Tal día como hoy, 30 de septiembre de 1846: Por primera vez en el mundo, se aplica la anestesia, en este caso para la extracción, de una muela.
Antes de la invención de la anestesia, la medicina y la odontología, eran un auténtico suplicio. Acudir para sacar una muela, era una de las peores cosas que te podía ocurrir. Ademas de que ya habías pasado, por un dolor de muelas, tenías que sufrir otro para quitártelo de encima.
Aparte de que había mucho charlatán, (no existían muchos títulos oficiales )que hacían auténticas barrabasadas, lo más que se podía hacer, era tomar vino o algún licor fuerte, para atontarte.
Corría el año 1844, cuando el Dr. Horace Wells acudió con su esposa Lizza, a un espectáculo en la localidad de Hartford (Conneticut), donde el doctor Wells, ejercía como dentista. En dicho espectáculo usaban óxido nitroso.
El óxido nitroso, era conocido como "el gas de la risa", y se utilizaba en esos "shows", humorísticos para que la gente, se riese más y tener mayor éxito, podían contarte el chiste más aburrido, que aún así, te ibas a partir de risa. Lo que no se sabía en esa época, era de sus propiedades anestésicas, hasta que el buen Dr. Wells acudió, a dicho espectáculo.
La función transcurría normalmente. El "show" entusiamaba a la audiencia, que inhalaba el óxido nitroso. Todo el público se desternillaba, con los chistes y las muecas de los actores. Llegado un momento, uno de los espectadores, Sam Coolley, se dio un trompazo impresionante, contra un banco. Oyendo el buen doctor, el crujido de su tibia, se estremeció igual, que si lo hubiese sufrido el mismo.
Ante su sorpresa, vio que Sam no se quejaba en absoluto. Fue corriendo a preguntarle cómo estaba. Sam no se había dado cuanta del golpe y tampoco se había dado cuenta de la herida, que tenía en su pierna. La mente del doctor Wells, ya pensaba en las enormes posibilidades del "gas de la risa" y fue a hablar con el Señor Colton, que era quién dirigía el espectáculo.
Wells estaba ansioso, por probar el gas en la realización, de algún tratamiento dental y como no podía espera más, decidió usarlo con él mismo, ya que llevaba día, con una muela del juicio infectada. A la mañana siguiente, quedó en su consulta con el Señor Colton, Sam Cooley y su asistente, el doctor Riggs.
Colton administró el óxido nitroso al doctor Wells. Su piel se puso pálida y quedó como en trance. El doctor Riggs extrajo la muela, esperando el grito habitual que oía en todos los pacientes, cuando les quitaba una muela. Pero ocurrió todo lo contrario. Ante el silencio tenso de los asistentes, a la intervención, sólo se oyó silencio.
El doctor Wells ni se inmutó y cuando el efecto del gas desapareció, refirió que sólo había sentido, el pinchazo de un alfiler. Ante el éxito de la intervención, lo siguió usando con sus pacientes y rápidamente, su consulta se empezó a llenar de gente, que no querían sufrir ningún dolor, para quitarse una muela.
Con lo que no tuvo tanta suerte, fue al divulgar su descubrimiento. Meses después acudió a presentar su descubrimiento al Medical School del Massachusetts. Pero cuando fue a quitar la muela al paciente, éste gritó de dolor
El bueno del doctor Wells, todavía no sabía que dosis necesitaba cada paciente, según el peso. El paciente era corpulento y obeso y necesitaba, una dosis mayor. Su fracaso le hizo caer en el olvido.
Dos años más tarde, en 1846, un discípulo suyo, el doctor William Thomas Green Morton acudió al mismo Hospital a presentar su anestésico, el éter. Tras el fracaso del doctor Wells, Morton, que era muy listo y ambicioso, no dejó nada al azar y lo preparó todo, para que todo fuese un éxito. Y así fue, y desde entonces hasta el día de hoy.


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