Tal día como hoy, 3 de febrero de 1715, según la leyenda, el marino canario Amaro Pargo, recibe del rey Felipe V, patente de corso (1), para actuar contra los enemigos de España
Amaro Rodríguez-Felipe, nació en San Cristóbal de La Laguna el 3 de mayo de 1678. Alcanzó una gran notoriedad a lo largo del siglo XVIII ,por sus actividades como cosario y comerciante, pero también por sus hazañas, en el mar y en los asuntos del corazón
Este comerciante y corsario, con patente de la Corona fue un hombre de acción y devoción, cuya vida se mueve,entre la historia y la leyenda
Amaro nació en el seno de una familia acomodada, de la burguesía agraria de Tenerife. Su familia disfrutaba de una sólida posición, gracias a sus propiedades urbanas y rústicas, y todos los hijos pudieron acceder, a la educación.
Desde joven, Amaro estuvo inmerso, en un ambiente marcado por la religiosidad y el comercio, con unos importantes vínculos, con la administración local. Así, el joven corsario, iría formando su carácter decidido, audaz y meticuloso, con habilidades para la gestión y la navegación.
En el testamento de su madre, se detalla un patrimonio importante, una riqueza que sirvió de base para que Amaro Pargo, construyera su fortuna personal y se convirtiera en una figura relevante, de la isla de Tenerife.
Amaro Pargo participó activamente, en la carrera de Indias entre 1703 y 1705. Como dueño y capitán de la fragata El Ave María y las Ánimas, solía recorrer la ruta entre Santa Cruz de Tenerife y La Habana, para comercialitzar productos como vino malvasía, aguardiente, cacao, tabaco y pal de Campeche.
El dinero que obtuvo, lo invirtió en tierras y propiedades ,dedicadas al cultivo de vid y otros productos. Pargo también fue miembro de la Compañía de Honduras, un proyecto de modernización comercial, auspiciado por Felipe V, que buscaba garantizar estabilidad en los intercambios entre España y América. Así fue como entró en contacto con el mundo político, y de la administración colonial.
A menudo lo identificamos como pirata, pero en realidad Amaro Pargo contaba con patentes de corso, emitidas por la Corona española, que le autorizaban a atacar buques enemigos y proteger los intereses de España, en el Atlántico y el Caribe. Para estas funciones, disponía de varias embarcaciones armadas, con cañones y con tripulaciones de hasta 250 hombres.
Entre sus “éxitos” como corsario, destaca la captura del navío inglés Saint Josef, lo que provocó conflictos legales y acusaciones, por parte del capitán inglés Alexander Webster. Aun así, los documentos confirman, que actuaba dentro de la legalidad del corso, y la Corona consideró legítimas estas “presas”.
Pargo también colaboró, con otros corsarios canarios y extranjeros, lo que le permitió consolidar una red de marineros experimentados, para proteger y ampliar sus rutas comerciales. En estas aventuras, se convirtió en un personaje temido y respetado, por el que ha sido comparado, con los mismos Barbanegra o Francis Drake.
En 1727, Felipe V reconoció a Amaro Pargo como noble, lo que reafirmó su prestigio y estatus social, además de enriquecerle.
En contraposición, a todas las aventuras y hazañas, destaca en la vida de Amaro Pargo su profunda fe religiosa y, en especial, su devoción hacia Sor María de Jesús de León. Llegó incluso a pagar, su funeral y sarcófago y a construir un mausoleo en su honor. También contribuyó a la mejora, de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán y del convento, de Santa Catalina de Siena.
Quizás tratando de expiar, los aspectos oscuros de su trayectoria, Pargo también mostró una faceta de filántropo. Ayudó a presos, financió orfanatos y aportó grandes dotaciones, para el bienestar de los más pobres. También promovió medidas económicas, innovadoras para la época, como la circulación de monedas pequeñas, para facilitar la subsistencia y la gestión de tributos, para apoyar a los desfavorecidos.
Durante siglos, la leyenda ha rodeado a Amaro Pargo, al que se le atribuye, haber escondido tesoros en Tenerife, haber mantenido grandes romances, con figuras religiosas e incluso haberse enfrentado con piratas famosos, como Barbanegra.
El corsario canario Amaro Pargo (Amaro Rodríguez-Felipe) murió el 4 de octubre de 1747 en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, murió a la edad de 69 años, y fue enterrado en el Convento de Santo Domingo de Guzmán, de la misma ciudad, donde aún se conserva su tumba, con una calavera y dos tibias cruzadas.
(1) La patente de corso era un documento oficial emitido por un gobierno que autorizaba a un barco privado (un corsario) a atacar y capturar buques y bienes de una nación enemiga durante una guerra, funcionando como una marina auxiliar, con reglas y la obligación de entregar una parte del botín a la Corona; legalizaba la actividad de los corsarios, diferenciándolos de los piratas- Fue abolida internacionalmente en 1856.













