Nacida en Alemania, con el nombre de Roswicha Bertasha Smid Honczar, esta joven de raíces polacas y rusas, logró conquistar a millones de espectadores, convirtiéndose en el mito erótico por excelencia, de la época de la Transición española.
Sin embargo, detrás de aquellas portadas de revistas y marquesinas abarrotadas, se escondía el preludio, de una de las historias más desgarradoras y trágicas, del espectáculo en España.
Tras dar sus primeros pasos, en el mundo de la moda, en diversos países europeos, se trasladó a España, en la década de los años 70. Su exótica belleza y su notable soltura ante las cámaras, encajaron a la perfección con la apertura cultural y cinematográfica, que vivía el país, permitiéndole adoptar el seudónimo artístico, de Nadiuska y saltar de inmediato, al estrellato.
Su fulgurante carrera la llevó, desde las comedias más populares, del llamado "cine de destape", hasta producciones de alcance internacional, como "Conan, el bárbaro", donde compartió pantalla, con Arnold Schwarzenegger.
En la cúspide de su popularidad, la actriz garantizaba el éxito comercial, de cualquier proyecto cinematográfico, en el que participara.
Títulos como "Soltero y padre en la vida" de 1972, "Manolo la nuit" de 1973, "Vida conyugal sana" de 1974 o "La lozana andaluza" de 1976 la consagraron como la mayor atracción de taquilla, del cine español de la época. Los productores nacionales se disputaban su contratación, debido al enorme tirón, comercial de su nombre.
El punto culminante, de su carrera internacional llegó en 1982, cuando interpretó a la madre del personaje principal en la superproducción hollywoodiense "Conan, el bárbaro", rodada en tierras españolas.
A la par que su éxito profesional crecía, su vida personal empezó a torcerse. En 1973, la actriz protagonizó un sonado episodio, al contraer un matrimonio de conveniencia, con un hombre con discapacidad intelectual, para conseguir la nacionalidad española y poder seguir trabajando, sin restricciones legales en el país, un enlace que el Tribunal de la Rota terminaría anulando, años más tarde. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión, en su trayectoria, se produjo hacia finales de los años 80.
Nadiuska, denunció en diversas ocasiones, haber sido víctima de un veto deliberado y coordinado, por parte de influyentes figuras, de la industria audiovisual, tras negarse a ceder ante distintas presiones, personales y laborales. De forma repentina, las ofertas de trabajo cesaron, las puertas de las productoras se cerraron y la actriz, quedó marginada del circuito cinematográfico, sin apoyos ni recursos económicos.
La falta de ingresos y el aislamiento social, desencadenaron en Nadiuska, un severo deterioro de su salud mental, comenzando a desarrollar, episodios de esquizofrenia y delirios persecutorios. Sin una red familiar o profesional que la respaldara, la exactriz no pudo sostener el pago, de sus viviendas y terminó viéndose privada de un hogar, en el que residir.
A principios de los años 2000, la opinión pública quedó impactada, al trascender imágenes de la que fuera la mujer, más deseada del cine español, durmiendo en bancos públicos de la Plaza de Isabel II en Madrid, pernoctando en cajeros automáticos, en Guadalajara y acudiendo, a comedores sociales. para alimentarse.
Aunque compañeros de profesión, e instituciones sociales, intentaron prestarle ayuda puntual, sus recurrentes brotes psicóticos, dificultaban que pudiera mantener, un alojamiento estable.
Tras varios ingresos hospitalarios de urgencia y la intervención de los servicios sociales, Nadiuska reside hoy de forma permanente, en un centro psiquiátrico de las Hermanas Hospitalarias, en Ciempozuelos, Madrid, donde recibe atención médica, por esquizofrenia paranoide grave.
Su historia, recuperada recientemente en la memoria colectiva, gracias al documental "El enigma Nadiuska" de 2023, permanece como un relato estremecedor, sobre la vertiginosa caída de un icono, que lo tuvo todo y terminó, en el más absoluto de los olvidos.





















