases económicas, debilitó a los gremios, un proceso que continuó con la abolición formal, de algunos gremios marítimos y la ley de 1873, todo enmarcado en el liberalismo, que buscaba acabar con las regulaciones gremiales restrictivas, para favorecer el libre comercio y la industria

Tras la muerte de Fernando VII, el régimen liberal buscó eliminar las antiguas estructuras económicas, incluyendo los gremios, vistos como un obstáculo para el comercio y la industria.

Comerciantes y autoridades liberales, atacaron los privilegios económicos de los gremios, como en el puerto de Barcelona, quitándoles monopolios y estableciendo arriendos, que minaban sus recursos.

El Real Decreto de 15 de junio de 1864, declaró libres las tareas de carga y descarga en puertos, y el de 11 de julio suprimió los gremios marítimos, un golpe directo.

La abolición de la Matrícula de Mar, que regulaba a los trabajadores marítimos, no llegó hasta la ley de 1873, estableciendo la libre industria. Se buscó la libertad para ejercer industrias y oficios, sin restricciones gremiales.

El Trienio Liberal también estaría en contra de los gremios, pero la abolición definitiva del monopolio gremial, no llegaría hasta la época de las Regencias, en el reinado de Isabel II, destacando los decretos de 1834 y 1836. La abolición trajo consigo importantes consecuencias, no sólo económicas, sino también sociales ya que el sistema de asistencia de los gremios, desapareció con ellos, quedando muchos trabajadores, sin la cobertura que sus antiguos gremios les ofrecían.

La supresión de las organizaciones gremiales en España, fue un proceso ligado a la Revolución Liberal, culminando con la abolición formal en 1836, aunque con intentos previos (Cortes de Cádiz, Trienio Liberal) y medidas específicas, como el decreto de 1864 para los gremios de mar, eliminando monopolios y abriendo el libre comercio, transformando las relaciones laborales, hacia un modelo capitalista y dejando a trabajadores, sin la protección asistencial previa. 

Durante la Primera República, se abolió la Matrícula de Mar, permitiendo el libre ejercicio de profesiones marítimas, completando la disolución del sistema gremial 

En resumen, la abolición de los gremios en España en 1834, supuso la liberalización económica, instaurando la libertad de industria y comercio, pero también generó un vacío social, al eliminar su función asistencial, dejando desprotegidos a muchos trabajadores y dando paso, a un sistema de relaciones laborales basado en el contrato individual, aunque en la práctica, favoreció a la burguesía frente al trabajador.


domingo, 18 de enero de 2026

El Tratado de Barcelona de 1493 y sus consecuencias

Tal día como hoy, 19 de enero de 1493: El Rey Fernando "el Católico" y el monarca Carlos VIII de Francia, firman el Tratado de Barcelona, acuerdo por el cual Francia devuelve los condados de Rosellón y Cerdaña, al Reino de Aragón.

Elnenero de 1493, Fernando el Catolico y Carlos VIII de Francia firmaron el Tratado de Barcelona, un acuerdo crucial que devolvió los condados de Rosellón y Cerdaña a la Corona de Aragón, territorios que Francia había recibido, como garantía por ayuda militar a Juan II de Aragón, en la Guerra Civil Catalana, comprometiéndose España a no intervenir, en las campañas francesas en Italia a cambio. 

El acuerdo, fue firmado por los Reyes Católicos y por el enviado de Carlos VIII, Louis d'Amboise, el 19 de enero de 1493. Los términos del tratado incluían:

1. Francia restituía a España el Rosellón y la Cerdaña, entregados mediante el tratado de Bayona de 1462 por Juan II de Aragón a Luis XI de Francia, en garantía del apoyo militar y económico que el rey francés prestó al aragonés, en la guerra civil catalana. Además, Francia pagaría a España, una indemnización económica.​

2.España se comprometía, a no intervenir en la campaña militar que Francia pensaba llevar a cabo, en la península italiana, contra los otomanos.

3.Los reyes de España, se comprometían a no establecer alianzas matrimoniales, con Inglaterra ni Borgoña sin el consentimiento del rey francés, y a no prestar ayuda a los enemigos (reales o potenciales) de Carlos VIII, exceptuando el papa.

Con la neutralidad, de España asegurada por medio de este acuerdo, y con la firma de los tratados de Étaples y Senlis, en los que Francia sellaba acuerdos de paz respectivamente, con el reino de Inglaterra y el Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos VIII quedaba en disposición de iniciar su campaña militar, en la península italiana, dando inicio a la primera guerra italiana.

El 28 de enero de 1495, los embajadores de Fernando el Católico, Juan de Albión y Antonio de Fonseca, se entrevistaron en Roma con Carlos VIII, a quien expusieron las quejas, que el rey español tenía de su conducta: la ocupación por la fuerza de las posesiones del papa Alejandro VI y los planes franceses, de conquistar el reino de Nápoles, que según el punto de vista del rey Fernando, era un asunto que debía someterse al arbitraje papal. Carlos VIII se negó a ello, y el acuerdo entre ambas partes quedó roto.​

Ese mismo año, España entraría en la guerra de Italia, acudiendo en ayuda de Fernando II de Nápoles, contra Francia. A cambio de la cesión de las plazas italianas, de Amantea, Crotona, Regio de Calabria, Squillace y Tropea. 

 

sábado, 17 de enero de 2026

El consulado mercantil de Málaga: creado por el rey Carlos III

Tal día como hoy, 18 de enero de 1785: En Málaga se crea por medio de una Real Cédula el consulado de Málaga, un tribunal para comerciantes y asuntos mercantiles.

En 1785, Málaga vio la creación de su Consulado, un tribunal mercantil establecido por una Real Cédula, para resolver disputas y asuntos de comercio marítimo y terrestre, en la ciudad y su obispado, consolidando la actividad económica y marcando un hito, administrativo importante para los comerciantes locales, con una estructura definida en 56 capítulos, según el documento de la época

Un decreto real de Carlos III, que formalizó la creación de este tribunal, según el texto de la propia Real Cédula. "Se promulga una real cédula que establece la honradez de los oficios mecánicos". 

El Rey Carlos III concedió a Málaga el establecimiento de un Consulado Marítimo y Terrestre en 1785, como parte de una política, para fomentar el comercio y modernizar España, otorgándole a la ciudad jurisdicción sobre una amplia área, incluyendo Granada, Almería y partes de Cádiz, Ceuta y Melilla, para regular y arbitrar en disputas mercantiles y marítimas,

En virtud de ella, todos los que ejercen “las artes y oficios”, están capacitados para obtener empleos y para gozar de la hidalguía, siempre y cuando acrediten haber mantenido, un negocio industrial o mercantil, de utilidad pública, durante al menos tres generaciones.

Este evento fue crucial, para la organización y protección del comercio en la zona, durante el siglo XVIII, como se detalla en documentos históricos y estudios sobre la materia. 

Esta creación, reforzó la importancia de Málaga, como centro comercial en la época, proporcionando un marco legal y administrativo, para sus actividades mercantiles, como se detalla en un estudio, sobre los consulados marítimos. 

El Consulado se instaló, en el Antiguo Colegio-Seminario jesuita de San Sebastián, un edificio emblemático del siglo XVIII, declarado Monumento Arquitectónico Artístico en 1923. 

Existen, pinturas murales, en las fachadas principal y latera,  recientemente recuperadas, pudiendo contemplarse frescos en grisalla, (tonos negro, gris y blanco), realizados mediante decoración esgrafiada, con motivos arquitectónicos. 

Por una parte, se plasman arquitecturas fingidas alrededor de huecos, que imitan sillares de refuerzo, en esquinas y límites del edificio. Por otra parte, existe una decoración más fina, sin incisión y de mayor valor plástico, de elementos vegetales, que acompañan el carácter agricultor de la portada.

En la actualidad,  tras una intervención realizada en 1927, la restauración más significativa llevada a cabo en el inmueble tuvo lugar en 2004 y finalizaron en 2006, pues permitió además recuperar, las pinturas murales de sus fachadas.

  

viernes, 16 de enero de 2026

El efímero reinado del Califa de Cordoba Abderramán V

Tal día como hoy, 17 de enero de 1024: En los baños califales del Alcázar de Córdoba,es asesinado el Califa Abderramán V durante un motín, perpetrado por su primo Muhámmad III, quien más tarde ocuparía su puesto como Califa. Se dice que gobernó dos meses y medio, pero en realidad solo gobernó 47 días (mes y medio),

En los baños califales del Alcázar de Córdoba, el 17 de enero de 1024, fue asesinado el Califa Abderramán V durante un motín liderado por su primo Muhámmad III, quien se proclamó califa tras su muerte, sucediendo un breve periodo de inestabilidad en el Califato de Córdoba, que culminaría con su caída poco después. 

Abderramán V, que bien habrían podido apodarlo "el Breve", muere a manos de su primo Muhammad, en una de las revueltas que asolaron su reinado, de un mes y medio, quien, a su vez subió al trono califal, como el tercer Mohamed omeya.

Nació en Córdoba, el 21 de septiembre de 1000, y se dice de él que era hombre de gran cultura y fino poeta, aunque las arcas estaban muy menguadas y optó, por tratar de llenarlas con impuestos. Eso, evidentemente, le hizo extremadamente impopular, en un ambiente de revuelta continuo, en la capital califal. Eso y tener que rodearse de una guarda beréber, (odiada por el vulgo durante del anterior reinado) fue la gota que colmó el vaso.

Como el nuevo califa, carecía además de soldados aguerridos, acogió y honró en su alcázar a un grupo de beréberes, que vinieron a proponerle sus servicios, y esta imprudencia bastó, para que se desencadenase un motín en la ciudad, puesto que la población había sufrido sobremanera, con la todavía reciente ocupación bereber. 

La población, que estaba harta de los norteafricanos, mató los que pudo y tomaron el alcázar de Córdoba. Los visires, notables y jeques, a quienes el califa había extorsionado dineros y mantenía presos, pidieron socorro y la plebe, rompió los candados y los pusieron en libertad. Todos penetraron, en el harén y lo profanaron.

Al-Mustaẓhir trató de escapar del alcázar, pero al ir a salir por una puerta Maḥmūd y ‘Anbar, que días antes lo habían izado al poder, se lo impidieron. Entonces optó por esconderse, en la leñera del baño con algunos beréberes. 

Acudió la guardia y numerosa plebe y lo sacaron de allí con la camisa ennegrecida, “en un estado horrendo”, y en ese estado fue llevado ante la persona de su primo paterno, Muḥammad b. ‘Abd al-Raḥmān —que momentos antes, habían hallado escondido en otro sitio del alcázar y aclamaron como califa— el futuro e incapaz al-Mustakfī bi-llāh, ya en la cincuentena, (el pueblo de Córdoba lo apodaba “Miedosillo” y “Barriguita” por su poco coraje y gordura) que ordenó matarlo inmediatamente. Esa fue la primera medida, del nuevo soberano.

Así terminó, con 23 años, uno de los califas omeyas intelectualmente más capaces, pero que la situación y las circunstancias se aunaron, para que no pudiera desarrollar sus talentos. Los efímeros califas que siguieron, ni de lejos estuvieron a su altura; pues ni fueron cultos, ni inteligentes, ni valientes.


jueves, 15 de enero de 2026

La primera comunicación con cable submarino de Baleares con la península ibérica

Tal día como hoy, 16 de enero de 1861, entraba en funcionamiento un cable telegráfico submarino, que comunicaba la isla de Ibiza y la región Valenciana y que sería, el primero de esta naturaleza en la historia peninsular.

En 1861, se inauguró la primera conexión telegráfica submarina, que unió la Península Ibérica con las Islas Baleares, un proyecto impulsado por el gobierno de O'Donnell, que conectó puntos como Jávea y Barcelona, con Menorca, Mallorca e Ibiza, sacando a las islas del aislamiento y mejorando, drásticamente sus comunicaciones. 

Unos meses antes (septiembre, 1860), el barco Stela, con la ayuda de la goleta Bonavetura, habían tirado el cable desde la playa de Porroig, en el término municipal de Sant Josep de Sa Talaia (Eivissa), hasta la playa de la Grava, en el término municipal de Xàbia ( Valencia). 

Estos dos puntos, son los más próximos entre las islas Baleares y la península Ibérica. Acto seguido, en Xàbia se construyó una estación telegráfica, que sería popularmente conocida, como "la Casa del Cable".

Aquel primer cable, había sido fabricado en Liverpool (Inglaterra) por la casa Henley. Sin embargo, un tiempo más tarde en 1878, el cable se rompió y las comunicaciones telegráficas, quedaron interrumpidas. 

Pasados cuatro años, el barco italiano Città di Milano, instalaba un nuevo cable, más moderno y más consistente, que seguiría el mismo trayecto que el anterior, pero que a diferencia del primero, había sido fabricado en Milán (Italia) por la casa Pirelli. 

Los trabajos de restitución de la comunicación, duraron mucho más que los del primer cableado, y se alargaron hasta el año 1886. La casa Pirelli fabricó una caja conmemorativa, con una placa que reza "Pirelli C Milano speziz Jávea-Iviza 1888".

Se tendieron cables, que sumaron más de mil kilómetros y se construyeron, estaciones telegráficas, como la famosa "Casa del Cable" en Jávea.

Fue un "proyecto casi faraónico" que transformó la comunicación y la vida, en las islas a mediados, del siglo XIX. 

Los enlaces entre la Península y Baleares, se mantuvieron activos, con reposiciones periódicas, hasta la década de 1950. El avance en las comunicaciones y la aparición del fax y el telégrafo, dejaron al sistema obsoleto. El cableado quedó relegado al olvido, pero no fue retirado. 

Más de mil kilómetros de cable telegráfico, serpentean Baleares por tierra y mar. Son los restos de un proyecto casi faraónico, que permitió a las Islas salir de su aislamiento a mitad del siglo XIX. Fue el gobierno del general Leopoldo O’Donnel, el que decidió conectarlas con la Península, gracias al telégrafo.

Hoy, los restos de aquel tendido, se convierten en piezas de coleccionista y carne de subasta en internet. El resto, más de 1.000 kilómetros de cable, sigue yaciendo, entre mar y tierra como recuerdo.

miércoles, 14 de enero de 2026

Cuando las tropas del rey José I Bonaparte, ocuparon Andalucía

Tal día como hoy, 15 de enero del 1810 José Bonaparte, al frente de un ejército de 80.000 hombres, llega a Sierra Morena, iniciando así la ocupación de Andalucía.

El rey José I Bonaparte, ocupó Andalucía principalmente en 1810, durante la Guerra de la Independencia, liderando personalmente la campaña andaluza a principios de ese año, entrando en Sevilla el 1 de febrero y recorriendo la región durante meses, visitando Málaga y Granada, y estableciendo su gobierno allí temporalmente, mientras las tropas francesas controlaban, gran parte del territorio

Andalucía es,un amplio territorio que ocupa media parte de España. La batalla de Ocaña, ganada el año anterior, por las tropas imperiales, insufló cierta dosis de estabilidad a la Corona josefina. Quizá José I interpretara ese triunfo, como una señal y pensara llegado el momento, de expandir su deteriorado poder, por el sur de la península Ibérica.

La empresa parece concebida, como una expedición militar, pues las tropas francesas reciben órdenes de concentrarse en los páramos manchegos, pero pese a encontrarse bajo el mando supremo del mariscal de Soult, es el propio José I quien opta por ponerse, al frente de la gran marcha. 

El objetivo último, es más político que militar: contrarrestar la iniciativa estratégica de los liberales, que acaban de convocar las Cortes de Cádiz, cuestionando una legitimidad precariamente sustentada, por el Estatuto de Bayona. La Junta Central, en su huída hacia el Sur, se ha refugiado en la ciudad andaluza de Cadiz, un enclave estratégico, que supone la puerta de la península al mar y su comunicación, con las provincias de ultramar.

Sin embargo, la composición de la expedición, de más de 80.000 hombres, revela un nuevo objetivo, más allá del político o militar. Entre las tropas del rey, hay una amplia representación de civiles, del aparato administrativo y político del Estado, y entre ellos destaca una nutrida corte, de asesores e intelectuales franceses y españoles. 

Estas incorporaciones, revelan la intención de presentar el viaje ante la opinión pública, con una perspectiva más amable, que la de una simple ocupación territorial, una tregua pacífica en mitad de la guerra, una misión conciliadora en la que el monarca, tendrá la ocasión de exponer de primera mano, ante su pueblo sus planes para la modernización, en la que podrá mostrar la imagen, que quiere ofrecer ante los españoles: la de un rey benévolo, dadivoso, reformista y sensible.

José I visita Andújar, Córdoba, Carmona, Sevilla, Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa María, Ronda, Málaga y, por supuesto, Cádiz. El periplo le llevará, cinco largos meses, y jamás podrá entrar en Cádiz, y que en cada una de los ciudades recorridas, se enamorará de sus paisajes, de la alegría de sus habitantes y, probablemente también, de la sensación de sentirse amado y aceptado, por primera vez, desde su llegada a España.

 En Córdoba se inicia el sueño josefino. La municipalidad en pleno, está reunida para recibir al rey y rendirle tributo, a las puertas de la ciudad. El rey se ve conducido, a través de un itinerario urbano de aire festivo. Es la primera vez desde que ostenta la Corona que una ciudad de la magnitud de Córdoba, se le entrega con tanto entusiasmo. José I se permite albergar, tibias esperanzas. 

Envía misivas a Napoleón, regocijándose por el recibimiento del que es motivo, y que, en su opinión, marca un cambio de signo, en la actitud de la población, hacia “el invasor francés”. La bienvenida y los festejos continúan reproduciéndose, hasta la apoteósica entrada en Sevilla, donde miles de sevillanos, lo vitorean entre el repique de campanas y las salvas de artillería. 

A partir de este momento, la expedición se despoja de su carácter militar, para convertirse en un viaje institucional, y el rey continúa su viaje, sin más asistencia militar que los tres regimientos de la Guardia Real,que le dan escolta, en una especie de misión catequizadora.

José I , pretende someter a las ciudades con las palabras, allí donde las armas no han funcionado, pero en Cádiz las distintas misiones políticas fracasan, tanto las que incluyen políticos, como las de eclesiásticos españoles, y sus representantes son enviados de vuelta sin ser siquiera recibidos. José I decide proseguir el viaje y posponer, la entrada en Cádiz. Tras la acogida en el resto de capitales andaluzas, está seguro de que la obstinación, gaditana será solo cuestión de tiempo.

Málaga recibe a José I, con dos arcos triunfantes y una muchedumbre enfervorizada, que al grito de ¡Viva el rey! le arroja flores, desde balcones y azoteas. André François Miot, ministro y consejero de José I, escribirá: “Si algún día José Napoleón pudo creerse realmente soberano de España, fue en ese momento”. Ni siquiera el alto clero, desaprovecha la oportunidad, de congraciarse con el régimen bonapartista. 

En su celo, el rey incluso deroga la Pragmática Sanción de Carlos IV, que suprimía los festejos taurinos, y asiste a ellos, pese a la aversión que le causan, consciente de su importancia, para la población andaluza. Pero no habrá solo corridas de toros. Junto a ellas, los municipios disponen, de espectáculos teatrales, bailes de gala y suntuosas fiestas para agasajar a José I y que el monarca no eche en falta, los lujos de la Corte.

El 27 de febrero la escuadra josefina, compuesta ahora por unos 2000 hombres, se ve obligada a pernoctar en El Bosque, entre Arcos de la Frontera y Ronda. La sensación aquí es agridulce, pues la población, escarmentada por las represalias, de la muerte de 14 dragones franceses, había huido a la sierra, dejando a la comitiva, no solo sin recibimiento, sino forzada a alojarse por su cuenta, en las poco más de 200 casas que constituían la humilde aldea.

Pero no fue tan solo, la incomodidad de la jornada, lo que cambió el ánimo del rey. Allí recibió la noticia del decreto imperial promulgado por su hermano Napoleón . En él se disponían gobiernos militares franceses, dependientes de París para Cataluña Aragón, Navarra y Vizcaya, al tiempo que se embargaban los productos y rentas de Salamanca, Toro, Zamora, Santander, Asturias, Palencia, Valladolid y Burgos, con objeto de compensar, las innumerables pérdidas que el ejército desplazado en España, costaba a las arcas francesas.

José I admirador de la estética musulmana, se emocionó ante la magnificencia de Granada, visitó Jaén y volvió, una vez más, a Sevilla y Córdoba, quizá en busca del reconocimiento, de las sensaciones que había experimentado, en esas ciudades. Pero ya nada fue igual, ni su predisposición de ánimo ni la acogida de las poblaciones, quizá informadas del decretazo, con el que Napoleón planeaba dividir España y someterla, directamente a París. 

Aquel viaje por Andalucía que había mostrado a José I una realidad distinta, el clamor y la alegría de un pueblo, unos bellísimos paisajes y un riquísimo patrimonio artístico, se desvanecía. Nunca se había sentido, tan monarca como en este momento, pero nunca volverá a sentirse así. 

A su regreso a Madrid, enfrentado a la realidad política y administrativa, entenderá que de alguna manera, el viaje por Andalucía ha sido, como escribió Francisco Luis Díaz Torrejón, de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, de Málaga, “el paraíso soñado de un rey desgraciado” y que quizá todo absolutamente todo, hubiese sido un espejismo.

En resumen, su "recibimiento" fue una mezcla, de asombro por la belleza y resistencia de la tierra, pero también de la hostilidad de un pueblo en armas, recordando el "fuego" de la guerra que había marcado, su ascenso al trono español.

El territorio andaluz, a partir de este momento, se da a conocer al público, convirtiéndose en uno de los paisajes de referencia, del romanticismo europeo.

La Villa del Bosque, fue el primer pueblo gaditano, en levantarse en armas, en el año 1810 contra las tropas napoleónicas, durante la invasión francesa, por ello del 18 al 20 de noviembre, de cada año se celebra con una recreación histórica, para conmemorar la fecha, en se constituyó como villa oficialmente, gracias a una Cédula Real de Fernando VII de 1815 como recompensa, por defender la soberanía nacional.




martes, 13 de enero de 2026

El Tratado de Madrid de 1526: la rivalidad entre los reyes de España y Francia

Tal día como hoy, 14 de enero de 1526, se firma el Tratado de Madrid entre España y Francia.

Un acontecimiento, poco conocido de nuestra historia, es el duelo personal que enfrentó a Carlos I de España y a Francisco I de Francia, a lo largo del año 1528.

Tras haber capturado al rey galo, en la batalla de Pavía de 1525, el emperador accedió a su liberación, concertando previamente unas capitulaciones de paz, que se celebraron en Madrid en 1526. Mediante este tratado, Francisco I se comprometía, a entregar el ducado de Borgoña al emperador, renunciando además a sus derechos en Italia. 

La paz habría de sellarse, con el matrimonio del monarca galo y doña Leonor, hermana de Carlos. A fin de asegurar lo capitulado, los hijos del rey de Francia -los delfines- quedarían, como rehenes, del rey Carlos I .

Sin embargo, una vez hubo pasado a Francia, Francisco I trabó pactos con nuevos aliados, que conformarían la liga de Cognac: el rey de Inglaterra, Florencia, Venecia y el papa Clemente VII, (no debe olvidarse que hacía tan solo un año las tropas imperiales habían perpetrado el llamado "Saco de Roma"). Con el apoyo de estos aliados, Francisco I pudo desdecirse de todo lo pactado en Madrid, aduciendo que el tratado carecía de valor, al haber sido firmado bajo coacción.

En los términos del tratado, Francia renunciaba a sus derechos sobre el Milanesado, Génova, Borgoña, Nápoles, Artois, Tournai y Flandes en favor del emperador Carlos. Además, Francisco I se comprometía a casarse con la hermana de Carlos, Leonor, y a enviar a dos de sus hijos a España, como garantía del cumplimiento del tratado.

Nada más cruzar la frontera, el parlamento francés obligó a Francisco I , a derogar el tratado, apoyándose en el deber real de proteger el territorio francés, por lo que este negó el tratado alegando que había sido aceptado bajo coacción. Francisco I se verá obligado, a ratificar el tratado de Madrid, en la futura Paz de Cambrai de 1529 .

Toda esta situación, dio lugar a un enfrentamiento dialéctico, en el que ambos monarcas se acusaron de mentir y de faltar a su honor, en un intercambio de “puntos de vista” y provocaciones, que se llevó a cabo mediante el envío de heraldos, (o reyes de armas) y embajadores, que públicamente leían los “carteles”, donde se anunciaba el reto.

En un primer momento, (entre enero y febrero, durante el llamado primer desafío de 1528) los reyes de Francia e Inglaterra, declararon la guerra a la Monarquía Hispánica, pero progresivamente, el desencuentro se encauzó hacia un enfrentamiento personal, una cuestión de honor, que habría de dirimirse, según los códigos caballerescos. El duelo pronto se haría público y se convertiría, en un instrumento de propaganda, del que ambos monarcas quisieron sacar rédito político.

Esto sucedió en el segundo desafío, cuando uno de los heraldos del rey de Francia, se dirigió en junio a Monzón, donde Carlos I había convocado Cortes, allí leyó el públicamente el “cartel”, por el cual Francisco I retaba al César Carlos  a un duelo singular. Aquel se reservaba el derecho a elegir las armas, ofreciendo a este la elección del lugar. 

El emperador aceptó “creyendo que por esta vía […] se acabarían nuestras diferencias y se excusaría la guerra y efusión de sangre” y propuso a través del heraldo Borgoña el lugar del encuentro: “el río que pasa entre Fuenterrabía y Hendaya”.

Lo cierto es que el combate, nunca se llegó a producir. Ambos monarcas habían estipulado unos plazos, para la realización del desafío, y arrojado la responsabilidad de la dilación al otro. Al parecer, el rey de armas de Carlos I, fue retenido durante 50 días en Fuenterrabía, al no concedérsele visado para pasar a Francia, con el cartel del emperador. En cualquier caso Francisco I, se negó a escucharle aduciendo, que no admitiría más escritos de parte de Carlos.

Lo magnífico de este hecho histórico, es que en el Archivo Histórico de la Nobleza, se conserva un buen número de documentos, que lo acreditan y arrojan luz sobre los detalles del mismo. 

Entre las provocaciones que ambos se dedicaron, destacan algunas expresiones como la de “mentir por la gorja” (hablar sin fundamento) acusación que Francisco I dirigió al emperador, o la de actuar “ruin y bellacamente”, grave acusación con la que Carlos V,  respondía a aquel.