jueves, 23 de abril de 2026

Cuando el imperio español controlaba el estrecho de Ormuz

Tal día como hoy, 24 de abril de 1622, se perdió la isla  de Ormuz cuando los españoles fueron derrotados,  por las fuerzas del Sah persa Abás "el Grande", con apoyo de la Compañía Británica de las Indias Orientales, y tomó la fortaleza.

El Imperio español controló el estrecho de Ormuz de facto, entre 1580 y 1622, durante la Unión Ibérica, cuando la Corona española, asumió la gestión de los territorios portugueses. 

Situada estratégicamente en el Golfo Pérsico, la fortaleza de Ormuz, fue el punto clave para controlar el comercio marítimo de especias y seda, perdiéndose en 1622, ante una alianza anglo-persa. 

La isla y fortaleza de Ormuz, enclave estratégico que controla el estrecho homónimo, estuvo bajo control de la Corona española, entre 1580 y 1622. Durante la Unión Ibérica, 

Felipe II y sus sucesores, gestionaron este punto clave, que Portugal había conquistado anteriormente, consolidando el dominio comercial en el Golfo Pérsico, antes de su caída ante los persas e ingleses.  

Tras la unión de las coronas de España y Portugal en 1580, el Imperio español asumió la defensa de las posesiones portuguesas, incluyendo Ormuz.  El estrecho de Ormuz era el centro del comercio de especias y seda, permitiendo a la Corona española, controlar el flujo comercial, entre Oriente y Occidente.

Aunque fueron los portugueses los que se hicieron con el control de Ormuz en 1515, la posterior Unión Ibérica entre la corona de España y Portugal hizo que allá que terminase bajo el control de los Austrias españoles. En 1622, mientras Felipe IV reinaba a medio camino entre el Real Alcázar de Madrid y el Palacio Real de Aranjuez, la joya de Ormuz, se sumió en una profunda crisis.

La fortaleza fue perdida tras un asedio conjunto de las fuerzas persas safávidas y la Compañía Británica de las Indias Orientales. España intentó sin éxito recuperar el enclave en años posteriores, (1623-1627), marcando el declive de la influencia ibérica, en la zona. 

La pérdida de Ormuz, supuso un duro golpe al prestigio y la economía de la Monarquía Hispánica en Asia, siendo uno de los factores que provocaron descontento en Portugal, contra la administración española. 

El control sobre esta zona, permitió a la corona española, supervisar el tráfico comercial marítimo en esta región, durante el apogeo de la unión de las coronas ibéricas. 

Aunque fue un dominio del imperio portugués, gestionado por España, históricamente se considera parte del periodo, de dominio español en la región. 

Con todo, la caída de Ormuz, fue una mezcla de factores que iba más allá de la potencia militar. Los factores culturales y políticos, se sumaron a una época en la que elegir qué batallas librar, resultaba imprescindible incluso para los mayores imperios. 

Que el Estrecho de Ormuz sea hoy, sinónimo de petróleo es relativamente reciente; en la Edad Moderna, lo que movía a las potencias eran las especias, la seda, las perlas, piedras preciosas y, sobre todo, el control de los flujos comerciales, entre la India, China, Persia, el mundo árabe y Europa. 

Ormuz era la aduana del tráfico global, la parada obligatoria de mercaderes chinos, venecianos, levantinos y egipcios, que querían hacer fortuna en el Viejo Continente. Nos podemos imaginar el volumen de riqueza y de mercancías, que cruzaban sus aguas.  

Tal y como ocurre a día de hoy, el estrecho de Ormuz sigue siendo una joya estratégica crucial, pues lo que implica su control, es el tesoro que todos quieren poseer.


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