viernes, 18 de julio de 2025

De moviles y siglas...

Los gitanos - que de siempre han andado reñidos con la justicia-  tienen un dicho que evidencia hasta que punto este singular pueblo, piensa como debe ser el contacto con  el estamento judicial y todo lo que al mismo rodea, como abogados, procuradores,  fiscales, policías y el largo etcétera que constituye su maquinaria.Tal expresión es “Tengas pleitos y los ganes…” y, si es una maldición ganar los juicios, que debe ser el perderlos...

La verdad es que no les falta razón a los calés,  y existen otras máximas pronunciadas por payos, en las que queda claro este mismo sentimiento, como es aquella que reza “Vale siempre más un mal acuerdo, que un buen pleito”, que en esencia viene a decir lo mismo que la anterior, dejando claro que por poco que ganemos con un arreglo amistoso, será mucho más lo conseguido, que si llevamos el asunto a los tribunales, aunque acabemos por obtener la razón, “ganando” finalmente el juicio.

Además de este sentimiento general, el mundo de lo jurídico, es extraño para el humano común y corriente, empezando por la terminología que usa, alejada del hablar ordinario, y continuando con las ceremonias que durante su ejercicio desarrollan.

La parafernalia de un tribunal de justicia, con jueces, abogados y fiscales enfundados en negras togas, impresionan al ciudadano, aunque bien es cierto que esa y no otra es la finalidad perseguida con el funcionamiento descrito. Ejemplos de esto que digo, son las anécdotas que seguidamente paso a contar y que tienen relación con las palabras usadas en los medios jurídicos.

Desde que se jubiló Genara - abuela de la familia - se pasaba el día oyendo la radio y por eso, estaba al tanto de todos los “chismes” llamados del corazón - aunque suelen ser casi siempre líos de  braguetas y braguitas - así como estaba enterada de otras muchas noticias – casi todas malas - que en el mundo sucedían.

Como la consideraban una persona al tanto de la realidad diaria, sorprendió sobremanera el hecho de que mostrase su más rotunda oposición, cuando con motivo del cumpleaños, la familia decidió regalar a su nieta un teléfono móvil.

-Pero ¿como se os ha podido ocurrir tal cosa…?- dijo poniendo el grito en el cielo - ¿Es que acaso no os dais cuenta de lo que pasa todos los dias…? Los móviles son la culpa de todo lo malo…Y así seguía, ante cualquier intento de razonar con ella, sobre que los tiempos cambiaban y que poseer un móvil no era nada negativo, sino estar de acuerdo con los tiempos.

-Eso lo dirás tú… espeto a su hija ante la insistencia en el regalo. -Si oyeses como yo la radio cada día, verías cuanta razón tengo. Todas las noticias de tragedias dicen lo mismo… Se está investigando el móvil del crimen, no está claro el móvil de la violación, parecen claros cuales fueron los móviles del robo….  Y con todo esto y más que podría decirte, ¿le queréis comprar un móvil a la niña…?.”

La segunda historia sucedió en una sala de justicia, en la que se sometía a juicio, a un ciudadano por una presunta denegación de auxilio, en un accidente de tráfico en el que estuvo - para su desgracia - presente.

Cuando tras las sesiones de prueba, y una vez oídas las declaraciones de los testigos, y las actuaciones, de la acusación y la defensa, el magistrado ofreció a nuestro hombre la posibilidad de manifestar, lo que creyese oportuno, nuestro héroe puesto en pie explicó:

Con el debido respeto al tribunal y a todos los participantes, tengo que manifestar mi más absoluta disconformidad, sobre como han transcurrido las sesiones. Desde que empezó este juicio, yo no he parado de oír la intervención en los hechos de una señora, a la que todos aquí han llamado “la Lecrim”(*).

-“Según establece la Lecrim, según dice la Lecrim, en base a lo sostenido por la Lecrim” …Y yo les aseguro que ni antes ni después e conocido, ni tenido que ver nada, ni recuerdo haber visto, en parte alguna y en toda mi vida, a la tal Lecrim,..

Tras oír el alegado, sin dejar de esbozar una sonrisa, y antes de dictar sentencia, su Señoría explicó pacientemente al acusado, quien era "la tal Lecrim".

J.M. Hidalgo/ Historias de gente singular

(*) Lecrim . Sigla usada, para referirse a la Ley de Enjuiciamiento Criminal

La batalla de Bailén,primera victoria española en la Guerra de la Independencia

 

Tal día como hoy, 19 de julio de 1808, un ejército español dirigido por el general Francisco Javier Castaños, derrotaba a las tropas napoleónicas, encabezadas por el general Dupont, en la batalla de Bailén.

En mayo de 1808 la forzada abdicación de Fernando VII en favor de Napoleón, suscitó la ira de muchos españoles, que veían impotentes como el ejército francés, campaba a sus anchas por la península, ocupando fortalezas y exigiendo que las ciudades y los pueblos, abastecieran a sus soldados en virtud del Tratado de Fontainebleau, firmado entre los dos países en el año anterior.

Tras el sangriento levantamiento del Dos de Mayo, y la elevación de hermano de Napoleón Bonaparte, José, al trono español se fue organizando una resistencia armada en cada provincia, para echar de país a los invasores. En Andalucía, la mayoría de ciudades renegaron del nuevo rey y organizaron juntas de defensa, para levantar un ejército de voluntarios. 

En Cádiz, el populacho asesinó al gobernador y forzó a su sucesor, a atacar a las naves de guerra francesas, bloqueadas en el puerto por los ingleses desde 1805.

Para reprimir el creciente levantamiento, Napoleón ordenó al general Pierre Antoine Dupont que se dirigiera hacia Cádiz ,con fuerza de 20.000 hombres, con el objetivo de rescatar a la flota y reprimir, la creciente insurrección. 

A lo largo del mes de junio, los franceses marcharon hacia el sur bajo un sol abrasador, siendo acosados, por los constantes ataques de la guerrilla y saqueando ciudades rebeldes como Córdoba. Sin embargo, al llegar a los alrededores de la ciudad de Cádiz  se encontraron con que los buques de guerra, ya se habían rendido, y las defensas eran demasiado sólidas, para que pudieran tomarla al asalto.

Así pues el general francés estableció su cuartel general en Andújar, al tiempo que destacaba 2.000 de sus efectivos para asegurar las comunicaciones con Madrid, cortadas por las partidas de paisanos. Mientras tanto la Junta Suprema española, establecida en Sevilla no había permanecido inactiva, pues había agrupado a las dispersas fuerzas del ejército regular, bajo el general Francisco Javier Castaños, reforzándolas además con unidades de milicia, reclutadas apresuradamente.

Este variopinto ejército de casi 30.000 efectivos, se puso en marcha hacia Andújar. Mientras Teodoro Reding ,se dirigía contra el enemigo con el grueso de las fuerzas, una columna algo menor al mando de Castaños , tenía la intención de rodear al enemigo y evitar que huyera. 

Sin embargo el plan español, se vio desbaratado por Dupont, que sin tener conocimiento de que se acercaban los españoles, se dirigía hacia Reding para enlazar con los destacamentos, que vigilaban su ruta de suministros en La Carolina. De este modo ambos ejércitos, se encontraron por sorpresa, a las afueras de la villa de Bailén.

Aunque sus tropas todavía marchaban, hacia el campo de batalla el general francés decidió iniciar las hostilidades, para asegurar de este modo el cruce del río Rumblar y echar al enemigo de la ciudad. Así, a las tres de la madrugada, del 19 de Julio, se hicieron los primeros disparos de la contienda. 

Cinco batallones atacaron la loma de la Cruz Blanca, arrollando al regimiento de Farnesio. Afortunadamente, Reding había conseguido desplegar a sus hombres en un media luna en los altos de Bailén, por lo que Dupont decidió esperar a que llegaran refuerzos y su propia artillería, antes de lanzarse contra la villa.

Durante las tres horas siguientes, se produjo un bombardeo que favoreció a los españoles, cuyas piezas tenían un alcance mayor. Dupont, al ver que tenía las de perder en este intercambio artillero, ordenó a las seis un nuevo ataque, con las fuerzas disponibles: mientras su caballería pesada se dirigía contra el flanco izquierdo de Reding la infantería del general Chabert avanzaría por el centro. 

Si bien los coraceros franceses aplastaron a los regimientos del flanco, la infantería, en su mayoría conscriptos como la Guardia de París o unidades austríacas y suizas forzadas a luchar contra su voluntad, se deshizo frente al fuego de mosquetes y cañones.

Tras rechazar esta ofensiva, Reding vio una oportunidad de ganar la batalla antes de que llegara el resto del ejército de Dupont o los refuerzos franceses que se acercaban desde La Carolina. 

Así pues intentó desbaratar la izquierda francesa en la colina del Zumácar Chico como paso previo a un avance general. Pese a que el avance empezó con buen pie y arrojó a los franceses de sus posiciones, la llegada al lugar de tropas de refresco y caballería ligera, empujó a los españoles hacia sus posiciones iniciales.

Llegado ese punto, Dupont ordenó un nuevo ataque por el centro, que de nuevo se estrelló contra las baterías situadas delante de Bailén. Eran las once de la mañana, y bajo un sol abrasador los españoles iniciaron a su vez, un asalto masivo contra los franceses en retirada. Los regimientos de línea, la milicia y las bandas de paisanos, avanzaron pendiente abajo apoyados por la caballería regular y algunos garrochistas, armados con sus características picas. 

Pese a todo su valor, cuando los españoles llegaron al llano, fueron diezmados por las descargas de metralla, procedentes de los cañones franceses y se vieron obligados a retroceder.

Con los patriotas de nuevo a la defensiva y Castaños acercándose a su retaguardia, Dupont intentó al mediodía un último ataque, usando todas sus reservas. Encabezados por los elitistas marinos de la Guardia Imperial, los franceses ascendieron hacia Bailén, pero el fuego de metralla y mosquete, fue demasiado para ellos. 

Agotados por diez horas de combates y acosados por una sed insoportable, la mayoría de soldados arrojaron sus armas y huyeron mientras que los regimientos suizos se pasaban de bando.

La llegada de Castaños al lugar, selló el destino de los franceses, que rodeados no tuvieron más remedio que rendirse, aunque Dupont intentó alargar las negociaciones, a la espera de que los refuerzos de La Carolina, rompieran el cerco. 

Pero nada podía cambiar ya el curso de los acontecimientos, Reding había reforzado el desfiladero, por el que había de llegar esta segunda fuerza francesa, que fue derrotada y obligada también a capitular.

La noticia de esta victoria corrió como la pólvora por toda Europa. Era la primera vez, que los ejércitos del emperador Napoleón, habían sido derrotados y la primera rendición de un general francés, desde la batalla de Alejandría en 1801. 

Bailén fue un soplo de aire fresco para los españoles, que se lanzaron a la lucha con renovadas esperanzas, y a la vez terminó de convencer a los austríacos, para que declararan la guerra a Napoleón en 1809, apoyados por una generosa subvención, del gobierno británico.

José Bonaparte tuvo que abandonar apresuradamente Madrid, tras solo cinco días en la capital. Simultáneamente los franceses, se fueron replegando hacia los Pirineos y las fortalezas que controlaban en el noreste de España. Mucho peor fue el destino de los 17.635 prisioneros, la mayoría de los cuales fueron enviados, a la desolada isla de Cabrera en el archipiélago balear, donde la mitad perecía de hambre y solo unos pocos lograrían escapar, en un bote robado.

Por su parte Napoleón echó la culpa de todo a Dupont, que fue encerrado en un castillo hasta la restauración de los borbones en el trono de Francia. Si bien esta batalla sirvió de inspiración para todos los españoles, el curso de la guerra pronto les habría de llevar al desengaño. 

En 1809 Napoleón cruzó la frontera, tomó Madrid y echó a una fuerza expedicionaria inglesa de la península. Los inmensos recursos del Imperio Francés, se pusieron en marcha y, aunque nunca consiguieron controlar totalmente el país, consiguieron arrinconar a la junta en Cádiz y tomar la mayoría de ciudades. 

Finalmente los bonapartistas derrotados, abandonarían España en 1814, tras seis años de guerra ininterrumpida.

jueves, 17 de julio de 2025

El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 en Sevilla

 

Tal día como hoy, 18 de julio de 1936, tiene lugar en España un golpe de Estado, contra el gobierno de la República española, que dio comienzo a la Guerra Civil, y tuvo en Sevilla uno de sus episodios decisivos.

Durante la Segunda República, la provincia de Sevilla fue una de las más conflictivas de todo el país.​ Ya en julio de 1931, durante una huelga general que llevó a la declaración del estado de guerra. Poco después el general Sanjurjo, eligió Sevilla para sublevarse contra la República, en un fallido golpe de Estado conocido como "la Sanjurjada".

En las elecciones generales de febrero de 1936, triunfó ampliamente el Frente Popular, coalición de partidos de izquierdas, tanto en la ciudad de Sevilla como en el resto de la provincia.​ Dentro de la izquierda, los partidos principales eran la Unión Republicana del sevillano Diego Martínez Barrio y el Partido Comunista de España, que era mayoritario entre los obreros.

Al igual que en el resto del país, a partir de ese momento la tensión política y social fue en aumento y haciéndose cada vez más violenta. Únicamente durante el mes de febrero, se contabilizaron 34 asesinatos en la provincia de Sevilla, que fue superada solo por la de Madrid con 67. El gobernador civil, José María Varela Rendueles, prohibió toda manifestación y reunión pública.​

El día 18 de julio a las dos de la tarde, una parte de la guarnición de Sevilla se sublevó contra el Gobierno. El día anterior los golpistas del Ejército de África, se habían apoderado del protectorado español de Marruecos, pero en la Península no había habido, aún ninguna sublevación.

Los golpistas sevillanos arrestaron al general José Fernández de Villa-Abrille, que estaba al mando de todo el Ejército en Andalucía, y pusieron en su lugar al general Gonzalo Queipo de Llano. Rápidamente se hicieron con el control, de los principales regimientos de la ciudad y de instalaciones estratégicas, como el Parque de Artillería.

Solo permanecieron leales al Gobierno, representado en Sevilla por el gobernador civil José Mª Varela Rendueles, la Guardia de Asalto y la base aérea de Tablada, así como algunos voluntarios de partidos de izquierda.

Los sublevados intentaron apoderarse del gobierno civil, pero se encontraron con una dura resistencia por parte de los guardias de asalto, a los que solo lograron doblegar cuando se incorporó al combate, una batería de artillería.​

El gobernador Varela se rindió a las ocho de la tarde y en las horas siguientes, se rindieron sucesivamente el cuartel de la Guardia de Asalto y la base de Tablada. Entre tanto otras guarniciones de Andalucía, se habían sublevado tras recibir la señal de Queipo de Llano. El golpe triunfó en Córdoba y en la provincia de Cádiz, y fracasó en Málaga.

Dos días más tarde se sublevó la guarnición de Granada, logrando hacerse con el control de la ciudad, tras vencer una dura resistencia.

Un número desconocido de milicianos, levantó barricadas en los barrios populares de Triana, la Macarena y San Bernardo y se dispuso a resistir con armas ligeras. Desde la provincia de Huelva, el Gobierno envió refuerzos: unos 120 guardias civiles y de asalto y una columna de mineros, con dinamita.​
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Sin embargo, el jefe de los guardias de asalto  se pasó a los sublevados y el 19 por la mañana tendió una emboscada a los mineros, a los que aniquiló en la Pañoleta. Por su parte los sublevados, sí que recibieron refuerzos: tropas de la Legión y de Regulares llegadas por tierra y por aire.

El día 20 de julio, los militares golpistas lanzaron ataques contra Triana, que fueron ambos repelidos. Al día siguiente una nueva ofensiva sobre Triana, con más tropas y más organizada, acabó con la resistencia del barrio.

El día 22, los golpistas asaltaron y tomaron la Macarena y los restantes barrios, controlados por las milicias. Durante estos combates los sublevados fusilaron a todo resistente o sospechoso de serlo, muriendo un número desconocido de combatientes y de civiles. 

En los meses siguientes, continuaron los fusilamientos; se estima que fueron ejecutadas entre 2000 y 4000 personas.​ En el bando opuesto murieron un total de 13 personas, incluyendo tanto bajas en combate, como civiles linchados por los partidarios del Gobierno.

Sevilla se convirtió, en una de las bases principales de los sublevados, que desde allí lanzaron ofensivas sobre Huelva en julio 1936 de , Madrid   y Málaga en enero de 1937.

En 1936 el Ejército de tierra español ,estaba organizado territorialmente en "divisiones orgánicas". La 2.ª División Orgánica tenía su cuartel general en Sevilla y jurisdicción, sobre todas las guarniciones de Andalucía.

miércoles, 16 de julio de 2025

El derribo del vuelo MH17:de Malaysia Airlines

Tal día como hoy, 17 de julio de 2014, un viejo proyectil de origen ruso, que fue disparado desde territorio ucraniano impactó, contra un Boeing 777 de Malaysia Airlines.

El hecho ocurrió el 17 de julio de 2014, y hasta hoy sigue siendo la tragedia aérea de mayor magnitud en lo que va del Siglo XXI. 

Ese día, un misil tierra-aire lanzado desde territorio ucraniano, derribó al vuelo MH17 de Malaysia Airlines que había partido desde Ámsterdam, en los Países Bajos, con destino a Kuala Lumpur, en Malasia con 283 pasajeros y 15 tripulantes a bordo. 

Fue derribado y cayó en un territorio de guerra, disputado desde hacía meses por el ejército ucraniano, y las milicias separatistas prorrusas.

Desde el primer momento, se discutió si el derribo del avión era un acto de guerra deliberado o un accidente. No hubo dudas de que la aeronave había sido alcanzada por un misil: lo que estuvo en cuestión desde el principio, fue si el Boeing 777 de la aerolínea malaya había sido un blanco intencional,o si el ataque fue producto de una confusión. Tampoco quedaba claro, si el disparo era obra de las fuerzas ucranianas,o de las milicias separatistas apoyadas por Rusia.

Según la lista de pasajeros, que tenían las autoridades de Países Bajos, de las 298 personas, que murieron por el derribo del avión, 80 eran niños. La mayoría de las víctimas eran ciudadanos de Países Bajos, un total de 192, y había también 40 malayos y diez británicos.

En un primer momento, hubo confusión con la identidad de los pasajeros, entre los que se incluyeron varios ciudadanos estadounidenses que en realidad, no había abordado el avión.  Hacia la tarde del 18 de julio, en el lugar del siniestro habían recuperado 181 cadáveres de los 298 pasajeros, y al día siguiente, los forenses comenzaron a recopilar muestras de ADN, fotografías de rasgos distintivos, como cicatrices y tatuajes.

Mientras tanto, las acusaciones cruzadas entre Ucrania, los Estados Unidos y los países de la Unión Europea, por un lado, y Rusia y las milicias separatistas del Donbas, por el otro, contribuían poco y nada para determinar, qué había sucedido realmente con el vuelo malayo.

El equipo de expertos liderado por el Consejo de Seguridad de Países Bajos, demoró más de un año en producir el informe sobre el caso del vuelo MH17. Conocido en octubre de 2015, el documento aportaba detalles técnicos de relevancia para la investigación, aunque dejaba algunos interrogantes sin contestar y no asignaba, ningún tipo de responsabilidades con respecto a los autores.

La investigación tampoco arrojó datos, que pudieran determinar con exactitud desde dónde se había lanzado el proyectil y marcó un extenso sector de 320 kilómetros cuadrados, del este de Ucrania. Esto provocó la respuesta del gobierno ucraniano, que ubicó un área mucho más reducida que, casualmente, estaba bajo control de las milicias prorrusas. 

A su vez, los expertos rusos aseguraron, que el misil había sido lanzado desde una zona al sur de la localidad de Snizhne, que estaba controlada por fuerzas ucranianas.

Mientras la polémica entre todas las partes involucradas, seguía sin resolverse, la justicia de Países Bajos inició una causa penal, contra quienes consideraba los responsables del derribo del vuelo MH17.

El veredicto llegó en noviembre de 2022 – cuando la guerra entre Rusia y Ucrania llevaba ya nueve meses – con un saldo de tres condenados y un absuelto, todos juzgados en ausencia.

Los rusos Igor Guirkin y Serguéi Dubinski y el ucraniano Leonid Kharchenko fueron “declarados culpables” de asesinato intencionado al derribar el avión, mientras el ruso Oleg Pulatov fue absuelto, según la sentencia leída por el Tribunal.

martes, 15 de julio de 2025

La batalla de las Navas de Tolosa, el punto de inflexión de la Reconquista

 

Tal día como hoy 16 de julio de 1212 tiene lugar La Batalla de las Navas de Tolosa, que fue un enfrentamiento crucial en la Reconquista española-

El 16 de julio de 1212, un compacto ejército, conducido por los reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, se enfrentó a los guerreros andalusíes y norteafricanos, agrupados bajo el estandarte del califa almohade Abu Abd Allah Muhammad al-Nasir. 

El choque, que tuvo lugar en los llanos o navas próximos al puerto de Muradal, en Sierra Morena, quizás implicó a más de ciento cincuenta mil hombres y fue brutal y sangriento. Ya los contemporáneos lo consideraron, como un acontecimiento militar extraordinario, por su envergadura y, sobre todo, porque pareció marcar el retroceso definitivo de los almohades en al-Andalus.

Para entender este enfrentamiento, debemos retroceder hasta la segunda mitad del siglo XII, cuando la actuación militar cristiana en el centro de la Península estaba dominada por la necesidad de defender la frontera próxima al Tajo, que pivotaba en torno a Toledo. 

La debilidad y el aislamiento político de los cinco reinos cristianos peninsulares –Castilla, León, la Corona de Aragón, Navarra y Portugal– no permitían pensar en destruir a los almohades, entonces en el apogeo de su poder. Éstos, que sustentaban una interpretación rigorista del Islam, habían forjado un imperio norteafricano al que, desde mediados de aquella centuria, incorporaron al-Andalus.

En este escenario, los monarcas de los reinos cristianos no buscaron los grandes choques frontales. La batalla de las Navas de Tolosa fue una excepción, fruto de la estrategia del rey castellano Alfonso VIII, quien –con el beneplácito del papado, Navarra y la Corona de Aragón– ansiaba resarcirse de la dolorosa derrota que había sufrido el 19 de julio de 1195 en Alarcos ante el califa almohade Abu Yusuf Yaqub al-Mansur. 

En efecto, la caballería acorazada castellana cargó contra la vanguardia islámica, formada en gran parte por arqueros montados que tras disparar siguieron la táctica del tornafuye: la huida fingida con la que se atraía al enemigo para desorganizarlo y sorprenderlo con un ataque repentino. 

Los cristianos alcanzaron el cuerpo central del ejército musulmán, que los contuvo hasta que se sumaron al combate nuevas fuerzas de caballería: la vanguardia que antes se había retirado y los árabes situados en el ala izquierda del dispositivo almohade. Así inmovilizado el ejército castellano, sus adversarios realizaron un movimiento envolvente que les dio la victoria.

Durante la segunda mitad del siglo XII, el avance de los almohades había difuminado la solidaridad de los reinos cristianos peninsulares frente el Islam, que tradicionalmente había liderado el poderoso reino de Castilla-León. 

Las rencillas políticas y los enfrentamientos dinásticos habían entorpecido la unidad necesaria para frenar a los almohades al sur del Tajo, del curso bajo del Ebro e incluso del Guadiana. Este conjunto de circunstancias explica la gravísima derrota de Alarcos.

En el año 1190 una expedición procedente de Toledo saqueó el valle del Guadalquivir en las cercanías de Sevilla, la capital almohade en la Península. 

Este incomprensible desafío de las fuerzas castellanas, que suponía la ruptura de las treguas firmadas meses antes con Alfonso VIII, enfureció sobremanera al califa almohade Abu Yusuf Yaqub, que abandonó su capital magrebí para responder a la provocación castellana. 

En junio de 1195 desembarcó en Tarifa para dirigirse a Sevilla, donde reunió un considerable ejército con el que se encaminó hacia Toledo.

Cuando las noticias de su avance llegaron a Alfonso VIII, éste reunió todas las tropas que pudo y marchó hacia Alarcos para evitar que los musulmanes alcanzaran el Tajo. El rey castellano consiguió atraerse la ayuda de Alfonso IX de León, puesto que el poderío almohade amenazaba a todos por igual. Pero sin esperar la necesaria ayuda leonesa, y de manera un tanto imprudente, Alfonso VIII decidió presentar batalla a los almohades en los alrededores de Alarcos. 

Allí sufrió una estrepitosa derrota, tal vez por confiar ciegamente en la fuerza superior de su caballería pesada y menospreciar la más ligera y ágil caballería norteafricana.

A resultas de su triunfo, los almohades se adueñaron de las tierras entonces controladas por la orden de Calatrava y de casi todas las fortalezas de la región, de forma que su camino hacia Toledo quedó despejado. 

Afortunadamente para Castilla, el califa volvió a Sevilla, donde tomó el título de al-Mansur, «el Victorioso por Alá». En los años siguientes abandonó sus asuntos en al-An-dalus y regresó, enfermo, al norte de África, donde murió en 1199. 

Dos años antes, sin embargo, había firmado con Alfonso VIII una tregua de una década, necesaria para ambos contendientes: los almohades tenían que hacer frente a nuevas amenazas en el norte de África, mientras que el rey de Castilla tenía problemas con León y Navarra.

Alfonso VIII aprovechó la paz con los almohades para resolver sus disputas con sus vecinos cristianos. Pactó treguas con Alfonso IX de León para asegurar el flanco oeste de su reino, y luego cayó con todo su poder sobre los dominios de Sancho VII de Navarra, al que obligó a firmar la paz. 

Desde entonces, el rey castellano sólo vivió para preparar el desquite de Alarcos. Sorprendentemente, el nuevo califa almohade, Muhammad al-Nasir, había aceptado situar en la línea del Tajo la frontera con los reinos de Castilla y de León, a pesar de la inferioridad militar de éstos.

La progresiva inhibición de los almohades en lo relativo a los asuntos de al-Andalus, derivada en gran parte de sus problemas en África, permitió a Alfonso VIII avanzar sus fronteras meridionales. 

Estos progresos no fueron el resultado de grandes campañas militares, sino de esfuerzos aislados, casi heroicos, como los de la orden de Calatrava, cuyos miembros ocuparon en 1198 el castillo de Salvatierra, en pleno territorio enemigo. 

En este marco de avances castellanos, muy pronto se abrió camino la idea de unidad de los reinos cristianos peninsulares para combatir a los almohades bajo el liderazgo del soberano de Castilla. Así lo reclamaban el pontífice Inocencio III y el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada.

Los proyectos de cruzada del papado desempeñaban un papel fundamental en la voluntad de desquite de Alfonso VIII, que ahora buscó reforzar las relaciones diplomáticas con los reinos cristianos vecinos. Importaba, en efecto, limar antiguas asperezas y contar con socios seguros. 

El monarca castellano ya se había aliado con Pedro II de Aragón en 1196 para defender la frontera del bajo Ebro, y entre 1207 y 1209 logró firmar treguas y tratados de colaboración militar con Sancho VII de Navarra, Sancho I de Portugal y Alfonso IX de León. 

De este modo, en aquel último año parecía que los cinco reinos hispanos estaban en paz y podían colaborar –como vivamente predicaba el arzobispo Jiménez de Rada– en la creación de un gran ejército cruzado contra los almohades.

Sólo había que provocar al enemigo islámico y prender la mecha de la guerra santa en al-Andalus. A ello se dedicaron Alfonso VIII y sus colaboradores, entre ellos Jiménez de Rada. 

En 1209, cuando expiraron las treguas firmadas con los almohades, el rey se sintió lo bastante fuerte para atravesar el Tajo y atacar las tierras de Jaén y Baeza; mientras, en 1210, los miembros de la orden de Calatrava marcharon contra Andújar. Por su parte, Pedro II de Aragón, siguiendo el ejemplo castellano, penetró en las tierras castellonenses y se apoderó de varias poblaciones.

Después de este preludio bélico, los dos bandos se prepararon abiertamente para la guerra. En los púlpitos de toda Europa occidental se predicó la cruzada contra los almohades para mayo de 1212; quienes participasen en ella obtendrían la plena remisión de sus pecados. 

Además, el papa Inocencio III anunció que excomulgaría a cualquiera que pactase con los mahometanos y ordenó a los reyes cristianos peninsulares que aplazaran sus discordias personales en favor de la magna empresa común de la Reconquista. 

Para algunas crónicas islámicas, como el Rawd al-Qirtas de Ibn Abi Zar, ésta fue la razón que llevó al califa almohade Muhammad al-Nasir a abandonar Marrakesh e intervenir en al-Andalus.

En consecuencia, el choque que se avecinaba no sólo respondía a intereses políticos enfrentados, sino que incorporó sendos argumentos religiosos: a la «reconquista cruzada» de los reinos cristianos y el papado se opuso la yihad o guerra santa de norteafricanos y andalusíes.

La conquista almohade del castillo de Salvatierra, en septiembre de 1211, actuó como detonante del conflicto. Pero hasta casi un año después, el 20 de junio de 1212, no pudo partir definitivamente el ejército cruzado desde Toledo hacia Sierra Morena en busca de los almohades. 

Las tropas cristianas, que se habían concentrado en aquella ciudad entre el verano de 1211 y la primavera de 1212, estaban compuestas por fuerzas muy diversas: desde mesnadas reales, huestes señoriales y fuerzas de las órdenes militares hasta milicias de los concejos castellanos, pasando por los "ultramontanos", como se conocía a los cruzados venidos de allende los Pirineos.

Tras la rendición de la fortaleza de Calatrava, el día 1 de julio, las severas medidas tomadas por el rey de Castilla para evitar el saqueo de esta plaza disgustaron a los cruzados europeos. Éstos, desilusionados por la renuncia forzada al botín prometido, abandonaron en su mayor parte el ejército, al que días más tarde se incorporó Sancho VII de Navarra con un limitado contingente de sus caballeros. 

Curiosamente, el avance cristiano hacia el interior de al-Andalus no topó con una resistencia importante, lo que facilitó la toma de Alarcos, Caracuel, Benavente y Piedrabuena.

El viernes 13 de julio los cristianos desalojaron a los almohades del puerto de Muradal, y éstos se replegaron hacia el sur, aunque no sin dejar fuertemente custodiado el angosto paso de la Losa, que debían atravesar los cristianos en su marcha hacia el sur. 

En ese punto, según refiere la Historia de los hechos de España de Jiménez de Rada, apareció providencialmente un pastor que les indicó un camino por el que podían evitar el desfiladero de la Losa. 

Atravesaron la sierra por el llamado paso del Rey y alcanzaron la meseta de las Navas. Allí comprobaron que, en el otro extremo del llano, los almohades, instalados sobre una elevación del terreno, les esperaban en posición de combate y controlaban los pasos meridionales hacia el valle del Guadalquivir.
 
Los cristianos, agotados tras largos días de marcha, se instalaron a su vez en otra altura, la Mesa del Rey. Los almohades intentaron provocarles y recurrieron al tornafuye, la especialidad de la caballería ligera andalusí y norteafricana. Sus jinetes libraron algunas escaramuzas con caballeros cristianos, pero la estrategia de Muhammad al-Nasir fracasó por la prudente actitud, que en esta ocasión adoptó Alfonso VIII. 

Los almohades habían planteado la lid, como una repetición de Alarcos, pero esta vez ni el número de las tropas ni las características del terreno les serían propicios: el ejército cristiano era demasiado numeroso, para proceder a una maniobra envolvente que, por otra parte, se veía dificultada por la escasa amplitud del campo de batalla.

Aunque las crónicas islámicas, hablan de seiscientos mil combatientes cristianos y las castellanas se refieren a casi quinientos mil jinetes musulmanes, estudios más actuales cifran los efectivos almohades en torno a cien mil combatientes, entre peones y caballeros, y los cristianos en poco más de diez mil caballeros, en su mayor parte caballería acorazada, y cerca de cincuenta mil peones. 

Incluso admitiendo las cifras más modestas, parece evidente que el choque de las Navas, se debió de contar entre los más espectaculares, de la historia medieval peninsular por el número de combatientes de ambos bandos. 

Ahora bien, los caballeros cristianos estaban mejor armados que los musulmanes, especialmente en lo tocante al armamento defensivo de la caballería pesada, que incluía yelmos de metal y de cuero, cotas de malla y escudos. La panoplia ofensiva comprendía lanzas y espadas para los caballeros, alabardas, arcos y cuchillos para los infantes. 

Por parte musulmana, el armamento defensivo se limitaba prácticamente al escudo de madera o cuero. Sus peones, muy numerosos, iban provistos de lanzas y espadas, pero sobre todo contaban con arcos, para frenar la carga de los caballeros cristianos.

Al amanecer del lunes 16 de julio, los contendientes se encontraron frente a frente en el espacio que separaba sus respectivos campamentos. En el centro del ejército cruzado se situaron los castellanos, con el rey Alfonso VIII y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada; Pedro II de Aragón se colocó en el flanco izquierdo con sus tropas, y Sancho VII de Navarra y las milicias municipales castellanas se ubicaron en el flanco derecho.

Por su parte, los musulmanes pusieron en vanguardia las tropas de élite bereberes –los voluntarios de la fe–, compuestas básicamente por arqueros cuya misión era, como se ha dicho, desordenar los envites de la caballería pesada castellana. Y en los flancos laterales situaron la caballería ligera almohade y andalusí, que debía hostigar por los flancos al ejército cristiano, para desorganizarlo. 

Frente al dispositivo almohade, la estrategia cristiana consistió en resistir por los flancos a la caballería enemiga y lanzar ataques continuos en oleadas por el centro para impedir maniobras envolventes de los musulmanes. Este planteamiento favoreció a la larga el éxito cristiano, pues en la lucha a distancias cortas, los temibles arqueros bereberes eran inoperantes.

La carga inicial de la vanguardia cristiana arrolló a los bereberes de la primera línea almohade, pero fue detenida al alcanzar el cuerpo central del enemigo. Cargó entonces la segunda línea cristiana, en auxilio de la primera, y se produjo una situación indecisa que resolvió la decidida carga de la tercera línea cristiana, ordenada por el rey de Castilla. 

Su ímpetu, sumado al empuje del rey de Aragón y al del soberano de Navarra, que destrozó las defensas del palenque –el campamento donde al-Nasir, sosteniendo el Corán, presenciaba la batalla–, hizo rotunda y definitiva la victoria cristiana al precipitar la fuga del califa almohade, que abandonó a sus tropas y huyó hacia Baeza.

Con el asalto al palenque y la huida del califa comenzó una verdadera carnicería que sólo terminó al caer la noche: los cristianos dieron caza sin piedad a los musulmanes fugitivos, hasta el punto de que, según escribió Alfonso VIII al papa Inocencio III, "matamos más durante la persecución que durante la batalla". 

Tan solo unos días después de las Navas, el rey de Castilla entraba en Baños de la Encina y Vilches, ya en Andalucía. La ciudad de Baeza fue incendiada, y Úbeda, tomada al asalto por los aragoneses, se convirtió en un montón de ruinas. Cumplidos sus objetivos militares, el rey de Castilla abandonó Sierra Morena. Se había escrito el capítulo de la Reconquista que mayor resonancia tuvo en las centurias posteriores. 

lunes, 14 de julio de 2025

El fin de la Inquisición española, tras cuatro siglos de existencia

Tal día como hoy, 15 de julio de 1834, la Reina regente María Cristina, ponía fin a la existencia de la Inquisición española, mediante Real Decreto.

La Santa Inquisición actuó en las Coronas de Castilla y Aragón con el fin de mantener la ortodoxia católica en sus reinos, misión que cumplió en España durante cuatro siglos,en los que más de 49.000 personas fueron sometidas a un juicio,aunque de todas ellas, según cálculos del experto danés Gustav Henningsen, las condenas a muerte, solo se aplicaron en un 3,5% de los casos y el 1,8% de los condenados, fueron quemados en la hoguera.

La Inquisición española, fue una institución fundada en 1478 por los Reyes Católicos, para mantener la ortodoxia católica en sus reinos, actuando como tribunal para descubrir y juzgar a los herejes. Originada en un contexto de tensiones religiosas y políticas, la Inquisición española se desarrolló a lo largo de varios siglos, con diferentes etapas y características

La Inquisición fue abolida cuatro veces. La primera, en 1808. Y lo fue por Napoleón Bonaparte. Las Cortes de Cádiz ordenaron su desaparición en 1813; esa fue la segunda vez. La tercera fue en 1820. Y la definitiva, en 1834.

Se  podría decir aquello de que "bicho malo nunca muere". Costo lmucho pero finalmente desapareció de nuestra historia. El emperador francés, el primero en abolir el Santo Oficio en 1808, entendió que pertenecía a otro tiempo. Decretó su desaparición mediante los llamados "decretos de Chamartín”.

Napoleón Bonaparte no sólo suprimió la Inquisición, también el feudalismo y la mayor parte de las órdenes religiosas, con lo que se dio luz verde a la desamortización, o apropiación, de sus bienes. Fue un avance en la modernidad de aquel tiempo.

Cinco años más tarde, en 1813, visto desde "el lado español" -recordemos que estábamos invadidos por los franceses-, los diputados que formaron las primeras Cortes democráticas de Cádiz, decidieron su abolición por una razón muy concreta: Porque la Inquisición había condenado públicamente, años atrás, la sublevación popular contra la invasión francesa. Para los parlamentarios, el Santo Oficio estaba compuesto, por colaboracionistas y traidores a la patria.,

La Inquisición, sin embargo, no desapareció definitivamente. Cuando Fernando VII, llamado erróneamente “el deseado”, recuperó el trono, un año más tarde, en 1814, ordenó su restauración. La Inquisición era un magnífico instrumento, para el control político de los disidentes.

Y volvió a operar libremente durante los seis años siguientes, hasta que el general asturiano Rafael del Riego se rebeló en Sevilla, en 1820, al frente del batallón que mandaba y que estaba a punto de embarcarse rumbo a América, para sofocar las rebeliones en las colonias. Nuevamente, la Inquisición fue abolida, durante los tres años siguientes.

Hasta que el péndulo de la historia devolvió otra vez el poder a Fernando VII. El Rey, sin embargo, no la volvió a restaurar a plena capacidad, pero "de facto" continuó operando bajo la fórmula de las Juntas de Fe, toleradas en las diócesis por el rey y que tuvieron el triste honor, de ejecutar al último hereje condenado de la historia de España.

Fue el maestro de escuela Cayetano Ripoll, ejecutado por garrote vil en Valencia el 26 de julio de 1825.

A Ripoll se le acusó, de haber enseñado los principios deístas, una filosofía religiosa que deriva la existencia y la naturaleza de Dios, de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo por medio de la fe, la tradición o la revelación directa. Aquello provocó un gran escándalo en toda Europa, contra el régimen despótico que pervivía todavía en España.

Pero el Santo Oficio, sobrevivió todavía nueve años más. Hasta después de la muerte de Fernando VII, su gran protector.

En julio de 1834, al inicio de la Regencia de María Cristina de Borbón, madre de la reina Isabel II -que era menor de edad-, el gobierno liberal moderado de Francisco de la Rosa, aprobó un decreto, cuya disposición primera decía: "Se declara suprimido definitivamente el Tribunal de la Inquisición".

Con ello, el Santo Oficio desapareció, cerrando uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia. 

 

domingo, 13 de julio de 2025

Jacinto Benavente, el dramaturgo español que logró el Premio Nobel

Tal día como hoy, 14 de julio de 1954, fallecía el dramaturgo español y Premio Nobel de Literatura en 1922, Jacinto Benavente.

Jacinto Benavente y Martínez,  fue un destacado dramaturgo español nacido en Madrid. Proveniente de una familia culta, desde joven mostró un gran interés por la literatura y el teatro. Estudió Filosofía y Letras y Derecho, lo que influyó en su desarrollo como escritor.

Comenzó a escribir obras teatrales en la década de 1890, obteniendo su primer éxito con "El nido ajeno". Su estilo se caracterizó, por un lenguaje teatral magistral y diálogos convincentes, donde abordó temas sociales, amor, honor, moral y crítica social. Entre sus obras más destacadas, se encuentran "Los intereses creados", "Señora ama", "La malquerida" y "La ciudad alegre y confiada".

En 1922, recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en el primer dramaturgo español, en obtener este prestigioso galardón.

Las distintas y muy variopintas actitudes políticas e ideológicas, que Jacinto Benavente adoptó lo definen como fundamentalmente acomodaticio, burgués y conservador. Durante la Primera Guerra Mundial, se declaró germanófilo. Apoyó a Antonio Maura en La ciudad alegre y confiada de 1916 y su connivencia, con la dictadura de Primo de Rivera, le valió el desprecio de la intelectualidad.

Él correspondió él con la misma moneda: si en La noche iluminada, acoge un espacio vanguardista, de los que tanto gustaban a la Generación del 27, luego se burló de esas mismas tentativas escénicas de vanguardia en Literatura. Si defendió la revolución soviética en Santa Rusia de 1933, fue a trueque de expresar un fascismo sin pudor, en sus obras de posguerra desde 1940.

La Guerra Civil le cogió en zona republicana (Barcelona) e hizo declaraciones en favor del Gobierno republicano, que luego afirmó fueron forzadas por las autoridades y de las que continuamente se desdijo, en piezas como "Aves y pájaros" de 1940, "Abuelo y nieto", "La enlutada" o "La ciudad doliente" asistiendo además, a no pocos actos oficiales del franquismo, el cual, tras mostrarse reticente con sus obras, terminó por aceptarlas como muestras del teatro de los vencedores.
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Su legado perdura en el tiempo, con sus obras siendo representadas y estudiadas en teatros de todo el mundo. Jacinto Benavente falleció el 14 de julio de 1954, dejando un valioso legado literario y siendo una figura icónica, del teatro hispano.

Abordó casi todos los géneros teatrales: tragedia, comedia, drama, sainete. Todos los ambientes encontraron cabida y expresión cabal en su escena: el rural y el urbano, el plebeyo y el aristócrata. Su teatro, constituye una galería completa de tipos humanos,  La comedia benaventina típica, costumbrista, moderna, incisiva, supone una reacción, contra el melodramatismo desorbitado de Echegaray.

En realidad, puede decirse que con su primera obra estrenada, El nido ajeno  de 1894 la cuál llegó a traducirse en esperanto, plantea un problema de celos entre hermanos, el cuál abre un nuevo periodo, en la dramaturgia española.

En la última etapa de su vida literaria, dominada en algunos aspectos por su familiaridad con el modernismo, escribió algunas obras de teatro infantil como ‘El príncipe que todo lo aprendió en los libros’ o ‘La novia de nieve’. Otro título importante de su producción durante este período es "Pepa Doncel".

En 1922 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Este galardón ha estado siempre rodeado de polémica, debido a que algunos críticos consideraban que  la obra de Benavente es menor, comparada a la que dejó el modernismo, o la Generación del 98.

Existen varias anécdotas sobre la agudeza y el ingenio de Jacinto Benavente. En una ocasión, un conocido de Jacinto Benavente, que no tenia mucho éxito como dramaturgo, visitó su casa y quedó impresionado por la gran cantidad de libros en su biblioteca. Exclamó: "¡Vaya, don Jacinto! Con tantos libros ya se pueden escribir buenas comedias". Benavente, con su característica agudeza, le respondió: "Pues adelante, amigo mío, están a su disposición".

Hay otra anécdota que rezaba así.. Benavente hacía grandes elogios de Valle-Inclán, del que decía que es uno de los más valiosos escritores que tenía España. Pues don Ramón, le interrumpió uno de los contertulios, él no opina lo mismo de usted. A lo que replicó inmediatamente con su agudeza habitual el peligroso don Jacinto: A lo mejor estamos equivocados los dos.

Cuentan que un día se encontraron en la  acera de una calle de Madrid, uno frente a otro, Jacinto Benavente y José María Carretero, más conocido por su seudónimo de "El Caballero Audaz", gran corpachón, metro noventa de estatura y espadachín conocido por sus varios duelos, que dijo, contemplando al gran dramaturgo, pequeño, delgado, barba cuidada y fama de afeminado: Yo no cedo el paso a maricones. Y bajando  de la acera replicó Benavente. Pues yo sí,..

 Como siempre, rápido, agudo y certero el genial Don Jacinto

sábado, 12 de julio de 2025

La batalla de Gravelinas, una gran victoria de los Tercios Españoles

Tal día como hoy, 13 de julio de 1558, en la batalla de Gravelinas, las fuerzas españolas, comandadas por el Conde de Egmont, obtuvieron una victoria decisiva sobre el ejército francés, dirigido por Paul des Thermes.

Esta batalla fue un hito en la guerra entre España y Francia, y consolidó la reputación de los Tercios Españoles, como una fuerza militar formidable. 

La Francia de Enrique II, que había sido humillada anteriormente en la batalla de San Quintín, buscaba venganza y preparó la revancha, con un plan con el que pretendían devolver el golpe a España. Así, reclutó un nuevo ejército. Al frente se encontraban Luis Gonzaga-Nevers, el duque de Guisa y Paul de Thermes. al mismo tiempo que pactó con los turcos para que estos últimos, distrajesen a los españoles en el Mediterráneo. y pidió ayuda al sultán otomano.

Francia movilizó a sus hombres. Tomó Calais, Dunkerque y Niuwpoort al mismo tiempo que un ejército de 14.000 soldados, provistos de gran artillería, amenazaba con conquistar Flandes. Con lo que no contó Enrique II de Francia, fue con los Tercios Españoles, que frenaron en seco el avance francés, a la altura del río Aa. Un río corto ubicado en el norte de Francia, en la antigua región de Flandes.

Felipe II contaba con un as en la manga: Lamoral Egmont, un militar entregado curtido en batallas y entregado a la épica. Elegido por el monarca para liderar la ofensiva española, las tácticas de Egmont, quien les esperó en las cercanías del río Aa. Los españoles pillaron desprevenidos al ejército francés, que de repente se encontró atrapado entre el río a su espalda, el mar y un apelotonamiento de su propia gente.

El 13 de julio 1558, unos 15.000 fieles al Rey Felipe II, comandados por el Conde de Egmont, hicieron frente a los franceses en la batalla de Gravelinas, situando a los Tercios Españoles en primera línea. Tras ellos se encontraban las unidades  flamencas y alemanas, mientras que la caballería se situaba a los flancos.

Por el contrario, los franceses, dirigidos por Paul des Thermes, colocaron la artillería y la caballería al frente, delante de la infantería, que protegía el botín obtenido durante la campaña de ataque.

A pesar de la nefasta disposición estratégica, los franceses abrieron fuego con sus cañones y avanzaron con su caballería de manera caótica, la caballería fue brutalmente masacrada por el fuego, de los arcabuceros españoles.

Las tropas de Felipe II, avanzaron y tomaron posiciones rápidamente y, tras adueñarse del botín francés, el enemigo huyó de forma desorganizada. Apenas 1.000 soldados franceses lograron huir, 3.000 resultaron prisioneros y unos 7.500 perecieron en el campo de batalla. Una cantidad enorme, en comparación con las 700 bajas del bando español.

El intento de Enrique II de revancha no salió como esperaba y fue un completo fracaso. De todo lel ejército francés en la batalla, tan solo lograron escapar alrededor de un millar de hombres. El resto, murió en batalla, en un estrepitoso baño de sangre, o fueron hechos prisioneros. De este modo, e monarca francés se vio obligado, a firmar una paz con muchas concesiones, a favor de Felipe II.

El 2 de septiembre de 1559, se firmó la Paz de Cateau-Cambrésis, uno de los tratados más importantes del siglo XVI. La monarca inglesa, Isabel I, también se unió a las conversaciones para diseñar un nuevo estatus europeo.

Tras la batalla de las Gravelinas, Francia se quedó sin fuerza militar y Enrique II de Francia, se vio obligado a firmar la paz con Felipe II en el Tratado de 1559 de Cateau-Cambrésis, acuerdo de paz que se mantuvo durante un siglo.

viernes, 11 de julio de 2025

La rebelión del Cantón de Cartagena, inicio de la sangrienta Rebelión Cantonal

Tal día como hoy, 12 de julio de 1873, en la ciudad española de Cartagena, se inició la llamada Rebelión Cantonal, con un levantamiento federalista que instauró el Cantón de Cartagena, una especie de Gobierno al margen del Estado español.

En Cartagena, los republicanos federales proclamaron el cantón, el 12 de julio de 1873 mediante la colocación de la bandera roja,- símbolo revolucionario-  en el castillo de San Julián. Los cantonalistas, ocuparon el Ayuntamiento, el Arsenal y las baterías de costa.
 

El rey Amadeo de Saboya, tras un breve reinado, marcado por la inestabilidad política, abdicó del trono español en febrero de 1873, cansado de la ingobernabilidad del país. Este hecho dio paso a la Primera República, un período convulso en el que numerosas facciones, pugnaron por reformar las leyes e instituciones, de una España en decadencia.

Las elecciones que siguieron a la abdicación las ganó el Partido Federalista, el cual pretendía dar, una mayor autonomía a las diferentes regiones del país, con el fin de crear un estado federal, según el modelo norteamericano.

Las promesas electorales, no se concretaron en ninguna acción por parte del Gobierno, por lo que los partidarios de federalismo, empezaron a impacientarse. Esto hizo que los diputados federales intransigentes ,se retiraron de las Cortes y constituyeron en Madrid un Comité de Salud Pública, que llamó a la insurrección

El núcleo de la revuelta fue Cartagena, debido a sus excelentes defensas y la presencia allí de la mayoría de la Armada. El plan consistía en dividir el país en un conjunto de repúblicas semi-independientes, llamadas cantones, que se gestionarían a si mismas, al margen del Gobierno central.

Desde Cartagena, el cantonalismo se extendió a lo largo del mes de Julio, por las principales ciudades del sureste peninsular y, gracias a una serie de revueltas coordinadas, se rebelaron Murcia, Sevilla, Granada, Valencia y otras poblaciones menores, que se constituyeron inmediatamente, en cantones independientes.

Desde el inicio de la revuelta, el Gobierno de España había concentrado al ejército, que fue enviado a finales de julio, contra los principales focos de la revuelta, cayendo así Sevilla, Cádiz y Granada a manos de general Manuel Pavía. Simultáneamente otra fuerza, dirigida por el general Martínez Campos, ocupaba Valencia tras un breve bombardeo.

El ejército centralista, también recuperó la ciudad de Murcia y, tres días más tarde, los centralistas se encontraban a las puertas de Cartagena, iniciando el asedio.  

En noviembre, las fuerzas centralistas empezaron el bombardeo de la plaza. La ciudad fue sometida a un intensísimo castigo en el que se llegaron a arrojar 1.000 proyectiles diarios, la mayoría de edificios fueron dañados y 300 totalmente destruidos. 

A este ataque desde el exterior, se sumaban los numerosos agentes del gobierno infiltrados en la plaza, que intentaron sobornar a los líderes rebeldes y realizaron numerosos sabotajes, incluido el hundimiento de la fragata Tetuán y la voladura del Parque de Artillería, lugar en el que murieron 400 personas, que se refugiaban allí de las bombas.

Bajo amenaza constante, los cantonales resistieron gracias a reservas de bacalao y sardinas en salazón, almacenadas por la Junta en previsión de un posible asedio. Irónicamente los 10.000 defensores de la plaza superaban en número a los 8.000 sitiadores, pero no se emprendió ninguna acción, aparte de responder pasivamente al fuego desde las baterías y castillos, que rodeaban la ciudad. 

Gracias a la mediación de la Cruz Roja, las mujeres y los niños fueron evacuados, a bordo de barcos británicos, evitando así un mayor derramamiento de sangre.

Los cantonalistas aguantaron durante meses, incluso, para aguantar, llegaron a proponer al gobierno de los Estados Unidos,entrar a formar parte de la potencia norteamericana. Sin embargo, esto nunca se llegó a producir y, desprovistos de medios para continuar la defensa, se fueron entregando y el 12 de enero de 1874, la ciudad se rindió finalmente.

jueves, 10 de julio de 2025

Biografía breve de Luis de Góngora, uno de los grandes poetas del Siglo de Oro

Tal día como hoy, 11 de julio de 1561, nacía en la ciudad de Córdoba, el poeta y escritor español del Siglo de Oro, Luis de Góngora .

Luis de Góngora y Argote, fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente del culteranismo o gongorismo. Estudió en Salamanca y se ordenó sacerdote, aunque dedicó gran parte de su vida a la poesía. Su obra, caracterizada por un estilo culto y complejo, marcó un antes y un después, en la literatura española

Nacido en el seno de una familia acomodada, estudió en la Universidad de Salamanca. Nombrado racionero (1) en la catedral de Córdoba, desempeñó varias funciones que le brindaron la posibilidad de viajar por España. Su vida disipada y sus composiciones profanas, le valieron pronto una amonestación del obispo.

En 1603 se hallaba en la corte, que había sido trasladada a Valladolid, buscando con afán alguna mejora de su situación económica. En esa época escribió algunas de sus más ingeniosas letrillas, trabó una fecunda amistad con Pedro Espinosa y se enfrentó en terrible y célebre enemistad, con su gran rival, Francisco de Quevedo.

Instalado definitivamente en la corte a partir de 1617, fue nombrado capellán de Felipe III, lo cual, como revela su correspondencia, no alivió sus dificultades económicas, que lo acosarían hasta la muerte.

En sus primeras composiciones (hacia 1580), se adivina ya la implacable vena satírica que caracterizará buena parte de su obra posterior. Pero al estilo ligero y humorístico de esta época se le unirá otro, elegante y culto, que aparece en los poemas dedicados al sepulcro de El Greco, o a la muerte de Rodrigo Calderón. En la Fábula de Píramo y Tisbe de 1617, se producirá la unión perfecta de ambos registros, que hasta entonces se habían mantenido separados.

Entre 1612 y 1613 compuso los poemas extensos Soledades y la Fábula de Polifemo y Galatea, ambos de extraordinaria originalidad, tanto temática como formal. Las críticas llovieron sobre estas dos obras, en parte dirigidas contra las metáforas extremadamente recargadas, y a veces incluso "indecorosas" para el gusto de la época. 

En un rasgo típico del Barroco, pero que también suscitó polémica, Góngora rompió con todas las distinciones clásicas, entre géneros lírico, épico e incluso satírico.

Juan de Jáuregui,compuso su Antídoto contra las Soledades y Quevedo lo atacó, con su malicioso poema "Quien quisiere ser culto en sólo un día..." Sin embargo, Góngora se felicitaba de la incomprensión, con que eran recibidos sus intrincados poemas extensos: "Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres cultos".

El estilo gongorino es sin duda muy personal, lo cual no es óbice para que sea considerado como una magnífica muestra, del culteranismo barroco. Su lenguaje destaca por el uso reiterado del cultismo, sea del tipo léxico, sea sintáctico.. 

La dificultad que entraña su lectura, se ve acentuada por la profusión de inusitadas hipérboles barrocas, hiperbatones y desarrollos paralelos, así como por la extraordinaria musicalidad, de las aliteraciones y el léxico colorista y rebuscado.

Su fama fue enorme durante el Barroco, aunque su prestigio y el conocimiento de su obra decayeron luego hasta bien entrado el siglo XX, cuando la celebración del tercer centenario de su muerte, congregó a los mejores poetas y literatos españoles de la época  Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Luis Cernuda y Miguel Hernández, entre otros.

El acto supuso la definitiva revalorización crítica de uno de los grandes poetas y escritores del Siglo de Oro.

(1) En la Iglesia Católica, un racionero es un prebendado  que tiene derecho a una ración o parte de los ingresos de la iglesia. En algunas iglesias catedrales o colegiales, el racionero ocupaba un lugar jerárquico inferior al del canónigo

miércoles, 9 de julio de 2025

Historia de Rodrigo Díaz de Vivar, "el Cid Campeador"

Tal día como hoy, 10 de julio del 1099, fallecía Rodrigo Díaz de Vivar, el caballero castellano que pasaría a la historia, como el Cid Campeador mientras defendía la ciudad de Valencia, de un nuevo ataque de las tropas musulmanas.

El Cronicón Malleacense, narra la muerte del Cid Campeador el 10 de junio de 1099, cuando, según cuenta la leyenda, en lo alto de las almenas que defendían la ciudad de Valencia, fue atravesado por una flecha perdida, (aunque lo más probable es que muriera por causas naturales).

Pese a su leyenda posterior, como héroe nacional o cruzado en favor de la Reconquista, Rodrigo Díaz de Vivar se puso a lo largo de su vida, a las órdenes de diferentes caudillos, tanto cristianos como musulmanes. 

En realidad, luchó en su propio beneficio, convirtiéndose en lo que algunos autores definen como un mercenario, un soldado profesional que presta sus servicios, a cambio de una paga, más que un combatiente que lucha por unos ideales. Con todo, su vida inspiró el más importante cantar de gesta, de la literatura española: "El Cantar de mío Cid".

Tras un combate singular, para dirimir el domino de unos castillos fronterizos que se disputaban los monarcas de Castilla y Navarra, Rodrigo Díaz de Vivar venció al caballero navarro Jimeno Garcés, lo que aumentó el prestigio, que ya tenía como alférez real, en la corte del rey Sancho II.

Tras la muerte de Sancho II en el sitio de Zamora, su hermano Alfonso VI se convirtió en rey y a pesar del resentimiento, que tenía hacia Rodrigo Díaz tras las batallas de Llantada y Golpejera, en las que el nuevo monarca, se vio obligado a refugiarse en la corte musulmana, lo honró concediéndole la mano de la dama Jimena, al parecer hija del Conde Diego Fernández, y pariente del propio monarca.

En el año 1081, cuando el rey Alfonso de León, se encontraba batallando por tierras toledanas sin la ayuda de Rodrigo, los musulmanes atacaron por sorpresa Gormaz -Soria- y obtuvieron una importante victoria, logrando un cuantioso botín. Cuando la noticia llego a oídos de Rodrigo Díaz, sin esperar órdenes del rey, reunió a su ejército y penetró en el reino toledano, en busca de los culpables.

La actuación de Rodrigo en Toledo, ciudad de la que retornó trayendo consigo hasta 7.000 cautivos entre hombres y mujeres, interfirió en los planes que tenía el rey Alfonso, para anexionar este territorio sin necesidad de la violencia. A modo de castigo, el monarca desterró al caballero, pero esto no conllevó la pérdida de sus bienes personales.

Tras ser rechazados los servicios de Rodrigo Díaz, por los condes de Barcelona, Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, el de Vivar decidió ayudar a al-Muqtadir, rey moro de Zaragoza, en la lucha que mantenía con su hermano al-Mundir, rey de Lérida, Tortosa y Denia, y que contaba con el apoyo de los condes de Barcelona y del monarca, Sancho Ramírez de Aragón.

Rodrigo Díaz, derrotó a Berenguer Ramon II en Almenar en 1082 y cerca de Morella a al-Mundir y al monarca aragonés en 1084. Fue en este período cuando recibió el sobrenombre de el "Cid", derivado del vocablo árabe sid, que significa "señor".

En 1086, un hecho trascendental cambiaría la historia de la península Ibérica. Un gran ejército almorávide, procedente del Sahara, atravesó el estrecho de Gibraltar. Profesaban una interpretación rigorista del islam y estaban dispuestos, a imponerla a sangre y fuego. 

En noviembre de 1088, Alfonso VI solicitó ayuda al Cid, para atacar a los almorávides que sitiaban la fortaleza de Aledo en Murcia. El encuentro entre las tropas de Alfonso y del Cid debía producirse, en la zona alicantina de Villena, pero ambos ejércitos, por causas desconocidas, no llegaron a encontrarse.

El Cid montó su campamento en Elche y allí supo que el rey Alfonso, furioso por no haber recibido la ayuda solicitada, lo había declarado traidor. Esta era la máxima deshonra para un caballero, cuyas consecuencias eran terribles: la pérdida de todos sus bienes y el destierro. 

A partir de este momento, el Cid, convertido en un caudillo independiente, siguió actuando en Levante,  guiado por sus propios intereses. En 1090, se hizo con el protectorado de todo Levante.

Al-Qadir, rey de las taifas de Toledo y Valencia, pagaba impuestos al Cid, quien usurpaba así, los pagos que antes habían pertenecido a Alfonso VI. Ese mismo año el Cid derrotó a la coalición que formaron al-Mundir y Berenguer Ramón II, a los que derrotó en Tevar en 1090, expulsando al conde catalán de la zona levantina.

Mientras tanto, Alfonso VI, que pretendía recuperar la iniciativa en Levante, estableció una alianza con el rey de Aragón, el conde de Barcelona y las ciudades de Pisa y Génova, cuyas respectivas tropas y flotas, participaron en la expedición, avanzando sobre Tortosa (entonces tributaria de Rodrigo) y la propia Valencia, en el verano de 1092.

Pero el ambicioso plan fracasó y Alfonso VI hubo de regresar a Castilla, al poco de llegar a Valencia. Mientras, Rodrigo, que se encontraba en Zaragoza, negociando una alianza con el rey de dicha taifa, lanzó, como represalia, una dura incursión contra La Rioja.

En los años siguientes, las campañas para la conquista de Valencia, hasta ese momento en poder de Ibn Ŷaḥḥāf, asesino de al Qadir, fueron constantes. En 1093, el Cid cercó la capital, que empezó a sufrir privaciones. 

El ejército del Cid, emplazó máquinas de guerra, que causaron grandes daños en los muros de la ciudad y por fin, tras un año de sitio, Valencia cayó en manos del Cid, que se proclamó "príncipe Rodrigo el Campeador" el 17 de junio de 1094.

A pesar de la victoria, los intentos almorávides por recuperar la ciudad no cejaron y a mediados de septiembre de ese mismo año, un ejército al mando de Abu Abdalá Muhammad ibn Tāšufīn, llegó hasta Quart de Poblet, a cinco kilómetros de la capital, y la asedió, pero fue derrotado por el Cid en una batalla campal. ​

A la muerte del Cid, su esposa, Jimena, mujer de vigoroso carácter, prolongó la resistencia local dos años más, antes de rendirse al empuje musulmán. Abandonó Valencia con los restos de su esposo, que enterró en el monasterio de Cardeña, para posteriormente, y tras muchas vicisitudes, ser enterrado junto a ella en la catedral de Burgos, donde hoy se puede visitarse su tumba.

martes, 8 de julio de 2025

La Guerra de Melilla, españoles contra bereberes del norte de África

Tal día como hoy, 9 de julio de 1909, un capataz y 13 trabajadores españoles, fueron tiroteados por un grupo de bereberes del norte de África, cuando se disponían a iniciar su jornada laboral, en la construcción del puente sobre el barranco de Sidi Musa, a unos cuatro kilómetros de los límites de Melilla.

Cuatro trabajadores mueren en el acto. Los demás lograron escapar y regresar a Melilla, gracias a la utilización de una locomotora, de la Compañía del Norte Africano.

La guerra de Melilla, fue un conflicto que enfrentó a tropas españolas con las cabilas rifeñas, en los alrededores de la ciudad de Melilla, en la parte este del Rif, entre julio y diciembre de 1909. Su hecho más destacado fue el desastre del Barranco del Lobo. Las protestas, contra el envío de tropas de refuerzo desde la península, especialmente de reservistas, desembocaron en Barcelona y en buena parte de Cataluña, en la Semana Trágica.

El ataque bereber, desencadenó un conflicto armado que pasó a la historia como la "Guerra de Melilla". Si bien el Gobierno de Antonio Maura, planteó el enfrentamiento armado en un principio, como una operación de policía, este se transformó en una auténtica guerra sin cuartel, que contó con dos partes claramente diferenciadas en la que llegaron a intervenir, más de tres divisiones españolas.

La primera parte, que tuvo lugar durante el mes de julio, correspondió a una respuesta inmediata a la agresión bereber, que se detuvo desde el primer día de ataques, dada su precipitación y falta de preparación de las tropas españolas, especialmente las que llegaron apresuradamente de Madrid y Barcelona, ciudad esta última en la que las protestas, por la gran movilización de reservistas, desencadenaron en la Semana Trágica de Barcelona.

Cuando en la mañana del 9 de julio, los obreros que habían sido agredidos llegaron al hipódromo de Melilla, en donde se encontraban las fuerzas españolas previstas para la protección de los trabajos, inmediatamente salieron dos compañías del regimiento África 68 al mando del teniente coronel Baños, penetrando en el "campo moro" en auxilio de los españoles y haciendo diecinueve prisioneros, (de los que solo dos permanecieron en prisión acusados de haber participado en el ataque). El diario de Melilla "El Telegrama del Rif" tituló al día siguiente: "Cobarde agresión. Españoles muertos".

La segunda fase tuvo lugar , entre agosto y diciembre de 1909, fue más reposada, en ella se desarrolló un despliegue más amplio, de más de 30 km, con muchas más tropas y mejor preparadas, cuando las negociaciones con las cabilas, estaban más dispuestas a permitir, la presencia española en la zona.

En el mes de diciembre de 1909, todavía hubo algunos ataques, pero estos fueron poco importantes, ya que cesaron con el cambio de año. Durante los seis meses que duró la Guerra de Melilla, el número total de bajas españolas superó las 2.000, mientras que las bajas marroquíes, alcanzaron las 8.000.

El sultán Muley Hafid, máxima autoridad marroquí, cuya falta de control sobre esta parte del territorio, había quedado patente con la actuación autónoma de las cabilas, protestó por la permanencia del ejército español, en el Rif oriental, pero las tropas españolas no llegaron a evacuar en los años siguientes, los territorios ocupados (hasta el desastre de Annual, en julio de 1921), cuya presencia quedó asegurada, con el establecimiento del Protectorado en 1912.

El resultado final sobre el territorio, se tradujo en una importante extensión del control de las tropas españolas, en el norte de África, especialmente sobre dos zonas de la Región del Rif: la Guelaya y la Quebdana.

lunes, 7 de julio de 2025

Diego de Almagro, el conquistador español enemistado con Francisco Pizarro

Tal día como hoy, 8 de julio de 1538, Diego de Almagro era ejecutado por orden de Francisco Pizarro, el gran conquistador español con el que había rivalizado.

Nació en la ciudad de Almagro, en la actual provincia de Ciudad Real, si bien Agustín de Zárate relata en su Historia del descubrimiento y conquista del Perú, que nació en la villa de Malagón, siendo hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y de Elvira Gutiérrez.

Ambos progenitores, se habían dado la promesa de matrimonio, pero terminaron su noviazgo sin realizar este compromiso. Cuando rompieron, Elvira estaba embarazada de Diego, razón por la que sus familiares la ocultaron, hasta que naciese el niño, que vio la luz en 1475. La historia lo considera, el primer conquistador español rebelde del Perú.

Diego de Almagro participó en la conquista del Perú junto a Francisco Pizarro, pero su relación con este último se deterioró, debido a la disputa por la posesión de la ciudad del Cuzco y por otros factores, como la competencia por riquezas y territorios. Esta rivalidad llevó a una guerra civil, entre ambos conquistadores y a la muerte de Almagro

En el año 1514, Diego de Almagro se enroló en la expedición a Panamá, del conquistador español Pedro Arias Dávila. Posteriormente, al llegar a sus oídos, los rumores sobre las riquezas que albergaba el Imperio de los incas, Diego de Almagro unió sus fuerzas con Francisco Pizarro, en dos expediciones de conquista, que resultaron un auténtico fracaso.

Y es que un año antes, en 1530, contando con una autorización real, Francisco Pizarro emprendió en solitario, una nueva expedición que le llevaría, tras aprovechar hábilmente las disensiones, entre el soberano inca Atahualpa y su hermanastro Huáscar, a la conquista del Imperio Inca.

Los éxitos de Francisco Pizarro en Perú, movieron a Diego de Almagro a solicitar el permiso real para emprender, por cuenta propia, la conquista de nuevos territorios, lo que le fue inicialmente denegado. No obstante, cuando Diego de Almagro llegó a Perú en 1533, lo hizo con un título de igual importancia que el de Francisco Pizarro, un hecho que causó tensiones entre ambos.

Tras repartirse el tesoro de Atahualpa y ejecutarlo, ambos partieron hacia Cuzco y tomaron la ciudad.

A partir de este momento, Diego de Almagro se dedicó a la exploración de los territorios del sur del Imperio Inca, en el actual Chile, hasta el valle de Aconcagua. Ya en 1535, el Emperador Carlos V lo recompensó con la gobernación de Nueva Toledo, al sur de Perú, y el título de adelantado, en las tierras más allá del lago Titicaca.

A su regreso a Perú, en 1537, Diego de Almagro ocupó la ciudad de Cuzco, al considerar que esta pertenecía a su gobernación. Tras ello, se produjo un sangriento enfrentamiento entre partidarios de Diego de Almagro y Francisco Pizarro, que concluyó con la victoria de los hermanos Pizarro, en la batalla de las Salinas, en abril de 1538.

Hecho prisionero, Diego de Almagro fue finalmente ejecutado, el 8 de julio de ese mismo año en la cárcel por garrote vil y su cadáver decapitado, en la Plaza de Armas del Cuzco. 

Malgarida, su fiel sirvienta negra, tomó el cadáver de su amo y, en su condición de benefactor de la orden mercedaria, lo enterró en la Iglesia de la Merced de esa ciudad.

Su hijo Diego de Almagro "el Mozo" intentó vengar a su padre, sin embargo, Francisco Pizarro murió en el palacio de Lima en 1541 a manos de Juan de Rada. 

El trágico final de Francisco Pizarro ocurrió el 26 de junio de 1541 en Lima, Perú, donde fue asesinado por seguidores de Diego de Almagro "el Mozo".

Los almagristas, buscando venganza por la muerte de Diego de Almagro a manos de Pizarro, irrumpieron en el palacio del conquistador y lo atacaron con espadas y cuchillos. Pizarro, a pesar de intentar defenderse, fue finalmente herido de muerte.

El asesinato de Pizarro fue el resultado de las tensiones y luchas de poder que existían entre él y Almagro, así como entre sus respectivos seguidores. La muerte de Almagro en 1538, a manos de Pizarro, generó un profundo resentimiento en el bando almagrista, que culminó con el ataque en el palacio.

El trágico desenlace de Francisco Pizarro, uno de los conquistadores más importantes de América, marcó el fin de su vida y de una etapa de la conquista del Perú. Su asesinato dejó una huella imborrable en la historia de la conquista española y en la memoria de aquellos que vivieron esos turbulentos años.

Hernando Pizarro, marchó a España a justificar su conducta ante el rey y fue encarcelado por más de 20 años ,en la fortaleza de Medina del Campo; Gonzalo Pizarro murió decapitado después de sufrir la derrota a manos del licenciado Pedro de la Gasca, el 9 de abril de 1548, capitaneado por Pedro de Valdivia en contra del pizarrista Francisco de Carvajal en la batalla de Jaquijahuana.

El más total descrédito, sumió a las tierras de Chile, asociándose su nombre al fracaso, así sería hasta 1540 en que Pedro de Valdivia, revisando algunas notas de Almagro, le dio a Chile un gran valor personal, y decidió realizar su propia conquista.

domingo, 6 de julio de 2025

El monumento a los héroes de dos de mayo, los capitanes Daoiz y Velarde

Tal día como hoy, 7 de julio de 1812, se aprueba el proyecto del monumento a los héroes de dos de mayo  los capitanes  Daoiz y Velarde

Como resultado del levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas francesas, acaecido el 2 de mayo de 1808, y en el que perdieron la vida los capitanes de artillería Luis Daoiz y Pedro Velarde, a propuesta del director general del Cuerpo de Artillería, Martín García y Loygorri, el 7 de julio de 1812 se publicó un Real Decreto, en cuyo artículo 3.º se ordenaba la erección del monumento a los héroes de dos de mayo.

"Cuando las circunstancias lo permitan, de un sencillo, aunque majestuoso y militar monumento, frente á la puerta del Colegio de Caballeros Cadetes del Cuerpo de Artillería ubicado en Segovia, en cuyo pedestal se lean los nombres de Daoiz y Velarde con letras de bronce, explicando brevemente su hazaña y el día, de su heroica muerte".

La propuesta, para la creación de un monumento que conmemorase a Daoiz y Velarde se originó durante las Cortes de Cádiz en 1812, donde se acepta la propuesta del director general de artillería y mariscal de campo,  Fernando García Loygorri, aunque no fue hasta el siglo XX, cuando el proyecto se materializó.

El primer diseño del monumento estuvo a cargo del teniente coronel y profesor de dibujo del Real Colegio de Artillería, Joaquín María de Góngora Delgado, quien al pie del bosquejo presentó una explicación del proyecto, en el que destacarían unos curiosos lemas: para Infantería "El arte obliga"; Caballería "La lealtad vuela", y Artillería "La ciencia vence".

Sin embargo, aunque hubo otras propuestas para levantarlo, no pudieron llevarse a cabo a causa de las múltiples dificultades por las que atravesaba España, entre ellas la penuria del erario público.

En 1908, con motivo de la celebración del primer centenario del 2 de mayo, a instancia del diputado Joaquín Llorens y del resto de diputados y senadores, pertenecientes al Cuerpo de Artillería, fue aprobada por las Cortes la erección del monumento frente al Alcázar de Segovia, "que perpetuase la Memoria de Daoiz y de Velarde".

En esta ocasión, el proyecto salió adelante, siendo elegido para llevarlo a cabo el escultor segoviano Aniceto Marinas, académico de Bellas Artes de San Fernando y autor, entre otras muchas obras, del grupo escultórico "Al pueblo del dos de mayo de 1808", erigido en Madrid. 

Los altos relieves en bronce, fueron realizados en la fundición La Metaloplástica Campins y Codina, Madrid, estando el conjunto cerrado, por una verja proyectada por el mismo artista, y elaborada en la Fábrica de Trubia.

El 6 de mayo de 1908, se llevaría a cabo la ceremonia de colocación de la primera piedra, cuyo acto fue presidido por el rey Alfonso XIII y al que asistió, entre otras personalidades, el presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura y Montaner.

El acto de inauguración del monumento, se formalizaría el 15 de julio de 1910, siendo nuevamente presidido por Alfonso XIII, y al que concurrieron de nuevo numerosas autoridades, esta vez encabezadas por el presidente del Consejo de Ministros, José Canalejas Méndez.

sábado, 5 de julio de 2025

La historia del "Chupinazo" de San Fermín

Tal día como hoy, 6 de julio de 1941, se formalizó el "chupinazo" como acto inaugural de las fiestas de San Fermín en Pamplona, lanzándose desde el balcón de la Casa Consistorial.

Este lanzamiento, que se realiza a las 12 del mediodía del 6 de julio, marca el inicio oficial de las celebraciones. Previamente, el lanzamiento del cohete se hacía en la Plaza del Castillo, pero a partir de 1941 se trasladó al balcón del Ayuntamiento.

Tradicionalmente, el honor de lanzar el chupinazo recaía en alcaldes, concejales o personalidades designadas por la alcaldía.Hoy en día, son los ciudadanos de Pamplona los que eligen, a la persona encargada de encender la mecha.

El Chupinazo, es el acto del lanzamiento del cohete, que anuncia los Sanfermines. La señal que todo el mundo espera impaciente, para anudarse el pañuelo al cuello y que da inicio a nueve intensos días, de fiesta ininterrumpida.

Es un acto multitudinario y la plaza del Ayuntamiento, no es tan grande como parece. Por ese motivo y para ofrecer una alternativa, a quien quiera seguir el Chupinazo sin aglomeraciones, el Ayuntamiento instala pantallas gigantes, en el paseo de Sarasate, plaza de los Fueros y parque de Antoniutti.

Cada 6 de julio la plaza Consistorial, se abarrota de gente que, conforme las agujas del reloj se acercan a las 12:00, se va animando más y más, hasta que unos minutos antes de la hora señalada, en la plaza ya no cabe nadie y los 2.502 metros cuadrados de la plaza se convierten en una marea blanca y roja, de gente que al grito de ¡San Fermín, San Fermín! espera impaciente con el pañuelo en alto, el momento de anudarlo al cuello.

Pocos minutos antes de las doce, ya está todo preparado y solo queda que los clarineros den el aviso,para que la persona que lanzará el Chupinazo se dirija al público, con el saludo habitual en euskera y en castellano "Viva San Fermín, gora San Fermín", justo antes de prender la mecha,que da paso a la explosión de fiesta y alegría, que alcanza todos los rincones de la ciudad, durante los nueve días siguientes.
 
El lanzamiento del Chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento, es una costumbre relativamente moderna, que data de 1941. Anteriormente, el anuncio del inicio los Sanfermines se efectuaba desde la plaza del Castillo. 

Las noticias más antiguas sobre este evento, son de 1931 y hablan de Juan Etxepare, estanquero de la calle Mayor, como la primera persona que pidió permiso al Ayuntamiento, para tirar cohetes a pie de calle el 6 de julio, a las 12:00 del mediodía.

Tradicionalmente, el honor de lanzar el Chupinazo, ha recaído en alcaldes y concejales, o en alguna persona relevante designada por la alcaldía. Sin embargo, desde 2016 esta fórmula de designación ha cambiado, siendo la ciudadanía de Pamplona la que elige quién lanzará el Chupinazo, mediante un proceso participativo y votación popular, entre las candidaturas propuestas, por asociaciones ciudadanas.

"El pobre de mí" :Se trata del último acto oficial de las fiestas, con el que se pone punto final a los Sanfermines cantando la célebre "Pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín".

Con el pañuelo todavía anudado al cuello, y portando una vela encendida en la mano, las miles de personas que se congregan frente al Ayuntamiento, aguardan el momento en el que el alcalde o alcaldesa, sale al balcón para dirigirse al público dando por finalizadas oficialmente, las fiestas y convocando a los pamploneses y las pamplonesas, a una nueva cita con el Chupinazo, dentro de un año.