Tal día como hoy, 16 de enero de 1861, entraba en funcionamiento un cable telegráfico submarino, que comunicaba la isla de Ibiza y la región Valenciana y que sería, el primero de esta naturaleza en la historia peninsular.
En 1861, se inauguró la primera conexión telegráfica submarina, que unió la Península Ibérica con las Islas Baleares, un proyecto impulsado por el gobierno de O'Donnell, que conectó puntos como Jávea y Barcelona, con Menorca, Mallorca e Ibiza, sacando a las islas del aislamiento y mejorando, drásticamente sus comunicaciones.
Unos meses antes (septiembre, 1860), el barco Stela, con la ayuda de la goleta Bonavetura, habían tirado el cable desde la playa de Porroig, en el término municipal de Sant Josep de Sa Talaia (Eivissa), hasta la playa de la Grava, en el término municipal de Xàbia ( Valencia).
Estos dos puntos, son los más próximos entre las islas Baleares y la península Ibérica. Acto seguido, en Xàbia se construyó una estación telegráfica, que sería popularmente conocida, como "la Casa del Cable".
Aquel primer cable, había sido fabricado en Liverpool (Inglaterra) por la casa Henley. Sin embargo, un tiempo más tarde en 1878, el cable se rompió y las comunicaciones telegráficas, quedaron interrumpidas.
Pasados cuatro años, el barco italiano Città di Milano, instalaba un nuevo cable, más moderno y más consistente, que seguiría el mismo trayecto que el anterior, pero que a diferencia del primero, había sido fabricado en Milán (Italia) por la casa Pirelli.
Los trabajos de restitución de la comunicación, duraron mucho más que los del primer cableado, y se alargaron hasta el año 1886. La casa Pirelli fabricó una caja conmemorativa, con una placa que reza "Pirelli C Milano speziz Jávea-Iviza 1888".
Se tendieron cables, que sumaron más de mil kilómetros y se construyeron, estaciones telegráficas, como la famosa "Casa del Cable" en Jávea.
Fue un "proyecto casi faraónico" que transformó la comunicación y la vida, en las islas a mediados, del siglo XIX.
Los enlaces entre la Península y Baleares, se mantuvieron activos, con reposiciones periódicas, hasta la década de 1950. El avance en las comunicaciones y la aparición del fax y el telégrafo, dejaron al sistema obsoleto. El cableado quedó relegado al olvido, pero no fue retirado.
Más de mil kilómetros de cable telegráfico, serpentean Baleares por tierra y mar. Son los restos de un proyecto casi faraónico, que permitió a las Islas salir de su aislamiento a mitad del siglo XIX. Fue el gobierno del general Leopoldo O’Donnel, el que decidió conectarlas con la Península, gracias al telégrafo.
Hoy, los restos de aquel tendido, se convierten en piezas de coleccionista y carne de subasta en internet. El resto, más de 1.000 kilómetros de cable, sigue yaciendo, entre mar y tierra como recuerdo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario