lunes, 11 de julio de 2016

El dulcero

 

Tengo un viejo amigo al que la fortuna – ayudada por él - siempre le ha sonreído, hasta el punto de que a la edad del retiro goza de una posición económica más que desahogada, que le permite darse cuantos caprichos quiere.

Como viene de muy humildes orígenes, mi amigo casi siempre me cuenta la misma historia, y que es que cuando era niño, suspiraba por hacer cosas para las que nunca tenía dinero, luego en la edad adulta el mucho trabajo le impidió hacerlas y ahora que puede ya no tiene ganas...

Salvando todas las distancias imaginables, algo así me sucedió con Joseito “el dulcero” y sus dulces. Nuestro hombre, allá por años cincuenta, estaba de la mañana a la noche recorriendo las calles de Álora y alrededores, con una enorme cesta de mimbre cubierta por un inmaculado paño blanco, que sostenía por el asa.

Cuando se acercaba a los parroquianos que él consideraba posibles clientes, levantaba el paño para que estos pudiesen mirar la cesta, repleta a rebosar de pasteles grandes como la palma de la mano que, en años en los que no sobraba de nada y faltaba de todo, quitaban el sentido con su sola visión.

Mientras exhibía la golosa mercancía, nuestro hombre observaba a su futuro cliente y según su parecer, le indicaba lo que podría satisfacer mejor sus gustos.

En la época en que le conocí el precio de los pasteles era unitario, pues todos costaban igual, aunque este oscilaba según temporadas y en las feria o en la Semana Santa se solía duplicar e incluso triplicar.

Mis progenitores no eran muy dados a que catase tales manjares, porque “se me quitaba el hambre”, cosa que con los años comprendí, pues yo comía como un pajarito.

No obstante, un día y sin venir a cuento, al pasar junto a Joseito mi padre llamó su atención mientras me decía: “Anda niño, coge el pastel que quieras…”

Nuestro hombre se acercó solícito y como un mago de feria quitó el paño blanco que cubría su canasto, dejando ante mi vista todas las maravillas que este contenía en forma de dulces de todas clases.

Los había de hojaldre, de mazapán, de yema, de nata… mis ojos se quedaron absortos contemplando aquel panorama de ensueño, analizando cual sería el mejor de todos, pues el permiso paterno era para coger uno solo.

No sé cuanto tiempo me extasié en la contemplación, pero la voz de Joseito me sacó de súbito de mi ensimismamiento: ¡“Niño, coge un dulce ya, que es pa hoy…!

Atolondrado por el mandato, me decidí por el más grande y no por el de yema, que aunque sabía que era delicioso, tenía la mitad de tamaño que el elegido.

Como en la vida siempre pasa, me defraudó la elección, ya que si bien era  grande, carecía de la exquisitez de otros y quejándome para mis adentros de la decisión, marché cogido de la mano paterna mientras, pensado que la próxima vez sería más riguroso, aunque nunca más tuve – como entonces - otra ocasión de que Joseito desplegase ante mi todas las delicias de su comercio.

Hace tiempo que, sin motivo alguno, aborrecí los dulces, pese a lo cual no he podido jamás olvidar, como si del día de los Reyes Magos se tratase, el canasto de mimbre de Joseito con su dulce mercancía a mi alcance.

Por otra parte, cuando lo pienso, me doy cuenta que esa escena es de todo punto imposible para los niños de hoy, ya que seguramente de hacerlo, nuestro hombre infringiría al menos media docena de normas sanitarias sobre tratamiento, manipulación y venta de alimentos..

No puedo llegar a entender como, sin esas normas, hemos podido llegar nosotros vivos a la edad que ahora tenemos…

J.M. Hidalgo (Recuerdos de infancia)

La tragedia del camping de Los Alfaques

Tal día como hoy 11 de julio de 1978 en un campamento de playa en Alcanar - Tarragona - tuvo lugar la explosión de un camión cisterna que transportaba propileno licuado, con el resultado de 243 fallecidos, más de 300 heridos graves, y la destrucción de la mayor parte del campamento.

Ese día, un camión cisterna con 25 toneladas de gas salió desde Enpetrol y se dirigió hacia Alicante y aunque la cisterna tenía una capacidad 45 metros cúbicos, sin embargo, esta fue sobrepasada con creces, además de que no disponía de ningún sistema de alivio de presión.

La tragedia se inició cuando al pasar por delante del campamento "Los Alfaques", ocurrió la catástrofe. En ese momento, el campamento tenía registradas unas 800 personas, y se estima que entre 300 y 400 se encontraban dentro del radio de la explosión, que mató instantáneamente a 158 personas.

Debido a la exposición al sol durante el viaje, la carga se fue calentando y generó una expansión del líquido contenido, el cual, al carecer de espacio para expandirse elevó la presión interna muy por encima de la que correspondería a su punto de equilibrio.

A consecuencia del exceso de presión, el tanque de acero reventó por una de las soldaduras  y el propileno licuado se liberó bruscamente, al igual que ocurriría en un cohete a reacción.

El gas se incendió, generando una explosión que dividió en dos al camión proyectando sus mitades en direcciones opuestas. La parte delantera de la cisterna salíó hacia adelante y la posterior, salió despedida hacia atrás, avanzando más de 200 metros campo a través hasta alcanzar el edificio de un restaurante, mientras el líquido incendiado, avanzó hacia el Campamento.

Una bola de fuego cubrió en un instante el campamento, y las temperaturas de más de 2000 grados, hicieron que la gran cantidad de bombonas de gas que había en él se inflamaran, sumándose a la explosión.

Muchas personas fueron trasladadas a los hospitales cercanos, y otros enviados a la unidad de quemados del Hospital La Fe de Valencia y al Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, ambos centros de referencia para grandes quemados.

La tragedia duró unos 45 minutos, desde la explosión a la llegada de las primeras fuerzas de rescate al lugar del accidente y en total murieron 243 personas, entre ellos muchos turistas alemanes así como franceses y belgas.

A raíz de este accidente, se promulgaron regulaciones sobre el transporte de materias peligrosas. Se prohibió el paso de camiones cisterna por las travesías urbanas y se mejoró la seguridad de vehículos y transportistas con nuevas reglamentaciones, como la obligatoriedad de la instalación de válvulas de presión en las cisternas que transportan gases licuados inflamables.

En 1982 se determinó la responsabilidad de las empresas por "imprudencia temeraria" y sentenciadas al encarcelamiento por un año sus directivos.obligando a pagar compensaciones por un total de 2.200 millones de pesetas, unos 13,23 millones de euros.

El campamento fue reconstruido en seis meses y hoy continúa su actividad. En una de las paredes exteriores se creó un mural en memoria de las víctimas, con una estrella y una inscripción por cada una.

domingo, 10 de julio de 2016

Gente Singular (Lázaro)

 
Seguramente – amigo lector – si eres asiduo de estas historias, ya estarás familiarizado con Tino, pues no es la primera vez, ni tampoco la segunda, que traigo a colación su nombre en estos cuentecillos, porque desde hace años, siente inclinación por leer las anécdotas que escribo, así como también, por facilitarme material para componer otras, aunque en muchos casos, me las da ya, prácticamente escritas.

Para reconocer las historias que cuenta, hay un procedimiento muy sencillo, si adviertes que una rebosa sensibilidad, humanidad, ternura, y que trata a los personajes con amor y delicadeza, esa – sin duda – me la ha referido él.

Pero dejemos de hablar de Tino – de cuya amistad me precio – ya que su natural modesto, rehuye siempre de loas y aún de referencia a su persona, y centrémonos en la historia que – una vez más – hoy me ha narrado, y que sucedió - como casi todas las que refiere - en su Granada natal, ciudad de la que siempre estuvo y continúa enamorado.

Estoy persuadido, de que Tino, jamás morirá de una dolencia cardiaca, porque es imposible morir del corazón cuando se carece de él, y el suyo, bien lo sé, se encuentra prendido - desde hace mucho tiempo - de las torres de su Alhambra granadina.

Los hechos ocurrieron en la década de los años cuarenta del pasado siglo, reciente acabada nuestra última contienda civil, tiempos de hambre, represión y miseria, donde la Iglesia – institución valedora del régimen que detentaba el poder – era, por ello, un valor de alta cotización social.

Su nombre era Lázaro, y ejercía de sacristán, en la parroquia de San Juan de Dios, situada justo enfrente de la calle Mano de Hierro, nombre que – por cierto – no podía ser más oportuno, a los tiempos que corrían.

La parroquia tenía dos singularidades, la primera que su presbiterio estaba presidido por una imagen de San Juan de Dios, con la mano extendida y un dedo señalando al cielo, y que era conocida por mucha gente - allí y en otros lugares de Andalucía - como la “estatua del deo tieso”.

La otra, y no menos importante que la primera, era la figura de Lázaro, sacristán del templo desde hacía años, cuya singular humanidad era conocida en toda la ciudad.

De baja estatura, calva acentuada, y orondo aspecto, iba siempre vestido con una bata de color marrón - seguramente para mejor disimular las manchas - que, conjugada con su rechoncha complexión, le daba el especto de un tonel de roble, de los usados para guardar el vino.

Además de las labores propias de su oficio parroquial, Lázaro ejercía como portero y celador de la instalación, así como hombre de la limpieza, de suelos, púlpitos y  estatuas.

Cada domingo, y en misa mayor, nuestro hombre sacaba siempre de la sacristía en donde los tenía celosamente guardados, los reclinatorios del templo, que facilitaba a las feligresas de mayor edad, con cuyo servicio obtenía – tiempos de miseria – algunos céntimos, en el mejor de los casos.

No obstante, no guardaba Lázaro para él, la escasa remuneración, sino que le servía como complemento a la labor social -que puertas afuera del edificio religioso- nuestro hombre realizaba.

Frente al templo, había entonces unas afamadas bodegas llamadas las tres M, en las cuales, cada víspera de festivo se “recogían” hasta altas horas de la madrugada, los amantes de los caldos de Baco, que por poco dinero, trasegaban a sus desconsolados estómagos, vinos peleones, que realizaban efectos demoledores en los ingirientes, y a la mañana siguiente, aparecían desperdigados a su puerta, algunos con serios efectos sobre su salud debido al relente de la coche, y más de uno con la cabeza “escalabra” por una caída accidental debido a la curda.

Su primera labor del domingo, era la de recoger de la calle a los durmientes – todos en estado penoso - a los que tras lavarlos en una fuente pública que allí mismo había, trasladaba al hospital de San Rafael de la capital Granadina, en donde – además de los borrachos – hacía también entrega de las monedas de su servicio de reclinatorios, para incentivar así su cuidado y atención.

Pero no todo el mundo, juzgaba de forma plácida su proceder, Romualda, su mujer y sacristana adjunta, no compartía las costumbres samaritanas de nuestro personaje, y se pasaba el día rezongando y criticando el hacer de su marido, ya que según ella, a otras actividades más productivas, debía dedicarse.

Nuestro héroe, sin contradecir nunca directamente a su costilla, pues ya es sabido que si tu mujer te pide que te tires por la ventana, ruega vivir en una planta baja, contestaba a sus demandas, siempre de idéntica forma.

- No te preocupes mujer, que yo dejaré de hacer esto, en cuando San Juan baje el “deo.”

Lázaro, hace ya años que desapareció, de igual forma a como lo hizo la figura del sacristán en las iglesias, pero si algún día - amigo lector - te acercas a la parroquia de San Juan de Dios, de Granada, podrás contemplar como la estatua del santo situada en el altar mayor, continúa – impasible - con su dedo señalando a las estrellas.

J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

La “Batalla de Inglaterra”, la guerra en el aire.

Tal día como hoy 10 de julio del 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, comienza la llamada “Batalla de Inglaterra”, denominada por los alemanes "El día del Águila".

No se trató de una única batalla, sino toda una serie de operaciones aéreas sobre el Canal de la Mancha y cielo británico, durante cerca de cuatro meses - de julio-octubre de 1940 – en las que  la Luftwaffe – fuerza aérea alemana – intentó destruir a la Royal Air Force - aviación inglesa - para obtener la superioridad necesaria y poder efectuar la invasión de las islas.

Fue la primera gran batalla enteramente disputada en el aire y la mayor hasta aquel momento  por el número de aviones, así como la primera prueba de la estrategia de bombardeo desde la Primera Guerra Mundial y también la primera vez durante la guerra, que Alemania resultó derrotada.

No toda la batalla se libro sobre cielos ingleses, ya que el 24 de agosto de 1940, el puerto de Londres fue bombardeado, según los alemanes por error, hecho que utilizó Inglaterra  para preparar un ataque aéreo sobre Berlín.

La fecha fue escogida haciéndola coincidir con la entrevista del ministro de exteriores alemán con su homólogo soviético, para demostrar a este el inminente triunfo alemán y realizar nuevos acuerdos con el gobierno soviético.

La entrevista debió interrumpirse porque Berlín estaba siendo bombardeada, y al parecer el ministro ruso pregunto: "Si esto que me dice es cierto ¿por qué estamos entonces en este refugio y quiénes están lanzando esas bombas ?".

En la batalla de Inglaterra participó también, del lado alemán, una fuerza expedicionaria italiana de unos cuarenta aviones llamada “Corpo Aéreo Italiano”, que como es tradición en ellos, hicieron el ridículo pues sus aviones participaron en varios combates, sufriendo graves pérdidas sin obtener éxito alguno hasta ser repatriados ante su fracaso, en enero de 1941.

A finales de mayo de 1941, cesaron los ataques de la Luftwaffe en gran escala. Los británicos no habían capitulado, sino que por el contrario el afán de resistencia había aumentado y  la RAF mantenía su fuerza y la producción de aviones por parte británica aumentaba.

La batalla de Inglaterra había fracasado para Alemania.

sábado, 9 de julio de 2016

El canto del gallo

EL CANTO DEL GALLO

Cuando por vez primera lo oyó, creyó estar teniendo una de aquellas   ensoñaciones que le llevaban a su época de infancia. Acababan de dar las cinco de la madrugada y era imposible que en medio de la gran ciudad cantasen los gallos.

No había aún conciliado de nuevo el sueño cuando, ahogado en la lejanía, volvió a oír - como preludio de la mañana- aquel canto de nuevo. Era un grito solitario, sin la respuesta de otros gallos que contestasen, mostrando así su aspiración al puesto de macho dominante.

Juan recordaba que en su infancia, los gallos establecían luchas entre ellos. Primero cantaba uno, luego se sumaba otro, más tarde un tercero y al poco - casi por turnos – iban contestándose unos a otros en un diálogo - incomprensible para los humanos - que determinaba su jerarquía y territorialidad.

Tal como hacía de niño, se refugió bajo la manta, buscando que el arrullo de aquel lejano grito consiguiera de nuevo hacerle dormir. Pero, al no encontrar con quién rivalizar, el solitario gallo enmudeció enseguida.

A la mañana siguiente, mientras desayunaba lo comentó con su mujer, que - nacida en la ciudad - le miró en silencio con gesto compasivo, pensando que todo era solo fruto de sus recuerdos. Desde aquel día, Juan esperaba cada madrugada oír aquel sonido que le hacía rememorar idílicos tiempos de infancia. Hasta que un día inesperadamente, el gallo dejó de cantar...

 - Eso es una de tus “neuras”
- le espetó su esposa cuando días después se lo dijo – ¿Como iba a haber un gallo aquí..?, Son solo manías tuyas...

Juan no la contradijo. Con su mujer se perdían las discusiones incluso teniendo argumentos sólidos, cuando más en este caso en que no había más evidencia que un lejano canto que – al parecer - solo él había escuchado. Por eso, se propuso indagar por su cuenta sobre su alado amigo.

Fue por casualidad que mientras paseaba, tras el seto de un jardín, oyera el cacareo característico de unas gallinas y sin dudarlo, tocó el timbre de la verja. La cancela de hierro se entreabrió, dejando ver la cara de un anciano de rústico aspecto que cuidaba del jardín, ahora convertido en huerto.

- Perdone señor
– dijo Juan - me ha parecido oír cacarear unas gallinas... ¿Tiene usted un gallo que suele cantar por las noches...?

El hombre con mal disimulada contrariedad respondió - El gallo está muerto. Debí sacrificarlo cuando me denunciaron porque decían que escandalizaba de madrugada... -¿Es que le molestan a usted también las gallinas...? indagó irónico.

- Todo lo contrario –
respondió Juan - ese canto me traía bellos recuerdos de niñez. Lo preguntaba solo porque hace noches que no le oía, y no puedo conciliar desde entonces el sueño...No sé, como si me faltase algo...

Luego, vencida la desconfianza, el anciano le refirió que había debido dejar su casa en el campo para vivir con su hija trayéndose con él los animales porque eran un trozo de su vida, pero había comprobado que ellos eran incompatibles con la ciudad.

Hace unos días poco antes de amanecer, Juan volvió a oír de nuevo otro gallo lanzar al aire su solitario grito de desafío. No se hizo ilusiones.

Seguramente - pensó - ya se habría vuelto a poner de nuevo en marcha la maquinaria inquisitorial humana, para propiciar en breves días su sentencia de muerte...

J.M. Hidalgo (Cosas de la gran ciudad )

El día que en natación, se rompió la “barrera del minuto”

 Tal día como hoy 9 de julio de 1922, el nadador y actor Johnny Weissmüller, bate el record mundial de natación de 100 metros estilo libre en 58,6 segundos, rompiendo la “barrera del minuto”.

Johnny Weissmüller había empezado trabajando como botones en el Plaza Hotel de Chicago, al mismo tiempo que se entrenaba para participar en los juegos Olímpicos, haciendo su debut como nadador amateur en 1921 y ganando su primera competición, la Amateur Athletic Union, nadando estilo libre.

Para poder ser incluido en el equipo de natación USA, era preciso ser norteamericano de nacimiento por lo que Johnny, que era originario de la actual Timisoara (Rumania), mintió al decir haber nacido en Pensilvania, dando la fecha de nacimiento de su hermano menor Peter . 

Esto, aunque le aseguró su elegibilidad para competir, como parte del equipo de natación de los Estados Unidos, fue después un tema crítico para la emisión de su pasaporte estadounidense.

En total, durante toda su carrera, consiguió cinco medallas de oro olímpicas y una de bronce, ganó 52 campeonatos nacionales de los Estados Unidos y estableció 67 récords mundiales.

No obstante, la fama de Johnny Weissmüller, que ha llegado hasta nosotros no fue por sus éxitos como nadador, sino por encarnar en el cine la figura de Tarzán, al decir de muchos, el mejor actor que lo haya representado nunca.

Retirado del cine desde la década de los 50 - salvo apariciones puntuales - murió en 1984 de un edema pulmonar.

Se dice que al final de su vida, se volvió loco y creía ser Tarzán, pero en realidad eso no es cierto, sino que - olvidado por causa de los años -  fue cayendo en el pozo de la nostalgia intentando - de forma consciente - reproducir el grito de Tarzán, que tantas veces hiciera de joven.

En la actualidad, el récord mundial de los 100 metros libres en natación masculina es de 46.40 segundos, establecido por el nadador chino Pan Zhanle, en los Juegos Olímpicos de París de 2024.

viernes, 8 de julio de 2016

Las sopas perotas



Pese a su nombre, tienen aspecto de cualquier cosa, menos de sopa. Siempre asociamos la sopa, a algo de naturaleza líquida y humeante, que fundamentalmente nos apetece durante los fríos días de invierno.

Nada que ver con lo que hoy aquí describimos, pues nuestro guiso, está constituido por una fuente de pan de pueblo migado, y regado – luego de ser condimentado - con abundante aceite de oliva hirviendo.
   
Es una comida típica de mi tierra del sur, que digo típica, es el plato nacional de Álora, en la provincia de Málaga, y el nombre de “perotas” le viene de la denominación que - vete a saber por que causa – reciben en la comarca, desde tiempo inmemorial, los habitantes del lugar donde nací.
   
Tanto y tanto es de allí, que fuera de su término municipal, su sabor no es lo mismo. Quizás sea el agua, tal vez el pan, puede que el aire o el ambiente que propicia el denominado Valle del Sol, en donde radica el pueblo. La cosa es que ha habido gentes, que las han guisado fuera de su marco natural, llevándose para ello los condimentos originarios, y nunca han acaban sabiendo lo mismo.

La primera vez que - sin ser de la tierra - te sitúas ante un plato de este guiso, tu inmediata tentación es la de declinar la invitación a comerlas, debido a su aspecto apelmazado y aceitoso. Recuerdo la anécdota de una amiga, casada con uno de la localidad – y hoy adicta total al plato - que a poco de visitar su nueva familia, fue invitada a comer las famosas sopas, y la buena mujer, pensó para sus adentros - según confesó más tarde - mientras se disponía a comerlas “¡Hay que ver, las cosas que una se ve forzada a hacer, por culpa de haberse casado...!”   
   
Parece que el origen de esta comida, arranca siglos atrás, época en que los jornaleros, trabajaban el campo por poco más que el sustento - tal era la necesidad  – y que el dueño de la finca en donde lo hacían, pactaba – a la vez que un magro salario - la obligación, de proporcionarles lo necesario para la comida del día, consistente en el plato único de las “sopas secas”, nombre con el que también es conocida la referida pitanza.
   
Para ello, a media mañana, uno de los jornaleros, quedaba rebajado del trabajo, y se encargaba de prepararlas. En primer lugar había que migar, el pan de la tierra, a pellizcos, ni grandes ni pequeños. De ahí - y por razones obvias - la importancia que para la cuadrilla de trabajadores tenía, el elegir para tal cometido, al que, además de tener algunos conocimientos culinarios, fuese aseado respecto a su persona.

Luego, la dueña de la casa, facilitaba los condimentos; pan, sal, pimientos, tomates, cebollas fritas, y sobre todo, y lo más importante, el aceite, que había de ser de oliva, puro y sin refinar, según se extraía de la almazara, y que una vez hirviendo, tenía que empapar hasta un punto óptimo – ni muy seco, ni demasiado aceitoso - toda la fuente, y darle y olor y el sabor característico.

Todo ello se hacía en un recipiente de barro, a la vez lugar donde se guisaba, y plato en el que se comía, ya que los jornaleros, venían de sus casas, provistos únicamente de una cuchara, con la que, en orden, y rodeando a la fuente – muchas veces de pie - iban extrayendo de ella, cucharada a cucharada el condumio, acompañándolas en su ingesta – según la época del año - con todo lo que imaginarse pueda, desde naranjas, hasta aceitunas, pasando por pepinos, uvas, tomates y cualquier tipo de fruto, porque a las “sopas secas” – al decir general, y eso es cierto - le va bien todo.
   
Eran también conocidas, como las “sopas del paso atrás”, porque los comensales, situados en derredor de la fuente - colocada sobre una mesa, e incluso sobre una piedra - adelantaban un paso cada vez que tomaban su cucharada, para volver de nuevo a la posición inicial, repitiéndose la operación hasta acabar la comida.

En algunos casos, los propietarios intentaban, escatimar parte de estos ingredientes, al objeto de que la manutención pactada, les resultase aún más barata. El caso de Paquita fue uno de estos.

Beatona, más de apariencia que de auténtica devoción, era tacaña hasta la saciedad, y cuando tenía trabajadores en su casa, procuraba cicatear, los condimentos necesarios para la vianda, de forma que ya era proverbial entre estos, su forma de proceder. Un día, estaba ayudando en su labor, al jornalero encargado de la preparación del yantar, regateando cuanto podía en cada cosa, y sobre todo en el aceite, que era el más caro de los condimentos, y mientras esto hacía, invocaba constantemente a los santos, en demanda de ayuda divina para su labor.
   
-¡Ay, Virgen de Flores, ayúdame para que salgan bien estas sopas!, ¡Ay, Nazareno de las Torres, socórreme y dame buena mano!, ¡Ay, Nuestra Señora de los Dolores, guíame para que sean las mejores sopas que haya hecho nunca!
. Y entre súplica y súplica, escanciaba pequeñísimas cantidades de aceite, a todas luces insuficientes, para la comida que allí había.

El jornalero, cansado ya de tanta jerigonza, plegaria e invocación, y viendo que por aquel camino no llegaría a buen fin la pitanza, con voz rotunda le dijo: - ¡Señora, deje usted ya de llamar a más santos, que aquí para bien poco se precisan, y eche de una puñetera vez, más aceite, y verá como salen buenas, sin necesidad de tanta cantinela!.

Si algún día amigo lector, vas a Álora, en el Valle del Sol, no olvides pedir como plato único – porque quedarás tan lleno que no podrás comer otra cosa – unas buenas “sopas perotas”.

Eso sí, antes de hacerlo, procura cerciorarte, de que no están hechas con el mismo método, que las hacía la buena de Paquita.

J.M. Hidalgo (Gente Singular)

El Estatuto de Bayona, una constitución dictada por Napoleón.

Tal día como hoy 8 de julio de 1808, se promulga el Estatuto de Bayona, carta constitucional impuesta a España por Napoleón.

La llamada Constitución de Bayona fue una “Carta Otorgada” aprobada en esta ciudad francesa el 7 de julio de 1808, jurada por José I de España e inspirada en el modelo de estado constitucional bonapartista, sin intervención de ningún representante español.

Tras el Motín de Aranjuez contra Godoy y Carlos IV, este abdicó en su hijo Fernando VII, pero antes de consolidarse en el poder, Napoleón convocó en Bayona una asamblea de notables españoles a los que presentó un texto de Constitución, que no había sido elaborada por los representantes de la Nación.

En ella, se organizaba España como monarquía hereditaria, con el monarca en el centro del poder político obligado a  respetar los derechos ciudadanos proclamados en su texto.

Debido a su origen y proceso, no puede considerarse una Constitución ya que  fue presentado por Napoleón a 91 diputados españoles, a los que sólo se les permitió “deliberar” sobre su contenido.

Después de los sucesos del 2 de mayo en Madrid, los indignos representantes de la monarquía española - Carlos IV y su hijo Fernando VI-  habían entregado la corona española a Napoleón, el cual la dio a su vez a su hermano José, procurando revestir de legitimidad lo que en realidad era un expolio. 

El mariscal Murat, siguiendo órdenes del emperador, conspiró ante la Junta Suprema para que esta pidiera a José Bonaparte que accediera a recibir la corona española, pese a que él también aspiraba a convertirse en el  rey de España. 

El Consejo declaró entonces que, en su opinión, la elección debería recaer sobre José, entonces rey de Nápoles.

Tras un cúmulo de indignidades encadenadas desde todos los estamentos españoles, José Bonaparte fue finalmente nombrado rey de España.

jueves, 7 de julio de 2016

El alemán

 

   
Conocí a Hans al final de la década de los sesenta, siendo los dos veinteañeros.

Estaba de vacaciones en la Ciudad Condal, en casa de unos amigos comunes y era el centro de atracción de la pandilla por una razón; disfrutar de un flamante Wolsvagen, modelo “escarabajo” que nos tenía a todos locos, ya que ninguno de nosotros poseía coche y, estando acostumbrados a los “seiscientos”, el del germano nos parecía un “haiga”.

Hans hablaba un español bastante deficiente, pero se hacía entender muy bien con el socorrido lengua de los gestos. Quizás por eso, no comprendía aquella frase tan en boga en la época de “estudias o trabajas.”.No la entendía, porque él había pagado su coche con lo que ganaba trabajando como limpia cristales en Munich, y al mismo tiempo estudiaba economía, derecho y relaciones humanas.

Como sus vacaciones duraban solo un mes, y el resto del año era solo trabajar y estudiar - cosa que nosotros no entendíamos - Hans se apuntaba a cualquier, fiesta que surgiese y por esto cuando le propusimos ir aquella noche a un baile con chicas en la Costa Brava, asintió enseguida y a las 6 de la tarde salimos hacia la cita.

En aquellos años no se conocían los cinturones de seguridad, ni se llevaba a rajatabla lo de las “plazas autorizadas” y debido a eso, nos subimos ocho en el “escarabajo” cuya capacidad era de cinco.

Al poco de dejar atrás el pueblo de Calella, en uno de los inmensos baches que en aquellos años tenían todas nuestras carreteras, un imprevisto traqueteo del vehículo nos hizo detener pudiendo comprobar que habíamos pinchado.

Como íbamos ya tarde, salimos todos del coche y sin tener idea de mecánica, en menos de lo que se cuenta habíamos sacada la rueda de recambio, el gato hidráulico y las llaves de tuerca, esparciéndolo todo sobre la carretera sin orden ni concierto.

Hans, extendiendo sus brazos en demanda de calma, extrajo de la guantera un voluminoso libro de instrucciones – como es lógico en alemán – y empezó a “estudiar de manera científica”, como debía cambiarse la rueda, sin permitir mientras que nadie hiciese nada.

Media hora más tarde y siguiendo paso a paso las instrucciones, empezamos la tarea de reponer el neumático mientras la noche se cerraba sobre nosotros. Cuando por fin concluimos, recogimos de cualquier manera las herramientas en el maletero, y nos acomodamos de nuevo en el coche dispuestos a reanudar la marcha.

Pero Hans, levantando de nuevo sus brazos, volvió a sacar las herramientas una por una, y - otra vez libro de instrucciones en mano – procedió al plegado del gato, su colocación bajo la rueda de recambio, y la minuciosa recogida de herramientas cada una en su caja...

Ninguno de nosotros comprendíamos como era posible que no pudiese ir todo sin ordenar, pero nuestro irreductible amigo teutón no lo veía así y cuando por fin reiniciamos la marcha – tras ordenarlo todo meticulosamente - era casi la hora de volver de nuevo a Barcelona.

Tal y como supondrás, lector amigo, al llegar la fiesta se estaba despidiendo y no había ni rastro de las chicas prometidas, que seguramente habían intimado con otros jóvenes, seguro que  menos diligentes, pero sin duda  mucho más rápidos que nosotros.

Nunca volví a ver de nuevo a Hans.  Sin embargo en estos tiempos en que la panacea vuelve a ser – como entonces era – de nuevo Alemania, me lo puedo imaginar con sus brazos en alto pidiendo calma, el libro de instrucciones en las manos siguiendo a pies juntillas sus indicaciones y rodeado de un grupo de atolondrados españoles, cuyo único objetivo y preocupación era llegar temprano a una fiesta, fuese como fuese.

Pienso para mi que, aunque nos pese, esto va a seguir siendo siempre así...
   
J.M. Hidalgo ( Recuerdos de juventud)

La convulsa política rusa tras la abdicación del zar Nicolás II

Tal día como hoy 7 de julio de 1917 el príncipe Gueorgui Yevguénievich Lvov, renuncia al cargo de presidente del primer gobierno provisional de Rusia constituido tras la abdicación del Zar Nicolás II.

Después de la revolución rusa de febrero de 1917, fue este el primer presidente del Gobierno Provisional de Rusia, ejerciendo durante algunos meses, funciones de jefe de Estado y de gobierno y además el cargo de ministro del Interior del país. 

Antes de la revolución, había sido muy crítico con la forma de conducir la guerra contra Alemania y por parte del Gobierno zarista, se le consideraba el portavoz del llamado Bloque Progresista.

Una vez en el poder y tras las revueltas de abril de 1917, se planteó utilizar la fuerza parar reprimir a los grupos extremistas de izquierda, pero la debilidad de su gobierno y la oposición de importantes figuras de los sóviet, reacios al uso de la fuerza contra el pueblo, se lo impidió . Su gobierno - compuesto por liberales y socialistas moderados - fue incapaz de satisfacer las crecientes demandas radicales de la mayoría de la población. 

El 2 de julio de 1917, renunciaron 3 ministros en desacuerdo con su política y tres días más tarde lo hizo el ministro de justicia social revolucionario Perevérzev.

Ante su extrema debilidad política, renunció a su cargo el 7 de julio tras recibir de sus ministros  una lista de “principios generales” que debían dar pie a un programa de reformas políticas, consideradas demasiado radicales por Lvov, por lo que las rechazó y dimitió.

En esencia las propuestas eran; subordinar el Gobierno a las decisiones del sóviet de Petrogrado, aplicar el programa de reforma agraria del ministro social revolucionario de Agricultura, disolver la Duma Imperial de Rusia o proclamar la república.

Cuando los bolcheviques tomaron el poder lo pusieron bajo arresto pero logró huir y se exilió en París, donde residió el resto de su vida.

Le sucedió Aleksandr Kérenski como primer ministro en funciones, que sería también depuesto el 7 de noviembre por  el Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por el propio Lenin.

El camino a un estado de soviets de obreros, soldado y campesinos quedaba abierto, como paso progresivo hacia lo que Lenin creía “el paraíso comunista”.

miércoles, 6 de julio de 2016

Las granadas

 

Como ha sucedido con otras muchísimas cosas, hace muy poco tiempo que han descubierto las granadas.

Ahora, si accedes a Internet y te interesas por el subtropical fruto, encuentras páginas enteras dedicadas a alabar sus cualidades, ya sean estas culinarias, o las que desde el punto de vista de la salud supone el comerlas, de forma que – tal y como sucede con otros productos – parece que si no tomas cada día alguna, tu lozanía peligra, pues casi todo se cura con su ingesta.

Tiempo hubo no obstante, en que algunos hortelanos, sembraban los granados en lugares de difícil acceso y generalmente en las lindes de sus heredades, pareciendo que lo hacían, más con la pretensión de no ver al vecino, que con la de recolectar sus frutos, que en muchas ocasiones reventaban en las ramas, al haber superado el tiempo de su maduración, sin que nadie les hiciese demasiado caso.

Bueno, nadie exactamente no, los chavales teníamos a las granadas como los frutos del otoño, y en muchas ocasiones, bastante antes de que madurasen, ya habíamos comido algunas, con el consiguiente disgusto en forma de cólico, cuya causa nuestras madres sabían distinguir a la perfección, con el simple procedimiento de hacer que le mostrásemos las manos, pues las granadas – al descortezarse - dejan la piel, de un color amarillo pajizo, siendo inútiles cuantos esfuerzos hagas por librarte de él, hasta pasados unos días.

Nosotros conocíamos de sobra la ubicación de los árboles y las diversas variedades del producto, ya que aunque parezcan idénticas, estas frutas se dividen en tres clases bien distintas y a ellas se hallaban ligadas nuestras preferencias.

El primer lugar lo ocupaban las dulces, naturalmente nuestras predilectas y de las que pocas llegaban a su granazón, pues eran comidas antes por la chiquillería. En segundo – y cuando no había a mano ninguna de las anteriores – teníamos las de layo, de sabor ligeramente ácido, aunque no lo suficiente como para permitirles poder vivir tranquilas en sus ramas, y por último - correspondiendo a los árboles más fuertes y frondosos - se hallaban las diente perro, de granos alargados que recuerdan - en alguna forma - los colmillos de este animal.

Estas últimas, permanecían en los árboles casi siempre, hasta que se abrían, o eran devoradas por las ratas, al ser estas alimañas las únicas que se atrevían con la gran acidez del fruto. Con tan solo rememorarlas ya siento grima en los dientes, recuerdo de alguna que otra apuesta infantil, sobre quien era capaz de comerlas, teniendo asegurado el ganador – y también al perdedor - dentera para, al menos dos días. Y es de estas – amigo lector – de las que quiero contarte la historia que seguidamente inicio.

Pese a lo antes dicho, en la economía de subsistencia de la época – años cincuenta del pasado siglo - con las granadas también se comerciaba, y desde el pueblo de Almogía, Las Chozas del Cerro y otros, cada otoño se desplazaban a Álora “los granaeros”, que - a lomos de mulos - trasladaban a su terruño, cargas de este fruto del que allí carecían, para venderlos en el mercado.

No eran – por lo general - hombres de campo, y por tanto no sabían distinguir las diversas variedades, por cuyo motivo a veces, los desaprensivos vendedores - tras darles a probar en la cata las frutas más deliciosas - entreveraban en la carga, bastantes de las de layo, y algunas de diente perro, explicándoles luego, cuando a la vuelta se quejaban, que eso era debido a que algunas “salían bravías”, argumento que - aunque infantil - era válido para personas poco conocedoras.

Aquel año, la cosecha había sido más bien escasa, y mientras las dulces eran todas pequeñas, las diente perro – más agrestes - estaban gordas y con  colores rojizos que despertaban – de no saber lo que dentro escondían – grandes deseos de comerlas.

Al objeto de que no advirtiese el comprador la maniobra, decidieron mantenerlo alejado, y para ello le informaron, de que en la finca había una planta muy pegajosa y molesta, que se adhería solo a los extraños.

- No entre usted aquí - le dijeron - que esta yerba nos conoce a nosotros, que la hemos criado, pero a usted no y por eso se le pega…

La planta en cuestión - denominada “amor de hortelano” – es un hierbajo que efectivamente se adhiere a las prendas de lana - que era la que llevaba el comprador - pero es refractaria a las de pana –  de la que estaban hechas las de los vendedores.

Maravillado quedó el foráneo – que como habrás podido comprobar, querido lector, no era ningún lince - viendo como los lugareños se movían fácilmente entre los matojos, sin que ninguno quedase prendido a ellos, y él, en una tímida incursión que hizo, hubo de pasar más de una hora quitando con mucha dificultad y trabajo, los tenaces tallos adheridos a toda su ropa.

Con los serones del mulo llenos a rebosar de granadas, en las que casi una cuarta parte, eran de diente perro, nuestro hombre – aún perplejo - dijo al despedirse:

 - Cuando yo cuente en mi “partio” que aquí la yerba conoce a la gente, les juro que no me creen… y montado en su acémila, inició presto el camino de vuelta, con la intención de poder vadear el peligroso Guadalhorce, antes de su diaria crecida del anochecer.

       
J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

La Cruz Roja Española, una institución benemérita

Tal día como hoy 6 de julio de 1864, se funda la Cruz Roja Española, institución humanitaria, de carácter voluntario y de interés público, bajo la protección del Gobierno y el Patronazgo de los Reyes de España cuyo fin es aliviar el dolor humano mediante atenciones inmediatas de acuerdo a cada situación en particular.

La Cruz Roja se organizó en 1864 bajo la Orden hospitalaria de San Juan de Jerusalén, siendo declarada "Sociedad de Utilidad Pública" y desde entonces, los distintos gobiernos han estado representados de una forma u otra en su seno, aunque esto no ha impedido que actúe siempre bajo los Principios que la  inspiran.

En sus orígenes, su actuación estuvo centrada en intervenciones humanitarias para caso de conflicto armado, y debido a la guerra en África en 1918, se produjo una fuerte expansión de sus centros sanitarios, llegando a sumar cerca de 36 hospitales.

Entre 1936 y 1939, en plena Guerra Civil Española, realizó una importante actividad, y tras el Golpe de Estado Militar, el Comité Central pidió una intervención directa en el conflicto, debido al problema de la existencia del bando Republicano legítimo y del otro bando sublevado, existiendo dos facciones dentro de la misma Cruz Roja.

Ambos bandos, en la organización, fueron fundamentales pues suministraban víveres, enviaban material sanitario, protegían las evacuaciones y servían de intermediarios en las comunicaciones y en el intercambio de prisioneros.

Finalizada la Guerra Civil, se disolvió el Comité Central del bando republicano, siendo sus miembros posteriormente perseguidos por el gobierno de la Dictadura Militar franquista, y partiendo la mayoría de ellos al exilio en Francia.

En la década de los setenta, se produjo un aumento de los accidentes de tráfico y la Institución terminó la red de Puestos de Primeros Auxilios en las carreteras españolas, un proyecto que había comenzado durante la Segunda República Española.

Al mismo tiempo, a través de la Cruz Roja del Mar se iniciaron las tareas de socorro en el mar y en aguas interiores y el salvamento de náufragos, que se convertiría en uno de los servicios más conocidos y valorados por la opinión pública.

A partir de 1985 se produce una reorganización que trajo consigo la democratización de la Institución y la potenciación  de los voluntarios, pero fue a partir de los noventa cuando se produce la definitiva modernización y adaptación a los nuevos retos de la sociedad Española, que ha supuesto un importante incremento de sus recursos humanos y materiales.

En la historia reciente cabe mencionar su intervención durante los atentados del 11-M en Madrid, movilizando a casi 900 voluntarios entre médicos, forenses, enfermeros, psicólogos y coordinando una extensa red de donación de sangre y atención telefónica.

martes, 5 de julio de 2016

Breve historia de la “División Azul de Voluntarios”

Tal día como hoy 5 de julio de 1941, la llamada “División Azul” española, parte hacia el frente ruso para apoyar a las tropas alemanas.

La División de Voluntarios españoles, más conocida como la División Azul, fue una unidad que sirvió a Hitler entre 1941 y 1943 en el ejército alemán, durante la Segunda Guerra Mundial.

Pese a que la dictadura franquista, no intervino oficialmente en la guerra mundial, el dictador envió voluntarios para que se unieran a la Wehrmacht, de modo que podía mantener su neutralidad,  mientras compensaba a Hitler por la ayuda en la Guerra Civil.

A tal efecto se creó un cuerpo militar, alcanzando efectivos suficientes para formar una división, con unos 18.000 hombres y envió una oferta oficial de ayuda a Berlín, que Hitler aceptó en junio de 1941.

Hubo desde quien se alistó, por no haber podido participar en la Guerra Civil, como el poeta falangista Dionisio Ridruejo, hasta represaliados políticos por el régimen, como el actor Luis Ciges, que lo hizo como solución a la marginación social, y miseria económica de su familia, y donde conoció a Luis García Berlanga, divisionario con él.

Los oficiales, eran militares de carrera de ideas falangistas y los soldados, agricultores, obreros y estudiantes de distintas universidades, saliendo de España con uniformes españoles, pero al llegar a Alemania y recibir el uniforme alemán, los falangistas se negaron a dejar la camisa azul, que desde entonces llevaron en sustitución de la alemana, debido a lo cual la división se empezó a conocer, como “División Azul”.

El 5 de  julio de 1941, se concentraron en Madrid y el día 13 salió el primer tren de divisionarios rumbo a Alemania, donde se transformarían en la 250 División de Infantería de la Wehrmacht, desplegada en el Sitio de Leningrado, donde sufrió fuertes pérdidas, tanto en combates como por el  frío.

Después de la retirada alemana de Stalingrado, los Aliados comenzaron a ejercer presiones sobre Franco, para que ordenase la vuelta de los divisionarios a España, concluyendo con una orden de repatriación, en octubre de 1943.

Tras la disolución de la División, unos 2.500 hombres se negaron a ser repatriados, incorporándose a otras unidades alemanas, principalmente de las Waffen-SS, que fueron denominadas “Legión Azul”, algunos de los cuales lucharon hasta los últimos días de la guerra, en la Batalla de Berlín.

También existió la “Escuadrilla Azul”, formada por pilotos españoles voluntarios a la que fueron acreditados 156 derribos de aviones soviéticos con 19 muertos y desaparecidos en combate, dos prisioneros y varios heridos.

Un total, de 46.000 hombres sirvieron en la División Azul, sufriendo 4.954 muertos, 8.700 heridos, muchos de ellos mutilados y 372, fueron hechos prisioneros de guerra.

Sólo unos pocos, lograron sobrevivir a las privaciones y trabajos forzados, y mientras la mayor parte de prisioneros alemanes, italianos o de otras nacionalidades, fueron puestos en libertad en 5 años, la mayor parte de los españoles de la División Azul, hubieron de esperar 12 años, hasta  que en 1954 llegaron los 220 sobrevivientes a Barcelona en el barco Semíramis, fletado por la Cruz Roja.

Don Juan Cutillas

 


Desde que abandoné la juventud, me he ido convenciendo cada vez más, de que no merecíamos los profesores del instituto Gaona de Málaga, que - con paciencia infinita - empleaban su tiempo en desasnarnos, sin evidenciar el cansancio que tratar con una tropa como nosotros, sin duda les debía producir.

Uno de estos esforzados maestros, del que hoy pretendo hablarte, era Don Juan Cutillas, profesor de matemáticas en los primeros cursos de bachillerato.

Nuestro hombre – al que recuerdo de mediana estatura tirando a bajo – tenía una característica esencial que le hacía blanco especial del alumnado y era la de ser calvo total. La calva de Don Juan, no era - sin embargo - una calva ordinaria, ya que además de carecer de cabello, parecía que estuviese charolada de tanto como relucía.

Aquella calva tersa, brillante, pulida, refulgente, constituía motivo de eterna chanza, de modo que en el argot estudiantil, nuestro hombre era conocido por todos como “El bombilla”.

Además de este alias, en tiempos debió haber algún virtuoso, artífice de un juego que aprendías nada más llegar al instituto y que se hacía, naturalmente lejos de su presencia. El asunto consistía en que uno de los alumnos, colocado frente a los demás, preguntaba a voces:

- ¡Cuando llegas a la clase...¿Que es eso que tanto brilla...?! 
Y todos  contestaban a coro: - ¡La cabeza “del Cutillas”, que parece una bombilla...! -

 Esto daba inicio al jolgorio general, lo cual no era extraño, porque en Málaga y a finales de febrero, ya estábamos en primavera y unido esto a la revolución hormonal propia de la edad, nos tenía a todos siempre soliviantados y con ganas de jaleo.

Aquel año, nuestra clase estaba situada en un aula de la planta baja, con entrada por el patio central del instituto, lo cual facilitaba mucho la labor de vigilancia, ya que podía ser detectada fácilmente y con la debida antelación, la llegada de los profesores.

Aquel día Taboada, uno de los más revoltosos del curso, aprovechando que nuestro hombre solía retrasarse en la sala de profesores, fue el encargado de dirigir el coro. Pero lo que no sabía, aquella malhadada mañana, era que Don Juan aún no había llegado y que al venir tarde, decidió entrar directamente en clase sin pasar por la sala, tal como tenía por costumbre.

Formulaba nuestro compañero la pregunta de ritual de espaldas a la puerta, por lo que no pudo advertir su llegada, mientras los demás, al verlo acercarse, simulamos - cada cual como pudo – estar estudiando. Ante nuestro silencio, Taboada seguía preguntando de manera reiterada y cada vez más alto: ¡¿Que eso que tanto brilla...!?,  ¡¿Que es eso que tanto brilla...?!

La mano de Don Juan se posó sobre el hombre de nuestro vociferante colega, mientras le decía: -“Como todos parecen haberse quedado mudos de repente, me temo que me vas a tener que decir tú, que es eso tan brillante...”

Después de preguntarle la lección del día, con el resultado de un cero como calificación, Don Juan le mandó permanecer de pie en una esquina del aula, en donde estuvo durante toda la clase.

Y no sé - amigo lector – quizás debió ser la primavera o tal vez la situación, pero la cosa fue que nosotros, en lugar de compadecerle, nos pasamos todos la clase entera, sin podernos aguantar la risa floja.

¡ Menuda pandilla de traidores...!

J. M. Hidalgo ( Recuerdos del Instituto)

lunes, 4 de julio de 2016

La volantes

 


Desde niña, su madre la había hecho bailar en las fiestas del pueblo y en reuniones de amigos con un traje de “faralaes”(1) en el que todo eran volantes y al poco, los que la conocían se fueron olvidando que se llamaba Pilar, para nombrarla ya siempre “la volantes”.

Cuando a mediados de los años setenta, llegó a Barcelona desde su tierra del sur, era una jovencísima y bellísima mujer y llevaba en su maleta, además de las fotos familiares y su inseparable traje folklórico, unas ansias infinitas de luchar y superarse, y dos metas claramente definidas: trabajar y sobrevivir.

La época - transición del antiguo régimen político a la actual democracia - no fue muy propicia al arte de la recién llegada, y aunque no tardó en encontrar trabajo en un “tablao” de la ciudad, al poco de estar en él, el empresario la llamó para informarle, que no se llenaba el local, que el baile flamenco estaba demasiado visto, que los tiempos demandaban otras cosas y …que en fin, había decidido para estar con lo que el público pedía, montar una nueva revista cuyos números principales eran “desnudos artísticos”, en el que ella - de querer - podría participar.

“La volantes” tras sopesar varios días si aceptar o marcharse, decidió que, al fin y al cabo, todo era trabajo y que, que más daba una cosa que otra, y así a sus veintidós espléndidas primaveras, inició una nueva andadura sobre el escenario, ahora como atracción principal, con un número consistente - con la ambientación y música adecuadas - en irse desprendiendo de su ropa hasta quedar finalmente, tal y como su madre la trajo al mundo.

Por entonces, el permiso de la Autoridad para tales espectáculos, no permitía más que  el desnudo de cintura para arriba, y aún eso con muchas reservas, pero como realmente este era total, se mantenía un servicio de vigilancia en el local, para que caso de que el delegado gubernativo hiciese su aparición, no viese más que lo que tenía que ver.

Cuando esto sucedía  - y  pasaba con  frecuencia -  una señal convenida a la artista, hacía que esta deshiciera lo hecho, y volviera a colocarse, al ritmo de la música, la prenda inferior de su atuendo, lo que originaba los silbidos del respetable, que siempre quería  más y más.

Una tarde, que había ya repetido esta operación tres o cuatro veces, le preguntaron que como iba todo. “La volantes” de no muy buen humor por las continuas protestas del público contestó:

- “Ya lo ves, aquí estoy como los coches en un atasco, todo el rato embragando y desembragando...”


En el mismo teatro trabajaba, como encargada de la limpieza, Ricarda, mujer también llegada del sur, y que era, en todos los sentidos, la antítesis de Pilar. Fea, gorda, desgarbada, vulgar, poco inteligente, indiscreta...

Pese a todas estas “virtudes” o quizás precisamente por ellas, Ricarda fue captada por una organización extremista de ultra -izquierda, de aquellas que - como setas después de una lluvia - proliferaron en la transición política española y cuya vida fue tan efímera como irreales sus programas, muriendo todas -felizmente de muerte natural - en las primeras elecciones democráticas.

Ricarda, designada por la organización representante sindical en el teatro, con un programa reivindicativo acorde con su ideario, una tarde, abordó a “la volantes“ en su camerino, y cubo de fregar en mano, e idéntica delicadeza a la que tendría un rinoceronte haciendo punto, comenzó a exponerle su programa político, con la intención no bien definida, de si captarla para su causa o simplemente  amargarle el día.

-Verás - le dijo - esto va a cambiar en breve, y por eso te interesa mucho estar a bien con los míos. Cuando dentro de poco mandemos, todos vamos a cobrar igual, sea cual sea su trabajo. Se acabó para siempre la desigualdad y tanto tú, como yo, tendremos la misma paga.

“La volantes” - que hasta ese momento no había vuelto ni la cabeza - al oír la propuesta dejó de maquillarse y mirando a su interlocutora le dijo:

- Mira, eso si que me parece bien, pero estarás de acuerdo conmigo en que el trabajo también sea igual, y ya que las dos cobraremos lo mismo, también  es justo que hagamos lo mismo. Así que a partir de mañana, yo me encargaré de fregar el suelo, y tú te subirás al escenario a enseñar el culo, a ver cuanta gente viene a verte.

El proyecto sindical de Ricarda quedó, como es lógico, aquí.

Hoy Pilar “la volantes”, ya solo para sus amigos - a sus sesenta años y tras haberse mantenido en el escenario, hasta que el tiempo hizo perder al objeto de su arte, parte de su belleza y lozanía, regenta, junto con una de sus hijas, un bar que compró con los ahorros de toda su vida.

En él aún cuenta a los que la conocen, sabrosas anécdotas de sus muchos años de escenario, de las que es posible quizás otro día volvamos a hablar.

(1)  Faralá = adorno en forma de volante.
   
J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

Pablo Presbere, un héroe nacional de Costa Rica

Tal  día como hoy 4 de julio de 1710, es ejecutado en Cartago  -Costa Rica - Pablo Presbere, líder de la sublevación  de los indios de Talamanca, contra los españoles.

Presbere fue un jefe indígena que lideró esta insurrección en 1709, en el transcurso de la cual fueron asesinados varios frailes y soldados y la mujer de uno de éstos y se incendiaron catorce templos de los misioneros.

En la rebelión fue apoyado por casi todos los indígenas de Costa Rica y el territorio de Talamanca, se convirtió en zona de refugio durante parte de la época colonial, siendo llamada por algunos historiadores “Talamanca la rebelde”.

El temor que infundía Pablo Presbere, se explicaría por su relación con el “kapá”, término usado para referirse a los seres del mundo mitológico, habiendo sido un “usékar”, máximo líder religioso a quien se atribuyen poderes sobrenaturales.

En una carta de los frailes franciscanos se decía que, en 1706, este cacique había rehusado bautizarse, hasta que, tal vez por temor a los soldados, aceptó el bautismo con el nombre de Pablo.

El motivo del levantamiento fue el descubrir una orden de desarraigar a los indígenas de sus tierras y trasladarlos, por la fuerza, a otros lugares, por lo que estos organizaron en secreto el acopio de lanzas y escudos.

El 28 de setiembre de 1709, Presbere atacó el convento de Urinama, matando y decapitando al fraile Pablo de Rebullida, pues entre los indígenas apropiarse de la cabeza de un enemigo significaba tener los poderes de este en vida, siguiendo ataques a otras localidades matando a frailes, soldados e indígenas seguidores de los frailes.

Las autoridades de Cartago decidieron efectuar una expedición de castigo y el gobernador y capitán general de Costa Rica, solicitó el envío de armas de fuego, blancas, pólvora, balas y dinero, con lo que se organizó un ejército de 200 hombres que atacó Talamanca y tras dura lucha, fueron   sometidos.

Presbere y los otros líderes fueron juzgados y aunque  no admitió su culpa en la sublevación, todos los demás le señalaron como caudillo, siendo sentenciado a morir arcabuceado, por rebeldía al Rey, al no contar con verdugo para aplicar el “garrote vil”.

Su rebelión se considera la máxima acción de protesta de los talamanqueños ante los españoles, quedando Presbere en la memoria colectiva como símbolo de la resistencia al invasor  y en  marzo de 1997, la Asamblea Legislativa de Costa Rica, le declaró “defensor de la libertad de los pueblos indígenas” y “benemérito de la patria” dedicándole varios monumentos.

Sentencia de muerte contra Pablo Presbere:
"Fallo que de condenar al dicho Pablo Presbere, por lo que contra él está probado, sin embargo, de la negativa que tiene hecha en su confesión, que sea sacado del cuarto donde le tengo preso y puesto sobre una bestia de enjalma y llevado por las calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero que diga y declare su delito, y estramuros de ella, arrimado a un palo, vendado los ojos, ad módum deli sea arcabuzceado, atento a no haber en ella verdugo que sepa dar garrote; y luego que sea muerto le sea cortada la cabeza y puesta en alto que todos la vean en el dicho palo"

domingo, 3 de julio de 2016

Cuentos al calor del brasero

En los años cincuenta, poco después de la festividad de los Santos y los Difuntos –  ambos feriados entonces – en Álora, el tiempo solía “meterse en agua” y eso junto con lo pronto que se hacía de noche, terminaban de una forma brusca con el verano y su libertad.

Empezaba entonces una especie de letargo invernal, que tenía especial incidencia en el campo, en donde a partir de las ocho de la tarde ya era casi noche cerrada y al no haber luz eléctrica, toda la familia se refugiaba, en derredor de la mesa camilla, a la claridad del quinqué de petroleo para cenar y pasar la velada en tertulia.

Como mis padres casi siempre tenían que madrugar, muchas noches nos quedábamos los pequeños - reacios a irnos a la cama - al cuidado de los hermanos mayores y cuando pienso en ello, me viene el recuerdo de mi hermana Natividad.

Ella era la mayor de todos y actuaba respecto a sus hermanos menores, como una segunda madre, a la vez cariñosa y recta, conservando este ascendiente a través de los años hasta su desgraciada muerte temprana.

Nati, como le llamaba toda la familia, era además nuestra contadora oficial de cuentos. En las frías noches de invierno, en que el viento soplaba produciendo extraños sonidos en el exterior, nos encantaba cuando tras insistirle, nos leía alguno o mejor aún, cuando nos lo contaba.

Nunca se negaba a hacerlo, todo lo más, si estaba agotada por el trabajo en el campo, se refugiaba en narrarnos uno corto para que quedásemos satisfechos.

No obstante, nosotros éramos insaciables y siempre pedíamos más, hasta que, ante nuestra insistencia, recurría a contarnos uno que nos hacia ir a la cama mirando hacia atrás, que era el de “Maquitilla ura ura”.

Se trataba de un cuento gótico, muy popular en mi tierra y propio de las veladas en vísperas de difuntos, porque se refería a muertos. Antes de relatarlo, Nati solía reducir la luz del quinqué, con lo que la habitación quedaba en una semi penumbra inquietante, mientras nosotros - que habíamos oído la historia docenas de veces - nos acurrucábamos contra la mesa, buscando en su contacto protección.

En esencia, el estrafalario argumento, se refería a una niña desobediente – Mariquilla – a la que su madre mandaba comprar asadura para cenar y cuando, jugando perdía el dinero, no se le ocurría mejor idea, que extraer en el cementerio las de un muerto y este por la noche venía para vengarse.

Mi hermana, puesta en pie en un silencio total, reproducía con lúgubre media voz - como solo ella sabía hacer - gestos, ruidos y palabras que, por su boca y de una manera agónica, el muerto viviente profería:

 .- ¡Mariquilla uraaa uraaa... vengo a por tus asaduras.. Ya voy por el primer escalón de la casa...! y así, lentamente, avanzando escalón por escalón y puerta tras puerta – cuyo número alargaba más o menos según su estado de cansancio - iba incrementando el suspense de forma magistral, hasta llegar a cumplir la amenaza...

Si en aquel instante alguien hablaba o hacía el más leve ruido, todos gritábamos aterrorizados.

El cuento – a la vez deseado y temido – marcaba el final de las veladas, pues pese a saberlo de memoria, siempre producía idéntico efecto.

Ese día, atravesar el pasillo, para ir a la cama, se hacía en segundos y luego, tapados y casi sin respirar, escuchábamos por si algo se movía en la casa, hasta que el sueño finalmente podía más que nuestro miedo.

Durante años, cuando volvía a mi antigua casa, al cruzar por las noches el pasillo desde la cocina, muchas veces pensé de manera inconsciente, si no estaría allí agazapado y acechando entre las sombras, el siniestro personaje del cuento de Mariquilla...

J. M. Hidalgo (Recuerdos de infancia)

El triste día en que una especial animal fue extinguida.

Tal día como hoy 3 de julio de  1844 se tiene noticia de  haber matado al último ejemplar de Alca gigante (Pinguinus impennis)

Estos pingüinos habitaban en colonias dispersas por todo el Atlántico Norte hasta el siglo XIX, cuando se extinguió y la última pareja a la que se le dio muerte, que se sepa, estaba en la Isla Eldey, - Islandia -.

A estos pingüinos también se les llama “alca imperial, gran pingüino o simplemente pingüino”, y son los verdaderos pingüinos, aunque posteriormente, marineros y exploradores -británicos, norteamericanos y escandinavos - comenzaron a llamar también pingüinos a las aves no voladoras del Hemisferio Sur, conocidas como pájaros bobos.

Según Jacques Cartier, en 1534 sus hombres mataron más de un millar de pingüinos durante un solo día, en un lugar de la costa del continente americano. Otro capitán informó que sus hombres mataron dos barcadas de alcas gigantes en media hora solo con sus manos. Este es el resumen de su camino a la extinción.

Su incapacidad para volar y lo apetitoso de sus huevos y carne las hicieron presas perfectas ya en la prehistoria, como demuestran varios yacimientos paleolíticos.

Aunque ya con poblaciones diezmadas, el alca gigante era un animal sumamente raro en Europa, incluso en islas del Mar del Norte donde un siglo antes abundaba.

Todo cambió durante las Guerras Napoleónicas en que dos barcos arribaron allí en 1808 y 1813, en plena época de nidificación y capturaron cientos de aves y huevos. Como consecuencia las aves que quedaban emigraron a otros lugares de Islandia, aunque fueron cazadas igualmente.

Aun así, la respuesta de los estados no fue protegerlos, si no que al contrario, al convertirse en rara, los coleccionistas pagaban cantidades desorbitadas por hacerse con la piel o un ejemplar disecado.

En 1840, los marineros informaron que la población había desaparecido después de varias expediciones furtivas y  después de una corta pausa, en 1840 fueron capturadas 4 aves más y 5 ó 6 huevos. Luego, los pescadores informaron que no había quedado ninguna.

Poco tiempo después, en 1844, se realizó una última expedición a la isla, pues habían oído que en Dinamarca ofrecían 100 coronas por un solo pellejo de alca gigante que pudieran encontrar, por lo que desembarcaron, junto con otros tres hombres primeros de julio, y dos días más tarde consiguieron divisar entre las gaviotas una sola pareja de alcas en su nido. Las mataron y ya no se volvió a tener noticia de ningún otro ejemplar vivo.

Tras su extinción las pocas pieles que quedaron recogidas entre los últimos años de la especie  se hicieron tan valiosas que se pagaron cantidades extraordinarias por ellas y  en los últimos años antes de la primera guerra mundial alcanzaron precios que oscilaban entre los 120.000 y 200.000 dólares e incluso llegaron a tener un valor incalculable, ya que sus nuevos poseedores se negaban a desprenderse de ellas.

El afán por estas pieles llegó a tal punto que los taxidermistas expertos comenzaron a falsificarlas.

sábado, 2 de julio de 2016

La vejez


Todo el mundo dice querer llegar, pero ninguno admite estar en ella, porque la vejez, como la muerte, es una cosa que sucede “solo a los demás”.

En el caso de la muerte porque no estamos a partir de cuando llega, y en el de la vejez, porque no queremos estar aunque ya haya llegado.

La cosa – amigo lector – es que, por unas u otras causas, ese ansiado estado en el que no hay nada que hacer, ni levantarse temprano cada día, cosa que se deseó desde que se era joven, es repudiado desde el fondo de nuestros corazones, ante los demás – y lo que es peor - ante nosotros mismos, negándonos a admitir la evidencia que la vida supone, y que no es otra que el asumir que tras la loca juventud, llega la tranquila vejez, a la que muchos se esfuerzan por seguir haciendo también loca, sin pensar que cada época de la vida tiene su peculiaridad, y que el hacer ciertas cosas con veinte años es de gente alegre y vital, pero seguir haciendo esas mismas cosas con más de sesenta, es de majaderos integrales.

Actualmente hay incluso un anuncio televisivo, en el que un “pureta”, como llaman los jóvenes a todo el que pasa de los cuarenta, se disfraza de joven, al objeto de obtener las ventajas que ofrece a estos, una determinada tarjeta de crédito, y en el corto fílmico, queda patente una vez más, lo ridículo del personaje.

De todas formas, la naturaleza es cruel y hasta sádica con la vejez, porque le resta fuerzas, pero le conserva apetitos, le hace decaer en todo y sin embargo le mantiene la vista cada vez más joven, con lo cual el anciano acaba por convertirse - muy a su pesar - en alguien que no puede sino dar buenos consejos, porque es ya incapaz de dar malos ejemplos.

Desde siempre, sesudos intelectuales han dedicado frases y pensamientos profundos, a ese estado del hombre, haciéndolo por lo general, cuando han llegado a él, por lo que su valor es más que cuestionable, aunque por otra parte, no hay forma humana de averiguar como es el sabor de una manzana, si no te comes una, con lo cual estamos ante el  dilema de la pescadilla que se muerde eternamente la cola.

Y así nos encontramos con sujetos que, pasada ya la barrera de la madurez, se empeñan en mantenerse en ella a toda costa, con lo cual, en su fuero interno nunca llegan a viejos, y se auto engañan con frases tales, como “Nunca me he sentido tan  joven…” u “Hoy en día, cincuenta años es plena juventud…” sin darse cuenta de que si a partir de los cincuenta,  si una mañana te despiertas y no te duele nada, es que probablemente estés muerto.

Mi amigo Isidoro es un ejemplo de estos. De pequeños, habíamos sido condiscípulos en una escuela rural de nuestra tierra, situada en una antigua venta, llamada Venta de Tendilla, y a la que había que llegar, cruzando arroyos y cañadas que por lo general en los años a los que me refiero - década de los cincuenta del pasado siglo - aún lejos de los temores del cambio climático, mantenían un caudal considerable hasta bien entrada la primavera, por lo que los chavales, en lugar de atravesarlo por los pasos adecuados, solíamos cruzarlo saltando de piedra en piedra, sin que nunca se produjeran accidentes.

Isidoro, que había marchado a la ciudad mucho tiempo atrás, hubo de hacer una visita a su tierra por causas de herencia, y un día - de los pocos en los que lleva agua - tuvimos que cruzar el arroyo de nuestra infancia.

Como no me gustan las aventuras, decidí pasar por el puente, pero mi amigo, sintiendo en sus carnes la traición de la naturaleza, decidió hacerlo, saltando – como tiempo atrás - por las piedras, donde el cauce era más profundo.

Tras tomar carrerilla, saltó limpiamente la primera, y aunque tambaleante, la segunda, pero en mitad del lecho los reflejos le fallaron, yendo a caer - cual largo era - en mitad del cauce, en las frías aguas de enero.

Mientras secaba sus ropas, al amor de la lumbre y arropado con una manta, me confesó a modo de justificación de lo sucedido.

“Veras, yo medí la distancia con la vista y salté bien…. lo que pasó es que el cuerpo no me siguió…”.


A partir de cierta edad, paciente lector, te aconsejo que hagas menos caso a la vista y más al cuerpo, no sea que este último no te siga y, te deje tirado en la estacada.

J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

Isabel II del Reino Unido, la reina más longeva de la historia

Tal día como hoy 2 de junio de 1953, la reina británica Isabel II es coronada en la abadía londinense de Westminster.

Isabel II fue la  monarca británica, y reina de dieciséis Estados soberanos conocidos como la Mancomunidad de Naciones siendo la principal figura política de esta Mancomunidad al ser monarca del Reino Unido y a su vez gobernadora suprema de la Iglesia de Inglaterra, con  funciones constitucionales significativas y actuarcomo foco de la unidad de los británicos y como representante de su nación ante el mundo.

Nació en Londres, hija mayor de los duques de York y fue educada a cargo de preceptores privados y, cuando su padre falleció en 1952, se convirtió en jefa de la Mancomunidad de Naciones y reina de los siete países independientes pertenecientes a la misma: Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Pakistán y Ceilán. aunque la mitad de sus reinos, entre ellos Sudáfrica, Pakistán y Ceilán, obtuvieron su independencia y se convirtieron en repúblicas.

En 1947, contrajo matrimonio con Felipe de Grecia, con quien tuvo cuatro hijos: Carlos, Ana, Andrés y Eduardo, celebrando sus bodas de plata, oro y diamante, convirtiéndose en septiembre de 2015, en la monarca británica con el mayor período de reinado al superar a su tatarabuela, la reina Victoria.

Su reinado ha estado caracterizado por su gestión de unificación nacional, encarándose de evitar la separación del Reino Unido con sus países constituyentes y gestionando la transición de un sistema imperial a una asociación libre de naciones, en la que la cooperación mutua, la democracia y el intercambio cultural, son sus principales fines.

A pesar del reducido papel político al que se vio limitada tras la Segunda Guerra Mundial y los cambios que se produjeron con las antiguas colonias, la reina Isabel II procuró preservar el carácter unificador de la Corona  tras la descolonización en la Commonwealth.

Sus visiones de la monarquía la convertieron en el paradigma de los monarcas europeos cuyas funciones suelen ser imitadas por numerosos jefes de Estado, siendo elegida “persona del año” por la revista Time en 1952 y es la octava líder más rica del mundo con una fortuna estimada en 450 millones de dólares.

Isabel fue parodiada durante la década de 1980  y en la popular serie televisiva “Los Simpson” y figuró como estrella invitada en algunos episodios.

También ha figurado en numerosos billetes y monedas de diferentes países: Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Fiyi, Barbados, Bahamas, Belice, así como en Bermudas, Islas Malvinas, Islas Caimán, Caribe Oriental, Gibraltar, Guernsey, Isla de Man, Jersey y Santa Elena y los sellos postales de Reino Unido no llevan el nombre del país, sino su efigie.

El 8 de septiembre de 2022, el Palacio de Buckingham anunció la muerte de la reina Isabel II del Reino Unido, a los 96 años de edad, en la residencia real del castillo de Balmoral (Escocia). El anuncio fue hecho oficial a las 18:30 horas a través de la BBC.

Su reinado, extendido desde el 6 de febrero de 1952, ha sido el más longevo de la historia británica, el reinado más largo verificado de una mujer y el segundo más longevo de la historia, por detrás del de Luis XIV de Francia.​


viernes, 1 de julio de 2016

Recordando la Galle Gaona

                                                                                                     
A mi amigo Julio Mancera

Cada año, durante el mes de junio, me vienen a la memoria los últimos días de clase en el instituto Nuestra Señora de la Victoria – y único que entonces había en Málaga – situado en la calle Gaona, pues las vacaciones de verano eran ya inminentes.

Durante todo el año, desde finales de septiembre en que se iniciaba el curso, habíamos recorrido, cada día cuatro condiscípulos amigos, el camino desde la calle Ancha del Carmen, en el barrio del Perchel, hasta el instituto, para lo que teníamos concertado un punto de cita.

Al empezar el bachilllerato, como ninguno disponía de reloj, el más madrugador, esperaba a los otros en el quiosco de pipas, caramelos y revistas, que había frente a las escaleras del puente de Tetuan, en la margen derecha del río Guadalmedina. Quedábamos citados allí, porque la espera se amenizaba mirando las portadas de los tebeos del Capitán Trueno, el Guerrero del Antifaz y otros, que el quiosquero, para protegerse del sol, y a la vez promocionar su negocio colocaba en los cristales de su barraca de madera.

Recuerdo, que al otro lado de la calle, había unas ruinas – decían que de cuando la guerra civil - en donde vimos rodar algunas escenas de la película “El perfume del misterio” la primera cinta con olor, y que resultó un fiasco en su estreno, por el batiburrillo de aromas que se organizó en la sala, al no poder eliminar el ya introducido, que se mezclaba – de forma inevitable – con los posteriores.

Siguiendo la margen del río,  nos dirigíamos después al puente de Santo Domingo, más conocido como “el de los alemanes” por una placa que empezaba diciendo “Alemania donó a Málaga este puente...” regalo a la ciudad de aquel país por su auxilio a unos náufragos germanos, por donde cruzábamos el río hacia su otra orilla.

Durante todo el trayecto, nuestros temas de conversación eran las películas que – de reestreno y en programa doble - habíamos visto el domingo anterior en el cine “Plus Ultra” o todo lo más en el “Capitol”, ya que el “Albeniz” o “El goya” eran prohibitivos para nuestras economías, o bien discutiendo sobre cual sería el coche que nos compraríamos, cuando - algún día – tuviésemos dinero.

Si subíamos la calle Carretería con el paso ligero, solíamos llegar a la puerta del instituto cuando estas aún permanecían cerradas, y al poco, Barrios - el bedel mayor- asomaba su calva cabeza y emitía un gruñido que podía interpretarse como su saludo de buenos días.

Luego, de pie en la entrada, con su gorra encasquetada, y su uniforme gris con los botones dorados perfectamente abrochados, repartía genuflexiones y bisagrazos a la llegada del director, jefe de estudios y profesores, lo que simultaneaba - con parecida cadencia - con capones y tirones de orejas, a los alumnos, ante cualquier atisbo de lo que él considerase indisciplina, mientras formábamos filas para – por cursos – entrar en las aulas.

Nunca, ningún padre – que yo sepa – vino a quejarse por la actitud de Barrios, ni el director, pese a conocerla, hizo tampoco nada por modificarla.

En realidad, nosotros éramos los primeros interesados en que tal cosa no sucediese, porque cuando alguna vez esto sucedía, indefectiblemente, nuestros progenitores siempre nos atribuían a nosotros la culpa de todo.

Fuimos – cada vez lo veo más claro - la generación sándwich, porque primero nos gritaron nuestros padres y luego – muy poco después - lo hicieron nuestros hijos...

J.M. Hidalgo

Hong Kong en China, un caso atípico.

Tal día como hoy 1 de julio de 1997, el Reino Unido traspasa el control de Hong Kong a China, después de 155 años de ser colonia.

Hong Kong - literalmente “puerto fragante”- es una región administrativa especial del sur de China formada por la península que acoge a la mayor parte de la población y varias islas, situada en el Mar de la China Meridional, en el Delta del Río Perla, junto a las ciudades de Cantón y Macao, siendo con esta última una de las dos regiones administrativas especiales de la República Popular China.

En estas dos regiones, se aplica el modelo administrativo conocido como “un país dos sistemas” pensada en su día para el caso de una eventual reunificación con Taiwán, y consiste en el mantenimiento de un sistema económico capitalista bajo la soberanía de un país de ideología oficial comunista.

Además de su peculiaridad económica, estas regiones mantienen un sistema administrativo y judicial independiente, e incluso su propio servicio de aduanas y fronteras externas.

Durante la época colonial, el máximo dirigente político era el Gobernador de Hong Kong, nombrado por el Gobierno británico y este papel ha pasado ahora al “Jefe Ejecutivo”, elegido mediante una votación de sufragio restringido a 800 representantes de sectores económicos y sociales.

Hong Kong cuenta con un parlamento, llamado “Consejo Legislativo” de 60 miembro, la mitad elegidos por sufragio universal en circunscripciones geográficas, y los otros 30 elegidos por grupos de representantes de diferentes sectores económicos y sociales.

Las últimas elecciones al Consejo Legislativo se celebraron en el año 2004 y en ellas los partidos más democráticos consiguieron la mayoría de los 30 escaños asignados por sufragio universal, mientras que los otros 30 fueron en su mayoría para políticos considerados afines a las autoridades chinas.

Hong Kong pasó a China como Región Administrativa Especial, régimen que finalizará en 2047 con la plena integración en esta país.