Tal día como hoy, 29 de julio de 1883: nace Benito Mussolini, político, militar y dictador italiano.
Benito Mussolini nació, el 29 de julio de 1883 en Predappio, Italia. Fundador del fascismo, gobernó el país como dictador bajo el título de Duce, entre 1922 y 1943, estableciendo un régimen totalitario, aliándose con la Alemania nazi, durante la Segunda Guerra Mundial
Hijo de una familia humilde, (su padre era herrero y su madre maestra de escuela), Benito Mussolini cursó estudios de magisterio, a cuyo término fue profesor durante períodos, nunca demasiado largos, pues combinaba la actividad docente, con continuos viajes. Pronto tuvo problemas con las autoridades: fue expulsado de Suiza y Austria, donde había iniciado contactos, con sectores próximos al movimiento irredentista.
En su primera afiliación política, sin embargo, Mussolini se acercó al Partido Socialista Italiano, atraído por su ala más radical. Del socialismo, más que sus postulados reformadores, le sedujo la vertiente revolucionaria. En 1910 fue nombrado secretario de la federación provincial de Forlì y poco después, se convirtió en editor del semanario "La Lotta di Classe" (La lucha de clases).
La victoria del ala radical sobre la reformista, en el congreso socialista de Reggio nell'Emilia, celebrado en 1912, le proporcionó mayor protagonismo en el seno de la formación política, que aprovechó para hacerse cargo, del periódico milanés Avanti, órgano oficial del partido. Aun así, sus opiniones acerca de los enfrentamientos armados, de la "semana roja" de 1914 motivaron cierta inquietud entre sus compañeros de filas, atemorizados por su radicalismo.
La división entre Mussolini y los socialistas, se acrecentó con la proclama de neutralidad que lanzó el partido, contra la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914. Mussolini, que había sido uno de los opositores más radicales a la guerra de Libia, y a la participación de Italia en la Gran Guerra, cambió súbitamente de opinión y defendió abiertamente, una postura belicista, lo que le valió la expulsión del Partido Socialista.
En noviembre del mismo año, fundó el periódico Il Popolo d'Italia, de tendencia ultranacionalista. Sobre la vacilaciones del parlamento italiano, respecto a la entrada en la guerra, llegó a escribir que "hubiera sido necesario fusilar a una media docena de diputados" ,para dar un ejemplo "saludable" a los demás. En septiembre de 1915 se enroló voluntariamente, y sirvió en el ejército, hasta que fue herido en combate en febrero de 1917.
Finalizada la contienda, y pese a formar parte de la alianza vencedora, Italia se vio relegada a la irrelevancia, en las negociaciones de los tratados de paz, que no otorgaron al país los territorios reclamados, al Imperio austrohúngaro. Benito Mussolini quiso capitalizar el sentimiento de insatisfacción, que se apoderó de la sociedad italiana haciendo un llamamiento a la lucha, contra los partidos de izquierdas, a los que señaló, como culpables de tal descalabro.
En 1919 creó los fasci di combattimento, escuadras o grupos armados de agitación, que actuaban casi con total impunidad, contra militantes de izquierda y que fueron el germen del futuro Partido Nacional Fascista, fundado por el mismo Mussolini, en noviembre de 1921.
En un contexto marcado por la frustración colectiva, tras los inútiles sacrificios de la Gran Guerra, por el descrédito general del régimen parlamentario, por la crisis económica y la elevada conflictividad social, (el creciente desarrollo del movimiento obrero y campesino, con ocupaciones de fábricas y tierras, inquietaba a las clases acomodadas, temerosas de la revolución social), los fascistas alzaron la voz contra la democracia y la lucha de clases, que a su juicio debilitaban y dividían a la nación.
Opuestos frontalmente al liberalismo y al marxismo, propugnaron la solidaridad nacional y la acción colectiva, en torno a la figura de un líder carismático, y se presentaron como defensores, de los valores de la patria, la ley y el orden, enfrentándose violentamente, a la izquierda italiana.
Mussolini ,consiguió ganarse el favor de los grandes propietarios y salir elegido diputado, en las elecciones de mayo de 1921, si bien su partido obtuvo tan sólo treinta y cinco de los quinientos escaños, que conformaban la cámara. La impotencia del gobierno para reconducir la situación, en que se encontraba el país y la disolución del Parlamento, allanaron el camino para la denominada, Marcha sobre Roma, iniciada el 22 de octubre de 1922.
El 28 de octubre de 1922, en una acción coordinada, cuarenta mil fascistas confluyeron sobre la capital, desde diferentes puntos de Italia. El primer ministro, Luigi Facta, declaró el estadio de sitio, para hacer frente a la amenaza que se cernía sobre la capital, y ante la negativa del rey Víctor Manuel III, a firmar el decreto, presentó la dimisión.
El 29 de octubre, presionado por los acontecimientos, el rey hubo de firmar el nombramiento de Benito Mussolini, como primer ministro. El líder fascista, que desde hacía algún tiempo, había renunciado a su feroz republicanismo, reconociendo el papel de la monarquía, formó un gobierno de coalición el 30 de octubre, el mismo día en que los camisas negras, como eran llamados los fascistas por el color de su uniforme, hacían su entrada triunfal en Roma.
Amparándose, en una calculada imagen de moderación, Mussolini consiguió el apoyo parlamentario de una débil cámara, que el 25 de noviembre le otorgó, de forma provisional, poderes de emergencia, con el objeto de restaurar el orden, obteniendo a cambio el fingido compromiso de Mussolini, de respetar el sistema parlamentario.
El fascismo había llegado al poder,, con el apoyo de los ambientes conservadores, principalmente del latifundismo agrícola, y se reforzó gracias a su capacidad de presentarse, como el núcleo central de un bloque de orden conservador, capaz de defender a la burguesía nacional, de los peligros democráticos representados, sobre todo, por los socialistas, con su facción comunista.
Con la reunión, por primera vez en diciembre de 1922, del Gran Consejo Fascista, se inició el fortalecimiento del partido, que pronto dejaría atrás su extremo anticlericalismo, con gestos de acercamiento hacia el catolicismo y la Santa Sede, al mismo tiempo que aumentaba, la represión política.
El nuevo gobierno encontró en los "escuadristas" (las Milicias Voluntarias para la Seguridad Nacional) una fuerza, que impuso por la violencia y el terrorismo, sus posiciones en la campaña, para las elecciones de abril de 1924, en las que el Partido Nacional Fascista, obtuvo el 69 por ciento de los votos emitidos.
A partir de ese momento, la violencia política fue en aumento, y gradualmente (aunque con mayor ímpetu tras el asesinato del diputado socialista Giacomo Matteotti en 1924) Benito Mussolini se erigió como único poder, aniquiló cualquier forma de oposición y acabó por transformar su gobierno, en un régimen dictatorial; tras ser ilegalizadas en 1925 todas las fuerzas políticas, a excepción del Partido Nacional Fascista, el proceso de fascistización del Estado, culminó con las leyes de Defensa de noviembre de 1926.
A falta de una ideología coherente, el fascismo desarrolló una retórica que insistía en una serie de motivos: el nacionalismo y el culto al poder, a la jerarquía y a la personalidad del Duce ('Líder' o 'Jefe', título adoptado por Mussolini en 1924); el militarismo y el expansionismo colonialista, (con más de un siglo de retraso); la xenofobia y la exaltación de un pasado glorioso, remontado al Imperio romano y a la romanidad, como idea civilizadora.
Suprimidos el derecho de huelga y los sindicatos y patronales, patronos y obreros hubieron de incorporarse, a las organizaciones corporativas, creadas por el gobierno. El régimen impuso una estructura social de corporaciones, que anulaba los derechos individuales y que otorgaba al Estado, todo el control; trabajo, vida económica y ocio estaban regulados por el gobierno, a lo que se unía la paramilitarización de la sociedad, los actos propagandísticos de masas, el control de los medios de comunicación y la educación de los niños, bajo un credo fascista.
Pero tampoco en el tejido productivo, se dieron cambios de fondo; el poder económico se mantuvo en manos, de quienes ya lo poseían antes de la Primera Guerra Mundial, y el corporativismo, quedó reducido a una ideología de fachada.
Apoyado por un amplio sector de la población y con la baza a su favor, de aquel eficaz aparato propagandístico, el régimen fascista, realizó fuertes inversiones en infraestructuras. Pero en líneas generales el fascismo, matizado en lo económico por un fuerte intervencionismo estatal y una tendencia, a la autarquía que se acentuó tras el crac del 29, fue incapaz de proporcionar, a lo largo de las décadas de 1920 y 1930 el pretendido y proclamado progreso material, en aras del cual demandaba a los italianos, el sacrifico de la libertad individual.
Sí supo, en cambio, sustituirlo por una generalizada euforia psicológica, en la que el pueblo italiano, se vio imbuido por la convicción de que su país experimentaba, un nuevo resurgir nacional. En apoyo de tal sentimiento, y tratando de aportar triunfos sensacionales, en política exterior con los que magnetizar a los italianos,
Benito Mussolini, recuperó viejos proyectos expansionistas, como la conquista de Abisinia (1935-1936) y la anexión de Albania (1939). Abisinia (la actual Etiopía) era considerada por el Duce, como una zona natural de expansión y nexo lógico, entre las colonias italianas de Eritrea y Somalia; la pasividad de Francia e Inglaterra ante la invasión, creó un mal precedente.
Tras la llegada al poder de Adolf Hitler en Alemania, Mussolini fue acercándose al nazismo; de hecho, el dirigente nazi se había inspirado en sus ideas, y ambos líderes, se admiraban mutuamente. Tras un primer tratado de amistad en 1936, la alianza entre Roma y Berlín, quedó firmemente establecida, en el Pacto de Acero de 1939.
Hitler y Mussolini brindaron abiertamente, apoyo militar al general Francisco Franco en la Guerra Civil Española (1936-1939), preludio de la conflagración mundial. La agresiva política expansionista de Hitler, provocó finalmente la reacción de franceses y británicos, que declararon la guerra a Alemania, tras la ocupación de Polonia.
Estallaba así la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y tras las primeras victorias alemanas, que juzgó definitivas, Mussolini validó su pacto con Hitler y declaró, la guerra a los aliados (junio de 1940).
Sin embargo, el fracaso del poco preparado ejército italiano en Grecia, Libia y África oriental, así como el posterior avance de las tropas aliadas ,(que el 10 de julio de 1943 habían iniciado un imparable desembarco, en la isla de Sicilia, con el propósito de invadir Italia), llevaron al Gran Consejo Fascista, a destituir a Mussolini (25 de julio de 1943). Al día siguiente Víctor Manuel III ordenó su detención y encarcelamiento. Dos meses después el nuevo primer ministro, Pietro Badoglio, firmaba un armisticio con los aliados.
Liberado por paracaidistas alemanes, (12 de septiembre de 1943), todavía creó Mussolini una república fascista, en los territorios controlados por Alemania, en el norte de Italia (la República de Salò, así llamada por la ciudad, en que el gobierno tenía su sede).
En los juicios de Verona, Mussolini hizo condenar y ejecutar a aquellos miembros del Gran Consejo Fascista, que habían promovido su destitución, entre ellos su propio yerno, Galeazzo Ciano.
El avance final de los aliados le obligó a emprender la huida hacia Suiza; intentó cruzar la frontera disfrazado de oficial alemán, pero fue descubierto en Dongo, por miembros de la Resistencia (27 de abril de 1945), y al día siguiente fue fusilado con su compañera Clara Petacci; sus cadáveres fueron expuestos, para escarnio público en la plaza Loreto de Milán.













