martes, 13 de enero de 2026

El Tratado de Madrid de 1526: la rivalidad entre los reyes de España y Francia

Tal día como hoy, 14 de enero de 1526, se firma el Tratado de Madrid entre España y Francia.

Un acontecimiento, poco conocido de nuestra historia, es el duelo personal que enfrentó a Carlos I de España y a Francisco I de Francia, a lo largo del año 1528.

Tras haber capturado al rey galo, en la batalla de Pavía de 1525, el emperador accedió a su liberación, concertando previamente unas capitulaciones de paz, que se celebraron en Madrid en 1526. Mediante este tratado, Francisco I se comprometía, a entregar el ducado de Borgoña al emperador, renunciando además a sus derechos en Italia. 

La paz habría de sellarse, con el matrimonio del monarca galo y doña Leonor, hermana de Carlos. A fin de asegurar lo capitulado, los hijos del rey de Francia -los delfines- quedarían, como rehenes, del rey Carlos I .

Sin embargo, una vez hubo pasado a Francia, Francisco I trabó pactos con nuevos aliados, que conformarían la liga de Cognac: el rey de Inglaterra, Florencia, Venecia y el papa Clemente VII, (no debe olvidarse que hacía tan solo un año las tropas imperiales habían perpetrado el llamado "Saco de Roma"). Con el apoyo de estos aliados, Francisco I pudo desdecirse de todo lo pactado en Madrid, aduciendo que el tratado carecía de valor, al haber sido firmado bajo coacción.

En los términos del tratado, Francia renunciaba a sus derechos sobre el Milanesado, Génova, Borgoña, Nápoles, Artois, Tournai y Flandes en favor del emperador Carlos. Además, Francisco I se comprometía a casarse con la hermana de Carlos, Leonor, y a enviar a dos de sus hijos a España, como garantía del cumplimiento del tratado.

Nada más cruzar la frontera, el parlamento francés obligó a Francisco I , a derogar el tratado, apoyándose en el deber real de proteger el territorio francés, por lo que este negó el tratado alegando que había sido aceptado bajo coacción. Francisco I se verá obligado, a ratificar el tratado de Madrid, en la futura Paz de Cambrai de 1529 .

Toda esta situación, dio lugar a un enfrentamiento dialéctico, en el que ambos monarcas se acusaron de mentir y de faltar a su honor, en un intercambio de “puntos de vista” y provocaciones, que se llevó a cabo mediante el envío de heraldos, (o reyes de armas) y embajadores, que públicamente leían los “carteles”, donde se anunciaba el reto.

En un primer momento, (entre enero y febrero, durante el llamado primer desafío de 1528) los reyes de Francia e Inglaterra, declararon la guerra a la Monarquía Hispánica, pero progresivamente, el desencuentro se encauzó hacia un enfrentamiento personal, una cuestión de honor, que habría de dirimirse, según los códigos caballerescos. El duelo pronto se haría público y se convertiría, en un instrumento de propaganda, del que ambos monarcas quisieron sacar rédito político.

Esto sucedió en el segundo desafío, cuando uno de los heraldos del rey de Francia, se dirigió en junio a Monzón, donde Carlos I había convocado Cortes, allí leyó el públicamente el “cartel”, por el cual Francisco I retaba al César Carlos  a un duelo singular. Aquel se reservaba el derecho a elegir las armas, ofreciendo a este la elección del lugar. 

El emperador aceptó “creyendo que por esta vía […] se acabarían nuestras diferencias y se excusaría la guerra y efusión de sangre” y propuso a través del heraldo Borgoña el lugar del encuentro: “el río que pasa entre Fuenterrabía y Hendaya”.

Lo cierto es que el combate, nunca se llegó a producir. Ambos monarcas habían estipulado unos plazos, para la realización del desafío, y arrojado la responsabilidad de la dilación al otro. Al parecer, el rey de armas de Carlos I, fue retenido durante 50 días en Fuenterrabía, al no concedérsele visado para pasar a Francia, con el cartel del emperador. En cualquier caso Francisco I, se negó a escucharle aduciendo, que no admitiría más escritos de parte de Carlos.

Lo magnífico de este hecho histórico, es que en el Archivo Histórico de la Nobleza, se conserva un buen número de documentos, que lo acreditan y arrojan luz sobre los detalles del mismo. 

Entre las provocaciones que ambos se dedicaron, destacan algunas expresiones como la de “mentir por la gorja” (hablar sin fundamento) acusación que Francisco I dirigió al emperador, o la de actuar “ruin y bellacamente”, grave acusación con la que Carlos V,  respondía a aquel.


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