Tal día como hoy, 7 de mayo de 1355: En el Reino de Castilla, una turba de católicos liderados por Enrique II de Castilla, entran en la judería de la ciudad de Toledo, para saquear los bienes de los judíos. En el proceso murieron 1200 hombres, mujeres y niños judíos, y saquean sus bienes.
El asalto y saqueo de la Judería de Toledo, no fue un evento único, sino una serie de ataques violentos, marcados por el contexto de inestabilidad política y el creciente antisemitismo, en la Castilla del siglo XIV. Los episodios más destacados ocurrieron en 1355 y, de manera más devastadora, en 1391.
Toledo tenía entonce la judería más grande y rica de toda la península. Enrique de Trastámara se ha sublevado contra su hermanastro el rey Pedro I en lo que se conocerá como la Primera Guerra Civil Castellana.
El reinado de Pedro I está considerado, en líneas generales, uno de los períodos más favorables para la población judía castellana. Desde muy pronto el rey buscó el apoyo del poderoso sector financiero judío, algunos de cuyos representantes más destacados, como Semuel ha-Leví, Mayr Abenamias o Abraham ibn Çarça, tenían en sus manos buena parte de los resortes de la hacienda real; desde su privilegiada posición, estos influyentes judíos velaron por la estabilidad económica y la seguridad personal de sus correligionarios.
Pero esta realidad, sin duda beneficiosa para las comunidades judías a corto plazo, tenía una contrapartida peligrosa, ya que ofrecía una imagen de los judíos, como excesivamente comprometidos, con la política regia, en un momento en el que el rey, estaba fuertemente cuestionado, entre los nobles.
Esto provocó en Castilla ,un agravamiento del tradicional anti -judaísmo, que ahora conoce una doble manifestación: por una parte un anti-judaísmo popular, resultado en buena medida de la inestabilidad política, económica y social que se vivía en el reino de Castilla, y que tendrá una deriva radical y violenta; y, por otra parte, un anti-judaísmo nobiliario, que presenta un cierto trasfondo religioso, pero que en realidad se trata de un arma política, frente al rey Pedro I, al que se acusaba de favorecer, los intereses de los judíos.
En este contexto, la nobleza rebelde comenzó a hacer uso de una propaganda antijudía, que incidía de manera especial, en la condena de la que se consideraba exagerada riqueza de los judíos, de su activa intervención en la fiscalidad regia y de su "obcecación religiosa."
Los trastamaristas ,utilizaron hábilmente esta propaganda contra el rey, al que llegaron a identificar como hijo de un judío llamado Pero Gil, de donde proviene la denominación de "emperogilados" que daban a sus partidarios; y con el fin de ganarse el apoyo del rey francés, presentaron su causa como una cruzada, que pretendía acabar con el gobierno despótico de Pedro I―al que se tilda frecuentemente de "tirano"― y con su política de abierta judeofilia y maurofilia.
Confluían peligrosamente, por tanto, el antijudaísmo popular, latente desde hacía mucho tiempo, y las proclamas antijudías, lanzadas desde el amplio sector nobiliario, encabezado por Enrique de Trastámara.
En el curso de la guerra, diversas juderías castellanas fueron asaltadas, por las tropas trastamaristas: Cuenca, Nájera y Miranda de Ebro. En 1366 fueron las tropas de mercenarios, franceses e ingleses, que apoyaban a Enrique de Trastámara y a Pedro I, respectivamente, las que llevaron a cabo el asalto de diversas juderías del norte, de las actuales provincias de Burgos y de Palencia.
Enrique acabaría ganando la guerra y Pedro perdiendo la vida. Empezaba un nuevo y oscuro periodo, en la historia de los judíos sefardíes, que culminaría de manera dramática, en 1492 con su expulsión, por los Reyes Católicos.


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