Tal día como hoy, 16 de julio de 1941.- durante la II Guerra Mundial: fuerzas alemanas, ocupan la ciudad de Smolensko.
La captura de Smolensko, por parte de las fuerzas alemanas, en 1941 se enmarca dentro de la Operación Barbarroja, marcando un punto de inflexión crucial, en el Frente Oriental, de la Segunda Guerra Mundial
A un mes del inicio de la Operación Barbarroja, la Wehrmacht había avanzado profundamente en territorio soviético, pero comenzaba a encontrar una resistencia organizada y feroz, en el frente del Grupo de Ejércitos Centro. La región de Smolensk se convirtió en el eje, de una serie de batallas decisivas, que marcaron un punto de inflexión operacional.
El 22 de junio de 1941, la Alemania nazi lanzó la Operación Barbarroja, la invasión del territorio soviético, con tres Grupos de Ejércitos avanzando simultáneamente. El Grupo de Ejércitos Centro, comandado por Fedor von Bock, tenía la misión de atravesar Bielorrusia y dirigirse hacia Moscú.
A finales de julio, tras la destrucción de grandes unidades soviéticas en Bialystok y Minsk, el frente se trasladó a la región de Smolensk, donde el Ejército Rojo ofreció una resistencia mucho más tenaz. La batalla que se libró allí entre el 10 de julio y mediados de agosto marcaría una importante desaceleración del ímpetu alemán.
El 20.º Ejército, bajo el mando del general Fiódor Kurochkin, se encontraba en el centro del dispositivo defensivo soviético alrededor de Smolensk. Habiendo sido recientemente reconstituido, contaba con formaciones heterogéneas y un número significativo de reclutas y tropas retiradas del frente de Minsk. A pesar de sus limitaciones logísticas y de comunicaciones, el 20.º Ejército jugó un papel clave en la defensa de la ciudad y sus accesos.
Para el 22 de julio, los informes operacionales soviéticos destacaban una situación sumamente crítica. El cerco alemán, que intentaba completarse mediante los movimientos envolventes del 2.º Grupo Panzer de Guderian desde el sur y el 3.º Grupo Panzer de Hoth desde el norte, estaba a punto de cerrarse completamente.
Desde el punto de vista alemán, la batalla por Smolensk se convirtió en una prolongada lucha de desgaste, contraria a las expectativas de una guerra rápida. El general Gotthard Heinrici, comandante del XXXXIII Cuerpo de Ejército, escribió en una carta a su esposa fechada el 22 de julio: “Los rusos luchan con una ferocidad que no esperábamos.No tienen casi nada, pero luchan como si defendieran su propia casa, cada bosque es un infierno”.
Esta visión, corroborada por otros oficiales de campo, refleja la creciente conciencia entre la oficialidad alemana, de que la campaña no sería tan breve, como se había supuesto.
Ambos bandos evidenciaban señales de tensión estructural. Las divisiones alemanas estaban desgastadas, por un mes de combate ininterrumpido y extendidas logísticamente, a lo largo de cientos de kilómetros. El Ejército Rojo, por su parte, sufría enormes pérdidas humanas y materiales, pero comenzaba a reorganizarse.
La batalla, en este sentido, constituye un momento de transición entre el blitzkrieg - (Guerra Relámpago) inicial y la guerra prolongada, que caracterizaría al Frente Oriental. Para el 22 de julio, el cerco aún no estaba cerrado del todo, y los soviéticos estaban explotando cada brecha disponible, para mantener un corredor de escape, aunque a un alto costo.
El 22 de julio de 1941, marcó el punto álgido de los combates en la región de Smolensko, con fuerzas soviéticas desesperadamente intentando, frenar un cerco total y los alemanes enfrentándose, a una resistencia inesperadamente dura. La campaña, que parecía victoriosa en sus primeras semanas, comenzaba a mostrar signos de agotamiento, logístico y operativo. La tenacidad del 20.º Ejército y las contraofensivas soviéticas, en esta fase representaron un primer indicio, del fracaso estratégico alemán en su objetivo, de una victoria rápida.
Aunque el Grupo de Ejércitos Centro, logró cerrar parcialmente el cerco de Smolensko y tomar la ciudad el 16 de julio, los combates continuaron intensamente en sus alrededores, hasta bien entrado agosto. La resistencia soviética no solo impidió, la destrucción total de las fuerzas rodeadas, sino que obligó a los alemanes a combatir, en un frente cada vez, más extendido y fragmentado.
Las fuerzas alemanas estaban exhaustas. Las divisiones de infantería, marchaban a pie hasta 30 o 40 kilómetros diarios, sin descanso adecuado, bajo un calor agobiante y con líneas de suministro colapsadas. Las columnas blindadas panzer, que habían sido punta de lanza de la ofensiva, sufrían por el desgaste mecánico, la escasez de combustible y las crecientes bajas.
El propio general Heinz Guderian, en sus memorias, reconoció que el terreno soviético, las distancias y la inesperada resistencia enemiga, estaban socavando las bases de la blitzkrieg .(Guerra Relámpago)
La prolongación inevitable de la campaña soviética, comenzaba a perfilarse en las mentes de los comandantes alemanes, aunque aún se esperaba, que una última gran ofensiva, lograra la rendición del enemigo, antes del invierno. Sin embargo, como señala Richard Overy, “para fines de julio de 1941, los alemanes ya habían perdido la oportunidad, de una victoria rápida. Lo que quedaba era una guerra de desgaste, para la cual, no estaban preparados”
La batalla de Smolensko fue, en este sentido, el primer gran aviso, de que la Unión Soviética, no se derrumbaría con facilidad. Los costos crecientes, el terreno inmenso, la persistente capacidad de recuperación, del Ejército Rojo y la naturaleza ideológica de la guerra, transformaban rápidamente la campaña alemana, en una empresa insostenible a largo plazo.
El 22 de julio no marcó el fin de una batalla, sino el comienzo de una guerra distinta, más larga, más cruel y más incierta.
















