Tal día como hoy 19 de junio de 1923, Pancho Villa es asesinado en una emboscada en las inmediaciones de Parras de la Fuente, en el Estado mexicano de Coahuila.
Nació en La Coyotada, una minúscula población del municipio de San Juan del Rio – Durango - Villa se crió para ser ranchero, no aprendiendo a leer porque su familia le necesitaba para trabajar en la finca y pagar las deudas de su padre trabajando de arriero.
En 1894 disparó e hirió a un hacendado al encontrarlo ultrajando a su hermana, de 16 años, y tuvo que huir perseguido por la justicia, escondiéndose en el monte donde se unió a unos bandoleros, años en los que fue apreciado por repartir entre los pobres gran parte de lo que robaba.
Cuando estalló la Revolución Mexicana en 1910, se hizo jefe guerrillero, reclutó en sus tropas a jornaleros y pequeños colonos desposeídos de sus tierras, y participó de forma destacada en varias batallas contra el gobierno federal.
Durante la administración del presidente Madero, estuvo a las órdenes del general Victoriano Huerta, que desconfiando de él le condenó a muerte por insubordinación, escapado a Estados Unidos, de donde regresó tras el asesinato de Madero y la llegada al poder de Huerta en 1913, luchando contra este y formando la “División del Norte”, con la que ocupó varias ciudades.
Demostró gran habilidad para la administración pública como gobernador provisional de Chihuahua; restableció el orden, abarató artículos de primera necesidad, condonó contribuciones atrasadas, emitió papel moneda y creó 50 escuelas, enviando a sus hombres para ayudar en la cosecha y reparar ferrocarriles y líneas telegráficas.
Entró en la ciudad de México junto a Emiliano Zapata en noviembre de 1914, aunque sufrió una grave derrota en Celaya, por lo que se retiró al estado de Chihuahua, donde arrebató propiedades a los grandes terratenientes.
Se le invitó a deponer las armas, y tras aceptar la amnistía en 1920, recibió en propiedad el Rancho de Canutillo de 25 mil hectáreas, que explotó con sus antiguos compañeros de la División del Norte.
Tuvo innumerables amantes, con muchas de las cuales contrajo matrimonio por la Iglesia, y no faltaron mujeres para querer quedar embarazadas por este líder revolucionario, pues eso era un honor.
Se han documentado hasta 23 esposas y con casi todas sus mujeres dejó descendencia, manteniéndolas y a todos sus hijos, incluso mandó a algunos a estudiar a Estados Unidos.
El 19 de junio de 1923, Francisco Villa, cuando se dirigía a una fiesta familiar en Hidalgo del Parral -Chihuahua - murió acribillado dentro de su automóvil, víctima de una conjura política, junto con su amigo, el coronel Miguel Trujillo.
En febrero de 1926, sus restos fueron profanados, desapareciendo la cabeza del “Centauro del Norte” y por último 1976 estos restos se trasladaron al Monumento de la Revolución donde reposan.
Relación efemérides históricas; cuentos, reflexiones, poesias...
domingo, 19 de junio de 2016
La mercería
Paquito – durante toda su vida – estuvo siempre pegado a unas faldas.
Al principio a las de su madre Doña Obdulia, mujer de recio carácter y tradicionales costumbres, que ya próxima a la edad madura, y cuando había perdido toda esperanza, quedó embarazada de nuestro personaje al que crió en soledad, ya que su progenitor Don Serapio, murió antes de nacer el niño, al decir de algunos, víctima del supremo esfuerzo que su concepción le supuso, si bien esto – y como era natural – solo se comentó en los círculos de chunga, que en los pueblos se organizan, ante el más trágico de los acontecimientos.
Doña Obdulia, educó a nuestro pequeño héroe, en el más estricto temor de Dios, y siguiendo los postulados de la Santa Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, sin permitirle no solo que se saliese ni un ápice de su doctrina, sino que tampoco lo hiciera a la calle, para jugar con los niños de su edad, por lo que a los siete años recién cumplidos, Paquito no sabía ni lo que era jugar al escondite, y mucho menos a médicos, no obstante, conocía la letanía en latín de corrido, así como el ángelus, y un sin fin de oraciones y cánticos religiosos, que su madre solía enseñarle.
Con siete años, pasó a vivir bajo la tutela de otras faldas, esta vez las de los padres escolapios, en cuyo convento de la calle Trinquete, permaneció hasta cumplir los diecinueve, saliendo de él solo durante los veranos, en los que era guiado por su madre, por los más rectos caminos de la tradición y la ortodoxia.
La estancia de Paquito, y tan largo periodo de tiempo junto a los religiosos, solo logró hacerle aprobar -a trancas y barrancas - el bachillerato, y eso a base de esfuerzos y castigos, porque nuestro hombre no tenía demasiada inclinación hacia los estudios, y fueron los mismos clérigos, los que recomendaron a su señora madre, que sería mejor buscarle un trabajo, antes que perder tiempo y dinero, en intentar que cursara la carrera de medicina, sueño que de siempre tuvo su progenitora.
La cosa fue que, cuando a los diecinueve años salió del colegio, Doña Obdulia, empezó a deshojar la margarita, de cual iba a ser el futuro de su vástago, y mientras lo hacía, lo tenía con ella, en la mercería que había regentado de siempre, procurando mantenerle bien lejos de los tres males de la humanidad; el mundo, el demonio y sobre todo, la carne, y no por cierto la del puchero, sino la que andaba por las calles en forma de macizas muchachas veinteañeras, que Paquito, aunque nunca había ni soñado con catar, se imaginaba como sería el hacerlo.
Y en estos pensares se hallaban madre e hijo, mientras los años pasaban - como siempre - sin pedir permiso, cuando una tarde en que, como cada día, había acudido Doña Obdulia a la iglesia parroquial, en demanda de perdón por los pecados propios y ajenos, en uno de sus arrebatos místicos, mientras se disciplinaba con sonoros golpes de pecho, quedó reclinada sobre uno de los bancos, para ya no volver a levantarse más, siendo encontrada por el sacristán, a la hora de cerrar el templo, más tiesa que un ajo, y aún con el misal y el rosario entre sus manos.
Cuando todo esto sucedió, nuestro héroe había cumplido ya los treinta, sin tener otra hacienda, ni más oficio ni beneficio, que la casa paterna donde vivía, la mercería, y la dependiente de la misma, Rogelia, dos años más joven que su difunta madre, es decir frisando ya los ochenta.
Paquito, por aquello de que hay que comer todos los días, no tuvo más remedio de disponerse a aprender el oficio de mercero, que en aquel tiempo - por tradición - era ejercido mayoritariamente por mujeres en proporción abrumadora. Y fue en su tercer día de trabajo, cuando sucedió.
En aquella época, las compresas higiénicas para uso femenino, aún no existían en su actual formato desechable, usándose para tan desagradable menester, paños de tela, que una vez usados se lavaban y volvían a reutilizar muchas veces, expidiéndose tales útiles de higiene personal, en las mercerías y no en las farmacias, como ahora sucede.
Una tarde Rogelia, hubo de ir al médico, y la visita se prolongó más de lo previsto, dejando a Paquito solo despachando. A media tarde, entró en la tienda Guillermina, rotunda joven de unos veinticinco años, hermosa y provista - en forma generosa - de todo lo que las mujeres han de estarlo para merecer el calificativo de espléndidas.
No era la primera vez que nuestro héroe veía a la muchacha, ni tampoco la primera que había tenido- mientras la miraba - un pensamiento de esos, que su confesor y difunta madre, la habían dicho que no debía tener nunca jamás.
- Buenas tardes, ¿está Rogelia? – dijo resuelta, mientras se acodaba en el mostrador, dejando entrever por su escote, su blanca y generosa pechera.- No, contestó Paquito, intentado inútilmente retirar la vista de la prominente ubre- ha ido al médico y no tardará, ¿puedo servirte en algo...?
Guillermina dudó unos segundos, pero la cosa debía ser apremiante, porque con media voz susurró, más que hablo. - Si... quisiera unos pañitos… Paquito, que los únicos pañitos de los que había oído hablar eran los de cocina, entró en la trastienda, para salir cargado con un paquete de estos... Ella pareció dudar... No, no es eso lo que quiero… argumentó. Nuestro hombre iba, poco a poco, tomando confianza en si mismo ¡Ah…! ¿los quieres blancos? y al poco retornó con un nuevo fardo de paños de cocina de este color, que extendió sobre el mostrador.
-. No, es que no es tampoco eso lo que quiero..., yo lo que quiero son pañitos para la regla..., acabó por decir, casi a media voz
-. ¿Para la regla...?, ¿para que regla...? preguntó Paquito inquisitivo.
-.¡Para que regla va a ser..., pues la regla de las mujeres...! concluyó ella bajando aún más la voz.
Paquito la miró extrañado, porque jamás había oído semejante cosa ni en boca de su madre, ni en la de los hermanos escolapios, y acto seguido le preguntó -¿Pero las mujeres tienen una regla...?, ¿y donde la tienen...? - continuó entre curioso e inocente.
-.¡Pues donde la van a tener.... que cosas tienes Paquito...! argumentó ella, mientras se ponía roja como la grana, sin que nuestro hombre comprendiese el motivo de tal rubor.
Como a los boxeadores a punto de besar la lona, a Paquito le salvó la campana, pues en aquel preciso instante, llegó Rogelia que se hizo cargo de la situación, despejando en un instante, el campo minado en el que se iba introduciendo peligrosamente nuestro amigo.
Con el tiempo, Paquito llegó a ser un buen mercero, amable y querido por sus clientas, porque – según decían estas - había heredado lo servicial de su madre sin el carácter autoritario de aquella.
Pese a que desde ese momento y hasta su muerte, estuvo siempre rodeado de mujeres, Paquito, murió soltero y según decían los malintencionados – que siempre los hay – también virgen.
J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
sábado, 18 de junio de 2016
La hidrocefalia
Recuerdo que - en mi cada vez más lejana infancia - en Álora, mi pueblo, había un casino, al que llamaban “el círculo”. No era como los de ahora, de ruleta y bacarrá, los casinos de mi infancia eran instituciones culturales y sociales.
En ellos, se podía “degustar” una botella entera de fino, sin que te llamaran borracho, como hubiese sucedido de hacer lo mismo en la taberna de al lado, o se permitían la celebración de partidas de cartas “sociales”, en las que las fuerzas del orden no intervenían jamás, pese a que los billetes se amontonasen sobre la mesa en cada jugada. El casino era pues, una institución singular, como singulares eran - naturalmente también - muchos de sus parroquianos y clientes. Jacinto, fue uno de ellos.
Era el hijo primogénito, calavera e inútil de una familia del lugar venida a menos, que conservaba de su antigua posición dominante, únicamente la costumbre, de no hacer, ni servir para nada.
Bueno…exactamente para nada no, Jacinto era el bromista oficial del pueblo. Sus bromas pesadas y de mal gusto, eran soportadas malamente por todos, hasta que cansados y como en Fuente Ovejuna, decidieron al unísono, escarmentarle con una dosis de su propia medicina.
Aquella tarde de primeros de invierno, entró nuestro hombre como de costumbre, al casino a pasar el rato. Acababa de levantarse de una siesta de dos horas y pico, y tras dejar su sombrero en el perchero de la entrada, se dirigió - palillo entre los dientes y manos en los bolsillos - a la búsqueda de una víctima a quien hacer objeto de sus bromas.
Pero algo distinto parecía flotar en el ambiente; la gente estaba charlando en corros de algo - al parecer - muy preocupante, a juzgar por la expresión de sus caras, por lo que con ánimo de enterarse, se acercó a uno de ellos.
“-…Y lo que les digo, la piel se pone primero pálida y después se hincha la cabeza, luego la muerte acontece en uno, o como máximo dos días” - oyó decir al boticario, a quien todos escuchaban, y que parecía estar más enterado que los demás.
-¿Que pasa? - preguntó Jacinto sonriente - que se comenta hoy?
-.De la epidemia de hidrocefalia - respondió uno de los contertulios - que en solo una semana, se ha llevado por delante a más de diez personas del pueblo del Casarabonela. Según parece - continuó - se empieza por tener mal color, luego se te llena la cabeza de agua y ¡ya estás listo!. Por cierto - le dijo mientras le miraba fijamente - que tú no tienes hoy muy buena cara.
¡Tonterías!, pensó para si, y avanzó salón adelante, hasta donde se hallaba otro grupo. No más hubo llegado a su altura, dos de los reunidos dirigieron sus miradas hacia él, y luego comentaron entre si en voz baja:
-¿Te has fijado que mala cara tiene hoy Jacinto…? y…será mi vista, pero yo diría que le noto la cabeza como más gorda.
Aunque hecho en voz baja, el comentario fue oído por el recién llegado que, con disimulo, se dirigió hacia el espejo del salón para mirarse en él.
La verdad es que estaba algo pálido y - ahora que se fijaba - parecía como si tuviese la cara más ancha, aunque - pensó - eso debía ser de dormir la siesta. Instintivamente se palpó la cabeza con una mano y vio como varias miradas permanecían fijas en él. Empezó a ponerse nervioso.
Se acercó entonces a la barra del bar en donde estaba - leyendo la prensa - Don Tomás, el notario, hombre serio, recto y del que jamás se sabía hubiese gastado una broma a nadie. Al acercársele Jacinto y antes siquiera de poder hablarle, levantó la vista y con expresión preocupada le dijo:
“-Amigo mío, le encuentro esta tarde algo demacrado… no se… como si estuviese enfermo, y además tiene la cabeza algo hinchada, ¿acaso se ha dado un golpe?” - y sin hacer otro comentario ni atender respuesta, volvió a la lectura de su periódico.
Jacinto tras oír las palabras del notario, en un instante se sintió realmente enfermo. Con mal disimulada rapidez se dirigió hacia la puerta y tras coger su sombrero se dispuso a salir. Al intentar poner la prenda sobre su cabeza, advirtió con horror que esta no le cabía dentro.
En un segundo, quedó petrificado, lo asió con ambas manos e intentó introducirlo a la fuerza, vano empeño, no entraba. Sudando a mares miró el sombrero, era el suyo. Definitivamente su cabeza de manera terrible e inexplicable había engordado.
-¡Socorro, auxilio, un médico que me muero, tengo la “hidrofalia”, tengo la “hidrofalia”!, gritaba mientras corría despavorido hacia la casa del galeno del pueblo, en donde irrumpió segundos más tarde como un meteoro, entre gritos y lamentos.
Don Servando, escuchó tranquilo y en silencio, la historia de la fantástica y fatal enfermedad de Jacinto, sin abandonar una socarrona sonrisa.
Cuando hubo concluido le pidió el sombrero, y como si de un mago de circo se tratase, introdujo su mano dentro y fue poniendo sobre la mesa del consultorio, casi todo un ejemplar del periódico del día, que alguien había colocado cuidadosamente, entre los pliegues de la funda de la prenda, reduciendo en más de tres centímetros su diámetro.
Jacinto, curado milagrosamente de la hidrocefalia, casi a la misma velocidad que la contrajo, no volvió a aparecer por el casino durante una larga temporada.
J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
Los terribles efectos planetarios del volcán Laki
Tal día como hoy el 18 de junio de 1783, llegan de forma simultanea a París, Turín, Padua y otras ciudades europeas, la nube ácida proveniente del volcán Laki de Islandia.
Este volcán había iniciado su erupción diez días antes y se mantendría activo durante ocho meses, pero sus efectos perdurarían en los dos años siguientes, provocando una hambruna que se estima pudo causar la muerte de seis millones de personas, pues sus consecuencias se extendieron por países como Noruega, Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros.
Ha sido considerada una de las mayores catástrofes medioambientales en la historia europea, y uno de los acontecimientos climáticos con mayores repercusiones sociales del último milenio.
El lanzamiento de gases, incluyendo aproximadamente ocho millones de toneladas de fluoruro de hidrógeno y aproximadamente 120 millones de toneladas de dióxido de sulfuro, esparció por toda Europa lo que se ha conocido como la "bruma de Laki", que sin grandes columnas de ceniza, emitió ingentes cantidades de azufre que en la atmósfera se combinó con el agua, transformándose en ácido sulfúrico.
Esta nube tóxica provocó un efecto de enfriamiento y, las cosechas se perdieron como consecuencia directa de ello ocasionando la muerte de muchos animales, lo que tuvo resultados desastrosos para la población.
Hay quien afirma que la Revolución Francesa fue, en parte, consecuencia indirecta de esta erupción por la época de hambrunas que provocó.
Sus efectos llegaron incluso a África pues unos investigadores de las Universidades de New Jersey y Edimburgo han determinado que también fue la causa principal de la sequía que afectó duramente al Valle del Nilo en el verano de 1783, cuyas consecuencias fueron devastadoras, ya que los muertos a causa de la hambruna se contaron por miles.
Pero no todo terminó en la sequía y el frío verano, sino que en el hemisferio norte, trajeron aún más consecuencias derivadas como la ausencia de nubes, que provocó que los monzones de Asia en época otoñal fueran inusualmente débiles, provocando que el menor número de nubes, hiciera aumentar la temperatura en la India e Indochina entre uno y dos grados.
En la actualidad sigue habiendo volcanes en Islandia de las mismas características que el Laki.
Muchas veces la catástrofe y la muerte viven a nuestro lado, sin que nosotros lo advirtamos...
Este volcán había iniciado su erupción diez días antes y se mantendría activo durante ocho meses, pero sus efectos perdurarían en los dos años siguientes, provocando una hambruna que se estima pudo causar la muerte de seis millones de personas, pues sus consecuencias se extendieron por países como Noruega, Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros.
Ha sido considerada una de las mayores catástrofes medioambientales en la historia europea, y uno de los acontecimientos climáticos con mayores repercusiones sociales del último milenio.
El lanzamiento de gases, incluyendo aproximadamente ocho millones de toneladas de fluoruro de hidrógeno y aproximadamente 120 millones de toneladas de dióxido de sulfuro, esparció por toda Europa lo que se ha conocido como la "bruma de Laki", que sin grandes columnas de ceniza, emitió ingentes cantidades de azufre que en la atmósfera se combinó con el agua, transformándose en ácido sulfúrico.
Esta nube tóxica provocó un efecto de enfriamiento y, las cosechas se perdieron como consecuencia directa de ello ocasionando la muerte de muchos animales, lo que tuvo resultados desastrosos para la población.
Hay quien afirma que la Revolución Francesa fue, en parte, consecuencia indirecta de esta erupción por la época de hambrunas que provocó.
Sus efectos llegaron incluso a África pues unos investigadores de las Universidades de New Jersey y Edimburgo han determinado que también fue la causa principal de la sequía que afectó duramente al Valle del Nilo en el verano de 1783, cuyas consecuencias fueron devastadoras, ya que los muertos a causa de la hambruna se contaron por miles.
Pero no todo terminó en la sequía y el frío verano, sino que en el hemisferio norte, trajeron aún más consecuencias derivadas como la ausencia de nubes, que provocó que los monzones de Asia en época otoñal fueran inusualmente débiles, provocando que el menor número de nubes, hiciera aumentar la temperatura en la India e Indochina entre uno y dos grados.
En la actualidad sigue habiendo volcanes en Islandia de las mismas características que el Laki.
Muchas veces la catástrofe y la muerte viven a nuestro lado, sin que nosotros lo advirtamos...
viernes, 17 de junio de 2016
La herencia
Zósimo murió, como siempre había querido hacerlo. Fue en su Galicia natal, una tarde de finales de primavera, cuando yendo camino de sus campos, a lomos de la fiel mula “Lirona”, su cansado corazón dejó de latir, y todo el verde mundo que le rodeaba, se torno negro para siempre a sus ojos.
El animal, como si supiese lo que había sucedido, volvió sobre sus pasos, y poco más tarde se hallaba, con el amo muerto a su lomo, frente a la casa familiar, en donde en un principio pensaron, que como en otras ocasiones, se había dormido durante el camino de regreso.
Por lo general, las gentes son tan desconsideradas con los demás, que casi nunca les anuncian su propósito de pasar a mejor vida, y Zósimo - tan ordenado en todas sus cosas - no fue, sin embargo, en esto la excepción.
Por ello, su muerte, además de acontecer en el momento más inapropiado, ya que - en principio - impidió a la familia asistir a las ya inminentes fiestas del patrón del pueblo, les acarreó un sinfín de otros problemas y complicaciones, que nuestro hombre no había ocasionado jamás cuando vivía.
Lo más preocupante resultó ser, que no aparecía al testamento por parte alguna, y esto hizo poner nerviosos a sus deudos, que luego de revolver la casa de arriba a abajo. Empezaban ya a tener discrepancias, por como se habría de repartir la herencia.
Por fin, tras mucho indagar, resultó que el tan buscado documento existía, y estaba depositado en casa de un abogado, antiguo amigo del difunto y mucho mayor que él, que ya jubilado y con la cabeza trastocada por una enfermedad senil, solo recordaba pasajes aislados de su existencia anterior, hasta que un día, le vino a la memoria la existencia de la antigua encomienda.
Cuando por fin se dio lectura al legado, la conocida prudencia de nuestro hombre, se puso por última vez de manifiesto. Todo aparecía distribuido entre sus cuatro hijos, en forma equitativa y ordenada, de manera que los dolientes, dejando a un lado las lágrimas por un rato, escucharon con ojos y oídos bien abiertos y constantes muestras de satisfecho asentimiento, lo que a cada uno iba correspondiendo en el reparto.
Todo se desarrollaba a la perfección hasta llegar al último párrafo del documento, en el que se legaban cuatro nichos funerarios - uno a cada hijo - que tenían diferentes ubicaciones en el camposanto del lugar. Fue justo en ese momento cuando surgió la disidencia entre ellos.
-. Yo quiero el que da al sur - argumentó el mayor - porque es más cálido y soleado.
-.De eso ni hablar - replicó el tercero que tenía la misma preferencia - los que dan al norte deben ser muy húmedos.
-.Y eso por no mencionar las vistas que ha de tener el de arriba, terció el más pequeño, que nunca había despuntado por su inteligencia.
En pocos minutos, los cuatro hermanos habían adoptado posturas tan antagónicas, por algo que iban a usar solo tras su muerte, que el señor notario temió – como a veces sucede en estas ocasiones - que acabasen por llegar a las manos.
Una horas después y tras momentos de auténtica tensión, en que el fedatario hubo de interponerse más de una vez entre ellos, viendo que no llegaban a ningún acuerdo, decidió mediar en la disputa y - una vez calibrado el coeficiente intelectual de sus clientes - propuso una salida al problema a la altura de las circunstancias.
-.Señores - dijo mientras tomaba la palabra - creo que he logrado dar con una solución, que satisfará los intereses de todos.
Y tras conseguir, no sin dificultad, el silencio continuó.
-.Verán - agregó con el mayor aplomo - yo creo que lo mejor, es que no decidan ahora que nicho será para cada uno. Si no que la elección se haga por orden de suerte, y sea esta la del fallecimiento.
- En resumen - concluyó - que el primero de ustedes que muera, escogerá su nicho preferido, después el segundo y así sucesivamente.
Ante la sorpresa del notario - que no acababa de creerse su propia propuesta - todos asintieron y se dio por aceptado el testamento, sin acordarse procedimiento alguno, para realizar la elección propuesta.
Lo que no llegué nunca a saber, querido lector, ya que no me lo contaron, es como el primer heredero que murió, pudo - tras su muerte - elegir donde quería ser enterrado, más que nada porque - como es sabido - por los muertos suelen decidir casi siempre, los vivos.
J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
Cuando se creó la Real Academia de la Historia
Tal día como hoy 17 de Junio de 1728 el rey Felipe V de España, tras la redacción de sus estatutos crea de una forma jurídica, la Real Academia de la Historia.
Como no podía ser de otra manera al tratarse de historia, existen desacuerdos sobre el punto de vista de la fundación de la Academia, pues si bien la fecha en que inicia su andadura física fue el 18 de abril de 1738, su estructura jurídica se otorgó por Real Cédula del 17 de junio de 1738, por la que se aprobaron los primeros estatutos.
La Real Academia de la Historia es una institución encargada de estudiar la Historia de España, “antigua y moderna, política, civil, eclesiástica, militar, de las ciencias, letras y artes, o sea, de los diversos ramos de la vida, civilización y cultura de los pueblos españoles”, y tiene su sede en Madrid.
El realidad y para los puristas, hay que recordar que los orígenes de la Real Academia de la Historia surge dentro de la corriente cultural de la Ilustración europea del siglo XVIII, como centro de investigación y progreso y su antecedente inmediato, está en las tertulias celebradas por varios eruditos, desde 1735, en el domicilio particular de uno de ellos - Julián Hermosilla - abogado de los Reales Consejos, para tratar asuntos de Historia.
Posteriormente, algunas de las personas que formaban parte de estas reuniones desearon abandonar el carácter privado de las mismas y buscaron un lugar público para celebrarlas, trasladando sus tertulias a los salones de la recién creada Real Biblioteca, solicitando para ello la protección del rey Felipe V, que se la otorgó.
Oficialmente, la Real Academia de la Historia surge por Real Decreto el 18 de abril de 1738, aunque sus estatutos – como antes dijimos -lo fueron mediante Real Cédula el 17 de junio del mismo año, donde se establecía su finalidad; “buscar la importante verdad de los sucesos, desterrando las fábulas introducidas por la ignorancia o por la malicia, conduciendo al conocimiento de muchas cosas que oscureció la antigüedad o tiene sepultado el descuido” .
De la primera sede que ocupó en una de las salas de la Biblioteca Real, Carlos III, hijo y sucesor del anterior monarca, en 1785 ordena su traslado debido al rápido crecimiento de sus fondos, pasando a los locales de la “Real Casa de la Panadería”, en la Plaza Mayor, que había dejado desocupados la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, al trasladarse a la calle de Alcalá.
En 1836, el gobierno le concedió gran número de códices, documentos y libros, además del caserón llamado “Nuevo Rezado”, edificio que antes de la desamortización eclesiástica tenia como finalidad albergar los libros de rezos de los monjes jerónimos del El Escorial, de donde viene su nombre del “caserón de Nuevo Rezado”, en la madrileña calle del León, número 21, donde se trasladó oficialmente por Real Orden de 23 de julio de 1837, aunque en la práctica no se trasladarían hasta 1874.
La actual sede fue diseñada por el arquitecto Juan de Villanueva y del recuerdo de los jerónimos del Escorial, queda en la fachada del edificio, una parrilla, símbolo del martirio de San Lorenzo.
Las obras comenzaron en 1788, con austeridad pero de grandes proporciones y valiosos materiales y se cuenta la admiración de los madrileños de la época, cuando vieron entrar las calles de Madrid los “carretones tirados por veintiocho pares de bueyes”, que llevaban las jambas y el dintel de la puerta.
Como no podía ser de otra manera al tratarse de historia, existen desacuerdos sobre el punto de vista de la fundación de la Academia, pues si bien la fecha en que inicia su andadura física fue el 18 de abril de 1738, su estructura jurídica se otorgó por Real Cédula del 17 de junio de 1738, por la que se aprobaron los primeros estatutos.
La Real Academia de la Historia es una institución encargada de estudiar la Historia de España, “antigua y moderna, política, civil, eclesiástica, militar, de las ciencias, letras y artes, o sea, de los diversos ramos de la vida, civilización y cultura de los pueblos españoles”, y tiene su sede en Madrid.
El realidad y para los puristas, hay que recordar que los orígenes de la Real Academia de la Historia surge dentro de la corriente cultural de la Ilustración europea del siglo XVIII, como centro de investigación y progreso y su antecedente inmediato, está en las tertulias celebradas por varios eruditos, desde 1735, en el domicilio particular de uno de ellos - Julián Hermosilla - abogado de los Reales Consejos, para tratar asuntos de Historia.
Posteriormente, algunas de las personas que formaban parte de estas reuniones desearon abandonar el carácter privado de las mismas y buscaron un lugar público para celebrarlas, trasladando sus tertulias a los salones de la recién creada Real Biblioteca, solicitando para ello la protección del rey Felipe V, que se la otorgó.
Oficialmente, la Real Academia de la Historia surge por Real Decreto el 18 de abril de 1738, aunque sus estatutos – como antes dijimos -lo fueron mediante Real Cédula el 17 de junio del mismo año, donde se establecía su finalidad; “buscar la importante verdad de los sucesos, desterrando las fábulas introducidas por la ignorancia o por la malicia, conduciendo al conocimiento de muchas cosas que oscureció la antigüedad o tiene sepultado el descuido” .
De la primera sede que ocupó en una de las salas de la Biblioteca Real, Carlos III, hijo y sucesor del anterior monarca, en 1785 ordena su traslado debido al rápido crecimiento de sus fondos, pasando a los locales de la “Real Casa de la Panadería”, en la Plaza Mayor, que había dejado desocupados la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, al trasladarse a la calle de Alcalá.
En 1836, el gobierno le concedió gran número de códices, documentos y libros, además del caserón llamado “Nuevo Rezado”, edificio que antes de la desamortización eclesiástica tenia como finalidad albergar los libros de rezos de los monjes jerónimos del El Escorial, de donde viene su nombre del “caserón de Nuevo Rezado”, en la madrileña calle del León, número 21, donde se trasladó oficialmente por Real Orden de 23 de julio de 1837, aunque en la práctica no se trasladarían hasta 1874.
La actual sede fue diseñada por el arquitecto Juan de Villanueva y del recuerdo de los jerónimos del Escorial, queda en la fachada del edificio, una parrilla, símbolo del martirio de San Lorenzo.
Las obras comenzaron en 1788, con austeridad pero de grandes proporciones y valiosos materiales y se cuenta la admiración de los madrileños de la época, cuando vieron entrar las calles de Madrid los “carretones tirados por veintiocho pares de bueyes”, que llevaban las jambas y el dintel de la puerta.
jueves, 16 de junio de 2016
La gripe
Hace unos días - querido lector - y después de muchos años de no hacerlo, me volvió a visitar mi vieja amiga.
Aunque me mostré esquivo desde el principio, finalmente consiguió seducirme y arrastrarme con ella a la cama, y una vez allí me sometió durante cinco interminables días a todo tipo de excesos, como siempre suele hacer, de forma que cuando finalmente decidió abandonar el lecho, me dejó más convertido en piltrafa, que en ser humano.
La gripe – para quienes no la han sufrido – es una enfermedad menor, pero cuando el dedo de su ruleta rusa te apunta, es más que seguro que da con tus huesos en la cama, no importa lo que hagas por querer evitarlo. Y aún tienes que oír casi a diario en el bar o el autobús, al fantasma de turno, alardeando de que él ha pasado en pie una gripe malísima, que hubiese tumbado a un rebaño de elefantes, y eso es porque muchos acaban confundiendo – por falta de experiencia – a la gripe, con el catarro.
Un galeno, amigo mío, me decía hace años, que las gripes cuidadas, tardaban en curar, siete días y las que no se cuidaban, lo hacían en una semana.
Pero el otro día, cuando le llamé para comprobar lo válido de su afirmación, se excusó diciéndome, que a partir de los cincuenta, había que andarse con cuidado, pues una gripe mal curada, podría acarrear complicaciones bronco pulmonares, cardiovasculares, digestivas, locomotoras, articulares y aún no sé si entre tantas cosas que dijo, apuntó lo del embarazo, lo cual, de ser cierto, sería de premio Nóbel para arriba.
La cosa fue, que al final de la conversación, me había ya recetado no sé cuantos potingues - todos ellos de urgente ingesta - si no quería que tras el paso de la enfermedad, quedase hecho unos zorros de por vida, si es que sobrevivía.
Por si las moscas, y también porque no podía mover ni un dedo, me metí disciplinadamente en la cama en donde pasé las horas y los días en la forma ya dicha, y donde tuve tiempo de pensar – como siempre suele ocurrirme - en otros tiempos, otras enfermedades y otras gripes, y de ahí la historia que seguidamente narro.
En la Andalucía rural de los años cincuenta del siglo pasado, no se había inventado aún la Seguridad Social, y los médicos eran personajes, a los que se iba a visitar poco, en primer lugar porque costaban dinero, y en segundo porque generalmente te mandaban meterte en la cama y eso significaba tener que dejar de trabajar, lo cual era tan malo como lo anterior, por ello la gente, cuando acudía al matasanos estaba, sino en las últimas, al menos en las penúltimas.
Por estas cosas, la gente moría en aquellos lares de enfermedades como “el cólico miserere”, que con al andar del tiempo se descubrió que era un ataque de apendicitis, o de “un pasmo”, al que más tarde se dio en llamar infarto de miocardio, y otras cosas propias del atraso y la pobreza de la época.
Cuando a Bartolo le dio el primer escalofrió, se hallaba cortando zarzas en una linde y lo atribuyó a la humedad de la tarde. El día siguiente lo pasó todo él agotado e incómodo, pero sería a la mañana del tercero, cuando fue incapaz de ponerse en pie, diciendo a Frasquita - su mujer - que “se quedaba en cama por ver si le cambiaba el cuerpo”.
Pero tres días más tarde, y cuando la buena de Frasquita vio que de madrugada Bartolo se despertó delirando, mientras cantaba canciones de siega, y recitaba la declaración que años atrás había hecho a un amor de adolescencia, pensó que algo no funcionaba bien, y nada más despuntar el alba, encaminó sus pasos a la casa del médico.
Don Próculo, el galeno, que ya sabía que las visitas a su consultorio eran como mínimo de pronóstico reservado, sin perder un segundo cogió su maletín y luego de inspeccionar y auscultar minuciosamente al enfermo, le recetó un buen número de potingues y remedios, con la advertencia a Frasquita, de que si quería seguir siendo una mujer casada, había de aplicárselos cuanto antes.
Siete días anduvo Bartolo con un pié más en el otro mundo que en este, pero al final pudo más – aunque por poco – su naturaleza, y con cinco kilos menos, ojeras que le llegaban hasta las orejas y más demacrado que un muerto, se levantó finalmente aún sin comprender de la que se había librado, y tan pronto consiguió tenerse en pie, se dirigió a la casa del galeno, al objeto de saldar su cuenta.
-¿Cuanto le debo Doctor...? dijo nuestro hombre una vez intercambiadas las protocolarias frases de cortesía. - Son diez duros - le aclaró el médico - cuarenta pesetas por la consulta, y diez por el desplazamiento a casa.
Mientras dejaba sobre la mesa las monedas, nuestro hombre preguntó - ¿Y no podría hacerme algo de descuento...?. Lo digo, porque cuando vino mi mujer a verle, ya llevaba yo varios días malo, y es posible, que de haber esperado un poco más, la enfermedad se hubiese curado sola...
Don Proculo, acostumbrado como estaba a situaciones como esta, y mientras guardaba el dinero en el cajón - lo cual no siempre sucedía – sin inmutarse, apostilló irónico a nuestro hombre.
-No te lo creas Bartolo, porque de haber esperado un poco más, ya no hubieseis tenido que llamarme a mí, sino al cura y al sepulturero, y esos dos - ten por seguro - que por menos de dos mil duros no te entierran.
En mi lejana infancia del sur, no puedo recordar a ningún médico rural, que fuese rico.
J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
Blas Piñar, un líder ultra derechista español.
Tal día como hoy 16 de junio de 1975, el político ultra-derechista español Blas Piñar, declara en Cuenca que la política debe "estar al servicio de Dios y la religión".
Blas Piñar López fue un notario, político, editor y escritor español de ultraderecha, que se destacó con seguir el pensamiento del franquismo y la defensa de sus principios ideológicos, estando comprometido desde muy joven con el catolicismo de Acción Católica donde militó.
El inicio de la guerra civil le sorprendió en Toledo, donde se unió a los sublevados durante el asedio del Alcázar y tras la contienda se doctoró en Leyes en la Universidad de Madrid, ganando las oposiciones a notario.
En 1957 ocupó la Dirección del Instituto de Cultura Hispánica y al año siguiente fundó en Toledo el “Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi”, cuyas funciones eran hacer obras benéficas en Sudamérica y acompañar a la procesión del Santísimo por Toledo el día del Corpus.
En 1962, Piñar – demostrando una nula visión y oportunidad política - escribió un artículo en ABC, titulado “Hipócritas”, criticando duramente la política de los Estados Unidos, pero dado que el régimen franquista mantenía con los norteamericanos muy buenas relaciones, para lograr así su reconocimiento internacional, el ministro de Exteriores, le destituyó, pese a lo cual, siguió inquebrantable su fidelidad al régimen de Franco.
Fue procurador en Cortes y Consejero Nacional del Movimiento por designación directa de Franco y fundador de “Fuerza Nueva” como un partido, en un régimen donde estaban prohibidos los partidos, desde donde se opuso decididamente a la Ley Orgánica del Estado de 1967.
Fallecido Franco, se opuso también a las leyes de Asociaciones y de Reforma Política de 1976, pues sostenía que aquella operación era de ruptura con lo anterior, lo cual no estaba dispuesto a tolerar.
Fuerza Nueva se constituyó finalmente en partido político en octubre de 1976, con marcado carácter católico y patriótico, defensor de los Principios Fundamentales del 18 de julio y cuyo lema era “Dios, Patria y Justicia”.
En las primeras elecciones de junio de 1977, Fuerza Nueva se presentó con otros partidos afines con el nombre de “Alianza Nacional del 18 de Julio”, sin obtener representación parlamentaria y aprobada la Constitución tras nuevas elecciones generales, fue elegido diputado al Congreso.
Tras la pérdida de su escaño en las elecciones de 1982, acuciado por las deudas, decidió disolver el partido político que disolvió finalmente en 1994, pero no la editorial cuyos libros y revistas siguieron publicándose.
Tras diversos intentos - todos fallidos - de aliarse con otros grupos políticos afines y ya jubilado, siguió presidiendo Fuerza Nueva Editorial S.A., a la vez que participaba, en los actos conmemorativos del 20 de noviembre, tanto en la Plaza de Oriente como en la Plaza de San Juan de la Cruz, ambas de Madrid.
Falleció en enero de 2014 en su casa de Madrid, sin que los españoles hubiesen manifestado durante todos estos años, ninguna adhesión a sus ideas extremas, más allá de los cada vez menos numerosos fieles al régimen anterior, o las minoritarias tendencias ultra derechistas surgidas en los últimos años.
Blas Piñar López fue un notario, político, editor y escritor español de ultraderecha, que se destacó con seguir el pensamiento del franquismo y la defensa de sus principios ideológicos, estando comprometido desde muy joven con el catolicismo de Acción Católica donde militó.
El inicio de la guerra civil le sorprendió en Toledo, donde se unió a los sublevados durante el asedio del Alcázar y tras la contienda se doctoró en Leyes en la Universidad de Madrid, ganando las oposiciones a notario.
En 1957 ocupó la Dirección del Instituto de Cultura Hispánica y al año siguiente fundó en Toledo el “Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christi”, cuyas funciones eran hacer obras benéficas en Sudamérica y acompañar a la procesión del Santísimo por Toledo el día del Corpus.
En 1962, Piñar – demostrando una nula visión y oportunidad política - escribió un artículo en ABC, titulado “Hipócritas”, criticando duramente la política de los Estados Unidos, pero dado que el régimen franquista mantenía con los norteamericanos muy buenas relaciones, para lograr así su reconocimiento internacional, el ministro de Exteriores, le destituyó, pese a lo cual, siguió inquebrantable su fidelidad al régimen de Franco.
Fue procurador en Cortes y Consejero Nacional del Movimiento por designación directa de Franco y fundador de “Fuerza Nueva” como un partido, en un régimen donde estaban prohibidos los partidos, desde donde se opuso decididamente a la Ley Orgánica del Estado de 1967.
Fallecido Franco, se opuso también a las leyes de Asociaciones y de Reforma Política de 1976, pues sostenía que aquella operación era de ruptura con lo anterior, lo cual no estaba dispuesto a tolerar.
Fuerza Nueva se constituyó finalmente en partido político en octubre de 1976, con marcado carácter católico y patriótico, defensor de los Principios Fundamentales del 18 de julio y cuyo lema era “Dios, Patria y Justicia”.
En las primeras elecciones de junio de 1977, Fuerza Nueva se presentó con otros partidos afines con el nombre de “Alianza Nacional del 18 de Julio”, sin obtener representación parlamentaria y aprobada la Constitución tras nuevas elecciones generales, fue elegido diputado al Congreso.
Tras la pérdida de su escaño en las elecciones de 1982, acuciado por las deudas, decidió disolver el partido político que disolvió finalmente en 1994, pero no la editorial cuyos libros y revistas siguieron publicándose.
Tras diversos intentos - todos fallidos - de aliarse con otros grupos políticos afines y ya jubilado, siguió presidiendo Fuerza Nueva Editorial S.A., a la vez que participaba, en los actos conmemorativos del 20 de noviembre, tanto en la Plaza de Oriente como en la Plaza de San Juan de la Cruz, ambas de Madrid.
Falleció en enero de 2014 en su casa de Madrid, sin que los españoles hubiesen manifestado durante todos estos años, ninguna adhesión a sus ideas extremas, más allá de los cada vez menos numerosos fieles al régimen anterior, o las minoritarias tendencias ultra derechistas surgidas en los últimos años.
miércoles, 15 de junio de 2016
La fotocopiadora
La historia, me la contó un ejecutivo de una multinacional con sede en Barcelona, como algo que él tenía por cierto y verdadero.
Yo, que soy escéptico por naturaleza, no me la creí, y pensé que se trataba de una de tantas leyendas urbanas que circulan por ahí, de las cuales todo el mundo dice conocer a alguien que las vivió, pero que luego no hay forma humana de llegar hasta él, como aquella que narra la historia de un joven bien parecido, que conoció a una muchacha en la barra de un bar, y cuando tras intimar e irse con ella a la cama, se despertó a la mañana siguiente, le faltaba un riñón, o aquella otra del comensal, que se encontró la uña de una rata dentro de una hamburguesa en un restaurante de comida rápida, historias que luego – por muchas indagaciones que hagas - no hay manera posible de asociar, con su pretendido protagonista.
No obstante, tanto me insistió, y tanto disfruté de la situación mientras me la contaba, que aún a riesgo de incurrir a contribuir en la difusión de una de estas leyendas, paso seguidamente a relatarla.
Todo comenzó cuando Andrés – que así se llamaba nuestro protagonista - a sus diecinueve años, obtuvo su primer empleo. La empresa en que dio los primeros pasos laborales estaba integrada, en más de un noventa por ciento por personal perteneciente al genero femenino, la mayoría de las cuales, no superaban los treinta años de edad.
El personaje que nos ocupa, era alto, rubio, gustaba de hacer halterofilia y por ello tenía un cuerpo musculoso y bien formado, al que se unía una cara angelical e inocente, como de artista de cine, por lo que desde el mismo momento en que hizo su aparición en los pasillos de la empresa, fue blanco de las miradas y frases en broma - entre lascivas y provocadoras - de todas sus compañeras de trabajo.
Él era una persona tímida, con esa timidez propia de sus pocos años y casi nula experiencia con el sexo opuesto, de forma que se sonrojaba cuando tenía que dirigirse a una mujer. Por su parte estas - que ya en solitario son audaces - cuando actúan en manada resultan terribles, y el contacto de Andrés con ellas, había de ser forzosamente continuo, por la naturaleza de su trabajo, ya que su primera ocupación consistió, en estar al cuidado de la macro fotocopiadora que usaba toda la oficina, y que para una mayor disciplina de trabajo era manejada solo por él.
No era extraño, ver cada día a cuatro o cinco secretarias aguardando cola ante la máquina, para realizar fotocopias, y solicitar de nuestro azorado héroe sus servicios con frases con evidente doble sentido, dirigidas casi en secreto, y con una maliciosa media sonrisa, mezcla de perversidad y goce, ante la actitud de continuo sonrojo del muchacho, mientras le pedían que les fotocopiase este o aquel informe urgente o delicado:
-Anda bonito, házmelo con cuidado y por los dos lados.
-Házmelo dos veces, como la otra vez. O mejor, házmelo tres, pero bien, como tu sabes
-Me la tienes que hacer por delante y por detrás, pero por detrás, tienes que procurar que entre todo.
-Sácala lo mejor posible, y si no te cabe toda me la reduces un poco.
-Házmelo a mí primero que ya no puedo esperar más.
-¡Préstame atención a mi, que tengo retraso!
-Por favor, mira si me lo puedes hacer lo más deprisa posible, porque también está esperándome mi jefe.
-Tu házmelo como quieras, pero cuando la saques, que salga entera.
Y la mejor fue la de aquella joven, que una mañana, ante un auténtico aluvión de secretarias todas ellas en la actitud descrita, esperando delante de la máquina, se dirigió en plan confidencial a nuestro amigo, y le dijo mientras, sujetándole por el brazo, le alejaba de las demás:
-¡Ay, con la prisa que me corre...! ¿No me la puedes meter en medio y me lo haces en un momento...?, ¡Anda por favor, metemela en medio y me lo haces en un periquete, sin que se enteren las otras!
Mientras me contaba la historia y me reía con ella de buena gana, no pude evitar el pensar en una cosa ¿porque no se habría inventado la fotocopiadora en mi juventud, en lugar del maldito papel de calco negro-carbón?
J .M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
La historia resumida de la Carta Magna
Tal día como hoy 15 de junio de 1215 el rey Juan Sin Tierra de Inglaterra otorga la Carta Magna a los nobles ingleses.
Será considerada, quizás de manera exagerada, la base de las libertades constitucionales en Inglaterra, motivada por los fracasos militares del rey en Francia, los elevados impuestos y la forma abusiva en que ha utilizado sus privilegios reales, provocando la rebelión de la nobleza.
Juan fue acumulando problemas en el interior y el exterior desde su mismo ascenso en 1199 ya que el rescate pagado para liberar a su hermano Ricardo “Corazón de león) y las gravosas campañas en Francia hicieron crecer un descontento, al que en 1205 se sumó la Iglesia debido a la sucesión a la sede primada de Canterbury
La Carta Magna - 63 artículos en redacción definitiva- garantizaba en primer lugar las libertades de la Iglesia de Inglaterra y la posesión de sus derechos y privilegios.
Varios artículos hacían referencia a la administración: regulación de justicia, multas, garantías contra los arrestos arbitrarios y obligatoriedad de los oficiales reales de conocer las leyes del país.
La Carta se cerraba con varios artículos en los que se aseguraba el cumplimiento de todo lo acordado y un universal perdón por todas las faltas cometidas a lo largo del periodo de hostilidades, pese a todo lo cual, Juan no se sintió ligado al contenido de este texto.
La Carta Magna se mantenía como una importante conquista para salvaguardar la "ley del país", al ser algo que suponía reducir al rey a los límites de funciones de un monarca feudal y, por tanto, tenía poco de revolucionario por más de que se haya tratado de ver en él un primer paso de un sistema constitucional inglés, que no tiene en la actualidad constitución escrita.
No sólo contó en Inglaterra con los precedentes antes reseñados, sino que en el continente se promulgaron documentos en una línea similar a lo largo de una centuria: en León en 1188 a la vez que se celebraban las primeras cortes de la historia hispánica; en Hungría en 1222 y en Aragón con Pedro III en 1283 con el "Privilegio General".
Lo que de forma genérica podríamos definir como "cartas magnas" estarían en todo caso desprovistas de las generalizaciones y abstracciones de los textos constitucionales modernos estando ceñidas a temas muy puntuales y domésticos y redactadas en el único contexto posible del momento que era el feudal.
Fue elaborada después de tensas y complicadas reuniones y tras muchas luchas y discusiones entre los nobles de la época, siendo finalmente sancionada por el rey Juan I en Londres el 15 de junio de 1215.
Los 63 artículos de los que consta la Carta Magna aseguran los derechos feudales a la aristocracia frente al poder del rey.
La mejor copia de la Carta Magna se encuentra en Salisbury.
Será considerada, quizás de manera exagerada, la base de las libertades constitucionales en Inglaterra, motivada por los fracasos militares del rey en Francia, los elevados impuestos y la forma abusiva en que ha utilizado sus privilegios reales, provocando la rebelión de la nobleza.
Juan fue acumulando problemas en el interior y el exterior desde su mismo ascenso en 1199 ya que el rescate pagado para liberar a su hermano Ricardo “Corazón de león) y las gravosas campañas en Francia hicieron crecer un descontento, al que en 1205 se sumó la Iglesia debido a la sucesión a la sede primada de Canterbury
La Carta Magna - 63 artículos en redacción definitiva- garantizaba en primer lugar las libertades de la Iglesia de Inglaterra y la posesión de sus derechos y privilegios.
Varios artículos hacían referencia a la administración: regulación de justicia, multas, garantías contra los arrestos arbitrarios y obligatoriedad de los oficiales reales de conocer las leyes del país.
La Carta se cerraba con varios artículos en los que se aseguraba el cumplimiento de todo lo acordado y un universal perdón por todas las faltas cometidas a lo largo del periodo de hostilidades, pese a todo lo cual, Juan no se sintió ligado al contenido de este texto.
La Carta Magna se mantenía como una importante conquista para salvaguardar la "ley del país", al ser algo que suponía reducir al rey a los límites de funciones de un monarca feudal y, por tanto, tenía poco de revolucionario por más de que se haya tratado de ver en él un primer paso de un sistema constitucional inglés, que no tiene en la actualidad constitución escrita.
No sólo contó en Inglaterra con los precedentes antes reseñados, sino que en el continente se promulgaron documentos en una línea similar a lo largo de una centuria: en León en 1188 a la vez que se celebraban las primeras cortes de la historia hispánica; en Hungría en 1222 y en Aragón con Pedro III en 1283 con el "Privilegio General".
Lo que de forma genérica podríamos definir como "cartas magnas" estarían en todo caso desprovistas de las generalizaciones y abstracciones de los textos constitucionales modernos estando ceñidas a temas muy puntuales y domésticos y redactadas en el único contexto posible del momento que era el feudal.
Fue elaborada después de tensas y complicadas reuniones y tras muchas luchas y discusiones entre los nobles de la época, siendo finalmente sancionada por el rey Juan I en Londres el 15 de junio de 1215.
Los 63 artículos de los que consta la Carta Magna aseguran los derechos feudales a la aristocracia frente al poder del rey.
La mejor copia de la Carta Magna se encuentra en Salisbury.
martes, 14 de junio de 2016
La espasnua
Hace ya unos años, que la Organización de las Naciones Unidas, hacía la declaración, de que en el planeta tierra, éramos ya seis mil millones de personas.
Cuando piensas en la cifra, adviertes tu infinita pequeñez, y la poca importancia que tienen particularismos, como región, ciudad, costumbres… pero como el hombre es contradictorio por naturaleza - o al menos yo si - al oír la noticia, sentí la necesidad de reivindicar algo propio, y no se me ocurrió otra cosa, que pensar en mi idioma.
Los andaluces, no tenemos una lengua específica, al menos eso dicen los que no son de allí, que sostienen que lo que hacemos es usar de un castellano mal hablado. Naturalmente no estoy de acuerdo con eso, y mucho menos hoy, que tengo la vena reivindicativa a flor de piel, y por ello quiero hablar de la singularidad de nuestro idioma al que - como mínimo - califico de diferente.
En aval de lo que digo, contaré, que hace unos años, cuando hacía poco que - por necesidad - había emigrado de mi tierra, volví a ella acompañado de una persona no andaluza. Uno de los días de estancia en el pueblo, tomamos un taxi, conducido por un antiguo conocido de infancia - andaluz de más de cien octanos - que empezó a hablarme de cosas de la tierra.
Al hacer poco que faltaba de allí, y como el habla andaluza produce efectos contagiosos, seguimos charlando, usando los giros típicos de la región, durante los veinte minutos que duró el viaje. Cuando abandonados el vehículo mi amigo me dijo: Oye, por curiosidad, ¿me puedes decir de que habéis hablado?. Y ante mi extrañeza concluyó, Si te soy sincero, de lo único que me he enterado, y no bien, ha sido del hola al subir y del adiós cuando nos hemos despedido...
Y eso por no hablar del doble, e incluso triple sentido, que algunas frases tienen, y que han confundido a extraños, y en más de una ocasión también a propios. Tal es el caso de aquella turista alemana - con muy escaso dominio del español - que un día llegó a un pueblo de la costa malagueña, buscando a un hombre - del que sabía que vivía en la comarca - el cual el año anterior la había lisonjeado con frases, que emocionaron en más de una ocasión a la teutona, y en las que la llamaba, según decía, “virgen y pajarito”.
La verdad era, que el cometido no parecía fácil con tan escasas pistas, y en el pueblo se empezó a pensar - además - en el conflictivo estado de confusión mental en que debía encontrarse el anónimo galán, ya que la extranjera, además de haber pasado ya de los sesenta, era - y debió haber sido siempre – más fea que Picio.
El misterio quedó desvelado, el día en que el boticario, hombre paciente y amante de las confidencias, logró que la alemana repitiese la frase que la llevaba a mal traer, y que el presunto enamorado había pronunciado, cuando ella iba en bañador hacia la playa. Cada vez que la veía el hombre exclamaba: ¡Madre de Dios, que loro...! Una vez oída, todo quedó claro para siempre.
Pero además del hermetismo y de la doble intención del idioma, el andaluz es perezoso en el uso de letras, algunas como por ejemplo la ese, no sabe ni que existe, y otras las suprime, en una increíble economía lingüística, lo que hace a las frases en todo diferentes. Tal es el caso de una que oí un día de verano, al pasar por la puerta de un saladero de pescado, de un barrio de pescadores de Málaga. La decía un encargado a su empleado, que cigarrillo en la boca, aguardaba que su faena se hiciese sola; ¡Jozé - gritaba al pasivo trabajador - zaca el zaco de za al zo, que ze zeque ! (1)
Muchos andaluces, cuando viajan fuera de su tierra, siguen usando de su característica fonética, pensando que le entienden, tal le sucedió al director de una caja de ahorros de mi pueblo, que hubo de ir a Madrid a realizar un trámite de trabajo, en la Puerta del Sol.
Al llegar a la estación de Atocha, en uno de aquellos trenes, que después de doce horas de incesante traqueteo, te dejaban en Madrid, negro como un carbonero, se dirigió a la parada de taxis.
- Por favor, lléveme a la Puerta del Zó, ordenó al conductor.
El transportista, tras veinte minutos de viaje, se detuvo frente a la puerta de entrada al Zoológico.
-.Hemos llegado señor… le anunció.
-. Pero… ¿como?… protestó nuestro hombre ante el error del conductor - yo le he dicho a la Puerta del Zó… y no a la puerta del Zoo…
¿Como no le habría entendido el taxista…? – se preguntó para sí.
No obstante, el colmo del encriptamiento y la singularidad del habla andaluza, se produce, cuando ni los propios naturales, entendemos el significado de una palabra, y sin embargo, la asumimos con un valor determinado, atribuyéndole un sentido, en consonancia con lo que creemos que quiere decir. Explicaré un ejemplo, al objeto de que se entienda lo que digo.
Desde pequeño siempre había oído decir a mi madre, cuando sentía un miedo invencible ante algo, la expresión de que - Le temía más que a una “espasnua”. Nunca me explicó que sería aquello, que tanto la atemorizaba, y yo lo asumí como algo - naturalmente terrible - aunque a ciencia cierta, ignoraba de qué podía tratarse.
Teniendo ya edad de preguntar, entre los miles de ellas que debí indagar de mi progenitora, un día me interesé por lo que despertaba en su ánimo tanto temor. Ella, pareció sorprendida por mi inquietud, y dejando por unos instantes lo que estaba haciendo, se encaró conmigo y me dijo. Pues que va a ser una espasnua niño... una espasnua es, una espasnua…¡vaya preguntitas que haces!, concluyó con una lógica - para ella – aplastante.
La impresión que obtuve, fue que mi madre, no tenía ni idea de lo que era la terrible cosa, pero como no eran aquellos tiempos de preguntar demasiado, me quedé con la duda, hasta que varios años después, por fin, se disipó.
Había acabado ya el bachillerato, y un día dialogando con un antiguo profesor muy querido y admirado por mí – Regino Antonio Bootello - este empleó la famosa frase, de igual manera a como siempre lo había hecho mi madre.
-Está clarísimo, me contestó al preguntarle su significado, quiere decir que le temes más que a una espada desnuda, en alusión a un arma fuera de su funda y dispuesta para agredir.
¡Eso si que es síntesis, concluí para mi!, una vez satisfecha mi curiosidad
Tú me dirás, amigo lector, si visto todo lo narrado, y un millón de cosas más, que por falta de espacio he de callarme, el andaluz no es - cuando menos - una lengua singular.
J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
( 1) José, saca el saco de sal al sol, que se seque.
lunes, 13 de junio de 2016
La escayola
No se, amigo lector, si alguna vez has tenido la oportunidad de conocer a alguien como Dámaso, pero por si no ha sido así, voy a intentar que lo hagas.
Tenía treinta y cinco años, y era ese tipo de persona que siempre es esperada en una fiesta, de forma que, hasta que no llega, no puede considerarse que esté completa.
El caso de Dámaso era por demás singular. Si asistía a una boda, despertaba más atención que el propio novio, si a un funeral, se acababa por hablar más de él que del difunto, y si se trataba de un bautizo, nuestro amigo, suscitaba mucho más interés que el neonato.
Se dedicaba a la venta de coches de ocasión, en una popular empresa, y esta actividad, le hacía ser conocido por media ciudad. Actuaba, además, como vocalista de un grupo musical de moda entre la juventud, que tocaba en juergas y saraos, lo que era motivo - más que sobrado - para que le conociese la otra media.
Pese a carecer de cargo alguno, ni ser adinerado, podía codearse con la flor y nata de la sociedad, que se mostraba siempre encantada con su presencia, en sus casas, fiestas y reuniones. Pero si gozaba de la amistad de los poderosos, no le iba a la zaga el predicamento con el que contaba entre las clases sencillas, pues su facilidad para cantar, tocar la guitarra, recitar o decir historias y - por tanto - ser el alma de cualquier reunión, le conferían el ser el más popular, entre los populares.
Una mañana, al bajar la acera, introdujo accidentalmente el pie, en un socavón de la calzada, estando a poco de dar con sus huesos en el suelo. Tras acordarse de la genealogía del señor alcalde - que es lo que se suele siempre hacer en tales casos - siguió en su caminar, sin dar mayor importancia al hecho.
No habían transcurrido ni diez minutos, cuando el pie comenzó a hinchársele hasta que no caberle en el zapato, y un agudo dolor impedirle caminar, casi por completo. Con paso renqueante se dirigió a un consultorio médico próximo, en la que el facultativo era - como no - conocido suyo.
Tras unos minutos de palpación, y luego de hacerle unas radiografías, el galeno - con la suficiencia de que hacen frecuentemente gala los médicos en sus consultas - le explicó: .-Te esperan cuarenta días de vacaciones forzadas para conducir, pues tienes roto el metatarso y algunas de sus bases articulares, y has de permanecer con el pie inmovilizado, todo este tiempo.
Aunque Dámaso ignoraba, hasta aquel momento, tener semejante hueso en su cuerpo, pocos minutos después, el doctor le había ya colocado una hermosísima escayola, que le llegaba hasta la rodilla, y al rato, provisto de una muleta, salió a la calle. No había avanzado ni diez pasos, cuando ya le habían abordado más de quince personas, preguntándole la causa de su mal.
Con su proverbial simpatía, nuestro personaje fue explicando uno a uno, el motivo del impedimento, y aunque intentaba hacerlo en la forma más somera posible, lejos de acabar, cada vez eran más los ciudadanos aglomerados en su entorno, que - unos por verdadero interés, y otros por ver que pasaba - repetían incansablemente la misma pregunta, cuya respuesta querían todos conocer, de propia boca de nuestro hombre.
Habían transcurrido más de dos horas, desde que abandonó la consulta, y aún no había conseguido recorrer ni doscientos metros, en dirección a su casa, y solo cuando pasaba ya un buen rato, desde que el reloj de la plaza hubiera tocado las cuatro de la tarde, logró, tras zafarse de los últimos conocidos, llegar a su domicilio, en donde - para colmo - su esposa, alarmada por la tardanza, estuvo a punto de un síncope, al verlo llegar tarde, muleta en ristre y escayolado.
Dámaso, una vez en casa, hizo un riguroso examen de la situación. Si en recorrer quinientos metros, había tardado más de cinco horas, ¿que le esperaba durante los cuarenta días, en que, por fuerza, había de ir enyesado? .La perspectiva le hizo poner los pelos de punta, y fue entonces, cuando una idea acudió rauda de su magín.
Sentado en su escritorio, y provisto de papel y pluma, estuvo escribiendo unos minutos, y una vez acabó, entregó el papel a su esposa, pidiéndola lo llevase a la imprenta, con las instrucciones que en el mismo escrito se daban. Poco después, un empleado llamó a casa de nuestro personaje, portando un paquete urgente, que una vez abierto y examinado, animó a Dámaso para salir de nuevo a la calle.
Estaba aún en el portal, cuando ya le habían asaltado dos vecinos, de su propia escalera, interesándose por su estado. Nuestro héroe no se inmutó lo más mínimo, y echando mano a su cartera de mano, extrajo de ella una hoja impresa, mientras decía:
-Ahí está explicado, con todo tipo de detalles, lo que me ha sucedido, y también dice que me encuentro mucho mejor. Ahora discúlpeme, que llevo un poco de prisa - y mientras dejaba a su interlocutor enfrascado en la lectura, continuaba su marcha, mientras entregaba hojas y más hojas, a diestro y siniestro, a todos los que se aproximaban para preguntar.
La ocurrencia, que al poco tiempo era comidilla en toda la ciudad, se celebró como una genialidad más de Dámaso, aumentado aún más - si es que esto hubiese sido posible - su fama de persona ocurrente y divertida.
Pocos años después de lo que acabo de contar, supe que la esposa de nuestro hombre, había dado a luz cuatro hijos en un parto múltiple, y que tanto los recién nacidos como la madre, se encontraban en perfecto estado de salud.
No quise ni imaginar, lo que debió hacer en esta ocasión Dámaso, para poder explicar el suceso a toda la ciudad.
J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
El considerado como primer escrito en castellano
Tal día como hoy 13 de junio del 964, se constata la existencia de las “Glosas Emilianenses”, en la biblioteca del Monasterio de Yuso de San Millán de la Cogolla, tradicionalmente considerada el primer escrito en castellano.
Las Glosas son anotaciones manuscritas a un códice en latín, realizadas en varias lenguas: entre ellas un romance hispánico.
La intención del monje copista era probablemente la de aclarar el significado de algunos pasajes del texto y la importancia filológica de estas glosas - que no fue advertida hasta el siglo XX – se debe a que se considera como el testimonio escrito más temprano del que se tenía noticia, que en forma arcaica, pero reconocible, se observaba el inicio del idioma español.
De estas Glosas hay más de mil en total, unas cien están en romance riojano precastellano, y poseen el interés añadido de incluir dos anotaciones en vasco, siendo éste uno de los primeros testimonios escritos conocidos, en dicha lengua.
El nombre se debe a que fueron compuestas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla procede del latín Aemilianus, perteneciente a La Rioja y por aquel entonces parte del Reino de Navarra.
Su descubridor en 1911, Manuel Gómez-Moreno, estudiaba la arquitectura mozárabe del Monasterio de Suso, y al hallarlas, transcribió todas las glosas y las envió al historiador Ramón Menéndez Pidal, que valoró las mismas.
Dos años más tarde, en 1913, Gómez-Moreno publicó por primera vez la primera de las glosas:
“Cono aiutorio de nuestro dueno, dueno Christo, dueno Salbatore, qual dueno get ena honore, e qual duenno tienet ela mandatione cono Patre, cono Spiritu Sancto, enos sieculos de losieculos. Faca nos Deus omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amen”.
San Millán de la Cogolla recibe a menudo el sobrenombre de “cuna del castellano” gracias a las glosas, aunque algunos autores sostienen que estas no están escritas propiamente en castellano antiguo, sino en navarro-aragonés en su variedad riojana.
Las glosas del códice, están escritas en realidad en tres lenguas: latín, romance riojano precastellano y euskera y más de cien anotaciones están escritas en castellano antiguo y junto a características específicamente riojanas, se encuentran rasgos de las diversas variedades dialectales hispanas: navarro, aragonés y mozárabe.
Algunos autores, como Menéndez Pidal, Lapesa y otros, han planteado que se trataba de una amalgama lingüística en la que se mezclaban diversos rasgos pertenecientes al castellano, aunque otros autores discrepan, atribuyéndole una génesis navarro-aragonesa, en una variante lingüística riojana.
San Millán, por su condición de “cuna del castellano”, ha sido referencia indiscutible a la hora de organizar actos y congresos sobre la lengua española, y cuenta con un centro de carácter internacional, apoyado por el Instituto Cervantes.
Las Glosas son anotaciones manuscritas a un códice en latín, realizadas en varias lenguas: entre ellas un romance hispánico.
La intención del monje copista era probablemente la de aclarar el significado de algunos pasajes del texto y la importancia filológica de estas glosas - que no fue advertida hasta el siglo XX – se debe a que se considera como el testimonio escrito más temprano del que se tenía noticia, que en forma arcaica, pero reconocible, se observaba el inicio del idioma español.
De estas Glosas hay más de mil en total, unas cien están en romance riojano precastellano, y poseen el interés añadido de incluir dos anotaciones en vasco, siendo éste uno de los primeros testimonios escritos conocidos, en dicha lengua.
El nombre se debe a que fueron compuestas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla procede del latín Aemilianus, perteneciente a La Rioja y por aquel entonces parte del Reino de Navarra.
Su descubridor en 1911, Manuel Gómez-Moreno, estudiaba la arquitectura mozárabe del Monasterio de Suso, y al hallarlas, transcribió todas las glosas y las envió al historiador Ramón Menéndez Pidal, que valoró las mismas.
Dos años más tarde, en 1913, Gómez-Moreno publicó por primera vez la primera de las glosas:
“Cono aiutorio de nuestro dueno, dueno Christo, dueno Salbatore, qual dueno get ena honore, e qual duenno tienet ela mandatione cono Patre, cono Spiritu Sancto, enos sieculos de losieculos. Faca nos Deus omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amen”.
San Millán de la Cogolla recibe a menudo el sobrenombre de “cuna del castellano” gracias a las glosas, aunque algunos autores sostienen que estas no están escritas propiamente en castellano antiguo, sino en navarro-aragonés en su variedad riojana.
Las glosas del códice, están escritas en realidad en tres lenguas: latín, romance riojano precastellano y euskera y más de cien anotaciones están escritas en castellano antiguo y junto a características específicamente riojanas, se encuentran rasgos de las diversas variedades dialectales hispanas: navarro, aragonés y mozárabe.
Algunos autores, como Menéndez Pidal, Lapesa y otros, han planteado que se trataba de una amalgama lingüística en la que se mezclaban diversos rasgos pertenecientes al castellano, aunque otros autores discrepan, atribuyéndole una génesis navarro-aragonesa, en una variante lingüística riojana.
San Millán, por su condición de “cuna del castellano”, ha sido referencia indiscutible a la hora de organizar actos y congresos sobre la lengua española, y cuenta con un centro de carácter internacional, apoyado por el Instituto Cervantes.
domingo, 12 de junio de 2016
La dote
Desde la prehistoria más arcana, el nacimiento de hembras en el seno de una familia, ha sido considerado casi como una desgracia.
Cuando nuestros antepasados eran medio monos, y vivían en cavernas, ya valoraban mucho más el tener hijos que hijas, pues los primeros eran los que cazaban y defendían la guarida, en tanto que las hembras, al tener mucha menos fuerza física, junto a las limitaciones que sus continuos embarazos imponían, constituían siempre una rémora para el grupo.
Y si el homínido ya pensaba así - aunque haya avanzado algo en otras cosas - la consideración sobre la condición femenina sigue siendo, en nuestro civilizado siglo XXI, poco más o menos como lo era entonces.
En la China actual, cuando nace una niña, si sucede en el ámbito rural, sus progenitores no dudan en matarla, y ocultar el hecho, al objeto de que no les “cuente”, para el total de hijos que el democrático gobierno de su país les permite tener, ante el miedo de no poder concebir luego un varón.
En la celtibérica España de los años sesenta, se llegó a filmar una película – con notable éxito por cierto – en la que un matrimonio, como entonces se estilaba, había traído al mundo una docena de vástagos, todos niñas, y además del traumatismo psicológico que para el padre suponía cada nuevo parto, se llegaba casi a justificar - y eso tenía muchísimo mérito, vista la moral de la época – el que él padrazo, mantuviese una relación extraconyugal, al objeto de poder tener un varón, cosa que para su desgracia, ni aún así conseguía.
En pocas palabras, desde siempre, casi todos los padres han preferido tener hijos, y si no había otro remedio, hijas, las cuales eran – por tradición - una carga para la familia, y a las que había que “largar” de ella, en la mejor forma posible, para lo cual se las había de proveer de una dote, o conjunto de objetos, bienes o propiedades, que acompañaban a la hembra, con el fin de hacerla minimamente apetecible, y casos había en que por carecer de peculio, mujeres hacendosas, inteligentes y hermosas, quedaban para vestir santos, al no tener tal aditamento crematístico.
Tan así era el hecho, que incluso aquellas mujeres que se casaban con Dios, profesando como religiosas, precisaban también de tal requisito, y ante la imposibilidad de que su etéreo esposo se hiciese cargo de él, lo asumía la archipámpana general de la orden en la que ingresaban, la cual sabía – sin duda alguna – como darle finalidad práctica a aquellos caudales.
La historia que hoy narramos, va de mujeres y de dotes, costumbre esta, que nuestro país y sobre todo mi tierra, tenía absolutamente arraigada, de manera que hasta la más humilde de las féminas, si no podía contar con ella, aportaba al matrimonio - al menos - su ajuar, formado por ropas y enseres, que reunidos prácticamente desde la infancia, constituía “el reclamo para el macho” y la familia de este.
En muchas ocasiones, este ajuar, pasaba de abuelas a nietas sin haber sido estrenado, porque “era una pena usar para diario unas cosas tan bonitas” con lo que había ajuares, amarilleados ya por el tiempo, que seguían el curso de la dinastía familiar femenina, quedando desfasados e incluso inservibles, guardados en el cajón de una cómoda, por los siglos de los siglos.
Valerio, cuya única hacienda en esta vida había sido el tener dos brazos, fue premiado por la diosa fortuna con tres descendientes, todos los cuales fueron mujeres, justificándose en él, el dicho popular de mi tierra, de que “a hombre pobre, rajas en él” y como su capacidad económica era casi nula, recurrió al sistema del prestado, para poder darle dote a su femenina prole.
Para tal encomienda y en solicitud de auxilio, acudió a Damián, hombre afable, conocido de todos por el buen trato que solía dispensar a los que con él se relacionaban, y a la facilidad que daba a aquel que tenía algún apuro económico, al que atendía en sus demandas, sin apremiarle luego para las devoluciones.
Damián recibió a Valerio en el zaguán de su magnífica casa solariega, y tras “echar un par de cigarros”, y hablar - al solo objeto de hacer tiempo - de cómo se presentaban aquel año las cosechas de trigo y garbanzos, así como sería la temporada de caza de perdiz, nuestro hombre pasó sin rodeos, al capítulo de demandas, en donde expuso claramente su petición, que se cifraba en unos diez mil duros.
...Porque yo lo que quisiera – argumentaba Valerio – es poner a mi hija muy bien puesta.
Damián asentía con la cabeza, y tras una serie de nuevos razonamientos de su interlocutor, este volvía a insistir -Ya digo, que lo que quiero, es poder ponerla para la boda, muy bien puesta... y mientras continuaba hablando de dinero y de dotes, insistía machaconamente…
- Porque, como ya le he dicho, mi deseo es ponerla muy bien puesta, el día de su boda... y así continuaron hasta que el anfitrión, con la amabilidad que le caracterizaba le aclaró:
- Mira Valerio, puedes contar con el dinero que me pides – y luego agregó en tono amable. Yo no quiero meterme en tus cosas, pero verás... yo he casado a dos hijas, le he dado a cada una cincuenta mil reales, y luego les he dejado que ellas eligieran la postura que más les gustara...
Hace tan solo unos días, paseaba por mi calle una vecina con dos preciosos cachorros de perro de raza labrador. Acaricié a los animales qué –como todos los pequeños - eran deliciosos, y pregunté a su dueña por ellos, y como los había obtenido. Ha sido una auténtica ganga – me explicó - me los han dejado a mitad de precio, porque los dos son hembras...
Después de más de un millón de años, de supuesta evolución, seguimos sin haber aprendido absolutamente nada de nada...
J. M. Hidalgo ( Historias de Gente Singular)
El extravagante emperador centro africano Bokassa I
Tal día como hoy el 12 de junio de 1987 en la República Centroafricana es condenado a muerte Jean-Bédel Bokassa, mas conocido como “Emperador Bokassa I”.
La singular peripecia de este rocambolesco personaje, parece extraída de una novela de otro tiempo. Hijo de un líder tribal, se unió durante la Segunda Guerra Mundial a las Fuerzas Francesas Libres y en 1964 al ejército Centroafricano donde ascendió a coronel.
En 1966, tras un golpe de estado, asumió el poder como presidente que ejerció de manera despótica mediante decretos, pero en 1976, decidió adoptar el modelo de gobierno libio y para ello se convirtió al Islam, cambiando su nombre por el de “Salah Eddine Ahmed Bokassa”, aunque poco después volvió a cambiarlo de república a monarquía, declarando la creación del “Imperio Centroafricano”.
Buscando un acercamiento a occidente se convirtió al catolicismo, y se coronó a sí mismo como “Emperador Bokassa I” en una fastuosa y costosísima ceremonia, copiada del emperador Napoleón Bonaparte y aunque no hubo en el acto presencia de delegaciones extranjeras, si un representante especial de la Santa Sede.
El nuevo imperio, era una monarquía absoluta pero Francia continuó apoyándole y el presidente Giscard d'Estaing - amigo personal del emperador - le facilitó ayuda económica y militar.
Uno de los pocos reconocimientos internacionales recibidos por Bokassa fue el de Argentina, siendo recibido con honores de jefe de estado por el dictador Jorge Videla.
En 1979, después de una masacre de civiles donde se produjeron alrededor de 100 muertos, se divulgó el rumor de que Bokassa participó en la matanza e incluso había comido algunos de sus cuerpos, por lo que Francia dio fin al singular imperio propiciando un golpe de estado el 20 de septiembre de 1979.
Bokassa no cesó en su idea de recuperar el poder y tras exiliarse en Francia, volvió en 1986, siendo detenido y juzgado por traición; asesinato; canibalismo y condenado a muerte el 12 de junio de 1987, aunque la sentencia fue conmutada a cadena perpetua, más tarde reducida a veinte años y por último amnistiada en 1993.
El llamado “emperador caníbal” murió de un ataque cardíaco tres años después.
La singular peripecia de este rocambolesco personaje, parece extraída de una novela de otro tiempo. Hijo de un líder tribal, se unió durante la Segunda Guerra Mundial a las Fuerzas Francesas Libres y en 1964 al ejército Centroafricano donde ascendió a coronel.
En 1966, tras un golpe de estado, asumió el poder como presidente que ejerció de manera despótica mediante decretos, pero en 1976, decidió adoptar el modelo de gobierno libio y para ello se convirtió al Islam, cambiando su nombre por el de “Salah Eddine Ahmed Bokassa”, aunque poco después volvió a cambiarlo de república a monarquía, declarando la creación del “Imperio Centroafricano”.
Buscando un acercamiento a occidente se convirtió al catolicismo, y se coronó a sí mismo como “Emperador Bokassa I” en una fastuosa y costosísima ceremonia, copiada del emperador Napoleón Bonaparte y aunque no hubo en el acto presencia de delegaciones extranjeras, si un representante especial de la Santa Sede.
El nuevo imperio, era una monarquía absoluta pero Francia continuó apoyándole y el presidente Giscard d'Estaing - amigo personal del emperador - le facilitó ayuda económica y militar.
Uno de los pocos reconocimientos internacionales recibidos por Bokassa fue el de Argentina, siendo recibido con honores de jefe de estado por el dictador Jorge Videla.
En 1979, después de una masacre de civiles donde se produjeron alrededor de 100 muertos, se divulgó el rumor de que Bokassa participó en la matanza e incluso había comido algunos de sus cuerpos, por lo que Francia dio fin al singular imperio propiciando un golpe de estado el 20 de septiembre de 1979.
Bokassa no cesó en su idea de recuperar el poder y tras exiliarse en Francia, volvió en 1986, siendo detenido y juzgado por traición; asesinato; canibalismo y condenado a muerte el 12 de junio de 1987, aunque la sentencia fue conmutada a cadena perpetua, más tarde reducida a veinte años y por último amnistiada en 1993.
El llamado “emperador caníbal” murió de un ataque cardíaco tres años después.
sábado, 11 de junio de 2016
La cosaria
Durante mi infancia y adolescencia, aunque ya comenzaba su declive, aun vivían años de esplendor y es que la figura del cosario o la cosaria, fueron decayendo a la par que nuestro país evolucionó a la modernidad y el desarrollo.
En esencia eran personas que llevaban y traían cosas - de ahí su nombre - entre los campos y los pueblos y entre estos y la capital, habiendo algunos tan prestigiosos, que para sus comandas efectuaban viajes hasta a Madrid – lugar mítico entonces - de donde podían traer encargos que solo allí había.
El vestido para la joven que iba a casarse, la medicina que no se encontraba en la farmacia local, los artículos de ferretería, la cubertería de fiesta, el traje para la primera comunión, y un millón de cosas más, eran traídas por encargo, en unas infinitas listas, que – de manera prodigiosa – ellos recordaban de memoria e iban repartiendo a cada uno en la forma solicitada,y, si por alguna razón ellos habían cambiado el producto demandado, al entregarlo se encargaban de cantar las excelencias del nuevo, haciéndolo incluso más deseable que el que él peticionario, había previamente encargado.
Los pedidos, se abonaban – generalmente - tras su recepción y en especie, por lo que las deudas eran cuidadosamente anotadas en una libreta de tapas duras, en las que perfectamente ordenados en columnas, constaban los nombres o apodos de los deudores y las cantidades que iban entregando a cuenta; huevos, animales de granja, frutas o granos, que una vez valorados, eran acomodados en el medio de transporte usado por el cosario para su comercio.
Hace tiempo oí una deliciosa historia de la época de gloria de los cosarios. Me contaron que –algunos de ellos – cuando llegaban a un caserío para hacer los pedidos, los iban anotando en trozos de papel, los cuales extendían luego en una mesa donde iban colocando las monedas entregadas a cuenta de cada cosa.
Más tarde aventaban la mesa con un soplillo de los usados para encender el fuego, hechos con una manopla de esparto, de forma que los que no tenían ninguna moneda encima caían al suelo, trayendo solamente los encargos que no volaban por impedirlo el peso del dinero, seguramente porque en más de una ocasión, se habían quedado con algún encargo sin cobrar.
Pero los cosarios no eran solo vendedores a domicilio, como de lo dicho pudiera deducirse. Los cosarios eran además – en una época en que las formas de comunicación resultaban escasas y difíciles – la voz y la noticia de los que estaban en otro lugar.
Él traía nuevas de los retoños que había tenido, o iba a tener, la mocita que se casó con uno de otro pueblo,o llevaba la talega - con el nombre bordado a punto de cruz - con la muda de la semana, para el estudiante que estaba en la capital y que a su través hacía llegar a casa la usada, o la noticia del mozo que estaba haciendo la mili en Badajoz...
Aunque no tenían oficina, todo el mundo sabía en que pensión o fonda se alojaban, y allí se les visitaba para encargarle algo o solicitar una información. Era la voz de la región para los que vivían lejos de ella.
Los cosarios fueron comunes en gran parte de España, pero abundaron mucho en Andalucía, y en mayor número en la provincia de Málaga, en donde hubo una auténtica cultura relacionada con esta figura, y aún hoy – hablado con gente mayor de aquellos lares – recuerdan las rutas e incluso los nombres de los que por una u otra razón, fueron singulares en la profesión.
María, que antes de cosaria había sido recovera, fue una de estas genuinas figuras. No era muy común el que las mujeres se dedicasen a la actividad, por un montón de razones. Trabajar fuera de casa, andar sola por los caminos, acarrear el peso que los encargos suponían y vivir cada día a salto de mata, hacía disuadir al sexo femenino de este oficio, pero en algunos casos, y tras vencer todos los obstáculos tanto personales como sociales, hubo algunas que lo ejercieron.
Era una mujer de considerable fuerza física, fino ingenio y grandes dotes para la persuasión y el acuerdo. Realizaba su trabajo en varios pueblos de la provincia de Málaga y se abastecía en la capital, a donde solía acudir dos o tres veces al mes, al objeto de materializar sus encargos.
Aquel día bajaba por la calle Cuarteles – llamada así porque en ella había tres establecimientos de estas características - arreando al borriquillo del que usaba para su negocio y que al haber concluido la ruta por la provincia, venía hasta los topes de productos del campo, algunos de los cuales llevaba colgados del aparejo del animal, entre ellos doce gallinas, que poco tiempo antes le habían dado en pago.
Estaba ya cerca del mercado del Carmen, en el barrio del Perchel lugar en donde se aprovisionaba, cuando le abordó un ciudadano que tras dar las buenas tardes, se identificó como empleado de la Protectora de Animales. – “Tengo que sancionarla – le dijo mientras se disponía a extender un boletín de denuncia – porque la forma en que lleva a estas pollitas, con la cabeza para abajo, supone un mal trato hacia los animales”
María, cansada después de una semana de andar de un lado a otro, se detuvo frente al empleado y con las manos en el cuadril, le espetó enérgica “Mira tú que pena...me multas a mí porque llevo estas pollas un rato cabeza abajo, y tú que llevas la tuya así desde que naciste, de eso no dices nada”.
Las cosarias de mi tierra – como puedes ver, amigo lector – eran mujeres de armas tomar.
J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)
La conflictiva existencia de la República Federal española
Tal día como hoy 11 de de junio de 1873, se proclama en España la República Federal bajo la presidencia de Francisco Pi y Margall.
La Primera República Española, dio comienzo el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo de Saboya y tuvo una duración de poco más de diez meses.
Fue un breve y convulso periodo, en el que se sucedieron cuatro presidentes, numerosas sublevaciones, huelgas obreras, guerra en Cuba, el problema cantonal en Cartagena, la elaboración de una Constitución Federal, que no llegó a ser publicada y múltiples proyectos sobre como se debería desarrollar este proceso político en España.
Al ser proclamada, se eligió como Presidente a Estanislao Figueras pero el pacto que lo sustentaba enseguida comenzó a deshacerse, pues los republicanos controlaban el gobierno y los radicales las cortes lo que pronto creo enfrentamientos, advirtiéndose que la nueva república apenas tenía apoyos.
Algunos partidos se oponían al nuevo régimen, los constitucionalistas decidieron abstenerse de las tareas de gobierno y el partido radical, en pocos meses también abandonó el sistema.
De este modo, la República estaba condenada al fracaso desde su inicio y para colmo, se produjeron numeroso levantamientos campesinos en Andalucía, reprimidos por el gobierno, así como los primeros focos federalistas, partidarios de organizar un estado federal “desde abajo”.
En mayo se organizan las elecciones a cortes constituyentes y el partido republicano federal obtiene mayoría con de un 60% de abstenciones, comenzando a debatirse un proyecto de constitución.
El presidente Figueras dimitió, siendo sustituido por Pi y Margall, intelectual brillante, de ideas libertarias que había dedicado toda su vida a teorizar sobre el Estado republicano federal.
Durante su presidencia impulsó el proyecto de Constitución de 1873, que nunca llegó a entrar en vigor, iniciando un programa de reformas: reparto de tierras, separación entre Iglesia y Estado, abolición de la esclavitud, enseñanza obligatoria y gratuita, limitación del trabajo infantil, derechos de asociación, y reducción de la jornada de trabajo.
Sin embargo, el proyecto federalista lo quería impulsar “desde arriba” contra lo que había defendido siempre y una república federal proclamada por ambas cámaras de las Cortes Constituyentes.
El Movimiento Cantonal pretendía dividir la península en estados soberanos y a principios de julio estalló el movimiento proclamándose el cantón de Cartagena que se extenderá por levante y Andalucía y se formaron juntas revolucionarias, lo cual supuso el final de Pi y Margall, y su sucesor, Nicolás Salmerón, dio un giro conservador para sofocar el cantonalismo y frenar a los carlistas.
El 3 de enero de 1874 del general Pavía, realiza en nombre del ejército un golpe de estado estableciendo un gobierno provisional y dando fin de hecho a la República.
La Primera República Española, dio comienzo el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación de Amadeo de Saboya y tuvo una duración de poco más de diez meses.
Fue un breve y convulso periodo, en el que se sucedieron cuatro presidentes, numerosas sublevaciones, huelgas obreras, guerra en Cuba, el problema cantonal en Cartagena, la elaboración de una Constitución Federal, que no llegó a ser publicada y múltiples proyectos sobre como se debería desarrollar este proceso político en España.
Al ser proclamada, se eligió como Presidente a Estanislao Figueras pero el pacto que lo sustentaba enseguida comenzó a deshacerse, pues los republicanos controlaban el gobierno y los radicales las cortes lo que pronto creo enfrentamientos, advirtiéndose que la nueva república apenas tenía apoyos.
Algunos partidos se oponían al nuevo régimen, los constitucionalistas decidieron abstenerse de las tareas de gobierno y el partido radical, en pocos meses también abandonó el sistema.
De este modo, la República estaba condenada al fracaso desde su inicio y para colmo, se produjeron numeroso levantamientos campesinos en Andalucía, reprimidos por el gobierno, así como los primeros focos federalistas, partidarios de organizar un estado federal “desde abajo”.
En mayo se organizan las elecciones a cortes constituyentes y el partido republicano federal obtiene mayoría con de un 60% de abstenciones, comenzando a debatirse un proyecto de constitución.
El presidente Figueras dimitió, siendo sustituido por Pi y Margall, intelectual brillante, de ideas libertarias que había dedicado toda su vida a teorizar sobre el Estado republicano federal.
Durante su presidencia impulsó el proyecto de Constitución de 1873, que nunca llegó a entrar en vigor, iniciando un programa de reformas: reparto de tierras, separación entre Iglesia y Estado, abolición de la esclavitud, enseñanza obligatoria y gratuita, limitación del trabajo infantil, derechos de asociación, y reducción de la jornada de trabajo.
Sin embargo, el proyecto federalista lo quería impulsar “desde arriba” contra lo que había defendido siempre y una república federal proclamada por ambas cámaras de las Cortes Constituyentes.
El Movimiento Cantonal pretendía dividir la península en estados soberanos y a principios de julio estalló el movimiento proclamándose el cantón de Cartagena que se extenderá por levante y Andalucía y se formaron juntas revolucionarias, lo cual supuso el final de Pi y Margall, y su sucesor, Nicolás Salmerón, dio un giro conservador para sofocar el cantonalismo y frenar a los carlistas.
El 3 de enero de 1874 del general Pavía, realiza en nombre del ejército un golpe de estado estableciendo un gobierno provisional y dando fin de hecho a la República.
viernes, 10 de junio de 2016
La cena de Nochebuena
Un amigo – medio filósofo él – me dijo tiempo atrás, en una de sus clarividentes visiones de la vida, que los que menos tenían, eran los que más compartían, porque –según argumentaba - el hombre no se vuelve avaricioso con sus posesiones, respecto a los demás, hasta no tener muchas, y es a partir de ese momento, que cuanto más acapara, mayor es su grado de insolidaridad con su prójimo.
A lo largo de mi vida, he tenido ocasión de comprobar, cuanta razón había en las palabras de mi amigo, pudiendo ver que el corazón de los hombres se endurece más y más, cuanto mayor es él número de sus bienes materiales. Pero, nunca ha habido una regla sin su excepción, y esta fue la de Basilio.
Basilio no era rico, aunque considerando sus orígenes, habría que haberlo calificado de potentado. Hijo de una familia de los años cincuenta del pasado siglo, con once hermanos, cuyo progenitor fue peón agrícola, había vivido desde su infancia, en la más absoluta indigencia, vistiendo con ropas de sus hermanos mayores, comiendo lo que el tiempo daba – que casi nunca era mucho - y siempre sin una peseta en el bolsillo, hasta que un día – en que siendo ya adulto - intervino como mediador en un negocio de compraventa de fincas, y descubrió en ello su auténtica vocación.
Pronto corrió de boca en boca su fama de buen negociador, lo que le hizo intervenir como “tratante” en múltiples negocios, comenzando a llegar el dinero a su casa, lo que hizo que, al poco - y gracias a su habilidad en los negocios - la posición social de Basilio, pasase de la pobreza, a un acomodo más que notable.
No obstante, nuestro hombre no se olvidó de los tiempos difíciles, y como un auténtico mecenas, ayudó a sus hermanos, y al resto de la familia cuanto pudo, extendiendo su auxilio incluso a los extraños, que siempre hallaron en él ayuda y fue entonces, cuando ocurrió la historia que hoy narro.
Las fiestas de Navidad - en Andalucía - tienen un día y una celebración grande, y esa es la cena de Nochebuena. Esa noche por encima de otras, toda la familia se reúne en derredor de una mesa bien provista de toda clase de viandas, así como de vinos y licores, y al sonido de algún villancico - que suele cantarse a los postres - todos se desean los mejores augurios para el futuro. Si la de los Reyes Magos es la noche de los regalos, la de Nochebuena, es la de los buenos deseos.
Estaban todos ya dispuestos para comenzar a cenar, y mientras, no hacía más que pasar una y otra vez por delante de la casa, Silverio, que vivía solo en una barraca de no más de quince metros - que él mismo se había construido - siendo conocido de todos en la comarca, por su afición a pegar la gorra para comer, en una u otra casa del entorno.
Basilio, tras un breve cónclave familiar, en el que todos se mostraron de acuerdo, invitó al merodeador a pasar, y este, sin hacerse de rogar más de lo reglamentario en estos casos, se sentó a la mesa, y antes de lo que se cuenta, dio fin a tres o cuatro platos de pavo, chuletas y otras viandas, que fue regando con abundante caldo de Baco, para mejor hacerlos pasar.
Tras los postres, a base de dulces y mantecados caseros - grandes y generosamente azucarados - tomó a su amoroso cuidado una botella de brandy y - copa viene, brindis va - cuando vino a darse cuenta, solo quedaba dentro un dedo escaso de contenido, por lo que la habitación, y todos los que en ella estaban, comenzaron a girar en torno suyo, y el suelo a perder la horizontalidad, que hasta entonces había tenido.
Además de los efectos ya dichos, el alcohol – combinado con la ingestión súbita de tanta comida – empezó a realizar en su organismo apremiantes efectos laxantes, de forma que - tal y como sé hacía entonces - decidió salir al campo para aligerarse. Pero nada más levantarse, se dio cuenta de su imposibilidad absoluta para mantenerse en posición vertical, por lo que – abusando de la hospitalidad – pidió al dueño de la casa, que le acompañase en su nocturna excursión.
Aunque no era un plato de gusto, Basilio, ante la perspectiva de que, de no hacerlo, cabía la posibilidad de que su invitado se descompusiese en la misma mesa, salió con él fuera – en una noche helada y negra como boca de lobo - hasta unas matas entre las que, tras ayudarle a bajarse los pantalones, le hizo ponerse en cuclillas.
No bien lo hubo hecho, cuando - como impulsado por un muelle y gritando de dolor – Silverio, se puso nuevamente en pie, siendo empujado hacia abajo por su acompañante, que achacaba su actitud a los efectos de la bebida, y así se inicio un ejercicio de subidas, y bajadas, que duró más de quince minutos, hasta que la naturaleza, depositó en la tierra, lo que de la tierra era.
A la mañana siguiente Silverio, con el trasero como el de un mandril, fue atendido por el médico del pueblo, que le diagnosticó erupción alérgica en sus nalgas y partes más nobles, de las que tuvo que ser curado con calmantes durante varios días.
La luz del día, dejó ver también, que las matas entre las que nuestro hombre –desnudo hasta la cintura - fue obligado, a fuerza viva y de manera reiterada a agacharse, eran unas vigorosísimas ortigas, que se cebaron en sus carnes, de forma inmisericorde, dejando toda su geografía inferior, tan roja como el caparazón de un cangrejo.
Desde aquel día - y por si le volvía a pasar lo mismo - Silverio aprendió a ser más comedido con la bebida en la mesa, y sobre todo a mirar – antes de hacerlo - donde se agachaba.
J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular )
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