Tal día como hoy, 26 de febrero de 1901, dimitía el Gobierno de Marcelo Azcárraga. Lo hacía tras los sangrientos choques, entre las fuerzas armadas y el pueblo madrileño, durante el entierro del poeta, Ramón de Campoamor.
Los sangrientos enfrentamientos, ocurridos durante el entierro del poeta Ramón de Campoamor en febrero de 1901, provocados por la represión de las fuerzas armadas, contra el pueblo madrileño, generaron una grave crisis política. Estos disturbios, derivados de la tensión social, forzaron la dimisión del gobierno de Marcelo Azcárraga el 26 de febrero de 1901,
Los choques sangrientos y desórdenes ocurridos, durante el entierro del poeta y político Ramón de Campoamor, en Madrid, se debieron, a la intensa polarización política y religiosa de la época, exacerbada por la agitación, republicana y anticlerical.
Campoamor era visto, como un símbolo del tradicionalismo, el monarquismo y la política moderada, de la Restauración. y durante el cortejo fúnebre, grupos de ideologías contrapuestas, (republicanos/anticlericales contra conservadores/partidarios de la tradición) se enfrentaron violentamente, en las calles de Madrid.
La situación fue tan grave que, debido a la inestabilidad social y la violencia en las calles, durante estos días, el gobierno presidido por Marcelo Azcárraga, presentó su dimisión.
El poeta Ramon de Campoamor fue enterrado, en la Sacramental de San Justo en Madrid
La poesía de Ramón de Campoamor, es la propia del realismo literario español. Está caracterizada por su prosaísmo, que rehúye conscientemente la belleza, de toda idealización.
Campoamor era consciente, del carácter innovador de su poesía, ya que había proyectado un lenguaje poético, que se enfrentase al de los herederos de Manuel José Quintana, (heredero a su vez del dialecto poético clásico y al epíteto constante y platonizante de Fernando de Herrera) y al dialecto no menos artificial, de los románticos.
Anuncia un retorno al lenguaje llano y castizo, que disipe la peste del epíteto y sirva de modelo, a la prosa vivaz y natural de Juan de Mairena y el verso filosófico, de su antónimo, Antonio Machado.
Sin embargo, su falta de cuidado formal, no ha resistido la prueba del tiempo, por lo que fue detestado por el Modernismo posterior a causa de su nulo esteticismo, y por la Generación del 98, por su carácter burgués y vulgar y su impronta, decimonónica.


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