Tal día como hoy, 30 de abril de 1502, el inquisidor Lucero "El Tenebroso" celebró un auto de fe en Córdoba, en el que se quemaron vivas a 27 personas, acusadas de practicar el judaísmo en secreto.
Diego Rodríguez Lucero, conocido como "El tenebroso" o "El inspirado por Lucifer", ya que se llegó a decir que estaba “inspirado por Satanás”, llegó al cargo en 1499, unos días después de la elección del arzobispo de Sevilla Diego de Deza, como inquisidor general (tristemente famoso por haber procesado al mismísimo Antonio de Nebrija, bajo la absurda excusa de que el gramático, había puesto de manifiesto los errores de traducción, que tenía la Biblia),
Lucero fue elegido como encargado, del Tribunal de la Inquisición en Córdoba. Los ciudadanos cordobeses llegaron a tener verdadero pánico, debido a su gran represión. Llegó a acusar como herejes, judíos a un elevado número de personas, algunas de cierto nivel social y protagonizó en Córdoba, el mayor auto de fe jamás celebrado, en 1504, con el resultado de 107 personas, quemadas vivas en la hoguera.
En 1505 su intransigencia religiosa, le llevó a procesar a fray Hernando de Talavera, antiguo confesor de la reina Isabel la Católica, como judaizante, ya que fray Hernando no aceptaba la distinción, entre cristianos nuevos y viejos. En 1506, con la llegada a Castilla de la reina Juana I y su marido Felipe "el Hermoso", la nobleza ganó fuerza y algunas familias, como el conde de Cabra y el marqués de Priego, que no apoyaban al inquisidor, instigaron al pueblo a rebelarse.
En noviembre de ese año, el pueblo cordobés, cansado de su política represiva, asaltó el Alcázar de los Reyes Cristianos, para liberar a más de 400 presos, que esperaban juicio y linchar a Lucero. El inquisidor, temeroso de la respuesta social, tuvo que huir por la puerta de atrás del Alcázar para salvar su vida.
Tanto Lucero como Diego de Deza, fueron destituidos y el cargo de inquisidor general pasó a manos del cardenal Cisneros. El malestar social generado, originó un escándalo social y político, que dio lugar a la Congregación General de 1508 en Burgos, una magna asamblea del Reino, en la que exigieron responsabilidades a Lucero y a otros inquisidores, por sus irregularidades.
Esta congregación, celebrada a principios de julio, catalogó de falsos a los testigos, restituyó honores a vivos y muertos, liberó a presos, ordenó reconstruir las casas que habían sido destruidas, tras haber sido consideradas sinagogas encubiertas y eliminó las sentencias, de los registros.
Curiosamente, quien salió mal parado por culpa de esta Congregación de Burgos, no fue Lucero, sino que fue el marqués de Priego. Pedro Fernández de Córdoba, sobrino del Gran Capitán, que fue desterrado, por haber sido el cabecilla, de la incursión y la rebelión eclesiástica.
El inquisidor Lucero, falleció en Sevilla el 28 de diciembre de 1534.


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