
Hace ya algún tiempo,
una persona a quien yo tengo por ponderada, mesurada e inteligente,
me confesó - sin sonrojo- que pocos días antes, al salir de casa
por la mañana, encontró la acera de su calle flanqueada por dos
escaleras, al estar adecentando la fachada.
-Con
harta prevención- me dijo - acabé por pasar bajo uno
de tales artilugios, que no sabes la mala suerte que
eso da... pero lo que me turbó – continuó
diciendo - fue que, al llegar a la esquina, salió
de un portal un gato negro que atravesó ante mí, y además, me miró
a la cara...
-Entonces
– argumentó como la cosa más normal del mundo – como
es natural, volví a casa, llamé a la oficina para
decir que no me encontraba bien - cosa que era cierta – y me volví
a meter en la cama de la que no salí, hasta el día siguiente...
Mientras
me relataba la “terrorífica” historia de la escalera y el gato,
debió advertir en mi cara algún gesto de chanza, lo que ofendió a
tal extremo, que se negó a seguir hablando de “una cosa tan
seria, con alguien que se lo tomaba a broma”.
Lo cierto
– amigo lector – es que hay mucha gente que, sin llegar a los
extremos dichos, actúan cada día en el mundo conforme a la
superstición, y algunos, que no creemos en esas cosas, acabamos por
vernos arrastrados consciente u inconscientemente a ello.
Recuerdo
que hace ya algún tiempo, habíamos quedado en reunirnos un grupo de
amigos. Estábamos concertando la cita, cuando uno de ellos comentó
al saber el lugar – Pero... ¿como vamos a hacer la reunión
en casa de Paco...? ¡Ni pensarlo!, ¿Pero
tú has visto la pecera que tiene en el salón...? con la mala suerte
que da eso... y ante la imposibilidad de convencerlo de lo
contrario, hubimos de cambiar el lugar del encuentro.
No
obstante, los supersticiosos no lo ven todo siempre con “mal
fario”, sino que el augurio, puede también ser positivo, por eso,
tengo catalogado, tanto lo temido como lo deseado, llegando a
establecer una “lista” de infortunios y otra de bienaventuranzas,
que afectan de modo absoluto a los que en esto creen y que,
seguidamente comento:
Entre las
cosas malas, es de muy, pero que muy malísimo augurio, el tener un
bolsillo agujereado, porque – de seguro - algo malo va a sucederte.
Yo pienso que si en él llevas el dinero, desde luego que tienen
razón.
Pero, en
esto de la mala suerte, los gatos, se llevan la palma. Así, es de
muy mala fortuna, ver un gato negro, mucho peor si este te mira a los
ojos, y de no salir a la calle, si cruza por delante saliendo de tu
izquierda...
Siempre
me llamó la atención, que si lo hace por la derecha, no cause el
mismo efecto, pero parece que no es así... También es de suicidio
para arriba, mirar el culo a una monja, ¡hay que ser retorcido
para hacer una cosa así, les está bien empleado lo que les pase!
Una
ocasión fui a visitar una bodega vinícola, y me sentí intrigado
por la primera pregunta del dueño, que fue saber si vendría conmigo
alguna mujer. Al informarle de que no respiró tranquilo, porque
según me confesó, si una mujer entraba en la bodega teniendo la
regla, se picaba todo el vino. He conocido y conozco, a muchas
mujeres que regentan bodega, no sé como no están todas en la
ruina…
Sentarse
a la mesa con trece comensales, es una desgracia segura... eso debe
ser cierto, desde luego, no hay más que pensar lo que le sucedió a
Jesucristo por hacerlo…
Por el
contrario hay otras cosas que benefician – y por eso digo que no
todas las supersticiones son negativas –al que las vive, así es de
buena suerte y debemos fomentar el que suceda:
El pisar
mierda sin verla, porque - según dicen- es signo de que una ventura
va a sucederte. Con tres perros sueltos, que tengo en el jardín,
no sé como no soy ya millonario...
También
es positivo, ponerse una prenda al revés y llevarla todo el día.
Yo no sé si eso será bueno hacerlo, lo que si me parece es
bastante ridículo...
Es
también preludio de mucha suerte, si cuando ves un camión lleno de
muebles, das un pellizco a quien tengas en ese momento a tu lado.
Para esto, es conveniente mirar primero que no se trate de un
guardia, en cuyo caso, lo que tienes seguro es ir a la Comisaría y
si es una mujer, o un niño, puede que a la cárcel…
El
remedio infalible para cuando una asignatura se atraganta, y no hay
manera de aprobarla, es poner los libros en la ventana y el aprobado
es seguro, y digo yo, ¿no sería mejor estudiarlos...?
Y acabo
con una bienaventuranza campestre, porque hay quien sostiene, que es
también buenísimo, mancharte en las eras, con boñigas de vaca...
aunque algo falla aquí, porque, en mi infancia, a mi padre le
sucedía eso con frecuencia, y los juros se oían desde kilómetros.
Yo -
querido lector - después de todo lo dicho, sostengo para mi lo que
hace años me decía un amigo, cuando se hablaba de estas cosas.
“Yo
nunca he sido supersticioso, porque creo que eso da malísima
suerte...”
Pues eso…
J. M. Hidalgo ( Historias de gente singular)