Tal día como hoy, 10 de mayo de 1981: Se sucede el Caso Almería que fue uno de los episodios más oscuros de la transición española, donde tres jóvenes inocentes (Juan Mañas, Luis Cobo y Luis Montero) fueron torturados hasta la muerte y calcinados, por guardias civiles, al ser confundidos erróneamente, con un comando de ETA que atentó contra el general Valenzuela.
A comienzos de la década de 1980, la democracia española distaba mucho de estar consolidada. El fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, evidenció el descontento existente entre algunos altos mandos militares, («ruido de sables») respecto a la situación de crisis económica y política, que asolaba al país, junto con los numerosos atentados ejecutados por la banda terrorista ETA, contra miembros de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Civil.
En este sentido, el 7 de mayo de 1981, el grupo terrorista ETA , atentó en Madrid contra el teniente general Joaquín de Valenzuela, que en aquel momento era el jefe de la Casa Militar del Rey Juan Carlos I. El ataque se realizó utilizando, la llamada "técnica argelina": los dos terroristas seguían en motocicleta, al Dodge Dart del Ejército de Tierra, en el que viajaba el general.
Cuando el vehículo se detuvo en un semáforo, a la altura del número cinco de la calle Conde de Peñalver, la moto se situó a su lado y el acompañante, colocó sobre el techo del coche una bolsa que explotó segundos después, mientras ambos terroristas huían.
Como consecuencia de la explosión, fallecieron el teniente coronel Guillermo Tevar Saco, el suboficial de la Guardia Real Antonio Nogueras García[ y el soldado conductor Manuel Rodríguez Taboada, miembro también de la Guardia Real. El general Valenzuela sufrió graves heridas, pero salvó la vida (falleció en 1996); asimismo resultaron heridos, veinte viandantes.
En este contexto, el día 8 de mayo de 1981, tres jóvenes residentes en Santander (Cantabria) —Luis Cobo Mier, Juan Mañas Morales y Luis Montero García, se trasladaban a Andalucía, hasta la localidad natal de Mañas, para asistir a la celebración de la primera comunión de su hermano, Francisco Javier.
Al pasar por Manzanares el Real (Madrid), sufrieron una avería en su coche, y se desplazaron en tren hasta Alcázar de San Juan, para dirigirse después a Puertollano, donde alquilaron otro vehículo, para poder llegar a su destino.
Se especula, que el dueño de la empresa de alquiler, se sintió extrañado por la prisa que tenían los tres viajeros y comunicó sus sospechas a la Guardia Civil, por si pudieran ser los terroristas, que habían cometido el atentado en Madrid, días antes y cuyos retratos robot, aparecían en prensa y televisión.
El sábado 9 de mayo llegaron a su destino y al día siguiente, se desplazaron a Roquetas de Mar (Almería) para visitar, a otro hermano de Juan Mañas. En esa localidad fueron detenidos a punta de pistola, por la Guardia Civil con la intención de trasladarlos, a la Comandancia de Almería. Al día siguiente, aparecieron sus cadáveres, calcinados y con múltiples impactos de bala, dentro del Ford Fiesta, cerca de Gérgal.
La versión oficial de la Guardia Civil, indicaba que los detenidos se trasladaban a Madrid dentro de su propio vehículo, conducido por un guardia y vigilados por otro en el asiento del copiloto. Que a la altura del kilómetro 8,350,, de la carretera de Gérgal los tres detenidos agredieron al conductor del vehículo, el cual saltó del coche como también hizo el otro guardia.
El mando de la comitiva, el teniente coronel Carlos Castillo Quero, que circulaba detrás en otro coche, detuvo la caravana y ordenó disparar al Ford Fiesta que cayó por un terraplén envuelto en llamas, sin que ninguno de los once guardias civiles, que escoltaban el traslado, pudiese hacer nada para sofocarlas.
El juicio por la muerte de los tres jóvenes, se inició el 14 de junio de 1982 en la Audiencia Provincial de Almería. El fiscal calificó los hechos, como constitutivos de delito de homicidio y pidió en su escrito de conclusiones,, la pena de 42 años de prisión para el teniente coronel Carlos Castillo Quero y 27 años de prisión para los otros dos acusados.
La sentencia que puso fin al proceso, se dictó en julio de 1982. Declaró probado que el teniente coronel Castillo y sus hombres, torturaron hasta la muerte a los tres detenidos en un cuartel abandonado, llamado Casafuerte y que posteriormente, y con el fin de intentar eliminar evidencias, despeñaron su vehículo por un terraplén, le dispararon, numerosas veces y le prendieron fuego.
El teniente coronel de la Guardia Civil Carlos Castillo Quero, fue condenado a veinticuatro años de prisión mayor, como autor de tres delitos de homicidio, quedando en libertad condicional el 20 de julio de 1992. El teniente Manuel Gómez Torres y el guardia Manuel Fernández Llamas, fueron condenados por los mismos delitos a quince y doce años de prisión respectivamente, con la atenuante de obediencia debida.
Al mismo tiempo, la sentencia impuso a los condenados, la obligación del pago de una indemnización de cuatro millones de pesetas, a las familias de cada una de las víctimas.
Castillo Quero, en libertad condicional, desde el 20 de julio de 1992, falleció en Córdoba el 2 de abril de 1994, de un infarto de miocardio a los 60 años.















