jueves, 31 de marzo de 2016

El capellán



Hace unas semanas, hablando con un amigo militar, surgió el tema de los capellanes castrenses. Al parecer, esta figura, tan íntimamente ligada a la historia de nuestra milicia, desde la época de la reconquista, está llamada a desaparecer a muy corto plazo.

Da la impresión, de que en este desorientado y confuso principio de siglo, todo lo que hasta ahora existía, quiera ser cambiado por otra cosa - no digo si para bien o para mal - en una, al parecer deliberada intención, de olvido del pasado.

El caso es que, en breve, las necesidades espirituales de los ejércitos, serán atendidas por curas no militares, que desempeñaran sus misiones, con idéntica preparación en una división acorazada, que - pongo por caso - en un convento de madres ursulinas. Por eso, los que somos nostálgicos del pasado - en cuanto lo que este tiene de costumbrista - vamos a echar de menos la figura del capellán castrense.

Estos hombres, mitad monjes, mitad soldados, y en muchas ocasiones más lo segundo que lo primero, siempre lucían sobre su negra sotana de clérigos, una, dos o tres estrellas de seis u ocho puntas, quedando patente con ello su condición de capitanes, comandantes o coroneles - yo incluso conocí a uno general - y cuando se acercaban a algún soldado, en el ejercicio de su ministerio, este no acababa de tener claro, si le iba a imponer una penitencia de tres padres nuestros, como sacerdote, o una semana de arresto, como comandante.

Sé de algunos, que cuando se encontraron con soldados, reticentes al llamado de la fe, incluso llegaron a gritarles: ¡Que te digo que te arrepientas, coño, que es una orden...!

La historia que hoy contamos va, por tanto, de capellanes y soldados. De capellanes de la época gloriosa del capellanato, cuando el principio de la espada y la cruz juntas, se fundían a la perfección en tan singulares personajes.

Transcurrían años dolorosos para España. La guerra de África, segaba casi a diario vidas de jóvenes, que en las desérticas tierras de Marruecos, morían en un infierno, sin fin ni sentido. Nombres como el Gurugú, el Barranco del Lobo o Annual, habían vestido de luto en un solo día a miles de familias de todo el país, en una trágica lotería de la muerte.

Fue en este ambiente de desasosiego y miedo, cuando llamaron a filas a Diego alias “Burraco”, que vivía en el Cortijo del Quinto, en el pueblo de Álora.

Destinado como soldado raso a la comandancia de Melilla, despertó - nada más llegar - la curiosidad de sus superiores. Sus más de dos metros de estatura, ciento veinte kilos de peso y gigantesca complexión, propiciaron, el que hubiese de encargarle desde las botas, hasta la más mínima pieza de su indumento militar, ya que ninguna de las existentes en la intendencia, era adecuada a su talla. Incluso el guardamonte del gatillo de su fusil, hubo de ser anulado, pues no le cabía dentro el dedo para poder disparar.

Todo estaba, en Diego, en consonancia con lo hasta ahora dicho. Comía tanto como siete personas juntas, su voz, incluso en susurros, sonaba como un trueno y era, con diferencia, el más bruto de toda su comarca y aledañas. No obstante, oponía a lo anterior, un carácter sencillo y un temperamento bondadoso, que le hizo muy pronto - a la vez que blanco de las bromas de sus compañeros -  el ser querido por estos, hasta el extremo, de proponerle para cabo por su pelotón, galones, que una vez impuestos, con gran orgullo lucía.

Se hallaba destinado en la misma unidad - con el grado de capitán - un primo de Diego - capellán castrense, y cura de armas tomar - cuyo pensamiento más moderado consistía, en que al infiel, había que dispararle primero, y darle luego la absolución, y que fuese Dios, en su infinita bondad, el que le perdonase su desvío.

Una mañana se despertó el regimiento al toque de generala, (1) y orden de marcha inmediata, pues el enemigo, se aproximaba a la plaza por varios puntos, y se preludiaba un combate inminente e incierto. Antes de partir, el coronel pronunció una arenga a la tropa, de las que erizan los cabellos. Se habló de las madres, de defender la virginidad de las hermanas - por cierto, bien seguras a miles de kilómetros - de la patria en peligro, de dar la vida, del heroísmo…

Junto al coronel se hallaba Paco, el capellán, que durante el desfile que siguió al acto, advirtió de la presencia de su singular pariente, y sin encomendarse a nadie, al pasar este a su altura, se dirigió a él y a voces le dijo: ¡Animo Diego, no te preocupes, que si el Altísimo quiere que hoy mueras en combate, allí estaré yo para darte los santos óleos, y tengas segura tu entrada en el paraíso!

El cabo, sin abandonar la formación, y con estentórea voz, que fue oída en todo el campamento contestó: - ¡Paco !, ¿sabes lo que de digo?. Que si hoy me pegan un tiro, te puedes meter los santos óleos en los cojones...!

De todos es conocido el laconismo militar, pues bien, en ese día se hizo absoluta gala de él, ya que ni el coronel, ni el capellán, ni ninguno de los oficiales, dieron por oída la respuesta de Diego.

(1) Generala = Toque militar para que una guarnición se ponga sobre las armas.

J. M. Hidalgo ( Historias de Gente Singular)

“Las golondrinas”, atracción turística de Barcelona

Tal día como hoy 31 de marzo de 1888, se inaugura en Barcelona el servicio de "Golondrinas", con barcas de motor en el trayecto entre la Puerta de la Paz y la escollera.

“La golondrina” es un tipo de embarcación turística a motor, que puede tener una o dos cubiertas y a veces partes del casco transparente o con ventanas en su caso para ver el fondo submarino, y suelen llevar a cabo travesías de corto recorrido cuando las aguas están tranquilas alrededor del puerto donde tienen su base.

En el puerto de Barcelona, fueron estas las primeras embarcaciones en usar el nombre de  “golondrinas” y su punto de partida, se encuentra situado en el muelle llamado de  Drassanes,  al final de la turística Rambla  de Barcelona y frente al monumento a Colón, existente en el paseo frente al puerto.

En su itinerario, se incluye un paseo turístico por el litoral de la ciudad, que permite ver todo el perfil de Barcelona desde el mar y el paseo que circunvala el puerto. 

Su inauguración tuvo lugar en 1888, con motivo de la exposición universal en Barcelona, siendo idea de su promotor el bautizar las embarcaciones como “Las Golondrinas” nombre de un ave cubana llamada “Golondrina cubana”, ave típica de Cuba - la golondrina de mar - que como las gaviotas, es un pájaro de costa que, aunque se adentre en el mar, siempre vuelve a tierra firme.

En sus orígenes eran tres las embarcaciones, y fueron construidas en una atarazana de la Barceloneta, propulsadas a vapor y con capacidad para veinte viajeros, sentados bajo una cubierta de madera que les protegía de la intemperie, siendo el único lugar desde donde se podía disfrutar de las vistas del mar en aquellos tiempos y cuyo paseo terminaba con el vermut en alguno de los dos típicos merenderos del rompeolas.

Durante los años 50 y 60 del pasado siglo, se adquirieron cinco embarcaciones más grandes con doble cubierta y dos puentes de gobierno, para facilitar la maniobra.

Cuando Barcelona fue elegida sede de los Juegos Olímpicos de 1992, se recuperó la fachada marítima de la ciudad; las playas, el Paseo Marítimo, el Port Vell, la Villa y el Port Olímpic y todos esos espacios son ahora visitados por los barceloneses y los turistas de todo el mundo, lo cual  ha implicado la diversificación de Las Golondrinas, que emprendieron la construcción de dos catamaranes, capaces de navegar por aguas abiertas, para poder observar Barcelona desde el mar.

En 1997  se incorporaron nuevas “Golondrinas”, catamaranes de fibra de vidrio con unos ventanales en su casco para ver bajo el agua, la cual recorre hoy día la costa de Barcelona en la conocida como ruta de "Puerto y Litoral" y otras nuevas en el año 2009, con los más modernos sistemas de comunicación y seguridad.

En sus años de vida, Las Golondrinas también han participado indirectamente en grandes sucesos históricos, como el desembarco de los repatriados de Filipinas en enero de 1900, siendo durante la Guerra Civil su único período de inactividad, debido a las restricciones de combustible, permaneciendo amarradas en el Muelle Nuevo, bajo la torre del funicular aéreo.

Desde hace ya más de un siglo, “Las Golondrinas” forman parte del paisaje de Barcelona e ido creciendo con la ciudad y por su mayor demanda de clientes, habitantes, visitantes y turistas, combinando tradición y cultura con modernidad y placer.

Desde el 2004, ofrecen durante todo el año visitas guiadas por el puerto de Barcelona, dirigidas a colegios o grupos; y mantienen viva la tradición de acompañar a la Virgen del Carmen el día 16 de julio y celebrar la llegada de los reyes magos por mar, la tarde del día 5 de enero.

miércoles, 30 de marzo de 2016

El canónigo Morales

  
Francisco Morales García – nacido en Álora a mediados del siglo XIX - en sus ratos libres, era canónigo de la catedral de Málaga, vistiendo su cargo con toda la pompa y esplendor, de la que un clérigo de principios de siglo pasado era capaz, pero en realidad Morales, de lo que ejercía la mayor parte del tiempo era de cacique.

De haber nacido unos siglos atrás, hubiese sido sin duda, un señor de los de horca y cuchillo, pero la modernidad había suavizado - muy a su pesar- las maneras del canónigo.

Nada había en la política de la provincia, que se escapase a su control; nombraba y destituía concejales y alcaldes, encumbraba y defenestraba gobernadores, y poseía el secreto para que los diputados fuesen a la corte o saliesen de ella, con solo tocar unas cuantas teclas en su entramado de influencias y amistades.

Morales, pertenecía a una familia rica e influyente, y reunía en su persona la mayor parte de los tópicos que se atribuyen - en general falsamente - a los andaluces.

Gustaba de la buena mesa, tomaba vino con largueza, era incondicional de la siesta prolongada, hablador en demasía, más bien perezoso y según las malas lenguas - y pese a su condición de clérigo - amante del sexo opuesto, en cuya compañía  parecía haber sido visto en múltiples ocasiones en actitudes poco decorosas, aunque nadie en público sostuvo jamás ser él, testigo de tales hechos.

Pero lo que caracterizaba al canónigo Morales - metido en religión por culpa de su difunta madre - era su afición a la política de misa y campanario, en la que se demostraba día a día como un auténtico maestro, tal como veremos.

En cierta ocasión, el gobernador civil de la provincia - que naturalmente debía el cargo a nuestro clérigo - estaba despachando con su secretario, los últimos nombramientos de alcaldes, y al llegar al del pueblo de Algaidas, el secretario advirtió a la primera autoridad provincial, que según sus informes, dicho señor no sabía leer ni escribir.

.-¿Cómo es posible tal cosa?
- inquirió el gobernador - ¿Quién ha nombrado a este alcalde...?

.-El señor canónigo Morales, es quien ha recomendado su nombramiento, excelencia
- contestó el secretario al que pareció superflua la aclaración.

.- ¡ Esto no puede ser !
- continuó el gobernador - Pídame audiencia para esta misma tarde, con el señor canónigo.-

El secretario, que había visto pasar por aquel despacho a más de un gobernador, no dijo nada y sonriéndose para sus adentros, concertó la cita.

Morales, recibió al gobernador en su suntuosa casa de la calle Mayor, y tras hacerle pasar al salón de visitas, en donde las sillas de los invitados, estaban situadas por debajo de la que ocupaba el clérigo, demandó de este, el motivo de su presencia allí.

.-Verá, señor canónigo, yo hace poco que soy gobernador, y nunca me he manifestado contrario a sus decisiones, pero en los últimos nombramientos de alcaldes, me han informado que el del pueblo de Algaidas - recomendado suyo - no sabe leer ni escribir.-

El canónigo se arrellanó en su butaca, y mirando fijamente al gobernador, con una socarrona sonrisa le dijo:

.-Precisamente por eso, porque no sabe leer ni escribir, le he nombrado alcalde de Algaidas, ya que si hubiese sabido hacerlo, le tenía pensado nombrar gobernador civil de la provincia.

El gobernador, que era nuevo en el cargo pero que no era tonto, tras besar el anillo del canónigo se excusó, y pidió dar por terminada la entrevista sin agregar nada más.

Morales, una vez solo, se recogió los manteos clericales, con el estilo que solía tener en tales menesteres, y tras colocar sobre su cabeza el sombrero de teja, salió - tieso como un palo - en dirección al casino en donde, como cada tarde, le esperaba la partida y la tertulia.

J. M. Hidalgo (Historias de gente Singular)

“El Lero”,un bandolero que murió de muerte natural.

 
Tal día como hoy 30 de marzo de 1895, el bandolero Juan Caballero Pérez "el Lero", muere de un vulgar flemón a los ochenta y un años, siendo el único de los bandoleros famosos que no acabo sus días en la horca o asesinado.

Juan Manuel Felipe Caballero Pérez “el Lero”, de familia de surtidores de reses para el matadero, vivía holgadamente, lo que le permitió acudir a la escuela y aprenda a leer y escribir, lo cual, marcaría entre él y los demás bandoleros románticos, una clara diferencia, el no ser analfabeto.

Pero con veinticuatro años, se puso al frente de una partida de salteadores de caminos, sin conocer la causa que le llevara a ello, aunque se dice que fue para escapar de una persecución basada en acusaciones infundadas, ya que fue confundido con. un hermano de su mujer, que robó unas gallinas y al intentar ser detenido, por una partida de Voluntarios Realistas, este con un pistolete que llevaba en la faja disparó y mató al jefe.

La circunstancia hizo, que se le confundiera con Juan y que un cortijero que vio a los ladrones de gallinas declarase en contra de "el Lero", quien no tardará en ser detenido y pese a sus protestas de inocencia fue ingresado en la cárcel de Estepa y después a la de Pedrera, donde se produjo la muerte del jefe de partida y perdidas las esperanzas de obtener justicia, decidió fugarse, dirigiéndose al norte, en Cazalla de la Sierra, donde consiguió emplearse como cabrero.

Al mes de ejercer este oficio, apareció por donde trabaja una partida de cuatro bandoleros y tras hablar con ellos repentinamente, adoptó la resolución de unírseles y con tal ímpetu inicia su vida bandoleril, que a los pocos días, se impone a sus compañeros y se convierte en jefe indiscutible, decidiendo ir salir en busca de José María "el Tempranillo" para unirse a su cuadrilla.

“El Lero” pronto se hizo famoso junto a José María “el Tempranillo” por toda Sierra Morena, siendo ambos amigos y “compadres” pero  actuando con total independencia uno del otro, aunque jamás llegó a obtener la fama de "el Tempranillo", siendo un delincuente más de los caminos aunque ninguno de ellos fue cruel, pues robaban sin ser brutales,

Uno de los gestos más alabados del “Lero”, se produjo con motivo de un encuentro con tropas de Infantería, cuando uno de ellos cadete, de no más de quince años, tras escapar Juan al monte le siguió a corta distancia y al saltar un arroyo, el caballo de cadete resbaló y cayó, aprisionándole una pierna y Juan al percatarse de lo sucedido y ante el peligro de ahogo en el arroyo, retrocedió y lo sacó de debajo del animal, llevándole a un cortijo para que le prestasen ayuda.

La partida se movía continuamente por Córdoba y Sevilla, dedicada al asalto de diligencias en la linea Madrid-Cádiz y en uno de ellos, un viajero respetable le pidió como favor especial que no molestara a su señora ni a sus dos hijas, a lo que accedió "el Lero", devolviéndole todo cuanto le había robado y al parecer quedó tan impresionado de su caballerosidad que le ofreció gestionar su indulto.

El bandolerismo, había llegado a su punto culminante, pues no había camino que se pudiese transitar tranquilo ni hacienda que pudiera considerarse segura, por lo que la autoridad para acabar con el insoluble problema, decidió aprobar y poner en marcha con la aceptación por parte de los bandoleros, la solución "política"  al asunto.

Así, en 1833 al morir violentamente - ya indultado - su amigo José María “el Tempranillo”, decidió vivir en paz, obteniendo el indulto y se retiró a vivir a Estepa, su pueblo natal, donde como buen supersticioso, sostenía que en un martes moriría, y así fue realmente, pues murió el martes santo 30 de marzo de 1885. de un simple y vulgar flemón a los ochenta y un años y en la cama, como el más pacifico estepeño, siendo el único de los bandidos famosos, que no acabó en la horca o muerto en cualquier camino.

martes, 29 de marzo de 2016

El Cabrero


Tenía la profesión de nuestro padre Abel, y ya antes que el también la tuvieron su padre, su abuelo, su bisabuelo… y así hasta donde la memoria alcanzaba.Eran familia de pastores de toda clase de ganado, pero lo que Paco guardó y cuidó, desde que pudo tenerse en pie, fueron cabras.

Con ellas vivió durante cada uno de los cuarenta y seis años, que hacía poco había cumplido, hora subiendo, hora bajando montañas de una serranía del sur, en búsqueda de los más frescos pastos para sus animales.

En la época - principios de los cincuenta - aún no se conocía el transistor, y la soledad más absoluta, acompañaba a nuestro hombre un día tras otro, en su caminar constante de loma en loma. Los únicos seres vivos con los que se relacionaba, además de con las cabras - y con los que había llegado incluso a  hablar - eran sus dos perros pastores.

El caso de Paco, había evolucionado a la inversa de lo que siempre se creé. Según se dice, los animales, acaban con el tiempo por parecerse en carácter a sus dueños, pero en este caso sucedió justamente al revés, y había sido el pastor, el que acabara por tener un comportamiento tan huidizo y asilvestrado, como el de las cabras que cuidaba, ya que más que parco en palabras, era casi mudo, pues no quería la compañía de otros semejantes y evitaba, cuanto podía, el contacto con la civilización.

Paco, se había adaptado al medio rural en que vivía, como las piedras o los árboles que lo poblaban. Conocía el campo como nadie, no solo en  su orografía, en la que era un maestro, sino en sus recursos naturales, y sobre todo sus plantas, de las que en muchas ocasiones obtenía parte de su sustento, y siempre el remedio para sus males y enfermedades.

Dolores de todas clases, indigestiones, catarros e incluso heridas, tenían su cura en el acto con tal o cual arbusto, que el cabrero conocía y usaba con mucha más eficacia, que un boticario sus píldoras y potingues.

Pero cierto día, una dolencia resistió - sin mejoría alguna - a todos los remedios conocidos, y Paco comenzó a preocuparse. Llevaba ya más de un mes con un terrible dolor de oídos, que le impedía incluso conciliar el sueño, y contra el que se mostraban inútiles cuantas de sus recetas aplicaba, por lo que - y contra su voluntad - se vio forzado a dirigir sus pasos hacía el pueblo, y lo que era aún más raro, hacía la casa del médico, personaje este al que nunca antes, había visitado en su vida.

- Mire usted doctor - concluyó tras explicar escuetamente su dolencia - no puedo dormir y últimamente casi ni pensar de tanto que me duele, deme algún “remedio” que me quite este mal.

El médico, tras realizar una palpación exterior, y observar el oído de Paco con un aparato parecido a una trompetilla, cuya sola visión produjo pavor al receloso enfermo, extendió una receta en una indescifrable escritura, y dijo a nuestro paciente:

 -“Solo dos al día, uno por la mañana y otro por la noche, y en una semana estará como nuevo”.   


Pocos días más tarde, mientras atendía su consulta, fue informado por la enfermera de que el paciente “de las cabras”, insistía en verlo con carácter de urgencia.

La imagen de Paco al entrar en el despacho, era la de la desolación más absoluta; pálido, desencajado, encorvado, y con una mano oprimiéndose el estómago, se presentó ante el médico, quejándose lastimero:

- Doctor, desde que me marché de aquí, estoy mucho peor que ante de verle. Ahora, el oído me duele lo mismo o tal vez más, pero eso casi sería lo de menos, porque hace ya cuatro días, que tengo unos retortijones de vientre horrorosos, y no me para nada en el estómago, me pasó todo el día  “desahogando”, ya sea por arriba  o por abajo… ¡Ay, Ay, que yo de esta, si que me muero! 
 
- Cálmese, cálmese, no será para tanto
- comenzó  a decir el médico extrañado  - A ver... ¿Se ha tomado usted  la medicina tal como le dije...?

-¿“El remedio”?
- exclamó Paco entre quejidos -¡esa es otra!. Está malísimo,  tanto, que al principio no podía del sabor tan desagradable que tiene, y eso que yo estoy hecho a todo…pero ayudándome con un poco de pan, no he dejado ni una vez de tomarlo, aunque desde que lo hago, me siento cada vez peor...

-¿Con un poco de pan? - se interrogó así mismo el galeno, mientras consultaba  en la ficha la medicina prescrita en su día a Paco, hasta leer finalmente en su casi incomprensible caligrafía: “Supositorios analgésicos dos veces al día”.

Mientras se pellizcaba las piernas, para no prorrumpir en una sonora carcajada, el médico concluyó sin mirar directamente al enfermo, y lo más sereno que pudo:

- Bien, lo mejor es que ahora probemos con unos comprimidos calmantes, a ver si nota mejoría. Estos puede tomarlos con agua
– concluyó.

Jamás, nadie del pueblo, volvió a ver a Paco, entrar otra vez en la casa del médico

 J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)   

El día que España se integró en la Comunidad Económica Europea.

Tal día como hoy 29 de marzo de 1985 España llega a un acuerdo histórico con la Comunidad Económica Europea para su integración, tras 23 años de negociaciones.

El Acta de Adhesión de España a las Comunidades -en la actualidad la Unión Europea- fue firmado poco después, 12 de junio en Madrid, incorporación que se hizo al mismo tiempo que la de Portugal.

Tras su ingreso, se produjo en España un periodo de prosperidad y durante cinco años logró el mayor índice de crecimiento de toda la Comunidad, mediante la liberalización, apertura y racionalización de la economía, tras el Plan Nacional de Estabilización Económica en 1959 y supuso la salida del aislamiento internacional que padecía y la estabilización de la naciente democracia.

España, solicitó ingresar por primera vez en febrero de 1962, durante la dictadura de Franco, pero dado que era requisito necesario tener un régimen democrático fue denegado, aunque esto no impedíó realizar otro tipo de relaciones, aunque no participaba en las decisiones del gobierno de la Comunidad

La posición española chocaba, debido al nacionalismo español de aquellos momentos, pero puesto que el régimen franquista no podía sobrevivir aislado, inició una liberalización económica en 1959 , aunque pese a ello, estados como Bélgica o Italia no admitían a la España de Franco como Estado asociado; otros eran favorables y otros indefinidos, todos empujados por las protestas de la izquierda europea, para relacionarse con un gobierno que no respetaba los derechos humanos.

Por todo ello, se llegó a la firma de un Acuerdo Preferencial en 1970, aunque meramente de carácter económico, y con el gobierno de Adolfo Suárez, se aprobó iniciar las negociaciones en las que España tuvo que cumplir varios de los requisitos de adhesión, en relación a los valores europeos y el respeto de la dignidad de la persona:

Realmente, las negociaciones estaban condicionadas a resolver problemas internos de la Comunidad, pero tras el Golpe de Estado en España el 23 de febrero de 1981, el propio Parlamento Europeo solicitó una aceleración de la adhesión para estabilizar la incipiente democracia, aunque medidas económicas como la introducción del IVA, lo ralentizó de nuevo.

Tras las elecciones de 1982, asumió las negociaciones el gobierno de Felipe González, que supuso,  una mejor sintonía y un cambio de postura con Francia, con un gobierno también socialista, y finalmente, se llegó al acuerdo por una causa externa, cuando el presidente español aceptó, misiles estadounidenses en territorio de los miembros de la CEE, lo que suponía un vínculo entre la pertenencia a la Comunidad Europea y la alianza político-militar con los EEUU, contra la que siempre se había mostrado contrario el presidente español.

De cualquier forma, quedaron asuntos pendientes y así, se programó la desaparición progresiva de aranceles agrícolas generales y, el libre comercio de frutas, hortalizas y aceite de oliva se retrasó hasta 1996. y las restricción a la libre circulación de trabajadores españoles, durante siete años.

En la integración se plantearon casos particulares, Canarias, Ceuta y Melilla y el archipiélago en el acuerdo quedó excluido de la unión aduanera, de las políticas agrícolas comunitarias y de la obligatoriedad del IVA, aunque esto se  modificó en negociaciones posteriores.

Tras todo este larguísimo y complejo proceso,  el Acta de Adhesión se firmó el 12 de junio de 1985 y ese mismo día, se realizó un acto similar en Lisboa ratificando la incorporación de Portugal y  días después de esta firma, el 28 de junio, el Consejo se reunió en Milán para iniciar la reforma de la CEE que llevaría al Acta Única Europea en febrero de 1986. y España ya formaba parte, de su toma de deliberaciones.

lunes, 28 de marzo de 2016

El Bromista



Era una de esas personas con las que resulta imposible aburrirse. Una de las que es capaz de elevar el tono de una fiesta que decae, y en cuyo derredor se concentran siempre risas y jovialidades.

No debemos pensar, sin embargo, que Blas Fontanal fuese un bufón en el sentido despectivo de esta palabra, antes al contrario, tenía un humor - aunque mundano - selecto y selectivo, del que hacía partícipe solo a sus amigos con los que disfrutaba con sus chistes y ocurrencias.

Pero Blas sentía, además, una debilidad irreprimible por gastar bromas, por lo general siempre inocentes, y de las que hacía blanco a personas normalmente desconocidas.

Frabajaba en el Departamento de Inmigración del Aeropuerto de Barcelona, en el control de pasaportes, allá por la década de los años sesenta, cuando España comenzaba su “milagro económico” mimando a sus turistas, a los que contaba por millones, ya que estos constituían su principal, y casi única industria, y aunque era sin chimeneas, propició en unas décadas, el llamado “milagro español”, del que durante años siguió viviendo este país.

Fontanal, que no conocía otra lengua que la de Cervantes, elegía cuidadosamente y - precisamente entre los turistas - a las víctimas de sus inocentes bromas, de entre aquellos que respondían al claro estereotipo, de una raza o nacionalidad en concreto, y que presumiblemente por ello no sabían ni una palabra de castellano.

Me explicaré con detalle, para una mejor comprensión de lo que acabo de decir. Cuando se aproximaba a su puesto de trabajo, pasaporte en mano, un ciudadano vistiendo - pongamos por caso -  ropas típicas musulmanas, Fontanal, con la más amplia de sus sonrisas y exagerando el acento de sus palabras, de forma que pareciese hablar en árabe, le decía: -¿Jàmas tu jamón, Mohamed...? -  u otra expresión similar.

El aludido, que - como es lógico - no había entendido ni jota de la frase, pensando que seguramente se trataba de un mal conocimiento de su lengua, respondía a su interlocutor, con un saludo en su idioma y la mejor de sus sonrisas, mientras este, como si tal cosa, continuaba tranquilamente su labor.

Pero tantas veces va el cántaro a la fuente, que en una de ellas acaba por romperse, y eso fue lo que un buen día acaeció a Fontanal.

Una tarde, se acercó hasta el punto de control un ciudadano japonés, de mediana edad, vestido a la usanza oriental, al que seguía - a los pasos reglamentarios que su tradición establece - su esposa, también ataviada con el traje típico de su país.

Nuestro amigo Blas calibró rápidamente la situación, se encontraba ante la persona perfecta para su acción, y mientras - tras examinarlo brevemente - estampaba un sello de control en el pasaporte del oriental, y acto seguido dibujaba en su semblante su sempiterna sonrisa, le dijo con un acento que recordaba - de alguna forma - el idioma japonés:

-¡Señol! ¡Está  loca la pelota... está loca la pelota!

El nipón, inclinó suavemente su cabeza, como suelen hacer los de su raza al saludar, y mientras devolvía a Fontanal  la sonrisa, le contestó en perfecto castellano:

- No señor, la pelota no está loca... El que está loco es usted...

Y tras recoger sus documentos, se dirigió hacia la salida, seguido a corta distancia por su mujer y dejando - por breves instantes - desconcertado a nuestro hombre que, no obstante, al poco recobró su natural ser, y con su habitual buen humor contó a todos lo sucedido, sin el más leve atisbo - por su parte - de sentirse en ridículo.

¿Acaso piensas – querido lector -  que aprendió la lección?  Nada de eso, pocos días después de sucedido lo que se acaba de contar, le sorprendí mientras se dirigía a un grueso y rubicundo pasajero de aspecto germánico, al que con un tono de voz que intentaba imitar al alemán, le decía siempre sonriente:

-¿Podría aclararme sí, “suban, estrujen, bajen”, quiere decir tranvía en alemán…?

Definitivamente, no tenía remedio.

J. M. Hidalgo (Historias de ente Singular)

La muerte en prisión del poeta Miguel Hernández.

Tal día como hoy 28 de marzo de 1942, muere en la cárcel, el poeta y dramaturgo español Miguel Hernández, que fue un poeta, muy importante en la literatura española del siglo XX.

Procedente de una familia dedicada a la cría de ganado, desde muy temprana infancia fue pastor de cabras, recibido tan solo un año de escolarización, aunque empezó a estudiar  bachillerado en 1923, y propuesto para una beca, que su padre rechazó, abandonando los estudios y por decisión paterna, se dedicó en exclusiva al pastoreo, actividad durante la cual escribe sus primeros poemas.

En la Biblioteca Pública, empezó a formar un grupo literario con otros jóvenes de Orihuela- Alicante- reuniéndose en una panadería, donde conoce a José Marín Gutiérrez, futuro abogado y ensayista, que se conocerá como “Ramón Sijé”, amigo íntimo desde entonces - y a quien, a su muerte - Hernández dedicará su célebre Elegía.

Su fuente de  educación, fueron solo los libros, convirtiéndose en totalmente autodidacta y en marzo de 1931, con 20 años, obtuvo su único premio literario en vida, con un poema llamado “Canto a Valencia” premio que no fue en metálico sino una escribanía de plata.

En 1931 viajó a Madrid, intentando buscar empleo, pero al no lograrlo se ve obligado a volver a Orihuela, donde en 1933 publica “Perito en lunas”, su primer libro con gran éxito, marchando de nuevo a Madrid, donde logra ser nombrado colaborador en las Misiones Pedagógicas y redactor de  la enciclopedia “Los toros”, siendo apoyado por su director, así como en la Revista de Occidente, publicando “El rayo que no cesa” influido por la pasión que vive con la pintora Maruja Mallo, iniciando entonces un periodo de poesía más social, y de compromiso político con los pobres y desheredados, quedando anímicamente destrozado, tras la muerte de Ramón Sijé.

Al iniciarse la Guerra Civil, se alista con los republicanos, pasando a formar parte del Partido Comunista , encuadrado en el “5º Regimiento” y otras unidades en el frente, época en la que se casa y  viaja a la Unión Soviética, representando al gobierno de la República.

En diciembre de 1937 nace su primer hijo, que muere a los pocos meses y en enero de 1939 el segundo, a quien dedicó las famosas “Nanas de la cebolla”.

Acabada la guerra, decidió volver a Orihuela, pero ante el riesgo de detención, decide irse a Sevilla  para cruzar la frontera de Portugal, pero la policía portuguesa, lo entregó a la Guardia Civil, siendo encarcelado, en donde escribe las·”Nanas de la cebollla”, aunque de manera sorprendente, tras gestiones de Pablo Neruda ante un cardenal, salió en libertad sin proceso, a fines de 1939.

Vuelto a Orihuela, fue denunciado, detenido y encarcelado, siendo juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940, pero por la intercesión de intelectuales amigos, y el vicario general de la Diócesis de Orihuela, se conmutó la pena por treinta años de cárcel, siendo trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde estuvo también Buero Vallejo y donde enfermó de bronquitis y tifus, que se le complicó con tuberculosis, falleciendo en la enfermería de la prisión el 28 de marzo de 1942, con tan sólo 31 años de edad, siendo enterrado en Alicante.

En 1986, sus restos fueron trasladados a un terreno cedido por el Ayuntamiento de Alicante en el mismo cementerio, donde también se enterró la que fuera su esposa, Josefina Manresa.

En 2011, la Sala Militar del Tribunal Supremo, denegó la posibilidad de un recurso extraordinario de revisión de condena solicitado por la familia, estimando que esta fue impuesta por motivos ideológicos o políticos y que ya estaba anulada con la Ley de Memoria Histórica, que declaró este tipo de condenas como injustas e ilegítimas y que, por lo tanto, no era preciso dictar una nueva resolución.


domingo, 27 de marzo de 2016

El Blasfemo

           
Siempre he pensado, que la Iglesia, se equivoca grandemente con el tratamiento que da a los blasfemos. Por lo general, estos, a quien Dante en su Divina Comedia sitúa en uno de los círculos centrales del infierno, es decir los que disfrutaban de “mayores cuidados y atenciones demoníacas”, son - en su consideración - seres merecedores de todo tipo de condenas y tormentos, y a los que por insultar a la divinidad, no se les debe perdonar jamás, ni en este mundo ni en el otro.

Creo que se equivoca, porque en la actualidad, la marea de agnosticismo que azota a los cristianos, hace de Dios un ser casi folklórico, y si algún energúmeno en un ataque de ira se acuerda de los ancestros de la divinidad – lo cual teológicamente parece, además, bastante imposible – casi debían complacerse los jerarcas espirituales de la clerecía, porque – al menos – el blasfemo piensa que Dios existe, y por lo tanto, es ya un creyente, al que solo hay que reconducir hacia el buen camino.

Me parece extraño -  reitero - que no juzgue así el hecho la iglesia católica - a la que con razón se tilda de sabia – como lo demuestran los dos mil y pico años de su existencia, durante los cuales, ha sabido resolver problemas de mucha mayor enjundia y complejidad que el expuesto.

Por citar alguno de ellos, baste recordar que, en el siglo XIII, durante el asedio de la ciudad de Béziers ocupada por los albigenses, al abrigo de cuyos muros se albergaban tanto herejes como fervientes devotos, al ser consultado el representante de su Santidad – que allí disponía en cosas de almas y cuerpos - sobre el hecho de que arrasar la ciudad, podía significar la muerte tanto de unos como de otros, él, tras no muy dilataba reflexión, ordenó su incendio, argumentado, que fuese Dios, con su infinita bondad, el que separase – en la otra vida - los buenos de los malos.

Por todo esto, y sabiendo resolver tan brillantemente problemas como el expuesto, no se entiende bien, su escasa lucidez para con los blasfemos. No obstante – amigo lector - me parece que me he ido del tema, ya que estábamos hablando de las blasfemias, y no de la sabiduría de la iglesia.

Tiempo hubo - en nuestro país - en que la influencia del clero era tan enorme, que su impronta impregnaba toda la vida nacional, y un pecado puramente espiritual como este, se hallaba en el Código Penal, castigado incluso con penas de cárcel, si el culpable incurría reiteradamente en sus irreverentes alusiones a la divinidad.

El caso es que - aunque parezca mentira - había guardias que perseguían tales conductas, con más diligencia y saña, que si de un peligroso asesino se tratase, y por eso le ocurrió a Fernando, lo que a continuación cuento.

Tenía nuestro hombre una mula parda, espantadiza y esquiva, que bastaba con que su dueño optase ir por el camino de la izquierda, para que ella tomase – decidida - el de la derecha, sin que en muchos casos valiesen los gritos, e incluso los palos, que al objeto de remediar el hecho, Fernando generosamente le propinaba. Aquel día marchaban ambos, por una de las calles del pueblo, con las alforjas del animal llenas a rebosar, de botijos y cacerolas de barro, venta a cuya actividad se dedicaba nuestro héroe.

La mula, en lugar de enfilar la calle Alameda, por la que hubiese cabido de sobras, dirigió sus pasos a la del Peligro, la cual al final iba estrechándose hasta permitir solo – y con dificultad – el paso de una persona, no siendo posible en forma alguna, que lo hiciese una acémila cargada.

Cuando Fernando quiso apercibirse, el terco animal, subía ya las empinadas rampas de la calleja, y aunque tras correr en pos de él, logró darle alcance, se había ya empotrado en una de sus estrecheces, siéndole imposible moverlo ni hacia delante ni hacia atrás, porque al intentar hacer retroceder al terco cuadrúpedo, la carga rozaba contra las paredes de las casas, rompiendo a cada movimiento, parte de lo que portaba, de forma que al poco rato, y sin aun haber podido desatascar al animal, los botijos y demás cacharros que llevaba, no eran ya sino un montón de cascotes.

Fue entonces cuando Fernando, al borde de la histeria, comenzó a acordarse de la Divinidad. En primer lugar lo hizo de Ella misma, con nombre propio, luego de sus ancestros, más tarde de sus descendientes, por último de sus colaterales y afines, y cuando – ante el monumental escándalo originado – compareció el sargento de la Guardia Civil del pueblo, nuestro hombre se hallaba ya recorriendo con su escatológico lenguaje, toda la jerarquía del clero tanto secular como regular, hasta la categoría de obispo.

El sargento, tras llevarse una mano al tricornio en señal de saludo, y otra a la libreta de multas, comenzó a preguntar a Fernando las generales de la ley, sin hacer – en cambio - nada por ayudarle a solucionar el problema.

Una vez concluyó sus anotaciones, informó a nuestro hombre, que estaba denunciado, con una multa de mil pesetas, por blasfemias e insultos a la religión católica, más lo que el Sr. Juez tuviese a bien considerar, al haber efectuado el hecho en plena vía pública, con posible escándalo de niños y mayores.

Fernando, que estaba más atento a lo poco que aún pudiese salvar de su carga de alfarería, que a las palabras del sargento, contestó, sin dejar de luchar a brazo partido con el terco semoviente.

 - ¡Anote.., anote usted, mi sargento, que cuando acabe, espero que los tacos me hayan salido a céntimo cada uno !

-Y dicho esto - sin hacer más caso a la presencia del agente - volvió a vestir de marrón, a toda la corte celestial, y al estamento clerical hasta la escala de monaguillos, mientras continuó en sus esfuerzos, para lograr desatascar a su terca mula, de la ratonera de la calle Peligro.

  J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)


 

El largo secuestro de la farmacéutica de Olot

Tal día como hoy, 27 de marzo de 1994, finaliza con éxito, el caso de la farmacéutica de Olot, con la liberación de esta que permaneció secuestrada más de 16 meses

María Angels Feliu Bassols es una farmacéutica de Olot - Gerona- conocida por un secuestro de 492 días que sufrió entre noviembre de 1992 y marzo de 1994, el más largo padecido por una persona en España sin móvil terrorista y, en el que algunos de los autores, pertenecían a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

María Àngels, fue apresada en el garaje de su casa en Olot, el 20 de noviembre de 1992 mientras  estacionaba su coche, el cual fue encontrado en las afueras de la ciudad y desde ese momento, se iniciaron los errores de la investigación, algunos de ellos interesados, que aumentaron el tiempo la agonía de la rehén.

Se denunció la desaparición a la Policía Local, y estos comenzaron las pesquisas, haciéndolo de la peor forma posible, pues de la carrocería del turismo, no sacaron ni una sola huella.

Seguidamente, asumieron las investigaciones los Mossos d´Esquadra y por último la Guardia Civil, que no había sido oficialmente informada, comenzando a trabajar el caso meses después, momento en el que ya la familia sabía que necesitaba pagar un rescate, cada vez más elevado, tras varias llamadas de los secuestradores.
 
En octubre del año siguiente, el cúmulo de desaciertos llevó al juez de Instrucción, a archivar las diligencias por falta de nuevos datos, mientras la Benemérita seguía investigando al margen, encontrándose con poca colaboración, pues la familia Feliu tampoco facilita pistas, mientras los  agentes sospechaban que podía haber policías implicados, pues cuando se acudía a pagar el rescate, siempre una patrulla de Policía Local merodea por el lugar, lo que hizo pensar a los investigadores que había “demasiadas coincidencias” tras el secreto que rodeaban tales encuentros.

El lugar del secuestro era la localidad de Sant Vicenç de Torelló - Barcelona– y uno de los  secuestradores era jefe de la policía local de Olot en Gerona, lo cual luego explicó muchas cosas.

Durante 492 días María Àngels, solo dispuso de un cubo con una bolsa de basura y apenas tres mudas, durmiendo en un colchón en el suelo y una radio, sin luz ni posibilidades de asearse, con  la compañía de insectos y un ratón que se coló dentro, siendo finalmente liberada por la persona encargada de su custodia, que la dejo cerca de una gasolinera de Parets del Vallès.

Tras la liberación, la Guardia Civil recibió varias llamadas que acusaban al jefe de policía de su implicación, por lo que se estableció un discreto seguimiento, pero él los descubrió y aunque ya había otras denuncias que le acusaban de manera directa, no se entregó y esperó a ser detenido, y una vez hecho  esto, cayó el resto de la cadena.

Luego acabaría por confesar, que lo hizo atenazado por las deudas, y que planeó el secuestro de alguien que tuviera mucho dinero y fuera fácil de vigilar, ayudado por otro policía municipal de Olot y un delincuente común.

Murió en 1997 de sobredosis y el carcelero, fue introducido en el grupo por Ramón Ullastre, dueño del chalé del “zulo” donde tuvo lugar el secuestro y que era un guarda forestal.

Años después, aún no existía acuerdo sobre quién ideó el secuestro, pero los investigadores sospecharon que el “zulo” se construyó con intención de utilizarlo en una cadena de secuestros más, con exclusivo fin económico, lo cual – por suerte – no pudo llegar a hacerse realidad.

sábado, 26 de marzo de 2016

El Beato


Pertenecían a la mediana y tercera edad, vestían de negro o con hábitos morados, ceñidos con cordones amarillos, se adornado el pecho con escapularios, en los que abundaban corazones sangrantes y coronas de espino, y en su mano llevaban un misal, del que pendía siempre un rosario.

Pasaban la mayor parte del tiempo en la iglesia parroquial, dándose frecuentes y sonoros golpes de pecho, mientras elevaban sus prédicas al Todopoderoso, por la salvación propia y de la humanidad. Eran las beatas.

En mi pueblo, y en la época a que me refiero - años cincuenta de este siglo - las había en legión. Decían vivir, en loor de santidad, aunque en ocasiones, la soledad del cura por un lado, y la de alguna beata por otro, había dado que hablar al resto de la feligresía, sobre todo si aquella estaba de buen ver.

En los ambientes más descreídos y escépticos, había acuñadas frases para ellas tales como: “Son mujeres - decían – que solo las aguanta Dios, y eso porque está clavado en la cruz y no puede salir corriendo...”, y aunque esto era casi una blasfemia, la frase respondía bastante acertadamente en muchos casos, a la realidad de tales féminas.

Aunque más rara, se daba también la versión masculina del personaje, y éste es el que hoy queremos recrear aquí. Se llamaba Custodio, y había sido siempre de natural enfermizo, por lo que se crió pegado a las faldas de su madre, de la que heredó, una voz chillona, y su afición a la gente con sotana.

Custodio jamás pisaba el bar. Nunca se le vio jugar a las cartas. Sus más atrevidas imprecaciones eran “cáspita o mecachis”, y esta última ya le parecía subida de todo, y no había conocido de otra mujer que la suya - la aburrida y poco agraciada Genoveva - que al decir de algunos, era como no haber conocido a ninguna.

Sus ocupaciones consistían, en el cuidado de su tienda de tejidos, de la que humildemente vivía, y sobre todo, cualquier actividad que tuviese relación con la iglesia.

De niño, fue monaguillo, por lo que sabía además de la misa en latín, un sinfín de oraciones y salmodias, que, aún desconociendo su significado, ya que se había limitado a aprenderlas de memoria, recitaba de continuo, deslumbrando a sus paisanos, y haciéndole aparecer - según el oyente - como un hombre santo, o como un rancio rematado. Sus conocimientos en materia de iglesia eran, por demás, superficiales y por eso, sus meteduras de pata, de antología.

En una ocasión, acudió, en visita pastoral el obispo de la diócesis, hecho que solía suceder de pascuas a ramos, y que cuando acontecía, desplegaba en derredor gran expectación. Aquel día, todos los colegios habían dado fiesta, para que los niños - palmas  y banderitas en la mano - recibiesen en la plaza de la iglesia al prelado, con cánticos y vivas.

Púrpura al viento, el obispo descendió del lujoso automóvil en que llegó, y mientras ofrecía su anillo para ser besado por la feligresía, se quitó de la cabeza el sombrero obispal, quedando esta cubierta por el solideo, especie de pequeña boina, que denota la dignidad del cargo.

Custodio, que se hallaba auxiliando al párroco, en sus labores de bienvenida, y desconocía tal prenda, se dirigió al obispo y tras llamar su atención, golpeándole discretamente en el hombro, le dijo con su chillona voz, que todos oyeron:

-¡Eminencia, Eminencia, no se si se ha dado cuenta su excelencia, pero se le ha quedado el forro del sombrero pegado a la cabeza!.

El obispo, estuvo - no obstante - a la altura de las circunstancias, ya que sin inmutarse, guardó el solideo en un bolsillo mientras le decía: -Gracias por el aviso, hijo, cada día trabaja peor la gente de las sombrererías, y la visita siguió como si nada hubiese pasado.

El recuerdo de Custodio que más pervive en mi memoria, no se debe sin embargo a él, sino a Genoveva, su mujer, y contaré porque.

Un invierno, la precaria salud de nuestro hombre empeoró súbitamente.Al poco, se extendió  por el pueblo la noticia, de  que el “santo”, estaba a punto de reunirse con sus colegas en el más allá, y a partir de ese momento, fue incesante el desfile de beatas por la cabecera del enfermo, las que, con ligeras variantes, daban a nuestro hombre siempre la misma encomienda.

-Mira Custodio, cuando llegues a la gloria, pregunta por mi marido y dile que no paro de acordarme de él,  que me espere - decía una.

- Custodio - demandaba otra - cuando entres en el paraíso, nada más llegar, pregunta por mi hijo, y dile que le echo de menos. Y así, día tras día hasta que su estado, cada vez más débil, aconsejó suspender cualquier tipo de visitas.

Genoveva, durante todo el tiempo, había permanecido callada a la cabecera del lecho, pero ahora, consideró oportuno hacer a su marido, una última e importantísima advertencia.

- Verás - le dijo - yo no he querido meterme en nada, pero te quiero avisar por tu bien. Cuando llegues al cielo, no se te ocurra andar gloria arriba y gloria abajo, preguntando por este o por aquel, tu te quedas en un rincón calladito, no sea que se enfaden y te despachen de allí, por molestar...

Custodio, murió confortado por los consejos de su mujer, y puesto que no hubo constancia de su retorno, es seguro que siguió - a pies juntillas - sus sabias indicaciones. No cabía duda, de que eran, tal para cual. 

J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)           
           
                       

El explorador Juan Ponce de León

Tal día como hoy, 26 de marzo de 1513, el explorador español Ponce de León, descubre grandes extensiones de tierra firme, a las que bautiza como "La Florida", por la abundancia de flores.

Juan Ponce de León y Figueroa, fue un conquistador, primer gobernador de Puerto Rico y descubridor de la Florida, de ascendencia noble y paje de Fernando el Católico, combatiendo en la conquista de Granada y tras la toma de esta ciudad en 1492, aunque podría haber disfrutado de la victoria con cargos y honores, prefirió participar en la empresa española en América.

Se dice, que su primer viaje a América lo hizo con Cristóbal Colón en 1493, durante el que se conquistó la isla de La Española, mientras otros piensan que llegó por primera vez al Nuevo Mundo con Nicolás de Ovando.

Lo que está claro, es que en en 1502 colaboró con este último, sofocando una rebelión en la zona oriental de La Española, por lo cual fue recompensado con el cargo de gobernador de la recién creada provincia de Higüey, donde se hizo rico sobre todo gracias al cultivo de la yuca.

Estando allí, oyó historias de riquezas en la Isla de San Juan -“Borinquén”- concentrando sus esfuerzos en acudir allí y en 1508 salió para explorarla, siendo muy bien recibido por Agüeybaná, cacique taíno, y con su ayuda, tomó en poco tiempo el control de la isla, de la que fue nombrado gobernador en 1509.

Allí ordenó construir una fundición de oro y estableció una hacienda, forzando a los indios a trabajar en las minas y construir fortalezas, muriendo muchos de ellos a causa de las enfermedades traídas por los europeos y su falta de inmunidad ante estas.

Pero la muerte del cacique, que le había dado su beneplácito, hizo que su sucesor se opusiera con  gran resistencia, matando casi a la mitad de los españoles y paralizando las minas de oro, lo cual ocasionó la guerra, que provocó la huida de muchos indios, por lo que pidió un título al Rey Fernando  para explorar otras islas.

Con tres naves, navegó por las Bahamas y, sobre el 27 de marzo de 1513, avistó una isla, donde desembarcó, viendo desde un alto, un paisaje plano y boscoso que debió ser la costa oriental de la Península de Florida, próxima al actual Cabo Cañaveral, reclamando toda esa tierra para España, y llamándola “la tierra Florida”, debido a las flores de comienzos de la primavera.

Allí, existían leyendas de la existencia de Siete Ciudades de Oro y la “fuente de la eterna juventud” y, es probable que influyeran en su exploración, aunque él nunca dijo nada de que la buscara, aunque si influyó en otros conquistadores españoles como Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

Pensado en colonizar el territorio, en 1521 marchó al frente de una expedición con dos barcos y unos 200 hombres, entre sacerdotes, agricultores y artesanos, con caballos, animales domésticos e instrumentos de labranza, comenzando a construir una colonia, pero a los pocos meses fueron atacados por los indios calusa, resultando herido Ponce de León por una flecha envenenada en el hombro o la pierna, que se le gangrenó.

Después de este ataque, él y los colonos fueron en barco a La Habana, donde pronto murió a causa de la herida, estando su tumba en la catedral de San Juan, de Puerto Rico.

Cada año en Estados Unidos, tienen lugar actos para homenajear el descubrimiento de la Florida, entre ellos la simulación del desembarco donde se cree que Ponce llegó por primera vez, estando presente el pasado año el buque escuela Juan Sebastián Elcano, en un acto donde participó el ministro de Asuntos Exteriores español, con representación estadounidense, realizando una ofenda floral al monumento del descubridor
.

viernes, 25 de marzo de 2016

Álora, el día de la despedía



El día de Viernes Santo, en mi tierra  de Álora - allá por los años cincuenta y sesenta - desde primeras horas de la mañana, se veían llegar al pueblo a los “lagareños”, ataviados con sus mejores prendas
.
Ellas, con sus más preciadas galas, muchas diseñadas y cosidas con sus propias manos, lo que las daba el aspecto de todo lo doméstico. Ellos, con su traje de los domingos - y único que tenían además del de faena - y zapatos nuevos y normalmente estrechos.

Los habitantes “del luga” - como se conocían a los que residían en el pueblo - no se quedaban atrás en indumento y, sacando cada uno de su armario su mejor terno, salían a la calle a disfrutar del día grande de la Semana Santa, que no era otro que el Día de la Despedía.

-“Quiyo, ¿ande vas ?”
– preguntaba alguien ­   -“¿Ande viai ? (1)... ¡a la Cespeia!” - contestaba el aludido, como si la pregunta hubiese sido casi una ofensa.

Pero antes de hablar de tan singular y típica fiesta, quiero hacer una pequeña glosa de lo que la Semana Santa significaba, en aquella época en mi tierra.

El pueblo, que siempre solía - ante cualquier tema - dividirse en dos facciones rivales e irreconciliables, en esto de las cofradías actuaba de la misma forma. Desde un mes antes, y hasta una semana después del evento, todos eran o de Jesús - cofradía del Cristo Nazareno - o de Dolores - la Virgen Dolorosa - de forma, que el que no se sentía plenamente identificado con ninguna de las dos posiciones – como era mi caso – resultaba sospechoso para ambas, y no contaba con ningún verdadero amigo, durante todo el ciclo de pasión.

Los seguidores de Jesús, vestían túnica morada, y eran los “berenjenas” para sus rivales. Los cofrades de Dolores la llevaban negra y se les conocía como los “curianas” por los otros.

Durante los días centrales de la fiesta, los de Jesús evitaban hasta comprar en una tienda de gente de Dolores y viceversa, e incluso había novios, con familias de facciones diferentes, que cuando llegaba la festividad - como si se tratase de Montescos y Capuletos - dejaban de verse, y cerraban filas alrededor de sus respectivas familias.

Algunos de estos noviazgos - en fase aún de larva - no llegaron a superar el trámite de la Semana Santa sin partir peras, y los que arraigaron, tras el matrimonio, hubieron de decantarse por seguir la inclinación de uno de los dos, lo cual – al menos por esos días – traían complicaciones seguras con la familia política.

Las dos cofradías, desfilaban en la noche del jueves por las calles de la localidad, en primer lugar la de Jesús y tras ella - como la tradición marcaba - la cofradía rival, y - como era natural - procuraban rivalizar en todo, desde la banda de música hasta, túnicas, estandartes y velones.

Tras el ritual de las saetas, y alguna frase entre irrespetuosa y exaltada, como: “¡Eres más guapa que la madre que te parió...!” dirigida a la Virgen, o alguna otra al Nazareno, a veces con referencia escatológica a su santa madre, los pasos procesionales acababan por recogerse, más allá de la una de la madrugada.

No podía alargarse mucho el desfile, ya que el día siguiente era la fiesta grande, la prueba de fuerza, el reto anual. Era  - en suma - el día de la despedía.

El Viernes Santo, en la plaza de abajo, desde las ocho de la mañana, no cabía ni un alfiler. En un extremo, se situaba el trono de Jesús y en el opuesto el de Dolores, los cuales y aunque se les había aligerado de peso, seguían teniendo varios cientos de kilos de tara.

En un momento dado, las dos bandas de música empezaban a tocar a pleno pulmón, generalmente piezas distintas, con lo que el guirigay estaba asegurado. Mientras - por el centro de la plaza - los pasos se aproximaban uno al otro.

Cuándo se hallaban a escasos metros, los costaleros de la parte delantera de los tronos, hincaban la rodilla en tierra y la imagen - y todo el conjunto con ella - hacían una especie de reverencia al otro trono, el cual realizaba la misma operación, que era correspondida en forma alternativa, una y otra vez, hasta que uno de ellos, decidía retirarse del torneo.

Mientras, las campanas de la iglesia, tocaban todas arrebato y las dos bandas de música, atacaban al unísono el himno nacional, lo que hacía derramar torrentes de lágrimas de emoción, a devotos e histéricos varios, que a los gritos de: ¡Viva nuestro padre Jesús de las Torres! o ¡Viva María Santísima de los Dolores!, acompañaban a sus imágenes preferidas, hasta su templo expiatorio, mientras todos comentaban que – naturalmente - aquel año en la lid, habían ganado ellos.

La ceremonia, año tras año se repetía – y se repite hoy - en la misma forma descrita y con idéntico resultado final.

En una ocasión, uno de los costaleros de la Virgen, en pleno ejercicio físico durante la bajada y subida de tantos kilos, se hizo sus necesidades mayores en el puesto de trabajo, motivado más que por el esfuerzo - con ser este considerable - por los latigazos mortificadores, que durante la noche y madrugada se había dado - a base de cazalla y chichón - y que con el vientre no demasiado lleno, habían realizado milagros laxantes en su persona.

La cosa fue, que por la plaza, se corrió al poco la voz de lo ocurrido bajo el trono de Dolores, y cuando se terminó la ceremonia, a la consabida pregunta de quien había ganado aquel año, un incondicional de la cofradía de Jesús dijo a voz en grito; ¿Pues quien va a ganar…?. ¡Jesús!, ¿No ves que la virgen hasta se ha cagao...?.

En todos los años de los que tengo recuerdo, en mi pueblo, la despedía siempre ha sido ganada - a la vez-  por Jesús y Dolores.

Si vas hoy a verla, lo verás..

J.M. Hidalgo  (Historias de Gente Singular)

(1) Ande viai.= ¿Donde voy a ir...?

           

El llamado “milagro del Manantial del Berro”.

Tal día como hoy 25 de marzo de 1915, se produce el  afloramiento del “Manantial del Berro” en la Villa de Altura - Castellón- en la Plaza de la Cueva Santa.

Para los habitantes de la Villa de Altura, el Manantial del Berro constituye todo un milagro, debido a que su agua, atribuida a la Virgen de la Cueva Santa, salvó de la profunda sequía que asolaba la villa desde hacía décadas y el día que tal milagro se produjo es recordado siempre por todos ellos  - 25 de marzo - por ser el día en que la villa obtuvo su preciada agua.

Según se dice, durante muchos años el pueblo luchó por conseguir agua propia y próxima al núcleo urbano, pues aún teniendo fuentes, se encontraban muy lejanas y además tenían poco caudal con los que pasaban escasez.

El problema del suministro era pavoroso, y muchas personas marchaban a buscarla a otras localidades con cántaros, lo que además de tiempo y esfuerzo, ocasionaba muchas disputas con vecinos de los pueblos afectados.

Por fin en el año 1911, desesperados por encontrar una solución, decidieron ponerse de acuerdo para perforar un pozo junto a la fuente del Berro con la esperanza de descubrir en él, el preciado y  escaso liquido .

Tras cuatro años de duros trabajos, sin más herramientas que el pico y la pala, los Alturanos lograron abrir una galería de unos 500 metros de longitud a una profundidad de 21 metros por debajo de la localización de la fuente del Berro, de donde en un momento dado comenzó de una manera súbita a manar un gran caudal de agua durante la noche del 24 al 25 de marzo de 1915

Desde ese momento el afloramiento de agua pasó a ser para todos los Alturanos, el “Milagro de la Virgen de la cueva” pues durante el desarrollo de las obras, decidieron sacar en procesión a la citada imagen para poder rogarle por encontrar agua, así como en la propia iglesia del pueblo, mediante novenas en su honor teniendo lugar el afloramiento durante uno de ellos, tocando las campanas sin cesar durante todo el día, celebrando que el pueblo había conseguido  por fin, el preciado elemento.

Aunque lo más seguro sobre el supuesto milagro, es que el afloramiento fuese debido a una simple cuestión geológica, ya que al profundizar tantos metros por debajo de donde salia la, hasta entonces raquítica fuente, es mas que posible que se accediese a la veta subterránea de donde procedía, aunque esto quedó en los anales de la villa como milagro

De cualquier forma, el  hecho facilitó una fuerte expansión del regadío y el consiguiente aumento de la producción agraria, lo cual de rechazo supuso el asentamiento de diversas industrias orientadas a la producción de aguardientes, aceites esenciales, textil, maderas, etc, todas las cuales aumentaron la riqueza de la región.

Consecuencia de todo ello fue que en 1965, en honor al milagro del agua, los habitantes construyeron en la propia plaza, la denominada “fuente de la Teja” por su forma, con la imagen de la Virgen de la Cueva Santa, la cual fue remodelada en 1990 y sustituida por otra nueva.

En los años noventa, una película titulada "Nace una Esperanza", rememoraba el evento y si hoy, amigo lector, día 25 de marzo vas, a la Villa de Altura, podrás asistir  a la celebración de las Fiestas del Berro, acto social y turístico, donde todo el vecindario acude a revivir ese día de 1915, momento único para los habitantes, por ser un sentimiento más que un acto, para celebrar el tesón de sus antepasados hasta que llegó el gran día en que lograron el agua.

jueves, 24 de marzo de 2016

El bajito

 

Un pariente mío, médico de profesión, y que no llegaba a medir más allá del metro sesenta de altura, decía que él no había podido crecer más, por habérselo impedido el desmesurado tamaño de sus gónadas, que le habían hecho imposible, poder separarse del suelo.

La verdad es que, aunque culto en sus expresiones - pues no hay que olvidar que era médico - no era precisamente de falta de carácter, de lo que adolecía nuestro personaje, siendo proverbiales sus discusiones en la defensa de sus puntos de vista – fuese sobre el tema que fuese – que en la mayoría de las ocasiones, hacían doblegar la voluntad de interlocutores de tallas físicas, muy superiores a la suya.

Además del caso expuesto, he conocido infinidad de otros personajes – todos de baja estatura – que demostraron siempre una fortaleza de carácter, en proporción inversa a los centímetros de su talla corporal, como intentando hallar en ello, la compensación – en temperamento - de su escaso tamaño.

Pese a esto, los bajitos, suelen ser presa de bromas fáciles y descalificaciones gratuitas, que hacen que - en muchos casos - partan de situaciones de inferioridad, como sucedió en la época de las Cortes de la primera República Española, a un diputado de estatura extremadamente baja, que peroraba desde su escaño parlamentario -  puesto en pie y a voz en grito - sobre la reforma a una determinada ley.

Como tenía el verbo fácil y usaba argumentos convincentes, hizo un acertado análisis de la cuestión a debate, de forma que estaba consiguiendo hacer cambiar la opinión de la Cámara, por lo que otro diputado de la oposición - al advertir el peligro - gritó interrumpiéndole:

“¡Que se ponga de pie para hablar!”. El choteo general que se organizó entre sus señorías, dio al traste con el alegato, y de paso con la enmienda.

Pero anécdotas aparte, quiero hoy relatar la historia de un bajito, al que - aunque por la edad no llegue a conocer - responde al estereotipo de lo que aquí glosamos, y cuya vivencia estuvo siempre relacionado, con los centímetros que medía.

Bartolo - naturalmente nacido en Álora - había arrastrado la cruz de su talla desde su infancia: Fue el más pequeño de sus hermanos, el más bajo de su colegio, formó siempre en la mili en la última fila de su batallón, y cuando se casó, su mujer - pese a calzar zapato bajo - le sobresalía, en el altar, más de un palmo de altura.

Además de esto, nuestro hombre tenía un defecto al hablar, pues lo hacía de un modo gangoso y acelerado, que complicaba la comprensión de sus palabras, por lo que sus interlocutores temían hablarle, ya que casi siempre acababan - por culpa de su talante - discutiendo con él.

Las mayores polémicas solía tenerlas con sus jornaleros y empleados, que sabedores de su fuerte carácter, le respondían que si, a todo cuanto Bartolo les decía, en muchos casos sin saber tan siquiera lo que les estaba ordenando.

Por eso, un día en que hablaba con un recién contratado, sobre un tema en el que su interlocutor había de contestar negativamente, al hacerlo en forma positiva, nuestro hombre - mientras daba saltos en el suelo del berrinche - le decía a gritos con su complicado hablar: ¡¡Que tienes que decirme que no... coño..!!, ¡¡ Que tienes que decirme que no...!!, sin que al final, llegasen a entendimiento alguno.

Lo peor para él, era que alguien le llevase la contraria. En una ocasión, a un empleado remiso a sus órdenes, le conminó - so pena de inmediato despido – a que cuando le llamase, dejase todo lo que tuviese en sus manos para atender de inmediato a su requerimiento y, como es natural, no tardó mucho en ocurrir el incidente.

Estaban en época de cosecha, y tras la recogida de la aceituna, todo el personal de la hacienda se ocupaba en trasegar el recién extraído aceite, a las tinajas situadas en la bodega de la finca, operación para la que - en la época - se usaban los “pellejos”, recipientes fabricados con pieles curtidas de animales, con capacidad para más de treinta litros cada uno.

Bartolo - con su conocido estilo - mandó llamar al mozo al que se ha hecho antes referencia, el cual en aquel momento, transportaba por las escaleras uno de tales pellejos, operación nada fácil, debido en primer lugar al peso, y en segundo a lo empinado de la bajada que conducía al sótano.

Tan solo oír su nombre, el peón siguió al pie de la letra las órdenes recibidas en su día, y desde lo más alto de las escaleras en donde se hallaba, arrojó el odre que portaba en sus manos, con lo que los treinta litros de aceite, se desparramaron escaleras abajo, haciendo caer también a otros empleados, que estaban realizando la misma tarea.

Tan rápido como pudo, se presentó ante su patrón para ver que precisaba, pensando - en su fuero interno - que si le reprendía su actuación, le daría la respuesta adecuada.

Bartolo, ya enterado del desaguisado ocurrido en el sótano, y sin  hacer caso a las pérdidas, que la conducta del jornalero había producido – grandes para una economía rural - una vez le dijo para que le necesitaba, le apostilló: ¡Así me gusta muchacho, que hagas todo cuanto yo mande...!

Al conocer la historia que acabo de relatar, no pude evitar recordar la frase de mi pariente el médico, y aunque nunca supe como era el tamaño real de las gónadas de Bartolo, de lo que no me cupo jamás la menor duda, es que debía tenerlas muy buen puestas.

J. M. Hidalgo (Historias de Gente  Singular)

El vuelo del "Jesús del Gran Poder".

Tal día como hoy, 24 de marzo de 1929, los pilotos españoles Ignacio Jiménez  y Francisco Iglesias, a bordo del avión "Jesús del Gran Poder", inician desde el aeropuerto de Tablada en Sevilla, un recorrido de 6.540 Km, en 43'58 horas hasta llegar a Bahía  en Brasil.

El “Jesús del Gran Poder”, denominado Breguet 19 Grand Raid, realizó un vuelo transatlántico histórico, desde Sevilla hasta Bahía en Brasil de unos 6.716 km despegando el 24 de marzo.

En 1923, fueron adquiridos los primeros treinta modelos Breguet 19 directamente del fabricante francés, y los siguientes, se fabricaron en España por Construcciones Aeronáuticas S.A., empresa fundada también en 1923 para fabricar con licencia francesa este tipo de avión.

Esta empresa, construyó dos modelos de aparatos, el Breguet 19 Bidon y el Breguet 19 Super Bidon, este último, con el nombre de “Cuatro Vientos” pilotado por españoles, desapareció sobre la península del Yucatán en un vuelo La Habana-México, tras haber hecho el trayecto más difícil de 6.300 km sobre el Atlántico.

El bautizado en el aeródromo de Tablada en Sevilla como "Jesús del Gran Poder", tenía un depósito con capacidad para 5.000 litros de gasolina y fue decorado con dibujos típicos alusivos de provincias españolas.

El vuelo, hay que enmarcarlo en la política del gobierno de la II República Española, tras finalizar la campaña de África, en que pretendía relanzar las relaciones con los países que habían sido colonias españolas, además de con el objetivo de abrir una nueva ruta comercial aérea entre España y América y con ambas intenciones, surgió la iniciativa de cruzar sin escalas el Atlántico y entregar un mensaje del Presidente de la República.

El modelo de avión estaba especialmente acondicionado para vuelos de larga duración y, por entonces, España era una de las grandes potencias mundiales pioneras en los raids de aviación, competiciones que ponían a prueba la autonomía de los aviones y la resistencia de los pilotos en las rutas trasatlánticas.

Así pues el 24 de marzo, iniciaron el vuelo teniendo que aterrizar en Bahía por falta de combustible, sin que el avión diera muestras de marchar forzado tras haber recorrido 6.550 kilómetros, pero por desgracia para los pilotos españoles el récord de vuelo sin repostar, había sido ya superado por pilotos franceses e italianos, que había situado la marca en 7.188 km, gesta lograda por los pilotos de esta última nacionalidad.

Así pues, el 26 de marzo de 1929 el “Jesús del Gran Poder” aterrizaba en la ciudad de Bahía, tras un viaje de dos días en una travesía de 6.550 kilómetros y después de permanecer 43 horas y 50 minutos de vuelo ininterrumpido sobre el océano Atlántico.

Una vez repostaron, continuaron el viaje en una ruta que les llevó por Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Panamá, con un recorrido total de 22.000 kilómetros en 125 horas, batiendo los récords españoles de duración y distancia y logrando la segunda marca mundial de distancia sin escalas

El “Jesús del Gran Poder”actualmente y desde el año 1968, se encuentra expuesto en el Museo de Aeronáutica y Astronáutica de España en Madrid.


miércoles, 23 de marzo de 2016

El aviador



Tuve el placer de conocerle, durante unas vacaciones que pasó en la isla de Lanzarote.

Había volado desde cometas hasta cuatrimotores, pasando por todo tipo de artilugios que se mantuviesen de alguna forma en el aire. La aviación a reacción, fue para él una experiencia nueva, y continuó - en la misma tónica ya dicha - pilotando modelos de todas clases, primero como militar, y más tarde - tras recibir una sustanciosa oferta económica, dada su enorme valía profesional - en una compañía civil, en donde permaneció hasta  la edad de su jubilación.

Buen bebedor de whisky y mejor tertuliano, Osbaldo, era una fuente inagotable de anécdotas, ya fuesen estas, de sus incontables horas de vuelo, o de sus experiencias en tierra. El caso es que su charla, hablase de lo que hablase, resultaba siempre amena y solía prenderte durante horas en el hilo de su narración, que pasando de un tema a otro, te hacía revivir, sus divertidas vivencias.

Era soltero, y había tenido - al igual que los marinos - en cada escala un amor, costumbre tan inveterada en él, que pese a sus años, aún solía conservar, si bien que - por mor de la edad - habiendo de reducir el número de estas escalas, a las que sus posibilidades físicas le permitían.

Nuestro personaje era, un tipo auténticamente singular, y aunque sus historias darían para escribir un libro entero, voy a referir una, grabada en mi memoria con más fuerza que las demás.

Transcurría la década de mil novecientos sesenta, y nuestro país aún jugaba a ser un imperio,  “a lo pobre”, con los restos de lo que fuera, siglos atrás. Una de esas reliquias del pasado, que generaban solo gastos, era el enclave de Sidi Ifni, trozo de tierra desértico en la costa occidental de África, situado casi frente a las islas Canarias, en donde lo único que se daban con profusión eran los cardos, las chumberas y los alacranes.

La población del lugar, estaba constituida de forma mayoritaria por militares, encargados de proteger, para los intereses patrios, aquella “joya” de nuestra antigua grandeza imperial, y el escaso tanto por ciento restante, lo integraba el personal civil, allí destinado, y los aborígenes, sin apenas relación  con los soldados. De lo que casi no había, o las había en cantidad ínfima, eran mujeres y fue en esta carencia del elemento femenino, es donde tuvo participación nuestro personaje.

Las comunicaciones con la península, eran escasas y malas, y lo mismo cabía decir con el cercano archipiélago canario, y por ello, los soldados - todos rondando la edad de veinte años - no veían una mujer en meses, e incluso años.

Por esta causa, cuando ni las charlas sobre continencia, que con aire marcial el capellán castrense impartía, ni el bromuro que generosamente se dispensaba mezclado con el agua, y el vino de las comidas, lograban hacer su efecto, y en los dormitorios de tropa, el desnudo de un compañero de barracón, empezaba a ser mucho más excitante que la foto de las novias, pegadas en las puertas de las taquillas, y ya descoloridas de tanto sobarlas, el mando decidió tomar cartas en el asunto, y antes de que los batallones iniciasen perniciosas costumbres, optó por montar un puente aéreo de socorro.

Osbaldo, estaba entonces destinado como capitán, al mando de un avión de transporte, que cada semana acarreaba, desde las Palmas de Gran Canaria hasta el territorio africano y viceversa, suministros bélicos.

Sus nuevas órdenes - recibidas con toda discreción - consistieron en que a partir de aquella fecha, alternaría su carga  habitual, con otra menos militar, aunque no por ello menos necesaria para la moral de la tropa, y que consistiría en una veintena de mujeres de vida alegre, que reclutadas en lugares adecuados de la capital canaria, iban a ser las encargadas de rebajar la tensión sexual de la milicia, antes de que esta pudiese encontrar un sucedáneo interno al problema, posibilidad  nada deseada por el mando.

Y así, a partir de aquella fecha, quincena si, quincena no, el avión se transformaba en transporte de algo, mucho más esperado por los soldados, que los proyectiles, los pertrechos o el armamento que ordinariamente solía llevar, y que era aguardado por ellos a pie de pista, y sin necesidad de convocatoria previa.

Un día, en que estaba programado el envío de una de tales expediciones, por dificultades de contratación, esta no pudo efectuarse, y a última hora fue sustituida por cajas de detonantes - material altamente explosivo - aunque en el manifiesto de carga figuraba - por las prisas - el embarque originario.

Osbaldo, llegó aquel día justo de tiempo al vuelo, y solamente leyó el documento de flete, y creído de  transportar mujeres, inició su rutinaria travesía. Dos horas después, la pesada aeronave enfilaba la pista del aeropuerto de destino, que preparada para despegues y aterrizajes militares, no era un modelo de perfecto asfaltado.

Empezaba ya a caer la noche, y la escasa visibilidad hizo que el primer contacto con tierra fuera de una gran violencia, saltando el avión sobre el cemento, y crujiendo su estructura de hélice a cola, como si fuese a desmontarse por completo. El copiloto, ante la brusquedad del impacto, y con la cara blanca como el papel, se dirigió a Osbaldo y a grandes voces le dijo.

¡Mi capitán, mi capitán…!, ¡Que en este viaje no llevamos putas,... que llevamos detonantes!


Al oírlo, un sudor frío cubrió a nuestro hombre de pies a cabeza, contó hasta diez, mientras se aferraba a los mandos de la aeronave y lograba - no sin dificultades - estabilizarla.

En aquellos interminables segundos, hasta que el avión por fin se detuvo, Osbaldo se juró asimismo, por lo más sagrado, que llevase lo que llevase en bodega, siempre pensaría estar transportando detonantes.

J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

Semblanza de Manuel de Falla, un músico genial.

Tal día como hoy 23 de marzo de 1923  tiene lugar el estreno en Sevilla de "El retablo de Maese Pedro" del músico Manuel de Falla Matheu.

Manuel María de los Dolores Falla y Matheu, más conocido simplemente como Manuel de Falla, fue un compositor español, del llamado “nacionalismo musical”, uno de los compositores más importantes de la primera mitad del siglo XX, junto a Albéniz, Granados, Turina y Rodrigo.

Nunca fue un compositor prolífico, pero sus creaciones, tienen todas un asombroso grado de perfección, recibiendo de niño lecciones musicales de su madre - excelente pianista – y en 1889 prosiguió sus estudios de armonía y contrapunto, aunque al principio sus intereses eran principalmente la literatura y el periodismo, fundando la revista literaria "El Burlón"

En 1897 se trasladó a Madrid, donde finalizó con honores sus estudios en el Conservatorio y empezó a estrenar sus primeras obras ”Serenata andaluza y Vals-Capricho”,pero debido a la precaria situación económica de su familia, comenzó a impartir clases de piano.

La siguiente etapa de formación tuvo lugar en Francia, donde entró en relación con Debussy, Ravel,  Albéniz, y Pablo Picasso entre otros, y el primero, le aconsejó tomara la música española como fuente de inspiración, lo cual al parecer tuvo en cuenta, en “Noches en los jardines de España”.

En 1908 el rey Alfonso XIII le otorgó una beca para que pudiera seguir en París y, en 1914 compuso “Siete canciones populares españolas” volviendo a Madrid nuevamente tras el inicio de la Primera Guerra Mundial. 

El 15 de abril 1915, tuvo lugar el estreno de la primera versión de “El amor brujo” en el Teatro Lara, interpretado por Pastora Imperio y poco después, se trasladó a Barcelona, invitado por Santiago Rusiñol.

En 1915, concluyó “El amor brujo; Noches en los jardines de España  y El sombrero de tres picos” y esa primavera y verano se realizan conciertos en Sevilla, Cádiz y Granada y en 1919, el Centro Artístico de Granada le tributó un homenaje, por lo que realizó viaje a la ciudad, permaneciendo allí con una vida retirada, entre amigos como Federico García Lorca, llegando a convertirse en uno de los referentes de la vida cultural granadina, siendo nombrado académico numerario de la Academia de Bellas Artes de esta ciudad.

En 1931, tras la proclamación de la Segunda República, escribió al presidente de la República junto a otros amigos, solicitando que tomaran las medidas oportunas para detener la quema y saqueo de iglesias, así como el creciente proceso de "desevangelización" de España y concluida la guerra civil, colaboró con José María Pemán, en un Himno para las fuerzas franquistas.

Pero en septiembre de 1939, Falla se exilió a Argentina y a pesar de que Franco, le ofrecía una pensión si regresaba a España, vivió allí con la ayuda de algunos mecenas y cuidado por su hermana,  hasta que falleció el 14 de noviembre de 1946 tras una parada cardiorrespiratoria

Sus restos, fueron trasladados a Cádiz en un buque de guerra, y recibidos con honores por autoridades eclesiásticas, civiles y militares.

“El Retablo de Maese Pedro”, de quien celebramos hoy efeméride, es una obra inspirada en un episodio de la segunda parte del Quijote, donde se cuenta la historia de Melisendra, esposa de don Gaiferos, a quien tenía cautiva el rey Moro Marsilio, estrenándose en versión concierto en Sevilla en marzo de 1923, representación que dirigió el propio autor y que, pese a que en la actualidad rara vez se representa, particularmente creo un perfecto ejemplo de la adaptación del siglo de Oro, por la Generación del 27 y está marcada por la decisiva influencia en el músico, de Federico García Lorca.

martes, 22 de marzo de 2016

El arco iris



Desde que tuvo uso de razón, Carmen había soñado siempre con ser un chico. Era la menor de cinco hermanos – dos de ellos varones – los cuales hacían, a su entender, tanto en casa como en la vida, su santa voluntad. Ella en cambio, no podía hacer, no ya lo que quería, sino ni una mínima parte de lo que teóricamente le estaba permitido.

No pienses ni por asomo – amigo lector – que Carmen sintiese ninguna atracción por otras niñas, en el sentido físico que hoy suele darse, a toda persona que no está satisfecha con el sexo que la naturaleza le adjudicó. Nada de eso, si ella quería ser un chico lo era por otros motivos.

En primer lugar, y aunque sus inclinaciones hacia el sexo opuesto eran inequívocas – tal y como la vida se encargaría de demostrar - no ansiaba ser un chico por mimetismo, como narra el conocido chascarrillo, de aquella niña que se pasaba el día preguntado a su madre, que cuando le crecería a ella lo que tenía su hermanito.

La madre – continúa la chirigota – ante la encendida insistencia de su vástaga, y para no entrar en una impredecible conversación, sobre porque su hermano tenía aquello y ella no, optó por el conocido recurso paterno - siempre que se tocaban tales asuntos - de echar balones fuera - “Si eres buena – le aclaró - cuando seas mayor tendrás una igual para ti sola. La niña tras reflexionar unos instantes volvió a preguntar- Pero... ¿y si soy mala? .- Si eres mala – concluyó la madre – entonces tendrás muchas... hija, muchas...”
   
Si a Carmen le gustaba ser chico, no era por lo que los chicos eran, sino por lo que los chicos podían hacer y ella no.

Así, por ejemplo, no pudo aprender a ir en bicicleta, al no disponer de ninguna apta para mujeres, pues ella, no llevó nunca otra cosa que no fuesen faldas, y con estas era imposible hacerlo. Tampoco, montar a caballo, salvo al estilo amazona, y por la misma razón ya dicha.

Sus hermanos, podían salir y llegar tarde, ella no. Sus hermanos no fregaban los platos ni ponían la mesa, ni hacían las camas, ella sí.... Y así un larguísimo etc. de lo que las buenas hijas de familia se suponía debían saber hacer, y que los varones - por no se sabe que secreta razón - no estaban obligados. Por todo esto, un día, espetó a su madre decidida y categórica - “Mamá, ¿qué es lo que debo hacer para ser un hombre?

Su madre, mujer de campo, pragmática y dotada de una inteligencia natural para sobrevivir a toda adversidad que la vida diaria le deparaba, ante el imposible planteamiento de su pequeña hija, le dio, como correspondía por su forma de ser, una solución también imposible.

Mira – le dijo – eso es muy fácil, solo tienes qué esperar a que –un día de lluvia - salga el arco iris, luego busca la punta que se hinca en la tierra, y méate en ella, tan pronto lo hagas  te convertirás en un hombre.

Desde ese día, nuestra heroína, pasaba las tardes de primavera, esperando que tras los chubascos vespertinos, apareciera en el cielo radiante de abril o mayo, el arco iris que formaba el sol al atravesar las gotas de lluvia.

Una vez lo veía, echaba a correr a campo traviesa hacia el lugar en que se asentaba una de las patas del espectro solar, aunque para cuando llegaba, el fenómeno - como es natural - había desaparecido, y quedaba a la vez frustrada y animosa, en espera de otro día, en que tuviese más suerte en la búsqueda de su conversión a hombre.

Hoy Carmen es madre, y hace ya mucho tiempo abuela, pero, no obstante, en las tardes lluviosas del sur, cuando el sol juega al escondite con las nubes, y el arco iris esplendoroso cruza el cielo, no puede evitar la nostalgia al recordar cuando corría tras él ilusionada, buscando convertirse - inútilmente - en varón. 
  
J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)