lunes, 13 de julio de 2015

El asesinato que desencadenó la Guerra Civil Española.

Tal día como hoy 13 de julio de 1936, se produce en Madrid el asesinato del diputado José Calvo Sotelo, preludio de la guerra civil española.

Calvo Sotelo era un político derechista, cuya carrera política no alcanzó relevancia hasta la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, donde fue nombrado ministro de Hacienda y por ello, cuando cayó la dictadura a finales del 1929 y se proclamó la II República, le obligó a exiliarse en París.

El 4 de mayo de 1934, regresó del exilio por una amnistía del gobierno republicano, reanudando su actividad política y creando el “Bloque Nacional”, que no obtuvo los resultados esperados, intentando ingresar en Falange, pero su fundador se negó debido a las diferencias ideológicas entre ambos.

Con la victoria en 1936 del Frente Popular, desde su escaño de parlamentario protagonizó diversos incidentes que le hicieron ganarse la hostilidad izquierdista, convirtiéndose en el portavoz de la ultraderecha.

El 12 de julio, el teniente de la Guardia de Asalto y militante socialista José Castillo, fue asesinado a tiros y en respuesta, sus compañeros asesinaron a José Calvo Sotelo, lo que el régimen franquista llevaría a “Causa General” utilizada como instrumento de represión y así legitimar la sublevación contra la República, tratando de demostrar que el asesinato había sido planificado por el gobierno republicano.

Lo cierto es, que algunos compañeros de José Castillo, militantes del PSOE, junto a guardias de Asalto con una camioneta oficial, al no encontrar en su domicilio a Gil-Robles, que era su objetivo, fueron al de Calvo Sotelo, a quien pidieron les acompañase a la Dirección General de Seguridad.

A los pocos momentos de emprender la marcha, sonó un disparo y Calvo Sotelo cayó asesinado, mientras el pistolero hizo un segundo sobre su cabeza, llevándole al Cementerio del Este, donde lo extrajeron de la camioneta y le dejaron dentro del recinto y próximo a la puerta de entrada.

Aunque la propaganda franquista presentó el asesinato como un crimen de Estado, lo cierto es que los integrantes de este cuerpo policial no fueron los únicos participantes en el hecho pues quien parece estuvo al mando de la operación - Fernando Condés - era capitán de la Guardia Civil

El capitán siguió moviéndose por Madrid con total impunidad, pese a ser identificado el día 13 por la mujer de Calvo Sotelo, mientras tres diputados del partido socialista encubrieron a los autores del crimen y se preocuparon de que pudieran permanecer escondidos, confesándolo así en sus memorias, lo que prueba hasta qué punto en la España de 1936, se había envilecido la política.

Pocos días después del inicio de la guerra, el 25 de julio, el sumario del asesinato fue sustraído del Tribunal Supremo, a punta de fusil, por miembros de las milicias socialistas, desapareciendo.

Tras el entierro de Calvo Sotelo, los congregados trataron de marchar hacia el centro de Madrid, siendo cacheados varios veces por guardias de Asalto y luego tiroteados, resultando cinco muertos y treinta y cuatro heridos entre los manifestantes desarmados.

La falta por parte del Gobierno de una reacción enérgica contra los autores del crimen, y la persecución que acto seguido desató contra múltiples activistas de derechas para evitar sus posibles represalias, sirvió para decidir a muchos de los que aún dudaban, a tomar parte en la sublevación organizada por el general Mola.


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