sábado, 3 de octubre de 2026

El proceso contra Giordano Bruno, acusado por el inquisidor Roberto Belarmino

Tal día como hoy, 4 de octubre de 1542: nace Roberto Belarmino, religioso e inquisidor italiano, canonizado por la Iglesia católica, responsable de la ejecución, de Giordano Bruno

El proceso inquisitorial contra Giordano Bruno, dirigido en su fase final, por el cardenal Roberto Belarmino, entre 1593 y 1700, culminó con la condena a la hoguera, del filósofo por herejía

Giordano Bruno nació en Nola, Italia, en el año 1548. No se sabe qué día exactamente, debido a la imprecisión de los registros de la época, pero se cree que pudo haber sido entre enero y febrero. Aunque su verdadero nombre fue Filippo, al entrar en la orden de los dominicos, en el convento de San Domenico Maggiore, en Nápoles, adoptó el nombre de Giordano, como símbolo de una vida nueva.

Desde joven, Giordano tuvo una gran sed de conocimiento, que solo podía saciarse en la orden de los dominicos, ya que en esos tiempos los pocos lugares, con acceso a textos, libros y estudio, eran las órdenes religiosas. Allí, Bruno no solo amplió sus conocimientos, sino también sus dudas, y no pasó mucho tiempo, antes de que confrontara con algunos de los principales credos de la congregación, lo que le granjeó adversarios y problemas.

Se cuenta que el joven Bruno, comenzó a cuestionar los fundamentos de la Trinidad, criticó a sus compañeros, por tener imágenes de santos, en sus habitaciones y los persuadió de no empaparse con lecturas, sobre la vida de María, recomendándoles otros textos, que consideraba de mayor importancia.

No pasó mucho tiempo, antes de que sus compañeros, arraigados a sus dogmas y preocupados, por las conversaciones de Bruno, que consideraban arrogantes y rebeldes, denunciaran su comportamiento, ante círculos religiosos más elevados, como la Inquisición. 

Esto, sumado a la creencia de que portaba, conocía y leía textos peligrosos y prohibidos, junto con la incriminación, de haber arrojado a un hombre al río Tíber, hizo que se acumularan acusaciones en su contra. Ante el peligro inminente, por parte de la Inquisición, Giordano Bruno tuvo que escapar de Nápoles en 1576.

Luego de dejar el convento, recorrió Europa en busca de esferas académicas y formas de divulgar, lo que él llamaba la nueva filosofía. Debido a que se encontraba lejos de su patria, tenía que ganarse la vida, por lo que emprendió una carrera académica, impartiendo clases, basadas en todo lo que había aprendido, en San Domenico Maggiore. 

Con el pasar del tiempo, y gracias a sus diversos viajes y movilizaciones en otros ámbitos intelectuales, Giordano comenzó a cuestionar, no solo los fundamentos religiosos de donde provenía, sino también el propio conocimiento filosófico y científico, que había adquirido. 

Todo esto hizo que Bruno, comenzara a ganar enemigos, no solo en el ámbito del catolicismo, sino también dentro de otras religiones protestantes, lo que ocasionó que, luego de varias disputas con ministros, representantes e intelectuales religiosos, fuera excomulgado, de la Iglesia católica romana, la calvinista y la luterana.

Su personalidad rebelde y su temperamento, a veces intolerante, hicieron que, más allá de los problemas eclesiásticos que causaba, también generara conflictos en círculos filosóficos, políticos y éticos. Esto, sumado a los libros que escribía, con su nuevo pensamiento, desmoronaba los fundamentos gnoseológicos y derribaba los juicios éticos, religiosos y políticos de la época, lo que provocaba que en algunas ciudades, se alertara de su llegada y que su presencia se hiciera notoria, apenas se establecía en ellas.

Pasados varios años, con una reputación dispar, a finales de 1591, Bruno viaja a Venecia por invitación de Giovanni Mocenigo, un noble de la ciudad, que deseaba aprender la filosofía del Nolano. 

Bruno acepta la llamada ya que, no representaba un peligro como Roma, donde aún se le buscaba. por acusaciones del pasado. Además, su regreso a la península le ofrecía la oportunidad, de imprimir nuevos escritos en la ciudad y quizá, una nueva oportunidad, de filosofar nuevamente en su patria. Esto marcaría el principio del fin.

Bruno, sin sospechar nada, se instaló en marzo de 1592 en casa de Mocenigo. Allí, le enseñó diversas disciplinas, en las que el noble veneciano estaba interesado, como filosofía hermética, arte memorístico, magia y esoterismo, para los cuales Bruno no ostentaba como disciplinas ocultas, sino más bien como posibles de llevar a cabo con la práctica y el razonamiento. 

Sin embargo, Mocenigo, decepcionado por no recibir los conocimientos que esperaba, o por no comprenderlos como imaginaba, comenzó a sentirse traicionado. Su frustración aumentó, cuando Bruno expresó su deseo de marcharse, lo que lo llevó a encerrarlo en su casa y posteriormente, denunciarlo ante la Inquisición. En mayo de 1592, Mocenigo lo entregó acusándolo de herejía.

El juicio de Bruno fue largo y agotador. Primero comenzó en Venecia, pero, debido a presiones políticas, fue trasladado a Roma. Desde febrero de 1593, se le sometió a quince interrogatorios y se le obligó, a escribir varios textos, explicando su filosofía, con el propósito de forzarlo a retractarse. Todo este proceso, duró siete años, durante los cuales Bruno sufrió encierro, calumnias, denuncias de sus propios compañeros de celda, que se añadían al proceso, como declaraciones importantes y censura en el exterior, donde sus libros ya publicados, eran prohibidos.

En 1599, el penúltimo año de su proceso, Roberto Belarmino, conocido como el "Martillo de los Herejes", presentó ocho cargos, para que Bruno abjurase. Aunque en Venecia, Bruno había considerado retractarse, pues los cargos allí eran de índole religiosa y moral, las acusaciones de Belarmino, estaban dirigidas contra la filosofía del Nolano, considerándola antagónica, a los fundamentos del catolicismo.

No ha quedado ninguna constancia, sobre estos ocho cargos en documentos oficiales, y las actas del proceso. Sin embargo, parece evidente, que estas acusaciones estuvieron relacionadas con sus ideas cosmológicas, sobre el universo, la Tierra, la multiplicidad de mundos y de vida; así como con sus concepciones críticas sobre la religión católica, como la naturaleza de la trinidad, Cristo, los santos, María, los ángeles, los fenómenos y sacramentos religiosos, entre otros. 

Bruno se negó a retractarse y a aceptar, que la teología estaba por encima de la filosofía como quería Belarmino. Pasó el resto del año firme en sus ideales. El 20 de enero de 1600, el papa Clemente VIII, presionado por la orden religiosa y como parte de su estrategia. para disciplinar a sus fieles y combatir la Reforma Protestante, aprobó finalmente la condena de Bruno. 

El 8 de febrero, la sentencia fue leída ante los miembros de la Inquisición, declarándolo "hereje impenitente, pertinaz y obstinado". Fue condenado a una pena que declaraba "sin causar la muerte ni la mutilación de un miembro", eligiendo para ello quemarlo vivo, con una mordaza de hierro en la boca, condena que era un disfraz hipócrita legal, para cubrir sus principales objetivos y silenciarlo.

Finalmente, Giordano Bruno murió en la hoguera, el 17 de febrero de 1600. Allí, no solo ardió su cuerpo, sino que también ardieron todos los dogmas y la represión, de la libertad. 


 

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