sábado, 24 de julio de 2021

Ted Bundy, un seductor asesino en serie

Tal día como hoy 24 de julio de 1979, Ted Bundy fue declarado culpable de asesinar a dos hermanas de una hermandad. Aunque se desconoce su número exacto de víctimas, Bundy confesó haber cometido más de 30 asesinatos. Fue ejecutado en la silla eléctrica el 24 de enero de 1989.

El hogar familiar ya predispuso a Bundy a tomar unos derroteros criminales, rasgo crucial para desatar el asesino en serie que llevaba dentro. El especial odio que profesaba hacia su supuesta madre -su infancia fue un cúmulo de mentiras- llevó a un jovencito Ted a reprimir su personalidad y a ir forjando un fuerte poder de seducción. Podemos decir que nos encontramos ante el “Casanova del crimen”.

Ya desde su nacimiento, Ted no fue un niño corriente. Después de que su padre, un veterano de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, los abandonara, Louise, su madre, se hizo pasar por su hermana mayor y le hizo creer que sus padres eran sus abuelos. Bundy descubrió la verdad durante la adolescencia y aquello lo traumatizó, haciendo que el germen del odio empezara a brotar.

Las secuelas de su infancia eran cada vez más patentes. Todos los traumas brotaron durante la adolescencia. Ted se mostraba reservado, extremadamente tímido e introvertido, infantil en algunos momentos, y con tendencia a estar solo. Prefería la soledad a la compañía. Por eso sus compañeros le trataban como un bicho raro. No tenía amigos ni pretendía tenerlos.

Aunque su carácter introvertido le impedía relacionarse, cuando empezó sus estudios de derecho, su actitud cambió. Su entorno estudiantil le consideraba un chico afable y con buenos modales. Era muy buen estudiante, activo y seductor con las chicas -aunque no mantenía ningún tipo de relación íntima con ellas-.

En la primavera de 1967 se enamoró de Stephanie Brooks, una joven estudiante de psicología, muy guapa, inteligente y de buena familia de San Francisco. Aquel romance cambió para siempre a este criminal, ya que encontró en Stephanie lo que tanto ansiaba en una mujer. Su utopía se había hecho carne.

Tras dos años de relación, ella decidió ponerle fin. No le convencía la sombría personalidad de Ted ni su extraño comportamiento. Mientras que Stephanie tenía muy claro cuál era su camino, su novio andaba perdido y sin rumbo. Eso hizo que se desencantara del apuesto Bundy, que no superó la ruptura y se obsesionó con ella.

Regresó a los estudios de derecho haciendo méritos ante los profesores. Parecía un hombre brillante. Se echó incluso una nueva novia, Meg Anders, mujer recién divorciada y con un niño pequeño con la que estuvo varios años.

Sin embargo, fue una casualidad lo que despertó el instinto asesino de Ted. Durante un viaje a California en 1973 se reencontró con su antigua novia Stephanie. Ella volvió a caer enamorada, pero cuando parecía que todo volvía a la normalidad, Ted decidió poner punto y final a la historia. Acababa de consumar la venganza que tanto tiempo había planificado. Aquel suceso despertó al “asesino de estudiantes” que inicia su delictivo periplo en enero de 1974.

Su primera víctima fue la joven Joni Lenz, de dieciocho años, a quien asaltó en la habitación de su residencia. La golpeó brutalmente con un objeto metálico y la penetró con un trozo de madera que había arrancado de la cama. Logró sobrevivir pero con daños cerebrales irreversibles. No transcurrió un mes del primer crimen cuando en el mismo campus secuestraron a otra joven.

Aunque en la habitación había restos de sangre, su cadáver apareció descuartizado un año después en un bosque cercano. En su declaración Bundy describe en tercera persona -como si el asunto no fuera con él- lo qué le habría sucedido presumiblemente a Lynda Ann Healy, de veintiún años, aquella noche.

Durante los meses siguientes, multitud de chicas continuaron desapareciendo sin dejar rastro. Siempre jóvenes universitarias, de piel blanca, atractivas, de cabello negro y peinadas con raya en medio. Eran un calco de su exnovia.

La técnica que empleaba era simple: valiéndose de su atractivo físico, se colocaba el brazo en cabestrillo y se paseaba alrededor de sus víctimas, sujetando con el otro brazo una pila de libros que intencionadamente dejaba caer. Entonces, las chicas no dudaban en ayudarle a recogerlos e introducirlos en su vehículo. La mayoría cayó en su trampa, incluso hubo alguna que condujo su coche; pocas salieron corriendo.

El modus operandi empleado por el asesino siempre era el mismo: secuestraba a sus víctimas, las llevaba a un lugar seguro para no correr riesgos, las estrangulaba y, una vez muertas, las sodomizaba con algún objeto o incluso con su propio pene mientras mordisqueaba sus cuerpos.

Algunos testigos describieron el físico de Ted, pero se hacía imposible encontrarle, ya que cambiaba de aspecto continuamente. Modificaba su peinado, se dejaba barba o se afeitaba; además, sus rasgos físicos no llamaban demasiado la atención por lo que no levantaba sospecha alguna.

Curiosamente, su primer arresto ocurre el 16 de agosto de 1974 en Utah, después de que una mujer lo identifique como su posible secuestrador. Le condenan a un año de cárcel, pero consigue fugarse y desaparece durante varios meses. En este tiempo siguió consumando más crímenes y empezó a cometer errores. Se volvió descuidado porque ya no asaltaba a sus víctimas al caer el sol, sino también durante el día.

El 8 de noviembre de 1974 todo cambió para Ted Bundy cuando tras elegir en una tienda de libros a su próxima víctima, Carol DaRonch, se hizo pasar por un oficial de policía. La persuadió para que se subiera al coche y durante el trayecto inició un forcejeo con ella. El asesino intentó esposarla, pero la muchacha saltó del coche. Bundy bajó del automóvil, pero la joven le propinó una fuerte patada en los genitales y salió corriendo salvando su vida.

Tuvieron que pasar nueve meses hasta que el 16 de agosto de 1975 un guarda de seguridad parase a Bundy mientras merodeaba por una zona residencial. Durante el registro del coche encontró unas esposas, una media, un pasamontañas, varios metros de cuerda y trozos de una sábana. La policía acababa de dar con el agresor de Carol. Pero cuando Carol DaRonch explicó lo acaecido aquella tarde mientras lo señalaba como el único culpable, Bundy rompió a llorar negando todos los cargos.

El juez lo sentenció a quince años de cárcel y una vez en prisión, pasó una serie de pruebas psicológicas. El resultado de los informes fue que no estaba loco, ni era psicótico, ni un desviado sexual. Su único problema era la fuerte dependencia que tenía de las mujeres y su temor a ser humillado por ellas, así como su adicción a la pornografía que confesó en una de sus últimas entrevistas en televisión.

En abril de 1977 Bundy se prepara para un nuevo proceso y lo trasladan al condado de Garfield, donde decide defenderse a sí mismo. Su verdadera estrategia era escapar. Y así lo hizo. Durante varios días estuvo desaparecido, pero lograron capturarlo. Sin embargo, volvió a fugarse, esta vez a Florida. Podía haber pasado desapercibido, pero su impulso asesino hizo que volviese a las andadas en otro colegio mayor femenino, Chi Omega.

Siete mujeres fueron asesinadas en los seis meses que Bundy estuvo desaparecido. Entre ellas una niña de tan sólo doce años, a la que violó vaginal y analmente, estranguló y degolló. Todo el condado de Florida estaba aterrado por los crímenes. La pesadilla acabó la noche del 14 al 15 de febrero de 1978 cuando un policía mandó parar su coche al percatarse de que conducía de forma extraña. Le identificó y fue detenido ipso facto .

Las pruebas que se aportaron durante el primer juicio fueron determinantes. En especial una, el molde que un odontólogo hizo de los mordiscos de las víctimas y que coincidía con la dentadura del presunto criminal. A pesar de que Bundy se defendía a sí mismo, los moldes, las fotografías, los indicios y los testimonios le relacionaban con los casos de asesinatos ocurridos en varios condados.

Tras varias horas de deliberación, el jurado lo encontró culpable de los asesinatos de Lisa Levy y Margaret Bowman el 23 de julio de 1978. El juez sugirió que lo condenaran a la silla eléctrica. El segundo juicio, esta vez por el asesinato de Kimberly Leach, se celebró el 7 de enero de 1980 en Orlando (Florida). Esta vez Bundy prefirió no autodefenderse y sus abogados intentaron apelar a la incapacidad mental. Sin embargo, nadie les creyó.

El 24 de enero de 1989 fue la fecha elegida para su ejecución. Hasta entonces, Ted lo había intentado todo para salvarse y, tras fracasar, decidió confesar todos sus crímenes. Su última voluntad fue ir al baño para evitar hacerse sus necesidades encima y ver a un sacerdote. Tras su muerte, los medios de comunicación titularon la noticia: “Murió el Animal”.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario