Tal día como hoy, 19 de septiembre de 1893.- Nueva Zelanda se convierte en el primer país del mundo, en reconocer el derecho al voto femenino.
El primer voto femenino fue en Nueva Zelanda Al contrario de lo que sucedía en otros países, la lucha por el sufragio femenino, tuvo una amplia aceptación social, en la Nueva Zelanda del siglo XIX, especialmente, entre los sectores más conservadores.
Que la revolución francesa sea, el acontecimiento histórico que marca el inicio, de la edad contemporánea, en la que se enmarca, nuestra época actual, no es fruto del azar.
Este episodio del pasado, fue algo así como una tierra fértil, en la que se cultivaron los ideales que hoy sostienen, a la sociedades occidentales: los tan difundidos Derechos Humanos y, entre ellos, la semilla de unos derechos, destinados a una mitad de la población, que durante siglos vivió relegada a la otra. Las mujeres.
Condenada a muerte por sus ideas, la escritora francesa Olympe de Gouges , fue una de las pioneras en esta lucha, al defender que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos” y redactar, en 1791, la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana.
Más tarde, el movimiento de activistas británicas, como Emily Davison, quien dio (literalmente) su vida, por alcanzar el voto femenino en Inglaterra, se hizo eco en todo el mundo e impulsó también, a las sufragistas estadounidenses.
Sin embargo, no fue en ninguno de estos países, donde las mujeres adquirieron por primera vez, el derecho a votar, blindado ahora, por la mayoría de constituciones del planeta.
Aunque la lucha en Francia, Reino Unido y Estados Unidos fue determinante a nivel global, lo cierto es que fue en Nueva Zelanda, donde este se formalizó antes, y de una manera, ciertamente transformadora para la época: considerando también a mujeres maoríes e indígenas, como dignas de ejercer esa libertad democrática.
Nueva Zelanda fue un caso de éxito excepcional, en un contexto global en que el movimiento feminista, era visto con escepticismo: al contrario de lo que sucedía en otros países, donde las peticiones por el voto femenino, tardaron décadas en materializarse, la propuesta en esta isla de Oceanía -que en el siglo XIX caminaba bajo la tutela, de su padre, el Imperio británico- contó con una amplia aceptación social, especialmente entre los sectores más conservadores.
El país ejerció su soberanía en 1852, pero desde entonces, experimentó un período de decadencia,que dio lugar a saqueos y desorden social. Eso, sumado a que, por causas no citadas en las fuentes, la población era mayoritariamente masculina, hizo que las mujeres —y, en consecuencia, sus peticiones— fueran muy valoradas por la sociedad y las instituciones,: desde 1869, con la publicación de, Un llamamiento a los hombres de Nueva Zelanda, escrito por Mary Muller, comenzó a abrirse el sendero, hacia el sufragio femenino.
No fue, sin embargo, hasta inicios de la década de 1890, cuando aparecieron en escena Kate Sheppard y Meri Te Tai Mangakāhia. La primera, movilizó a las mujeres, entre 1891 y 1892 y finalmente organizó una recogida de firmas masiva, que fue considerada por el entonces gobernador neozelandés, Lord Glasgow, quien aprobó la ley, que dio respaldo al sufragio femenino, un 19 de septiembre de 1893.
El siguiente país, en consolidar este derecho fue Australia, en 1902, aunque lo hizo con un ingrediente,, que hoy nos sabría amargo: sin englobar a las mujeres y hombres aborígenes. Le siguió un conjunto de países europeos: Finlandia en 1906, Noruega en 1913 y Dinamarca en 1915. Y luego, esta libertad llegó a la Unión Soviética, en 1917.
Para el Reino Unido y Estados Unidos, esta ley no llegó hasta después de la Primera Guerra Mundial, en 1918 y 1920, respectivamente. Y en cuanto a Francia, habría que esperar hasta 1944, convirtiéndose este uno de los países europeos más tardíos, en reconocer esta libertad: de hecho, naciones que llevaban menos tiempo luchando por la causa, como Uruguay (1927), Zimbabue y Kenia (1919), lo consiguieron antes.



















