Tal día como hoy 6 de abril de 1987, se inaugura el Teatro Cervantes de Málaga tras su remodelación, después de ciento diecisiete años desde de la primera actuación en su escenario.
El Teatro Cervantes de Málaga, es el más antiguo espacio escénico de la capital de la Costa del Sol, ya que data su construcción de 1870 y cuenta con mil doscientas localidades, siendo la sede principal del Festival de Málaga.
A finales del siglo XIX, un incendio destruyó totalmente el Teatro de la Libertad, antes llamado del Príncipe Alfonso, inaugurado por causa de una visita a Málaga de la Reina Isabel II y después de perder tan emblemático edificio, varias personas socialmente relevantes y ligadas al mundo del arte y la cultura, crearon una asociación para dotar a la ciudad de un nuevo teatro, donde dar cabida a las diferentes artes que, fruto del auge económico y cultural de entonces, abundaba en Málaga.
Esta asociación, encargó las obras al arquitecto municipal Gerónimo Cuervo, y este pidió la colaboración del pintor valenciano Bernardo Ferrándiz, y de la decoración se ocuparon ambos conjuntamente, con la colaboración del también pintor malagueño Muñoz Degrain.
Ferrándiz pintó el telón de boca y el techo de la sala, que es una alegoría de la ciudad, rodeada de todos los aspectos de su economía, en pleno florecimiento y que dio lugar a la aparición de una clase social acomodada y culturalmente inquieta, que instó la construcción del coliseo.
Las obras fueron entre abril y noviembre de 1870, inaugurándose el 17 de diciembre, con la obertura de la ópera Guillermo Tell, con una capacidad para 2.400 personas, y bautizado como “El Teatro Miguel de Cervantes” el cual obtuvo en su día el título de Monumento Histórico Artístico, tras expediente abierto por el Ministerio de Cultura.
La fachada principal tiene tres plantas, sobresaliendo la línea del cuerpo central y los dos extremos retranqueados, toda ella con un paramento decorado con líneas horizontales, y en la zona baja tiene un zócalo con rectángulos de piedra, abriéndose en cada planta cinco vanos adintelados en eje, excepto en la planta baja, que los tres centrales son de medio punto donde originalmente había cinco farolas de hierro fundido, hoy sustituidas por un alero elíptico sobre las tres entradas centrales.
Con los años, el edificio sufrió una serie de cambios de diversa índole, pero la indiferencia y el abandono, lo convierten prácticamente en ruinas y en 1950 presenta un serio deterioro que las reformas alteran gravemente en cuanto a su diseño original, estableciéndose un bar y una cabina para proyectar cine, que será la actividad a la que quede reducido.
En 1984, el Ayuntamiento lo adquiere y financia junto con varios ministerios las obras para su reconstrucción, quedando con un aforo definitivo de 1.171 localidades entre butacas y palcos, siendo inaugurado por la entonces Reina Doña Sofía, el 6 de abril de 1987, con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Málaga.
Hoy se cumplen pues 30 años de la reapertura del Cervantes como espacio escénico municipal y sus espectáculos programados se distribuyen según la ordenación clásica de los géneros escénicos: lírica, música, teatro y danza, divididos a su vez en en multitud de variantes.
Relación efemérides históricas; cuentos, reflexiones, poesias...
jueves, 6 de abril de 2017
miércoles, 5 de abril de 2017
Danton, el revolucionario que murió en la guillotina.
Tal día como hoy el 5 de abril de 1794, Georges Jacques Danton, abogado y político francés, figura determinante durante la Revolución francesa, fue guillotinado en París.
Tras la revolución de 1792, ocupó el cargo de ministro de Justicia, pero en realidad actuaba como un verdadero jefe de gobierno. Elegido diputado por París, se alineó con el radical partido de “la Montaña”, si bien sus ideas le inclinaban más bien a un compromiso con sus rivales los “girondinos”.
En julio de 1790, fundó “La Sociedad de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, más conocido por el club de “Los Cordeliers” y tres años después, ante las amenazas contra la revolución, propuso la creación de Comités que ejercerían el poder ejecutivo llegando él mismo a presidir el “Comité de Salvación Pública”. Sin embargo, poco después fue expulsado de este y sustituido por Robespierre, dando entonces comienzo la dictadura revolucionaria de “el terror”.
El 30 de marzo de 1794, Danton, fue arrestado bajo la acusación de “enemigo de la República” según la denuncia llevada a cabo por el jacobino Saint-Just y condenado a muerte en la guillotina.
Sus últimas palabras en el cadalso fueron: “No os olvidéis, sobre todo no os olvidéis de mostrar mi cabeza al pueblo; porque merece la pena”.
La muerte de Dantón, fue el principio del fin de la Revolución Francesa, al empezar esta a "devorar" a sus propios hijos.
Ese es el final de la mayoría de las revoluciones.
Tras la revolución de 1792, ocupó el cargo de ministro de Justicia, pero en realidad actuaba como un verdadero jefe de gobierno. Elegido diputado por París, se alineó con el radical partido de “la Montaña”, si bien sus ideas le inclinaban más bien a un compromiso con sus rivales los “girondinos”.
En julio de 1790, fundó “La Sociedad de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, más conocido por el club de “Los Cordeliers” y tres años después, ante las amenazas contra la revolución, propuso la creación de Comités que ejercerían el poder ejecutivo llegando él mismo a presidir el “Comité de Salvación Pública”. Sin embargo, poco después fue expulsado de este y sustituido por Robespierre, dando entonces comienzo la dictadura revolucionaria de “el terror”.
El 30 de marzo de 1794, Danton, fue arrestado bajo la acusación de “enemigo de la República” según la denuncia llevada a cabo por el jacobino Saint-Just y condenado a muerte en la guillotina.
Sus últimas palabras en el cadalso fueron: “No os olvidéis, sobre todo no os olvidéis de mostrar mi cabeza al pueblo; porque merece la pena”.
La muerte de Dantón, fue el principio del fin de la Revolución Francesa, al empezar esta a "devorar" a sus propios hijos.
Ese es el final de la mayoría de las revoluciones.
martes, 4 de abril de 2017
Las “Tesis de abril”, una guía para la revolución bolchevique
Estas tesis propugnaban superar la primera etapa de la revolución rusa, que dio el poder a la burguesía, pasando a otra que lo diera al proletariado y las capas pobres del campesinado.
Lenin no quería una república parlamentaria, “porque volver a ella sería dar un paso atrás”, sino una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos.
Propugnaba la supresión de la policía, el ejército y la burocracia y en agricultura, trasladar el centro de gravedad a los Soviets de diputados braceros, así como confiscar y nacionalizar todas las tierras del país.
En finanzas proponía la fusión de todos los bancos en un único Banco Nacional, sometido al control de los diputados obreros.
En resumen, no proponía la "implantación" del socialismo como tarea inmediata, “sino pasar a la instauración del control de la producción social y de la distribución de los productos por los Soviets de diputados obreros."
Las “tesis de abril” resultaron ser una guía, para el éxito en la consolidación de la revolución bolchevique de octubre de 1917.
lunes, 3 de abril de 2017
De la Ley Sálica a las Guerras Carlistas.
Tal día como hoy 3 de abril de 1830, aparece publicada en la Gaceta de Madrid, la Pragmática Sanción, mediante la cual se suprimía la Ley Sálica, introducida por Felipe V y por la que no podían reinar las mujeres en España.
La Pragmática de 1830, fue una “norma sanción ejecutiva” aprobada por Fernando VII en marzo de ese año, que había sido a su vez, aprobada por las Cortes en 1789 a instancia y decisión de su padre Carlos IV y que, por razones de política exterior, no llegó a entrar en vigor.
Dicha Pragmática, anulaba a su vez el “Auto Acordado” de 1713 dictada por el rey Felipe V que, decía que, excepto en casos muy extremos, se imposibilitaba a las mujeres acceder al Trono, por lo que era conocida por “Ley Sálica” aunque, desde un punto de vista técnico, no lo fuera.
La Ley Sálica original, era un cuerpo de leyes del siglo VI del rey franco Clodoveo I, y en esencia, consistía en que prohibía que una mujer heredara el trono e incluso pudiese transmitir derechos a sus descendientes varones, y cuyo origen remoto, era una antigua ley del pueblo de los francos salios, donde por intereses políticos y dinásticos no podía acceder al trono la hermana del heredero varón muerto, sino su tío y hermano del anterior rey.
El motivo de esto, era una razón de tipo práctico, pues, siguiendo la lógica de los salios, nunca se podía estar completamente seguro de que el hijo de la mujer del rey era realmente del rey, pero tampoco era seguro que el hijo de la hermana del rey llevara sangre real, pues la madre del rey también podía haber sido infiel a su padre al concebir a su hermana.
La razón debe buscarse en que los varones de la nobleza, recibían entrenamiento en el manejo de las armas desde temprana edad y en aquella época el rey, el primero de los nobles, combatía al frente de sus tropas con cierta frecuencia. Esto hacía preferible a un supuesto varón de la familia real, frente a una supuesta hija del rey.
En España, esta Pragmática de 1789 restablecía el sistema de sucesión de las Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, según el cual las mujeres podían reinar si no tenían hermanos varones y la de 1830 de Fernando VII, se limitaba a publicar el texto aprobado en su día por Carlos IV, ahora convertida en Ley fundamental y por lo tanto, el derecho de las hembras a la sucesión.
Tras la muerte de su tercera esposa, el rey Fernando VII anunció que iba a casarse de nuevo, con una mujer 22 años más joven que él, y pocos meses después del matrimonio, publicó la Pragmática asegurando así que, si tenía descendencia, aunque fuera niña ésta le sucedería, tal como en efecto sucedió, cuando su mujer la reina María Cristina, quedó embarazada de la futura Isabel II, por lo que el hermano del rey, Carlos María Isidro, heredero hasta entonces, quedó fuera de la sucesión, para consternación de sus partidarios ultra-absolutistas.
Sus partidarios, denominados “carlistas”, no se resignaron a que Isabel fuera la futura reina y aprovechando una enfermedad del rey, presionaron a María Cristina y consiguieron que el rey - que parecía a punto de morir - firmara la anulación de la Pragmática, pero de improviso Fernando VII se recuperó y anuló el decreto derogatorio, que jamás se había promulgado, pero que sin embargo los “carlistas” se encargaron de divulgar.
A partir de entonces, los “ultra-absolutistas” adoptaron una postura de rebelión frente a Fernando VII, apoyados por la negativa del hermano de este, al negarse a prestar juramento a Isabel como heredera al trono, por lo que Fernando obligó a su hermano a abandonar España en 1833.,
Pocos meses más tarde, moría Fernando VII, - que fue felón hasta en sus últimas decisiones -, iniciándose una guerra civil por la sucesión a la Corona entre “isabelinos” -partidarios de Isabel- y “carlistas” - de su tío Carlos - en las llamadas “guerras carlistas”, que significaron un desastre total para España en todos los sentidos y supusieron en realidad, tres guerras civiles durante el siglo XIX .
La primera, entre 1833 y 1840; la segunda, de 1846 hasta 1849 y la tercera entre 1872–1876, con dos intentonas más, la llamada “Ortegada” en 1860, complot pro carlista, del general Jaime Ortega en San Carlos de la Rápita y el “Alzamiento de Badalona” en 1900, que fue la última.
La Pragmática de 1830, fue una “norma sanción ejecutiva” aprobada por Fernando VII en marzo de ese año, que había sido a su vez, aprobada por las Cortes en 1789 a instancia y decisión de su padre Carlos IV y que, por razones de política exterior, no llegó a entrar en vigor.
Dicha Pragmática, anulaba a su vez el “Auto Acordado” de 1713 dictada por el rey Felipe V que, decía que, excepto en casos muy extremos, se imposibilitaba a las mujeres acceder al Trono, por lo que era conocida por “Ley Sálica” aunque, desde un punto de vista técnico, no lo fuera.
La Ley Sálica original, era un cuerpo de leyes del siglo VI del rey franco Clodoveo I, y en esencia, consistía en que prohibía que una mujer heredara el trono e incluso pudiese transmitir derechos a sus descendientes varones, y cuyo origen remoto, era una antigua ley del pueblo de los francos salios, donde por intereses políticos y dinásticos no podía acceder al trono la hermana del heredero varón muerto, sino su tío y hermano del anterior rey.
El motivo de esto, era una razón de tipo práctico, pues, siguiendo la lógica de los salios, nunca se podía estar completamente seguro de que el hijo de la mujer del rey era realmente del rey, pero tampoco era seguro que el hijo de la hermana del rey llevara sangre real, pues la madre del rey también podía haber sido infiel a su padre al concebir a su hermana.
La razón debe buscarse en que los varones de la nobleza, recibían entrenamiento en el manejo de las armas desde temprana edad y en aquella época el rey, el primero de los nobles, combatía al frente de sus tropas con cierta frecuencia. Esto hacía preferible a un supuesto varón de la familia real, frente a una supuesta hija del rey.
En España, esta Pragmática de 1789 restablecía el sistema de sucesión de las Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, según el cual las mujeres podían reinar si no tenían hermanos varones y la de 1830 de Fernando VII, se limitaba a publicar el texto aprobado en su día por Carlos IV, ahora convertida en Ley fundamental y por lo tanto, el derecho de las hembras a la sucesión.
Tras la muerte de su tercera esposa, el rey Fernando VII anunció que iba a casarse de nuevo, con una mujer 22 años más joven que él, y pocos meses después del matrimonio, publicó la Pragmática asegurando así que, si tenía descendencia, aunque fuera niña ésta le sucedería, tal como en efecto sucedió, cuando su mujer la reina María Cristina, quedó embarazada de la futura Isabel II, por lo que el hermano del rey, Carlos María Isidro, heredero hasta entonces, quedó fuera de la sucesión, para consternación de sus partidarios ultra-absolutistas.
Sus partidarios, denominados “carlistas”, no se resignaron a que Isabel fuera la futura reina y aprovechando una enfermedad del rey, presionaron a María Cristina y consiguieron que el rey - que parecía a punto de morir - firmara la anulación de la Pragmática, pero de improviso Fernando VII se recuperó y anuló el decreto derogatorio, que jamás se había promulgado, pero que sin embargo los “carlistas” se encargaron de divulgar.
A partir de entonces, los “ultra-absolutistas” adoptaron una postura de rebelión frente a Fernando VII, apoyados por la negativa del hermano de este, al negarse a prestar juramento a Isabel como heredera al trono, por lo que Fernando obligó a su hermano a abandonar España en 1833.,
Pocos meses más tarde, moría Fernando VII, - que fue felón hasta en sus últimas decisiones -, iniciándose una guerra civil por la sucesión a la Corona entre “isabelinos” -partidarios de Isabel- y “carlistas” - de su tío Carlos - en las llamadas “guerras carlistas”, que significaron un desastre total para España en todos los sentidos y supusieron en realidad, tres guerras civiles durante el siglo XIX .
La primera, entre 1833 y 1840; la segunda, de 1846 hasta 1849 y la tercera entre 1872–1876, con dos intentonas más, la llamada “Ortegada” en 1860, complot pro carlista, del general Jaime Ortega en San Carlos de la Rápita y el “Alzamiento de Badalona” en 1900, que fue la última.
domingo, 2 de abril de 2017
El día que los francos conquistaron Barcelona a los musulmanes
El reino franco venía sufriendo ataques y saqueos por parte de normandos al norte; árabes al sur y al este los Ávaros de Hungría y por eso decidieron crear unos “estados tapón” que frenasen estas correrías, las llamadas “Marcas”, fronteras que se auto defendiesen a sí mismas, al mando de un conde o un marqués, que en Hispania sería la Marca Hispánica ocupando las actuales Cataluña, Aragón y Navarra.
La idea fue en un principio conquistar hasta el Ebro, para luego continuar hacia toda la península, uno de los sueños de Carlomagno que parecía factible.
En el año 777, representantes árabes ofrecieron a Carlomagno, la ciudad de Zaragoza a cambio de ayuda contra el gobierno de Córdoba y el rey en persona llevó a cabo una expedición, siendo traicionado por los musulmanes que se negaron a entregarla, por lo que ordenó la retirada de sus tropas, sufriendo la destrucción de parte de su ejército en una emboscada en los desfiladeros de Roncesvalles,
Pero como los saqueos sarracenos continuaban, tras la entrega el 785 de la ciudad de Girona para huir del dominio musulmán, se establece la primera Marca hasta el río La Tordera y a finales del 800 se reúne un gran ejército para tomar Barcelona, en un largo asedio de seis meses.
Finalmente la ciudad, decide entregase, lo cual se realizó mediante una capitulación pactada, y tras la conquista a los habitantes árabes y bereberes se les otorgó un plazo de tiempo para abandonarla, estableciéndose en Sant Boi de Llobregat, mientras la conquista de Barcelona, producía una gran impresión en todo occidente cristiano.
Para los habitantes cristianos se garantizó el respeto a sus propiedades, el uso de su propia ley, la facultad de juzgarse entre ellos mismos y la exención de impuestos, fortificándose toda la zona hasta el río Llobregat, para salvaguardar el camino hacia la ciudad y reforzar la frontera.
Luis el Piadoso intentó entonces conquistar hasta Tortosa, para delimitar la frontera en el delta del Ebro, pero sus esfuerzos resultaron inútiles, nombrándose el conde Berá de origen franco, como primer conde de Barcelona.
Tras la toma de 801, la ciudad volvió a caer en manos sarracenas por un breve periodo de tiempo siendo atacada en diversas ocasiones, aunque la mayor parte del tiempo permaneció en poder de los cristianós y que no fue hasta el año 985 en que sería tomada y destruida esta vez por Almanzor.
sábado, 1 de abril de 2017
El último día de la Guerra Civil Española
La guerra se desencadenó tras fracasar el golpe de estado del 18 de julio de 1936, llevado a cabo por parte del ejército contra el gobierno de la Segunda República, y se daría por terminada con el último parte de guerra firmado por Franco, declarando la victoria y estableciendo una dictadura que duraría hasta 1975.
El fin del conflicto se caracterizó por el movimiento de una gran cantidad de población que sufrió traslados por campos y ciudades en condiciones de miseria. Merece crédito la cifra de 560.000 muertos ocasionados por la guerra, ya en combate o a causa de bombardeos sobre la población civil y represión, inanición o enfermedades.
A esta cifra hay que sumarle los, aproximadamente 3000.000 republicanos, que cruzaron la frontera al final de la contienda, por lo que no parece exagerado, fijar en 900.000 el número de ciudadanos que pierde España a causa del conflicto.
El balance económico resultó desastroso: fueron destruidos más de la mitad de los trenes y vias de ferrocarril, así como numerosas redes de carreteras. La ganadería quedó reducida a una tercera parte, así como la producción agrícola y la industrial, destruyéndose alrededor de 500.000 viviendas.
España quedó en una situación de ruina total.
“En nuestra guerra, hubo casi un millón de muertos..¡Y eso que fue civil...!,¡Anda que si llega a ser militar..!” (Gloria Fuertes. Poeta)
viernes, 31 de marzo de 2017
La expulsión de los judíos por los Reyes Católicos
Tal día como hoy 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos firman el decreto que ordena la expulsión de los judíos de España.
El Decreto de la Alhambra, fue promulgado por los recién llamados Reyes Católicos y en él se expulsaba a los judíos tanto de Castilla, como de Aragón, confiándose su redacción al Inquisidor General Torquemada, lo que demuestra el protagonismo de la Inquisición en aquel asunto.
“Estamos informados por la Inquisición y otros el gran daño que persiste a los cristianos al relacionarse con los judíos, y a su vez estos judíos tratan de todas maneras a subvertir la Santa Fe Católica”
En él, se acusaba a los judíos de usura; “Hallamos los dichos judíos, por medio de grandísimas e insoportables usuras, devorar y absorber las haciendas y sustancias de los cristianos”, así como de herejía, obligándoles a elegir entre el bautismo o el exilio y si optaban por este último, no podrían sacar del país ni oro, ni plata, ni caballos...
“Damos y otorgamos permiso a los anteriormente referidos Judíos y Judías a llevar consigo fuera de nuestras regiones sus bienes y pertenencias por mar o por tierra exceptuando oro y plata, o moneda acuñada u otro articulo prohibido por las leyes del reinado”.
Finalmente se explicaba el motivo por el que se decidió expulsar a todos y no sólo a aquellos que supuestamente querían "pervertir" a los cristianos: “Porque cuando algún grave y detestable crimen es cometido por algún colegio o universidad, es razón que tal colegio o universidad sean disolvidos, y anihilados y los menores por los mayores y los unos por los otros punidos”.
La expulsión era definitiva y sin excepciones por razón de edad, residencia o lugar de nacimiento: “Acordamos de mandar salir todos los judíos y judías de nuestros reinos y que jamás tornen ni vuelvan a ellos ni alguno de ellos”. Advirtiendo que los que no lo hiciesen o volvieran después serían castigados con la pena de muerte y la confiscación de sus bienes, así como también los que auxiliaran a los judíos o los ocultaran se exponían a perder “todos sus bienes, vasallos y fortalezas y otros heredamientos”.
Los judíos podrían vender sus bienes y llevarse el producto de la venta en forma de letras de cambio, pero no en moneda o en oro y plata, porque estaba prohibida por la ley, ni tampoco armas o caballos, cuya exportación también estaba también prohibida.
El decreto se mantuvo vigente hasta el 21 de diciembre de 1969 – en pleno siglo XX - en que fue formalmente derogado.
El Decreto de la Alhambra, fue promulgado por los recién llamados Reyes Católicos y en él se expulsaba a los judíos tanto de Castilla, como de Aragón, confiándose su redacción al Inquisidor General Torquemada, lo que demuestra el protagonismo de la Inquisición en aquel asunto.
“Estamos informados por la Inquisición y otros el gran daño que persiste a los cristianos al relacionarse con los judíos, y a su vez estos judíos tratan de todas maneras a subvertir la Santa Fe Católica”
En él, se acusaba a los judíos de usura; “Hallamos los dichos judíos, por medio de grandísimas e insoportables usuras, devorar y absorber las haciendas y sustancias de los cristianos”, así como de herejía, obligándoles a elegir entre el bautismo o el exilio y si optaban por este último, no podrían sacar del país ni oro, ni plata, ni caballos...
“Damos y otorgamos permiso a los anteriormente referidos Judíos y Judías a llevar consigo fuera de nuestras regiones sus bienes y pertenencias por mar o por tierra exceptuando oro y plata, o moneda acuñada u otro articulo prohibido por las leyes del reinado”.
Finalmente se explicaba el motivo por el que se decidió expulsar a todos y no sólo a aquellos que supuestamente querían "pervertir" a los cristianos: “Porque cuando algún grave y detestable crimen es cometido por algún colegio o universidad, es razón que tal colegio o universidad sean disolvidos, y anihilados y los menores por los mayores y los unos por los otros punidos”.
La expulsión era definitiva y sin excepciones por razón de edad, residencia o lugar de nacimiento: “Acordamos de mandar salir todos los judíos y judías de nuestros reinos y que jamás tornen ni vuelvan a ellos ni alguno de ellos”. Advirtiendo que los que no lo hiciesen o volvieran después serían castigados con la pena de muerte y la confiscación de sus bienes, así como también los que auxiliaran a los judíos o los ocultaran se exponían a perder “todos sus bienes, vasallos y fortalezas y otros heredamientos”.
Los judíos podrían vender sus bienes y llevarse el producto de la venta en forma de letras de cambio, pero no en moneda o en oro y plata, porque estaba prohibida por la ley, ni tampoco armas o caballos, cuya exportación también estaba también prohibida.
El decreto se mantuvo vigente hasta el 21 de diciembre de 1969 – en pleno siglo XX - en que fue formalmente derogado.
jueves, 30 de marzo de 2017
Diego Corrientes, un bandolero sin crímenes de sangre.
Tal día como hoy 30 de marzo de 1781, tiene lugar en Sevilla, la ejecución del famoso bandolero Diego Corrientes.
Diego Corrientes Mateos, fue tal vez, el más significativo de todos los bandoleros andaluces, comenzando sus fechorías, en las provincias de Sevilla y Badajoz en 1778, dedicándose al robo de caballos para venderlos en Portugal.
Se convirtió en una leyenda popular debido a su generosidad con los más pobres, pues robaba a los ricos y repartía entre estos últimos algo de lo robado y este hecho hacía que aumentase su fama, estimación y protección popular.
El jesuita, escritor y periodista Luis Coloma, describe a Diego como “un hombre en la plenitud de su vida, de hermosas facciones y cuerpo robusto; dotado de esa elegante flexibilidad que tan airosos hacen a los campesinos andaluces”. Yendo vestido – al parecer – con la “uniformidad” del bandolero, es decir, todos los elementos que caracterizan el oficio, usando como arma un trabuco de ancha boca, conocido como “naranjero”.
El Gobernador de Sevilla, Francisco de Bruma, sentía por él un odio visceral, debido a que fue asaltado por Diego en su carruaje cerca de Utrera, sufriendo una gran humillación cuando el bandolero, colocando su bota en la ventanilla del carruaje, le obligó a atarle los cordones.
Sea como fuere, esta circunstancia desató su ira y deseo de venganza y en 1780, puso en marcha todos los medios disponibles para su captura, ofreciendo importantes sumas de dinero - hasta doscientos mil ducados - por la entrega de Diego, un bandolero sobre el que no pesaba un solo crimen de sangre.
Finalmente fue acosado en Portugal, donde sin la complicidad y simpatía de los campesinos que le habían protegido y apoyado en España, el “bandolero generoso” no tardaría mucho en ser localizado en las proximidades de “Pozo del Caño”, en Olivenza, donde tras una brava resistencia, fue apresado y trasladado a la cárcel de Sevilla, para ser juzgado.
Sobre los pormenores de la detención existe un artículo publicado de junio de 1999 en “El Correo de Andalucía”, del jurista José Santos Torres, hablando del cúmulo de irregularidades en la extradición de Diego por parte de la justicia portuguesa.
Celebrado el juicio en Sevilla, el día 25 de marzo de 1781, fue condenado según dictaba la sentencia, a “ser arrastrado hasta el patíbulo, ahorcado y descuartizado, exponiéndose sus despojos por los caminos”.
El 30 de marzo -Viernes Santo de 1781- se cumplió la sentencia y tal como señalaba el ordenamiento judicial sus brazos y piernas fueron colgados en ganchos y expuestos como escarmiento en los caminos de mayor tránsito de Sevilla y su cabeza exhibida en una jaula en el mismo lugar donde obligó al gobernador a abrocharle la bota.
La vida del personaje, que según el cantar popular – como siempre sucede - “a los ricos robaba y a los pobres socorría”, fue llevada al cine por el director Antonio Isasi Isasmendi, en la película “Diego Corrientes” en 1959.
Diego Corrientes Mateos, fue tal vez, el más significativo de todos los bandoleros andaluces, comenzando sus fechorías, en las provincias de Sevilla y Badajoz en 1778, dedicándose al robo de caballos para venderlos en Portugal.
Se convirtió en una leyenda popular debido a su generosidad con los más pobres, pues robaba a los ricos y repartía entre estos últimos algo de lo robado y este hecho hacía que aumentase su fama, estimación y protección popular.
El jesuita, escritor y periodista Luis Coloma, describe a Diego como “un hombre en la plenitud de su vida, de hermosas facciones y cuerpo robusto; dotado de esa elegante flexibilidad que tan airosos hacen a los campesinos andaluces”. Yendo vestido – al parecer – con la “uniformidad” del bandolero, es decir, todos los elementos que caracterizan el oficio, usando como arma un trabuco de ancha boca, conocido como “naranjero”.
El Gobernador de Sevilla, Francisco de Bruma, sentía por él un odio visceral, debido a que fue asaltado por Diego en su carruaje cerca de Utrera, sufriendo una gran humillación cuando el bandolero, colocando su bota en la ventanilla del carruaje, le obligó a atarle los cordones.
Sea como fuere, esta circunstancia desató su ira y deseo de venganza y en 1780, puso en marcha todos los medios disponibles para su captura, ofreciendo importantes sumas de dinero - hasta doscientos mil ducados - por la entrega de Diego, un bandolero sobre el que no pesaba un solo crimen de sangre.
Finalmente fue acosado en Portugal, donde sin la complicidad y simpatía de los campesinos que le habían protegido y apoyado en España, el “bandolero generoso” no tardaría mucho en ser localizado en las proximidades de “Pozo del Caño”, en Olivenza, donde tras una brava resistencia, fue apresado y trasladado a la cárcel de Sevilla, para ser juzgado.
Sobre los pormenores de la detención existe un artículo publicado de junio de 1999 en “El Correo de Andalucía”, del jurista José Santos Torres, hablando del cúmulo de irregularidades en la extradición de Diego por parte de la justicia portuguesa.
Celebrado el juicio en Sevilla, el día 25 de marzo de 1781, fue condenado según dictaba la sentencia, a “ser arrastrado hasta el patíbulo, ahorcado y descuartizado, exponiéndose sus despojos por los caminos”.
El 30 de marzo -Viernes Santo de 1781- se cumplió la sentencia y tal como señalaba el ordenamiento judicial sus brazos y piernas fueron colgados en ganchos y expuestos como escarmiento en los caminos de mayor tránsito de Sevilla y su cabeza exhibida en una jaula en el mismo lugar donde obligó al gobernador a abrocharle la bota.
La vida del personaje, que según el cantar popular – como siempre sucede - “a los ricos robaba y a los pobres socorría”, fue llevada al cine por el director Antonio Isasi Isasmendi, en la película “Diego Corrientes” en 1959.
miércoles, 29 de marzo de 2017
Cuando Fernando VII restableció la sucesión femenina al trono.
Tal día como hoy 29 de marzo de 1830, el rey Fernando VII promulga la Pragmática Sanción de 1789 para restablecer la sucesión femenina al trono.
La Pragmática Sanción de 1789, había sido acordada por Carlos IV y aprobada por las Cortes, aunque por razones políticas no se hizo pública y hubo que esperar más de cuarenta años hasta que su hijo Fernando VII, la promulgó a través de una nueva Pragmática Sanción, la de 29 de marzo de 1830.
Esta Ley, anulaba el Auto Acordado de Felipe V de 1713 que impedía - excepto en casos muy extremos - acceder al trono a las mujeres, por lo que era denominada “Ley Sálica” aunque, desde un punto de vista estricto, no lo fuera.
Esta Pragmática, restablecía el sistema sucesorio establecido en el “Código de las Siete Partidas”, según el cual, las mujeres podían reinar en caso de que no hubiesen hermanos varones, teniendo ellas preferencia sobre parientes varones más lejano.
La Ley Sálica original, determinaba que en la sucesión al trono cuando el rey no tuviese hijos, le correspondía al hijo varón de la hermana del rey, como medio de asegurar siempre un guerrero varón en el poder.
Carlos IV convocó las cortes en mayo de 1789, para que juraran como heredero a su hijo Fernando, de solo cinco años, las cuales se iniciaron en un ambiente de gran inquietud por los acontecimientos de la Revolución Francesa, que puso fin a la monarquía de Luis XVI, también borbón de Carlos IV.
Las Cortes, aprobaron por unanimidad el retorno al sistema sucesorio de Las Partidas, pero faltó su sanción, promulgación y publicación, último trámite para que tuviera validez jurídica, tal vez a causa de su precipitada disolución, por el pánico ante la noticia del asalto de Versalles por los parisinos y el traslado forzoso de la familia real a París.
El ministro Floridablanca, tenía miedo de que las Cortes españolas hicieran lo mismo que los Estados Generales franceses y se autoproclamaran Asamblea Nacional
Desde entonces, hubo que esperar hasta el 29 de marzo de 1830 para que entrara en vigor la Pragmática, cuando Fernando VII - al carecer de descendencia- la sancionó, promulgó y mandó publicar y, aunque al poco la reina quedó embarazada, se garantizó que lo que naciese – hembra o varón - llegara a reinar, como finalmente ocurrió, con su hija Isabel II.
La publicación de la Pragmática, causó consternación entre los partidarios del hermano del rey, infante Carlos María Isidro, que era - según la Ley de 1713 - su heredero, los cuales fueron conocidos como “carlistas”, llegando a conseguir que Fernando VII, gravemente enfermo, anulara la Pragmática en 1832, aunque una vez recuperado, anularía tal derogación.
Carlos María Isidro y sus partidarios se negaron siempre a reconocer a Isabel II, primero como princesa y, más tarde como reina, lo que provocaría la Primera Guerra Carlista.
La Pragmática Sanción de 1789, había sido acordada por Carlos IV y aprobada por las Cortes, aunque por razones políticas no se hizo pública y hubo que esperar más de cuarenta años hasta que su hijo Fernando VII, la promulgó a través de una nueva Pragmática Sanción, la de 29 de marzo de 1830.
Esta Ley, anulaba el Auto Acordado de Felipe V de 1713 que impedía - excepto en casos muy extremos - acceder al trono a las mujeres, por lo que era denominada “Ley Sálica” aunque, desde un punto de vista estricto, no lo fuera.
Esta Pragmática, restablecía el sistema sucesorio establecido en el “Código de las Siete Partidas”, según el cual, las mujeres podían reinar en caso de que no hubiesen hermanos varones, teniendo ellas preferencia sobre parientes varones más lejano.
La Ley Sálica original, determinaba que en la sucesión al trono cuando el rey no tuviese hijos, le correspondía al hijo varón de la hermana del rey, como medio de asegurar siempre un guerrero varón en el poder.
Carlos IV convocó las cortes en mayo de 1789, para que juraran como heredero a su hijo Fernando, de solo cinco años, las cuales se iniciaron en un ambiente de gran inquietud por los acontecimientos de la Revolución Francesa, que puso fin a la monarquía de Luis XVI, también borbón de Carlos IV.
Las Cortes, aprobaron por unanimidad el retorno al sistema sucesorio de Las Partidas, pero faltó su sanción, promulgación y publicación, último trámite para que tuviera validez jurídica, tal vez a causa de su precipitada disolución, por el pánico ante la noticia del asalto de Versalles por los parisinos y el traslado forzoso de la familia real a París.
El ministro Floridablanca, tenía miedo de que las Cortes españolas hicieran lo mismo que los Estados Generales franceses y se autoproclamaran Asamblea Nacional
Desde entonces, hubo que esperar hasta el 29 de marzo de 1830 para que entrara en vigor la Pragmática, cuando Fernando VII - al carecer de descendencia- la sancionó, promulgó y mandó publicar y, aunque al poco la reina quedó embarazada, se garantizó que lo que naciese – hembra o varón - llegara a reinar, como finalmente ocurrió, con su hija Isabel II.
La publicación de la Pragmática, causó consternación entre los partidarios del hermano del rey, infante Carlos María Isidro, que era - según la Ley de 1713 - su heredero, los cuales fueron conocidos como “carlistas”, llegando a conseguir que Fernando VII, gravemente enfermo, anulara la Pragmática en 1832, aunque una vez recuperado, anularía tal derogación.
Carlos María Isidro y sus partidarios se negaron siempre a reconocer a Isabel II, primero como princesa y, más tarde como reina, lo que provocaría la Primera Guerra Carlista.
martes, 28 de marzo de 2017
Manuel Cortés Quero "El Topo de Mijas"
Tal día como hoy 28 de marzo de 1964, Manuel Cortés Quero "El Topo de Mijas" - Málaga-, último alcalde republicano del pueblo, decide entregarse tras haber permanecido oculto en su casa treinta años.
Con la llegada de las tropas de Franco en 1937, huyó del municipio con su mujer y su hija de año y medio de edad, caminando durante todo el día por la sierra hacia la carretera de Almería, pero decidió que mujer e hija debían regresar a Mijas y tomó él solo el camino de Almería.
Dos años más tarde, desde Valencia y en medio del caos de la derrota, decidió volver a su pueblo lo que hizo en noviembre de 1939, iniciando un largo confinamiento en su casa en donde acondicionó un refugio, del que salía solo de noche para estirar las piernas mientras de día permanecía en el camastro o paseaba por el cuarto con cuidado de no hacer ruido.
Durante todo este tiempo, sus distracciones fueron la radio, la lectura y fumar incansablemente, ayudando a su mujer en casa con el esparto y viendo la boda de su hija desde un pequeño agujero en la pared, cuando iba hacia la iglesia.
Tras muchos años, por fin llegó la noche del 28 de marzo de 1969 y en un acuerdo del Gobierno de Franco se amnistiaron todos los delitos cometidos durante la guerra civil. Había esperado durante 30 años.
El Ministro Fraga anunció el perdón y Manuel decidió presentarse, acompañado de su mujer. su yerno y el entonces alcalde de Mijas, al cuartel de la Guardia Civil de Málaga, donde el Teniente Coronel jefe le informó que era libre, mientras periodistas de todo el mundo no tardaron en llegar, como moscas
Después, una multitud de personas del pueblo y de otros de alrededor, fueron a visitarle y darle la enhorabuena y como es natural todo los medios de comunicación, tantos españoles como extranjeros, acudieron para hacer sus reportajes, pasando nuestro hombre de la clandestinidad a la fama en unas horas.
Al día siguiente Manuel Cortés Quero, tomada asiento en el patio de su casa y se tostaba al sol, ejercicio prohibido durante treinta años y dicen que allí pronunció una frase dirigida a sus correligionarios del partido socialista: “Al menos para mí, la guerra ha terminado...”
Su pueblo se había convertido en otro durante su forzado encierro, por primera vez pudo ver a los “burro taxi”, toda una institución mijeña y uno de sus principales atractivos turísticos, a los que el Ayuntamiento que él un día presidió, hubo de construir aparcamiento especial para ellos
Su historia fue recogida en las obras de Manu Leguineche y Jesús Torbado "Los topos" de 1977 y Ronald Fraser "Escondido", "In hiding: the life of Manuel Cortés", de 1972.
Con la llegada de las tropas de Franco en 1937, huyó del municipio con su mujer y su hija de año y medio de edad, caminando durante todo el día por la sierra hacia la carretera de Almería, pero decidió que mujer e hija debían regresar a Mijas y tomó él solo el camino de Almería.
Dos años más tarde, desde Valencia y en medio del caos de la derrota, decidió volver a su pueblo lo que hizo en noviembre de 1939, iniciando un largo confinamiento en su casa en donde acondicionó un refugio, del que salía solo de noche para estirar las piernas mientras de día permanecía en el camastro o paseaba por el cuarto con cuidado de no hacer ruido.
Durante todo este tiempo, sus distracciones fueron la radio, la lectura y fumar incansablemente, ayudando a su mujer en casa con el esparto y viendo la boda de su hija desde un pequeño agujero en la pared, cuando iba hacia la iglesia.
Tras muchos años, por fin llegó la noche del 28 de marzo de 1969 y en un acuerdo del Gobierno de Franco se amnistiaron todos los delitos cometidos durante la guerra civil. Había esperado durante 30 años.
El Ministro Fraga anunció el perdón y Manuel decidió presentarse, acompañado de su mujer. su yerno y el entonces alcalde de Mijas, al cuartel de la Guardia Civil de Málaga, donde el Teniente Coronel jefe le informó que era libre, mientras periodistas de todo el mundo no tardaron en llegar, como moscas
Después, una multitud de personas del pueblo y de otros de alrededor, fueron a visitarle y darle la enhorabuena y como es natural todo los medios de comunicación, tantos españoles como extranjeros, acudieron para hacer sus reportajes, pasando nuestro hombre de la clandestinidad a la fama en unas horas.
Al día siguiente Manuel Cortés Quero, tomada asiento en el patio de su casa y se tostaba al sol, ejercicio prohibido durante treinta años y dicen que allí pronunció una frase dirigida a sus correligionarios del partido socialista: “Al menos para mí, la guerra ha terminado...”
Su pueblo se había convertido en otro durante su forzado encierro, por primera vez pudo ver a los “burro taxi”, toda una institución mijeña y uno de sus principales atractivos turísticos, a los que el Ayuntamiento que él un día presidió, hubo de construir aparcamiento especial para ellos
Su historia fue recogida en las obras de Manu Leguineche y Jesús Torbado "Los topos" de 1977 y Ronald Fraser "Escondido", "In hiding: the life of Manuel Cortés", de 1972.
lunes, 27 de marzo de 2017
Cuando Carlos V arrendó Venezuela a los banqueros Welser.
Tal día como hoy 27 de marzo de 1528, el emperador Carlos V firma un contrato con los banqueros Welser, mediante el cual éstos obtienen en arrendamiento la Provincia de Venezuela.
Los alemanes llamaron al territorio “Klein-Venedig”- Pequeña Venecia – que era parte de la actual Venezuela, arrendado por Carlos V a la familia alemana de banqueros, pero sin que “constituyese nunca una adquisición ni una colonia”.
En 1519, el entonces rey español Carlos I, con el fin de costear su acceso al trono imperial del Sacro Imperio Romano Germánico, solicitó y obtuvo de los banqueros Welser y Fugger cuantiosas cantidades de dinero, que según modernas estimaciones ascendía a entre 143.000 y 158.000 florines, gracias a los cuales pudo conseguir el trono en lugar de su rival Francisco I de Francia.
Pero el tiempo pasaba y el flamante emperador – enfrascado en inútiles guerras - no pudo devolver más que una pequeña parte de su deuda, por lo que en un intento de saldarla, se acordó ceder en forma de arriendo una parte del Nuevo Mundo a los Welser como forma de pago, convirtiéndose la provincia de Venezuela en un feudo en su poder.
En el llamado "Contrato de Venezuela", se establecieron las condiciones del acuerdo, según el cual los Welser podrían nombrar gobernadores y funcionarios, siendo liberados de todos los impuestos y pudiendo esclavizar a los indios hostiles e introducir unos 4.000 esclavos africanos y colonos a los que se daría tierra, estando obligados a crear dos ciudades.
La Casa de la Contratación de Sevilla fijó los límites del territorio arrendado, que tenía unos 900 kilómetros de costa y las islas próximas, a excepción de Curaçao, Bonaire y las Islas Gigantes, reservándose la corona española un décimo del oro, plata o piedras preciosas que se encontrasen, que más tarde se aumentó a un quinto.
La colonización alemana, que se extendió desde 1528 hasta 1545 fue un fracaso casi absoluto, pues muchos de los colonos murieron de enfermedades tropicales o por ataques de indios durante los frecuentes viajes dentro del territorio en búsqueda de oro y en 1541, las luchas internas habían aumentado, siendo despojados los banqueros de su control de forma definitiva, en 1556.
Tras la independencia de Venezuela en 1821, un grupo de inmigrantes del Ducado de Baden, luego incorporado a Alemania, se establecieron en la Colonia Tovar fundada en 1843 y a principios del siglo XX, emigrantes Alemanes desembarcaron en Venezuela tras la primera Guerra Mundial, para asentarse después poco a poco en toda América Latina.
Históricamente, la presencia de alemanes debido a esta colonización inicial, facilitó que muchos emigrantes de los países germánicos de diversas religiones, fueran recibidos sin ningún tipo de racismo ni desprecio en sus nuevas vidas.
Posteriormente y tras la segunda Guerra Mundial, bastantes alemanes -entre ellos algunos criminales nazis huidos – se establecieron en América latina constituyendo prósperas colonias
Los alemanes llamaron al territorio “Klein-Venedig”- Pequeña Venecia – que era parte de la actual Venezuela, arrendado por Carlos V a la familia alemana de banqueros, pero sin que “constituyese nunca una adquisición ni una colonia”.
En 1519, el entonces rey español Carlos I, con el fin de costear su acceso al trono imperial del Sacro Imperio Romano Germánico, solicitó y obtuvo de los banqueros Welser y Fugger cuantiosas cantidades de dinero, que según modernas estimaciones ascendía a entre 143.000 y 158.000 florines, gracias a los cuales pudo conseguir el trono en lugar de su rival Francisco I de Francia.
Pero el tiempo pasaba y el flamante emperador – enfrascado en inútiles guerras - no pudo devolver más que una pequeña parte de su deuda, por lo que en un intento de saldarla, se acordó ceder en forma de arriendo una parte del Nuevo Mundo a los Welser como forma de pago, convirtiéndose la provincia de Venezuela en un feudo en su poder.
En el llamado "Contrato de Venezuela", se establecieron las condiciones del acuerdo, según el cual los Welser podrían nombrar gobernadores y funcionarios, siendo liberados de todos los impuestos y pudiendo esclavizar a los indios hostiles e introducir unos 4.000 esclavos africanos y colonos a los que se daría tierra, estando obligados a crear dos ciudades.
La Casa de la Contratación de Sevilla fijó los límites del territorio arrendado, que tenía unos 900 kilómetros de costa y las islas próximas, a excepción de Curaçao, Bonaire y las Islas Gigantes, reservándose la corona española un décimo del oro, plata o piedras preciosas que se encontrasen, que más tarde se aumentó a un quinto.
La colonización alemana, que se extendió desde 1528 hasta 1545 fue un fracaso casi absoluto, pues muchos de los colonos murieron de enfermedades tropicales o por ataques de indios durante los frecuentes viajes dentro del territorio en búsqueda de oro y en 1541, las luchas internas habían aumentado, siendo despojados los banqueros de su control de forma definitiva, en 1556.
Tras la independencia de Venezuela en 1821, un grupo de inmigrantes del Ducado de Baden, luego incorporado a Alemania, se establecieron en la Colonia Tovar fundada en 1843 y a principios del siglo XX, emigrantes Alemanes desembarcaron en Venezuela tras la primera Guerra Mundial, para asentarse después poco a poco en toda América Latina.
Históricamente, la presencia de alemanes debido a esta colonización inicial, facilitó que muchos emigrantes de los países germánicos de diversas religiones, fueran recibidos sin ningún tipo de racismo ni desprecio en sus nuevas vidas.
Posteriormente y tras la segunda Guerra Mundial, bastantes alemanes -entre ellos algunos criminales nazis huidos – se establecieron en América latina constituyendo prósperas colonias
domingo, 26 de marzo de 2017
El motín de Esquilache
Tal día como hoy 26 de marzo de 1766, Carlos III destituye al ministro Esquilache a causa del motín iniciado tres días antes.
Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, fue un diplomático y político español de procedencia italiana, que llegó al servicio de Carlos III con la subida al trono como rey de España de este en 1759, siendo ministro de Hacienda real y más tarde Secretario de Guerra y gozando de la total confianza del monarca, del que se convirtió en su más leal y próximo colaborador.
Junto al marqués de la Ensenada, inició cambios dirigidos a modernizar el país, que chocó frontalmente con el típico inmovilismo español y la hostilidad de la mayoría de la nobleza cortesana, que envidiosos veían como un extranjero les quitaba protagonismo.
Contra él estuvieron los nobles y la enemistad de la población española, que no quería someterse a las medidas de control del ministro, que llegaban hasta la vestimenta, mediante un recorte de capas y sombreros, para evitar que se ocultasen armas de fuego o dificultasen la identificación personal, lo cual sería a la postre la causa inmediata del conocido como “Motín de Esquilache”.
La Iglesia, ofendida con su política anticlerical, se sumó también al carro contra el ministro y se opuso a las medidas que la obligaban a pagar tributo por los bienes que tuviera en desuso.
No obstante, su buena administración y acertadas medidas, se evidenciaron en las reformas de Madrid, que incluyeron saneamiento, pavimentación y alumbrado, además de mejoras en el trazado urbano que han perdurado hasta hoy, las cuales hicieron que Carlos III fuese llamado años después, “el mejor Alcalde de Madrid”.
La situación que provocó su cese fue confluencia de varios factores, la mayoría no imputables al ministro, como lo era el hecho de que la Corte viviese en un ambiente de lujo desmedido mientras la población sufría carestías en los alimentos básicos, lo cual fue apoyado por nobles y eclesiásticos, - que no lo padecían - haciendo causa con el pueblo llano y encrespando sus ánimos, mientras culpaban de todo al odiado Esquilache.
Iniciado el motín en Madrid el 23 de marzo, obligó al Rey a aceptar las condiciones más o menos impuestas por los revoltosos, que se materializaban en la salida de Esquilache del gobierno y su destierro a Nápoles y una profunda reforma destituyendo a los no españoles, lo cual era la mayor aspiración de la nobleza nacional.
Conseguido lo que nobleza y clero perseguían, se dejaron sin atender sin embargo las reivindicaciones que afectaban al pueblo, como bajar el precio de los alimentos, manteniéndose también las obligaciones sobre la vestimenta con capa corta.
Esquilache abandonó España en abril de 1766 destino a Nápoles, dejando dicho por escrito; “Yo he limpiado Madrid, le he empedrado, he hecho paseos y obras... que merecería que me hiciesen una estatua, y en lugar de esto me han tratado tan indignamente”.
Se atribuye al rey en relación a estos hechos la frase “- Mis súbditos son como niños pequeños. Lloran cuando se les lava”.
Casi un cuarto de milenio después, los españoles seguimos en esto casi igual...
Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, fue un diplomático y político español de procedencia italiana, que llegó al servicio de Carlos III con la subida al trono como rey de España de este en 1759, siendo ministro de Hacienda real y más tarde Secretario de Guerra y gozando de la total confianza del monarca, del que se convirtió en su más leal y próximo colaborador.
Junto al marqués de la Ensenada, inició cambios dirigidos a modernizar el país, que chocó frontalmente con el típico inmovilismo español y la hostilidad de la mayoría de la nobleza cortesana, que envidiosos veían como un extranjero les quitaba protagonismo.
Contra él estuvieron los nobles y la enemistad de la población española, que no quería someterse a las medidas de control del ministro, que llegaban hasta la vestimenta, mediante un recorte de capas y sombreros, para evitar que se ocultasen armas de fuego o dificultasen la identificación personal, lo cual sería a la postre la causa inmediata del conocido como “Motín de Esquilache”.
La Iglesia, ofendida con su política anticlerical, se sumó también al carro contra el ministro y se opuso a las medidas que la obligaban a pagar tributo por los bienes que tuviera en desuso.
No obstante, su buena administración y acertadas medidas, se evidenciaron en las reformas de Madrid, que incluyeron saneamiento, pavimentación y alumbrado, además de mejoras en el trazado urbano que han perdurado hasta hoy, las cuales hicieron que Carlos III fuese llamado años después, “el mejor Alcalde de Madrid”.
La situación que provocó su cese fue confluencia de varios factores, la mayoría no imputables al ministro, como lo era el hecho de que la Corte viviese en un ambiente de lujo desmedido mientras la población sufría carestías en los alimentos básicos, lo cual fue apoyado por nobles y eclesiásticos, - que no lo padecían - haciendo causa con el pueblo llano y encrespando sus ánimos, mientras culpaban de todo al odiado Esquilache.
Iniciado el motín en Madrid el 23 de marzo, obligó al Rey a aceptar las condiciones más o menos impuestas por los revoltosos, que se materializaban en la salida de Esquilache del gobierno y su destierro a Nápoles y una profunda reforma destituyendo a los no españoles, lo cual era la mayor aspiración de la nobleza nacional.
Conseguido lo que nobleza y clero perseguían, se dejaron sin atender sin embargo las reivindicaciones que afectaban al pueblo, como bajar el precio de los alimentos, manteniéndose también las obligaciones sobre la vestimenta con capa corta.
Esquilache abandonó España en abril de 1766 destino a Nápoles, dejando dicho por escrito; “Yo he limpiado Madrid, le he empedrado, he hecho paseos y obras... que merecería que me hiciesen una estatua, y en lugar de esto me han tratado tan indignamente”.
Se atribuye al rey en relación a estos hechos la frase “- Mis súbditos son como niños pequeños. Lloran cuando se les lava”.
Casi un cuarto de milenio después, los españoles seguimos en esto casi igual...
sábado, 25 de marzo de 2017
El bandolero Francisco Ríos, alias "Pernales"
Tal día como hoy 25 de marzo de 1906, el bandolero sevillano Francisco Ríos González "Pernales", creyendo culpable al "Macareno" de la muerte de su padre, lo asesina
"El Pernales", fue un bandolero español, nacido en Estepa - Sevilla - de familia campesina y como la mayoría de los campesinos andaluces de entonces, carente totalmente de instrucción alguna.
Miembro de una humilde familia muy pobre, a los diez años trabajaba con su padre de cabrero relacionándose desde niño con ambientes marginales y delictivos y dos años más tarde, padre e hijo ambos sin trabajo, cometieron algunos robos en los campos vecinos, sufriendo algún encuentro con la Guardia Civil.
Aunque él encontró trabajo como cuidador de caballos, su padre continuó dedicándose al robo y en uno de ellos murió en un enfrentamiento con la Benemérita, y fue entonces cuando su hijo Francisco, juró vengarse.
Comenzó el bandolerismo, primero solo y luego al frente de una pequeña partida, actuando durante años en Andalucía y La Mancha, acompañado de Antonio López “el Niño de la Gloria” - muerto por la Guardia Civil en mayo de 1907- Juan Muñoz “el Canuto” y Antonio Sánchez “el Reverte”.
Asaltaban cortijos y gentes acaudaladas, centrándose su actividad en el robo de hacendados y terratenientes, ganando fama como otros bandoleros, de generosidad hacia los pobres.
Se casó en 1901 pero continuó robando, teniendo dos hijas a las que maltrataba cruelmente y a las que, parece ser, quemó al molestarle su llanto, siendo abandonado por su mujer y por ellas.
Al principio se le empezó a llamar “Pedernales”, debido a la dureza con sus hijas y durante la violación de una mujer cortijera, pero el apodo derivó en “Pernales”, como sería conocido.
Su fama se extendió no sólo por Andalucía sino llegó hasta Madrid, intentando huir a América con su nueva amante con la que tuvo una hija, pero no lo consiguió.
Durante años la Guardia Civil le acosó, hasta que el 31 de agosto de 1907, con 28 años, en la Sierra de Alcaraz- Albacete -cuando se dirigía hacia el puerto de Valencia para embarcar hacia América, fue sorprendido mientras comía en un olivar con -“el Niño del Arahal”- otro de su partida y tras un tiroteo por ambas partes cayeron ambos muertos.
Su fama aumentó con su muerte, corriendo el rumor de que el fallecido no era "Pernales", que seguía vivo y su leyenda - en coplas de ciegos – se extendió por toda España, presentándolo con el falso mito de “bandolero generoso”,que robaba a los ricos para repartirlo entre los pobres, con lo que fue convertido en un héroe popular
Su tumba se encuentra en el cementerio de Alcaraz, en Albacete, existiendo una copla dedicada a su memoria que decía: “Ya mataron al Pernales./ Ladrón en Andalucía./ El que a los ricos robaba./ Y a los pobres socorría”.
Se dice que cada aniversario de su muerte, manos desconocidas adornan su tumba con flores.
"El Pernales", fue un bandolero español, nacido en Estepa - Sevilla - de familia campesina y como la mayoría de los campesinos andaluces de entonces, carente totalmente de instrucción alguna.
Miembro de una humilde familia muy pobre, a los diez años trabajaba con su padre de cabrero relacionándose desde niño con ambientes marginales y delictivos y dos años más tarde, padre e hijo ambos sin trabajo, cometieron algunos robos en los campos vecinos, sufriendo algún encuentro con la Guardia Civil.
Aunque él encontró trabajo como cuidador de caballos, su padre continuó dedicándose al robo y en uno de ellos murió en un enfrentamiento con la Benemérita, y fue entonces cuando su hijo Francisco, juró vengarse.
Comenzó el bandolerismo, primero solo y luego al frente de una pequeña partida, actuando durante años en Andalucía y La Mancha, acompañado de Antonio López “el Niño de la Gloria” - muerto por la Guardia Civil en mayo de 1907- Juan Muñoz “el Canuto” y Antonio Sánchez “el Reverte”.
Asaltaban cortijos y gentes acaudaladas, centrándose su actividad en el robo de hacendados y terratenientes, ganando fama como otros bandoleros, de generosidad hacia los pobres.
Se casó en 1901 pero continuó robando, teniendo dos hijas a las que maltrataba cruelmente y a las que, parece ser, quemó al molestarle su llanto, siendo abandonado por su mujer y por ellas.
Al principio se le empezó a llamar “Pedernales”, debido a la dureza con sus hijas y durante la violación de una mujer cortijera, pero el apodo derivó en “Pernales”, como sería conocido.
Su fama se extendió no sólo por Andalucía sino llegó hasta Madrid, intentando huir a América con su nueva amante con la que tuvo una hija, pero no lo consiguió.
Durante años la Guardia Civil le acosó, hasta que el 31 de agosto de 1907, con 28 años, en la Sierra de Alcaraz- Albacete -cuando se dirigía hacia el puerto de Valencia para embarcar hacia América, fue sorprendido mientras comía en un olivar con -“el Niño del Arahal”- otro de su partida y tras un tiroteo por ambas partes cayeron ambos muertos.
Su fama aumentó con su muerte, corriendo el rumor de que el fallecido no era "Pernales", que seguía vivo y su leyenda - en coplas de ciegos – se extendió por toda España, presentándolo con el falso mito de “bandolero generoso”,que robaba a los ricos para repartirlo entre los pobres, con lo que fue convertido en un héroe popular
Su tumba se encuentra en el cementerio de Alcaraz, en Albacete, existiendo una copla dedicada a su memoria que decía: “Ya mataron al Pernales./ Ladrón en Andalucía./ El que a los ricos robaba./ Y a los pobres socorría”.
Se dice que cada aniversario de su muerte, manos desconocidas adornan su tumba con flores.
viernes, 24 de marzo de 2017
Al-Hakam I el más sangriento emir de Córdoba
Tal día como hoy 24 de marzo de 818, el emir Al-Hakam I ordena reprimir con extrema dureza un motín producido en el arrabal de Córdoba
Alhakén I o Al-Hakam I fue el tercer emir independiente de Córdoba, desde el 17 de abril de 796, siendo para los cronistas árabes de la época, el más sanguinario y déspota de los emires omeyas.
Subió al poder cuando tenía 26 años de edad y su reinado fue uno de los más agitados de la dinastía omeya, ya que tuvo que hacer frente a conspiraciones para ocupar el trono por parte de dos de sus tíos.
La política intransigente y la enorme presión fiscal con la que cargó a los cristianos, provocó sublevaciones de mozarabes y muladies en Toledo, Mérida y Córdoba, las cuales reprimió con inusitada crueldad, produciéndose la llamada "Jornada del Foso" del año 797, donde los notables toledanos que no admitían su autoridad fueron atraídos al castillo del gobernador para presentar sus respetos y una vez allí fueron decapitados uno a uno y sus cuerpos arrojados a un foso.
El más grave fue el levantamiento del Arrabal de Córdoba en el año 818, que no fue solo una revuelta de muladíes o gente pobre, ya que estaban también involucrados alfaquíes y personajes de la élite cordobesa, es decir, las distintas clases sociales del arrabal, que se revelaron por un aumento impositivo desmedido y donde los amotinados estuvieron a punto de asaltar el Alcázar, siendo duramente reprimido por las tropas del emir, que en una maniobra rápida atacaron por la espalda a los amotinados que rodeaban el palacio.
Dice el cronista Ibn Al Athir que; "El emir al-Hakam declaró presa lícita a las mujeres de los del Arrabal y sus secuaces de los otros arrabales de Córdoba, así como autorizó todo acto de muerte, saqueo e incendio durante tres días.."
Tres mil supervivientes fueron ejecutados y el resto de los habitantes del arrabal fueron condenados a abandonar la ciudad, mientras veían cómo sus casas eran incendiadas y durante tres días duró la matanza y el saqueo, ordenando el emir la crucifixión boca abajo de trescientos notables.
Todos los habitantes fueron deportados y unas veinte mil familias emigraron de la Península, estableciéndose en el norte de África, donde fundaron el barrio de los andalusíes en la ciudad de Fez.
Esta agitada situación interna permitió la conquista de Barcelona por los francos en el año 801, firmando Carlomagno un tratado de paz con al-Hakam, por el que se comprometía a no extender sus fronteras “más allá del río Llobregat”, mientras los asturianos llegaron a ocupar Lisboa.
Mucho más temido que amado, utilizó la fuerza para consolidar su dominio sobre al-Ándalus, respaldado por un potente y fiel ejército de mercenarios extranjeros – incluidos cristianos - cuyo mantenimiento suponía grandes gastos, a los que el emir hizo frente creando nuevos tributos, que casi siempre tenían que ser cobrados por las armas.
Se decía que era muy dado a la bebida y poco adicto a ir a la mezquita, y durante la oración de los viernes, se levantaban voces anónimas que le gritaban: ¡Borracho, ven a rezar!.
Falleció - a los 52 ó 53 años - el 21 de mayo de 822, dejando al morir, diecinueve hijos varones y veintiún mujeres.
Alhakén I o Al-Hakam I fue el tercer emir independiente de Córdoba, desde el 17 de abril de 796, siendo para los cronistas árabes de la época, el más sanguinario y déspota de los emires omeyas.
Subió al poder cuando tenía 26 años de edad y su reinado fue uno de los más agitados de la dinastía omeya, ya que tuvo que hacer frente a conspiraciones para ocupar el trono por parte de dos de sus tíos.
La política intransigente y la enorme presión fiscal con la que cargó a los cristianos, provocó sublevaciones de mozarabes y muladies en Toledo, Mérida y Córdoba, las cuales reprimió con inusitada crueldad, produciéndose la llamada "Jornada del Foso" del año 797, donde los notables toledanos que no admitían su autoridad fueron atraídos al castillo del gobernador para presentar sus respetos y una vez allí fueron decapitados uno a uno y sus cuerpos arrojados a un foso.
El más grave fue el levantamiento del Arrabal de Córdoba en el año 818, que no fue solo una revuelta de muladíes o gente pobre, ya que estaban también involucrados alfaquíes y personajes de la élite cordobesa, es decir, las distintas clases sociales del arrabal, que se revelaron por un aumento impositivo desmedido y donde los amotinados estuvieron a punto de asaltar el Alcázar, siendo duramente reprimido por las tropas del emir, que en una maniobra rápida atacaron por la espalda a los amotinados que rodeaban el palacio.
Dice el cronista Ibn Al Athir que; "El emir al-Hakam declaró presa lícita a las mujeres de los del Arrabal y sus secuaces de los otros arrabales de Córdoba, así como autorizó todo acto de muerte, saqueo e incendio durante tres días.."
Tres mil supervivientes fueron ejecutados y el resto de los habitantes del arrabal fueron condenados a abandonar la ciudad, mientras veían cómo sus casas eran incendiadas y durante tres días duró la matanza y el saqueo, ordenando el emir la crucifixión boca abajo de trescientos notables.
Todos los habitantes fueron deportados y unas veinte mil familias emigraron de la Península, estableciéndose en el norte de África, donde fundaron el barrio de los andalusíes en la ciudad de Fez.
Esta agitada situación interna permitió la conquista de Barcelona por los francos en el año 801, firmando Carlomagno un tratado de paz con al-Hakam, por el que se comprometía a no extender sus fronteras “más allá del río Llobregat”, mientras los asturianos llegaron a ocupar Lisboa.
Mucho más temido que amado, utilizó la fuerza para consolidar su dominio sobre al-Ándalus, respaldado por un potente y fiel ejército de mercenarios extranjeros – incluidos cristianos - cuyo mantenimiento suponía grandes gastos, a los que el emir hizo frente creando nuevos tributos, que casi siempre tenían que ser cobrados por las armas.
Se decía que era muy dado a la bebida y poco adicto a ir a la mezquita, y durante la oración de los viernes, se levantaban voces anónimas que le gritaban: ¡Borracho, ven a rezar!.
Falleció - a los 52 ó 53 años - el 21 de mayo de 822, dejando al morir, diecinueve hijos varones y veintiún mujeres.
jueves, 23 de marzo de 2017
El General Juan Prim y la batalla de Wad-Ras.
Tal día como hoy 23 de marzo de 1860 tropas españolas ponen fin a la guerra de África, con la Batalla de Wad-Ras, en la que General Juan Prim se cubrió de gloria.
La batalla - también llamada de Vad-Ras o Gualdrás - se encuadra en el conflicto bélico que enfrentó a España y al Sultanato de Marruecos, debido a los continuos ataques a Ceuta por parte de bandas rifeñas, que tuvo lugar dentro de la campaña de Marruecos.
Junto con las batallas de Los Castillejos y Tetuán, completaron la actuación que llevó a cabo España en el norte de África, para reducir las hostilidades entabladas por estas bandas rifeñas contra Ceuta y su zona de influencia.
Tras la conquista de la ciudad de Tetuán, en febrero de 1860, la fuerza expedicionaria española, al mando del general Leopoldo O'Donnell - Presidente del Gobierno – se dirigió hacia Tánger y el 23 de marzo, las tropas dirigidas por varios generales entre ellos Prim - cuya intervención fue decisiva - vencieron a los marroquíes en el valle de Wad-Ras, desmantelando su ejército y provocando el inicio de conversaciones para concertar la paz, que fue firmada en Tetuán el 26 de abril.
Los batallones de Cazadores de Cataluña y Madrid - cuerpo a cuerpo y a la bayoneta - ocuparon el puente sobre el río Bu-Seja, produciéndose un intento de recuperación por los marroquíes, aunque fueron rechazados por los españoles con grandes bajas, siendo enviados en su auxilio como refuerzo la unidad de voluntarios catalanes, ya que no podrían resistir otra acometida.
Tras la batalla, un periodista publicó la palabras de un soldado catalán al que le preguntó si habían sufrido muchas bajas: "Quedamos los suficientes para otra vez, señor. El día de la toma del campo perdimos un tercio de los efectivos; hoy ha caído el segundo tercio; antes de llegar a Tánger daremos otra batalla y moriremos el resto."
Pero no hizo falta otra tercera batalla, pues nada más acabado el combate y antes de que las tropas pudieran iniciar su camino hacia Tánger, apareció un emisario magrebí solicitando conversaciones de paz.
De la batalla quedaron recuerdos para siempre, por una parte los leones del Congreso de los Diputados, fabricados en bronce por el escultor neoclasicismo aragonés Ponciano Ponzano.
Desde la inauguración del Congreso en 1850, había a su entrada dos farolas criticadas por los parlamentarios, que fueron sustituidas un año después por dos leones de yeso, ya que - como es tradición nacional - no había dinero para más, diseñados por Ponciano, pero la intemperie los deterioró en menos de un año, siendo sustituidos por dos pequeños leones en piedra, realizados por José Bellver, que parecían de todo menos leones.
Por eso, tras la victoria de Wad-Ras, los cañones capturados a los marroquíes fueron fundidos en Sevilla y utilizados por Ponciano para realizar los leones que perduran a día de hoy.
También en el Museo del Prado existe un cuadro de la batalla de Wad-Ras, de Mariano Fortuny, por encargo de la Diputación de Barcelona para recoger para la posteridad la gesta de aquel glorioso ejército compuesto en parte, por soldados de Barcelona.
La batalla - también llamada de Vad-Ras o Gualdrás - se encuadra en el conflicto bélico que enfrentó a España y al Sultanato de Marruecos, debido a los continuos ataques a Ceuta por parte de bandas rifeñas, que tuvo lugar dentro de la campaña de Marruecos.
Junto con las batallas de Los Castillejos y Tetuán, completaron la actuación que llevó a cabo España en el norte de África, para reducir las hostilidades entabladas por estas bandas rifeñas contra Ceuta y su zona de influencia.
Tras la conquista de la ciudad de Tetuán, en febrero de 1860, la fuerza expedicionaria española, al mando del general Leopoldo O'Donnell - Presidente del Gobierno – se dirigió hacia Tánger y el 23 de marzo, las tropas dirigidas por varios generales entre ellos Prim - cuya intervención fue decisiva - vencieron a los marroquíes en el valle de Wad-Ras, desmantelando su ejército y provocando el inicio de conversaciones para concertar la paz, que fue firmada en Tetuán el 26 de abril.
Los batallones de Cazadores de Cataluña y Madrid - cuerpo a cuerpo y a la bayoneta - ocuparon el puente sobre el río Bu-Seja, produciéndose un intento de recuperación por los marroquíes, aunque fueron rechazados por los españoles con grandes bajas, siendo enviados en su auxilio como refuerzo la unidad de voluntarios catalanes, ya que no podrían resistir otra acometida.
Tras la batalla, un periodista publicó la palabras de un soldado catalán al que le preguntó si habían sufrido muchas bajas: "Quedamos los suficientes para otra vez, señor. El día de la toma del campo perdimos un tercio de los efectivos; hoy ha caído el segundo tercio; antes de llegar a Tánger daremos otra batalla y moriremos el resto."
Pero no hizo falta otra tercera batalla, pues nada más acabado el combate y antes de que las tropas pudieran iniciar su camino hacia Tánger, apareció un emisario magrebí solicitando conversaciones de paz.
De la batalla quedaron recuerdos para siempre, por una parte los leones del Congreso de los Diputados, fabricados en bronce por el escultor neoclasicismo aragonés Ponciano Ponzano.
Desde la inauguración del Congreso en 1850, había a su entrada dos farolas criticadas por los parlamentarios, que fueron sustituidas un año después por dos leones de yeso, ya que - como es tradición nacional - no había dinero para más, diseñados por Ponciano, pero la intemperie los deterioró en menos de un año, siendo sustituidos por dos pequeños leones en piedra, realizados por José Bellver, que parecían de todo menos leones.
Por eso, tras la victoria de Wad-Ras, los cañones capturados a los marroquíes fueron fundidos en Sevilla y utilizados por Ponciano para realizar los leones que perduran a día de hoy.
También en el Museo del Prado existe un cuadro de la batalla de Wad-Ras, de Mariano Fortuny, por encargo de la Diputación de Barcelona para recoger para la posteridad la gesta de aquel glorioso ejército compuesto en parte, por soldados de Barcelona.
miércoles, 22 de marzo de 2017
El fratricidio de Pedro I “el cruel”.
Tal día como hoy 22 de marzo de 1369, Enrique de Trastámar - ayudado del francés Bertrand Du Guesclin - mata a su hermano Pedro I, rey de Castilla y León.
Pedro I llamado “el Cruel” por sus detractores y “el Justiciero” por sus partidarios, fue rey de Castilla desde marzo de 1350 y su reinado estuvo marcado al comienzo, por luchas entre los pretendientes al mismo: los hijos bastardos de su padre Alfonso XI y su amante Leonor de Guzmán, - ejecutada en 1351 por orden de la reina madre - los infantes aragoneses primos del rey y la propia reina madre, María de Portugal.
Al principio, controló el poder la reina madre y su favorito, iniciando una alianza con Francia al concertar el matrimonio de Pedro con Blanca de Borbón, pero este era ya amante de María de Padilla y abandonó a Blanca a los tres días de la boda, encerrándola en el Alcázar de Toledo, lo que causó la ruptura con Francia y una rebelión, que se extendió a varias ciudades..
La insurrección aunó a la nobleza, reclamando mayor participación en el gobierno y al frente se situó Enrique de Trastámara - futuro Enrique II- uno de los muchos hijos bastardos de Alfonso XI.
Pedro se vio obligado a ceder, pero pronto recuperó la iniciativa, comenzando una guerra civil en la que en venganza, fue ejecutando a la mayor parte de los sublevados, salvo su hermano Enrique, que consiguió refugiarse en Asturias.
En 1356, la guerra se internacionalizó, pues Inglaterra tomó partido por Pedro, mientras Francia lo hacia por Enrique, todo ello dentro de la Guerra de los Cien Años que enfrentaba a ambos países.
En 1361, mientras el Papa Inocencio VI presionaba para que fuera liberada Blanca, a la edad de 22 años fue, asesinada por orden de Pedro y cuando María de Padilla, murió posiblemente víctima de la peste, Pedro proclamó herederos a los hijos tenidos con ella, a los que declaró descendientes legítimos, lo cual reavivó la guerra.
Sin embargo, la intervención de Francia, supuso la llegada de las Compañías Blancas, cuerpos mercenarios mandados por Bertrand Du Guesclin y con su apoyo, el bastardo Enrique fue proclamado rey de Castilla en 1366 y ocupó en poco tiempo casi todo el reino.
Pedro I buscó entonces apoyo en el Príncipe Negro, que llegó también con tropas inglesas, derrotando a los franceses en 1367 y en medio de una brutal represión contra los partidarios de Enrique, éste consiguió recuperar fuerzas, y derrotó a Pedro en Montiel en 1369.
El rey se refugia en el castillo de Montiel, del que no había escape posible, por lo que se planteó comprar la voluntad de Du Guesclin. con la suma de 250.000 doblas de oro, pero este comunicó el cebo y su idea de rehusarlo.
El rey fue a su tienda, para convenir los planes de fuga, pero de repente se presentó Enrique y los hermanos lucharon con odio feroz, cayendo en la lucha Enrique debajo de Pedro; pero Du Guesclin les dio la vuelta diciendo: “ Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”
Enrique hundió entonces su puñal en el corazón de su hermano, matándole en el acto y cebándose furiosamente en su cadáver al que cortó la cabeza
Pedro I a su muerte, contaba con 34 años de edad.
Pedro I llamado “el Cruel” por sus detractores y “el Justiciero” por sus partidarios, fue rey de Castilla desde marzo de 1350 y su reinado estuvo marcado al comienzo, por luchas entre los pretendientes al mismo: los hijos bastardos de su padre Alfonso XI y su amante Leonor de Guzmán, - ejecutada en 1351 por orden de la reina madre - los infantes aragoneses primos del rey y la propia reina madre, María de Portugal.
Al principio, controló el poder la reina madre y su favorito, iniciando una alianza con Francia al concertar el matrimonio de Pedro con Blanca de Borbón, pero este era ya amante de María de Padilla y abandonó a Blanca a los tres días de la boda, encerrándola en el Alcázar de Toledo, lo que causó la ruptura con Francia y una rebelión, que se extendió a varias ciudades..
La insurrección aunó a la nobleza, reclamando mayor participación en el gobierno y al frente se situó Enrique de Trastámara - futuro Enrique II- uno de los muchos hijos bastardos de Alfonso XI.
Pedro se vio obligado a ceder, pero pronto recuperó la iniciativa, comenzando una guerra civil en la que en venganza, fue ejecutando a la mayor parte de los sublevados, salvo su hermano Enrique, que consiguió refugiarse en Asturias.
En 1356, la guerra se internacionalizó, pues Inglaterra tomó partido por Pedro, mientras Francia lo hacia por Enrique, todo ello dentro de la Guerra de los Cien Años que enfrentaba a ambos países.
En 1361, mientras el Papa Inocencio VI presionaba para que fuera liberada Blanca, a la edad de 22 años fue, asesinada por orden de Pedro y cuando María de Padilla, murió posiblemente víctima de la peste, Pedro proclamó herederos a los hijos tenidos con ella, a los que declaró descendientes legítimos, lo cual reavivó la guerra.
Sin embargo, la intervención de Francia, supuso la llegada de las Compañías Blancas, cuerpos mercenarios mandados por Bertrand Du Guesclin y con su apoyo, el bastardo Enrique fue proclamado rey de Castilla en 1366 y ocupó en poco tiempo casi todo el reino.
Pedro I buscó entonces apoyo en el Príncipe Negro, que llegó también con tropas inglesas, derrotando a los franceses en 1367 y en medio de una brutal represión contra los partidarios de Enrique, éste consiguió recuperar fuerzas, y derrotó a Pedro en Montiel en 1369.
El rey se refugia en el castillo de Montiel, del que no había escape posible, por lo que se planteó comprar la voluntad de Du Guesclin. con la suma de 250.000 doblas de oro, pero este comunicó el cebo y su idea de rehusarlo.
El rey fue a su tienda, para convenir los planes de fuga, pero de repente se presentó Enrique y los hermanos lucharon con odio feroz, cayendo en la lucha Enrique debajo de Pedro; pero Du Guesclin les dio la vuelta diciendo: “ Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”
Enrique hundió entonces su puñal en el corazón de su hermano, matándole en el acto y cebándose furiosamente en su cadáver al que cortó la cabeza
Pedro I a su muerte, contaba con 34 años de edad.
martes, 21 de marzo de 2017
Pedro de Mendoza, el Adelantado del Rio de la Plata
Tal día como hoy 21 de marzo de 1534, el conquistador español Pedro de Mendoza es designado “Adelantado” del Río de la Plata.
Procedía de una poderosa familia de comerciantes y su padre pertenecía a la aristocracia castellana, siendo primer adelantado y gobernador del Río de la Plata, fundando la primera ciudad de Buenos Aires, el 3 de febrero de 1536.
Estuvo desde muy joven en la corte de Carlos I como paje y en 1527, participó en la guerra entre Carlos y los Estados Pontificios del papa Clemente VII, interviniendo en el saqueo de Roma, del cual se benefició personalmente.
El descubrimiento y conquista del Paraguay y zonas del Río de la Plata, de enorme importancia comercial y estratégica, más la leyenda promovida por los indígenas, que hablaba de fabulosas riquezas en la zona, incrementaron la ambición de los conquistadores españoles.
Mendoza, propuso a Carlos I en 1534, hacerse cargo - con su propio patrimonio – de una expedición que reafirmara la soberanía española, a cambio del nombramiento de comandante militar -"Adelantado" - con poder para fundar ciudades y funciones de gobernador y magistrado.
El 21 de mayo de 1534 el monarca firmó en Toledo las capitulaciones de concesión y el 24 de agosto, Mendoza zarpó al mando de una expedición de entre 11 y 14 naves y unos 3.000 hombres, llevando ocho sacerdotes, un médico y un cirujano.
La expedición, se adentró en el Río de la Plata en enero de 1536 y el 2 de febrero, Mendoza fundó allí un puerto defendido por dos primitivos fuertes, al que llamó “Santa María del Buen Ayre”, donde se estableció.
Pero pronto los problemas comenzaron, pues la ciudad estaba en una zona inundable, pantanosa e insalubre, donde los mosquitos propagaban enfermedades y la falta de comida, obligó a enviar soldados a buscar alimentos, que fueron atacados por partidas de indígenas los cuales en un encuentro, conocido como "Combate de Corpus Christi", acabaron con muchos españoles.
El éxito de esta batalla dio confianza a los indios, que - a miles - comenzaron a atacar la ciudad, impidiendo que nadie saliesen de ella, con lo que el hambre se convirtió en causa común de muerte, hasta que en diciembre de 1536, lograron vencer sus defensas incendiándola y causando su destrucción total, mientras Mendoza y algunos de los suyos consiguieron escapar a la matanza, refugiándose en el fuerte de Sancti Spiritu, en la actual Santa Fe.
Ya muy enfermo, probablemente de sífilis, Pedro de Mendoza murió en alta mar el 23 de junio de 1537, en su viaje de regreso a España, cerca de las Islas Canarias, siendo su cuerpo arrojado al mar.
El fracaso de Mendoza, retrasó más de 44 años el dominio del Río de la Plata por la corona española y la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay, no tuvo lugar hasta 1580.
Procedía de una poderosa familia de comerciantes y su padre pertenecía a la aristocracia castellana, siendo primer adelantado y gobernador del Río de la Plata, fundando la primera ciudad de Buenos Aires, el 3 de febrero de 1536.
Estuvo desde muy joven en la corte de Carlos I como paje y en 1527, participó en la guerra entre Carlos y los Estados Pontificios del papa Clemente VII, interviniendo en el saqueo de Roma, del cual se benefició personalmente.
El descubrimiento y conquista del Paraguay y zonas del Río de la Plata, de enorme importancia comercial y estratégica, más la leyenda promovida por los indígenas, que hablaba de fabulosas riquezas en la zona, incrementaron la ambición de los conquistadores españoles.
Mendoza, propuso a Carlos I en 1534, hacerse cargo - con su propio patrimonio – de una expedición que reafirmara la soberanía española, a cambio del nombramiento de comandante militar -"Adelantado" - con poder para fundar ciudades y funciones de gobernador y magistrado.
El 21 de mayo de 1534 el monarca firmó en Toledo las capitulaciones de concesión y el 24 de agosto, Mendoza zarpó al mando de una expedición de entre 11 y 14 naves y unos 3.000 hombres, llevando ocho sacerdotes, un médico y un cirujano.
La expedición, se adentró en el Río de la Plata en enero de 1536 y el 2 de febrero, Mendoza fundó allí un puerto defendido por dos primitivos fuertes, al que llamó “Santa María del Buen Ayre”, donde se estableció.
Pero pronto los problemas comenzaron, pues la ciudad estaba en una zona inundable, pantanosa e insalubre, donde los mosquitos propagaban enfermedades y la falta de comida, obligó a enviar soldados a buscar alimentos, que fueron atacados por partidas de indígenas los cuales en un encuentro, conocido como "Combate de Corpus Christi", acabaron con muchos españoles.
El éxito de esta batalla dio confianza a los indios, que - a miles - comenzaron a atacar la ciudad, impidiendo que nadie saliesen de ella, con lo que el hambre se convirtió en causa común de muerte, hasta que en diciembre de 1536, lograron vencer sus defensas incendiándola y causando su destrucción total, mientras Mendoza y algunos de los suyos consiguieron escapar a la matanza, refugiándose en el fuerte de Sancti Spiritu, en la actual Santa Fe.
Ya muy enfermo, probablemente de sífilis, Pedro de Mendoza murió en alta mar el 23 de junio de 1537, en su viaje de regreso a España, cerca de las Islas Canarias, siendo su cuerpo arrojado al mar.
El fracaso de Mendoza, retrasó más de 44 años el dominio del Río de la Plata por la corona española y la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay, no tuvo lugar hasta 1580.
lunes, 20 de marzo de 2017
El Tratado de Cazola
Tal día como hoy 20 de marzo de 1179, se firma el "Tratado de Cazola", entre Alfonso II, de Aragón y Alfonso VIII de Castilla, sobre la delimitación de las zonas de la futura conquista.
Alfonso II de Aragón apodado “el Casto”, recibió la potestad regia tras el fallecimiento de su padre Ramón Berenguer IV a comienzos en 1162, pero no fue hasta 1164 cuando su madre la reina Petronila hizo la donación del reino en su favor.
El mayor poder territorial y militar de Castilla, supeditó la actuación de Alfonso II a los designios del rey castellano y sólo obtuvo de este, la renuncia del vasallaje aragonés sobre Zaragoza, impuesto por Alfonso VII a su padre Ramón Berenguer IV, mientras en la negociación de la futura expansión por el al-Ándalus Alfonso II cedió la conquista de Murcia a Castilla, a cambio de que Alfonso VIII suprimiera el vasallaje de los reyes de Aragón a Valencia, una vez la conquistaran.
El otro firmante, Alfonso VIII de Castilla, conocido también como “el de las Navas” al alcanzar la mayoría de edad, fue proclamado rey de Castilla en las Cortes de Burgos en 1170 y su primer objetivo fue recuperar los territorios perdidos durante su minoría de edad, para lo cual se alió con el aragonés Alfonso II.
El “Tratado de Cazola”- también llamado de Cazorla - fue el pacto donde se adjudicó a la Corona de Aragón la conquista de Játiva, Denia y desde el Castillo de Biar, levantado sobre un cerro desde el que domina la localidad de Biar– Alicante - hasta Calpe, quedando para Castilla lo situado al otro lado de este castillo, completando tratados anteriores sobre la misma materia.
Quedó claro que Aragón perdía el derecho a anexionarse el reino de Murcia, y se estipuló que los acuerdos se firmaban a perpetuidad y vinculaban a los sucesores, reforzándose con la cláusula: “Que ninguno de los dos quite o disminuya al otro algo de la parte a cada uno asignada, ni de otro modo uno de los dos maquine astutamente algún obstáculo contra la ya dicha división”.
En el Tratado de Cazola, ambos monarcas se reparten sobre el papel el territorio de al-Ándalus, pese a lo cual el mismo no tuvo resultados reales y el reino de Murcia - cuya conquista correspondía a Aragón - pasó ahora a Castilla y a cambio el rey aragonés se vio libre del vasallaje que debía a Alfonso VIII.
El incumplimiento por ambas partes de este tratado, al ocupar cada una de las dos coronas plazas asignadas a la otra, provocaría la firma de un nuevo tratado, el de Almizra en el años 1244, el cual sería igualmente incumplido.
La marcha de la reconquista se debió en cada momento, más a la fuerza militar de cada uno de los reinos, que a la fuerza jurídica de lo acordado en los tratados.
Alfonso II de Aragón apodado “el Casto”, recibió la potestad regia tras el fallecimiento de su padre Ramón Berenguer IV a comienzos en 1162, pero no fue hasta 1164 cuando su madre la reina Petronila hizo la donación del reino en su favor.
El mayor poder territorial y militar de Castilla, supeditó la actuación de Alfonso II a los designios del rey castellano y sólo obtuvo de este, la renuncia del vasallaje aragonés sobre Zaragoza, impuesto por Alfonso VII a su padre Ramón Berenguer IV, mientras en la negociación de la futura expansión por el al-Ándalus Alfonso II cedió la conquista de Murcia a Castilla, a cambio de que Alfonso VIII suprimiera el vasallaje de los reyes de Aragón a Valencia, una vez la conquistaran.
El otro firmante, Alfonso VIII de Castilla, conocido también como “el de las Navas” al alcanzar la mayoría de edad, fue proclamado rey de Castilla en las Cortes de Burgos en 1170 y su primer objetivo fue recuperar los territorios perdidos durante su minoría de edad, para lo cual se alió con el aragonés Alfonso II.
El “Tratado de Cazola”- también llamado de Cazorla - fue el pacto donde se adjudicó a la Corona de Aragón la conquista de Játiva, Denia y desde el Castillo de Biar, levantado sobre un cerro desde el que domina la localidad de Biar– Alicante - hasta Calpe, quedando para Castilla lo situado al otro lado de este castillo, completando tratados anteriores sobre la misma materia.
Quedó claro que Aragón perdía el derecho a anexionarse el reino de Murcia, y se estipuló que los acuerdos se firmaban a perpetuidad y vinculaban a los sucesores, reforzándose con la cláusula: “Que ninguno de los dos quite o disminuya al otro algo de la parte a cada uno asignada, ni de otro modo uno de los dos maquine astutamente algún obstáculo contra la ya dicha división”.
En el Tratado de Cazola, ambos monarcas se reparten sobre el papel el territorio de al-Ándalus, pese a lo cual el mismo no tuvo resultados reales y el reino de Murcia - cuya conquista correspondía a Aragón - pasó ahora a Castilla y a cambio el rey aragonés se vio libre del vasallaje que debía a Alfonso VIII.
El incumplimiento por ambas partes de este tratado, al ocupar cada una de las dos coronas plazas asignadas a la otra, provocaría la firma de un nuevo tratado, el de Almizra en el años 1244, el cual sería igualmente incumplido.
La marcha de la reconquista se debió en cada momento, más a la fuerza militar de cada uno de los reinos, que a la fuerza jurídica de lo acordado en los tratados.
domingo, 19 de marzo de 2017
“La Pepa”, primera Constitución española
Tal día como hoy 19 de marzo de 1812, las Cortes de Cádiz juran la primera Constitución española. “La Pepa”
Tras la invasión napoleónica surgieron en todo el territorio nacional movimientos de resistencia contra el francés, dando lugar a la Guerra de la Independencia.
La carencia de un poder central, tras la huida de los reyes a Francia, hizo que surgiesen las "Juntas", para poder presentar un frente organizado en la lucha y en septiembre de 1808 se crea en Aranjuez, la "Junta Suprema Central Gubernativa", trasladada después a Sevilla y de allí a Cádiz, donde se reunieron por primera vez en cortes, el 24 de septiembre de 1.810.
Se formaron dos grandes grupos; los conservadores -"serviles" o absolutistas - partidarios del Antiguo Régimen, y los liberales - vanguardistas- defensores de la Revolución Francesa que pretendieron abolir la monarquía, siendo en su mayoría todos ellos miembros del clero, la nobleza y la burguesía.
La distribución era: 90 eclesiásticos, 56 juristas, 30 militares, 14 nobles, 15 catedráticos, 49 políticos, 8 grandes comerciantes y 20 sin profesión determinada, pero de gran influencia social.
El día 19 de marzo de 1.812, nace la primera Constitución Española y al ser el día de San José, los gaditanos pronto la bautizaron como "la Pepa" de donde surgió la expresión "¡Viva la Pepa!" que se uso para vitorear al movimiento liberal, burlando así las medidas de represión decretadas por los absolutistas contra los constitucionalistas.
Esta constitución aunque no fue revolucionaria, evidenció las inquietudes de la burguesía española que buscaba estar presente dentro del ejecutivo español y en ella se suprimieron algunos privilegios de la nobleza, aunque no se llegaría a actuar sobre sus bienes, conservando la mayoría de sus tierras.
Sin embargo la Iglesia, vio como se iniciaba un tímido proceso de expropiación, que continuará con posteriores desamortizaciones, quedando abolido el Tribunal de la Inquisición, y creándose cuerpos armados de control ciudadano, como la Policía Nacional del Reino en 1824 y la Guardia Civil en 1844.
La Constitución introdujo los principios del liberalismo en conceptos como el de soberanía nacional o la separación de poderes, influyendo decisivamente en el movimiento constitucionalista tanto en Europa como en Hispanoamérica.
Pese a todo - vista desde una perspectiva actual- su carácter conservador se advierte en su propio prólogo, pues la necesidad de contar con el beneplácito del clero hizo que una constitución que pretendía ser abierta y liberal, designara al catolicismo como la única religión permitida, como constaba a su inicio: “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad.”
La constitución fue abolida en 1814 por el “felón” Fernando VII, nada más volver de su exilio dorado, iniciando además una sangrienta persecución y represión de los constitucionalistas.
Tras la invasión napoleónica surgieron en todo el territorio nacional movimientos de resistencia contra el francés, dando lugar a la Guerra de la Independencia.
La carencia de un poder central, tras la huida de los reyes a Francia, hizo que surgiesen las "Juntas", para poder presentar un frente organizado en la lucha y en septiembre de 1808 se crea en Aranjuez, la "Junta Suprema Central Gubernativa", trasladada después a Sevilla y de allí a Cádiz, donde se reunieron por primera vez en cortes, el 24 de septiembre de 1.810.
Se formaron dos grandes grupos; los conservadores -"serviles" o absolutistas - partidarios del Antiguo Régimen, y los liberales - vanguardistas- defensores de la Revolución Francesa que pretendieron abolir la monarquía, siendo en su mayoría todos ellos miembros del clero, la nobleza y la burguesía.
La distribución era: 90 eclesiásticos, 56 juristas, 30 militares, 14 nobles, 15 catedráticos, 49 políticos, 8 grandes comerciantes y 20 sin profesión determinada, pero de gran influencia social.
El día 19 de marzo de 1.812, nace la primera Constitución Española y al ser el día de San José, los gaditanos pronto la bautizaron como "la Pepa" de donde surgió la expresión "¡Viva la Pepa!" que se uso para vitorear al movimiento liberal, burlando así las medidas de represión decretadas por los absolutistas contra los constitucionalistas.
Esta constitución aunque no fue revolucionaria, evidenció las inquietudes de la burguesía española que buscaba estar presente dentro del ejecutivo español y en ella se suprimieron algunos privilegios de la nobleza, aunque no se llegaría a actuar sobre sus bienes, conservando la mayoría de sus tierras.
Sin embargo la Iglesia, vio como se iniciaba un tímido proceso de expropiación, que continuará con posteriores desamortizaciones, quedando abolido el Tribunal de la Inquisición, y creándose cuerpos armados de control ciudadano, como la Policía Nacional del Reino en 1824 y la Guardia Civil en 1844.
La Constitución introdujo los principios del liberalismo en conceptos como el de soberanía nacional o la separación de poderes, influyendo decisivamente en el movimiento constitucionalista tanto en Europa como en Hispanoamérica.
Pese a todo - vista desde una perspectiva actual- su carácter conservador se advierte en su propio prólogo, pues la necesidad de contar con el beneplácito del clero hizo que una constitución que pretendía ser abierta y liberal, designara al catolicismo como la única religión permitida, como constaba a su inicio: “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la sociedad.”
La constitución fue abolida en 1814 por el “felón” Fernando VII, nada más volver de su exilio dorado, iniciando además una sangrienta persecución y represión de los constitucionalistas.
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