Tal día como hoy, 12 de febrero de 1888: Nace la política republicana Clara Campoamor, la gran defensora del voto femenino.
Clara Campoamor, fue una figura fundamental en la historia española, destacando como abogada, política y principal impulsora, del voto femenino durante la Segunda República. Como diputada en 1931, defendió con éxito el sufragio universal y la igualdad de derechos, argumentando que "la libertad se aprende ejerciéndola"
Fue una mujer pionera y adelantada a su tiempo. Hija de una costurera y de un contable, nació en Madrid en 1888. Su niñez se vio truncada, por la muerte prematura de su padre, lo que la obligó a abandonar sus estudios y a comenzar, a trabajar para ayudar en el sustento, de su familia.
Sin embargo, Campoamor no cejó en la búsqueda, de una carrera profesional independiente. No superó las oposiciones a taquígrafos del Congreso, pero sí obtuvo una plaza, en el cuerpo de auxiliares de telégrafos en 1909, lo que la llevó a vivir en Zaragoza y San Sebastián, desde donde regresó a Madrid en 1914, para enseñar taquigrafía y mecanografía, en la Escuela de Adultas.
Durante este tiempo, desarrolló un especial interés por la situación de inferioridad jurídica de la mujer, en un contexto social y político dominado por los hombres. Para luchar contra estas injusticias, decidió dar un paso más y retomar los estudios. A la edad de 32 años y en solo cuatro años, entre 1920 y 1924 aprobó el bachiller y se licenció en Derecho, convirtiéndose en la segunda mujer, en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, tras Victoria Kent.
Paralelamente, fue desarrollando una conciencia política, sustentada en un republicanismo liberal, laico y democrático. Y con el advenimiento de la II República, en abril de 1931 vio la oportunidad de participar en primera persona, en la construcción del nuevo régimen.
Fue el líder del Partido Radical, Alejandro Lerroux, quien le ofreció un puesto en la candidatura, para las elecciones del 28 de junio de 1931, a Cortes Constituyentes. Unos comicios en los que las mujeres, mujeres pudieron optar al escaño, pero no votar. Dos mujeres, Clara Campoamor, por el Partido Radical, y Victoria Kent, por el Partido Radical Socialista, obtuvieron representación, en aquella Cámara a la que se le había encomendado diseñar, el nuevo marco jurídico-político para España.
Campoamor, fue también una mujer pionera, en sus trabajos parlamentarios: Fue designada como una de los 21 diputados, que formaron parte de la Comisión redactora de la Constitución, donde defendió con tesón, no solo el sufragio activo y pasivo, de las mujeres, sino la plena igualdad jurídica, entre ambos sexos y la regulación del divorcio o de la situación jurídica, de los hijos ilegítimos… Y fue pionera también, porque fue la primera mujer sufragista, en todo el mundo que defendió, desde la tribuna de un parlamento, el derecho al voto de las mujeres.
Aunque el proyecto de Constitución, incluía el derecho al voto de todas las mujeres, mayores de 23 años, la tramitación parlamentaria no fue fácil. El momento crucial se produjo, en el debate parlamentario del 1 de octubre de 1931, donde tuvo un enfrentamiento dialéctico, con Victoria Kent la otra mujer presente en el parlamento.
Victoria Kent era defensora del derecho al voto, pero como otros diputados, veía la necesidad de postergarlo. Frente a ella, Campoamor, mantuvo la necesidad de reconocer el derecho al voto sin restricciones y rebatió, los argumentos que desde izquierda y derecha se oponían.
Finalmente, la Constitución de 1931, reconoció el derecho al voto de las mujeres. Pero la defensa del voto femenino, tuvo para Campoamor un coste, personal y político.
En las elecciones de 1933, las elecciones en las que las mujeres estrenaron su derecho al voto, la candidatura de Campoamor no obtuvo, el respaldo suficiente y no consiguió escaño. Pero no abandonó la política, el Gobierno de Lerroux la nombró directora general de Beneficencia, cargó que abandonó al poco tiempo.
En 1936, intentó de nuevo regresar a la política de la mano de Izquierda Republicana, partido promovido por Azaña, pero su admisión fue denegada. Ese mismo año, Campoamor publicó "Mi pecado mortal. El voto femenino y yo", obra en la que defendió su lucha en favor de los derechos de la mujer, y también explicó su aislamiento político posterior.
Con el estallido de la Guerra Civil, se exilió en Ginebra, donde escribió "La revolución española vista por una republicana". Su exilio se prolongó en Buenos Aires y en Lausana, donde falleció en 1972, sin haber podido regresar a España. Sus restos descansan en San Sebastián.
Noventa años después, de la aprobación del voto femenino, el espíritu de la obra de Campoamor, impregna nuestra democracia: La Constitución de 1978 recoge sin ambages, la plena igualdad, en la participación política, de hombres y mujeres.
El número de diputadas en el Congreso, ha ido creciendo en estas cuatro décadas y las mujeres, están cada vez más presentes, en todos los ámbitos de la sociedad. Y si bien durante años, Campoamor fue una “mujer olvidada”, su obra y su figura han adquirido hoy, el reconocimiento merecido.


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