
Tal día como hoy 11 de enero de 1935,
comenzó el viaje en solitario de Amelia Earhart a través del
Pacífico. Ella fue la primera persona que cruzó estas aguas sola.
Ella voló de Honolulu, Hawaii a California.
Amelia Earhart fue una de esas personas
que rompen moldes. Nacida en Estados Unidos en 1898, con la llegada
de la Primera Guerra Mundial tuvo sus primeros contactos con el mundo
de la aviación gracias a su labor como enfermera durante la
contienda. En 1920, tras su vuelta a California, donde se instaló su
familia, Amelia tuvo la oportunidad de realizar un breve vuelo como
pasajera. Fue tal la sensación que experimentó que a partir de
aquel momento su destino estaría sellado.
No tardó mucho tiempo hasta que
comenzó a tomar clases como piloto de la mano de otra leyenda, Mary
Anita Snook – más conocida como Neta Snook -, primera mujer
estadounidense en dirigir una escuela de vuelo y un aeropuerto
privado. Estas primeras lecciones llevaron a la impetuosa Amelia a
comprar su propio avión y en los siguientes años, ya lanzada a los
aires, comenzaría a fraguar su leyenda batiendo marcas e hitos.
En 1922 batió su primer récord de
altitud. En 1928, gracias a un golpe de suerte, se convirtió en la
primera mujer en cruzar el océano Atlántico como pasajera,
recorriendo en un avión trimotor 3200 kilómetros en 20 horas y 40
minutos desde Canadá hasta Gales.
Reconocida ya en el mundo del vuelo
estadounidense, comienza 1937 con el reto de su vida: dar la vuelta
al mundo por la línea ecuatorial, haciéndolo además tomando una
ruta no convencional. Una vuelta al planeta que acabaría en tragedia
y cuyas circunstancias la catapultarían a la fama como una leyenda
de la historia de la aviación.
Emulando al mítico piloto que cruzó
sin escalas y en solitario el océano Atlántico por primera vez,
Charles Lindbergh, Amelia Earhart quiso llevar a cabo su propia
hazaña circunnavegando la Tierra por el aire a bordo de un bimotor y
la compañía como copiloto de Fred Noonan.
Comenzarían oficialmente su aventura
el 1 de junio de 1937 a bordo del histórico Electra 10-E, desde
Miami, aunque en un principio partieron desde Oakland, en San
Francisco, varios meses antes.
Desde allí, el viaje fue discurriendo
a lo largo de las primeras etapas por lugares como San Juan de Puerto
Rico (Puerto Rico), Caripito (Venezuela) o Natal (Brasil). Esta
última, en el extremo nororiental del gran país sudamericano,
paraíso de playas y dunas y emplazamiento del singular Fuerte de los
Reyes Magos junto al mar, fue el punto desde el que partieron hacia
el continente africano.
Allí les esperaba, en la península de
Cabo Verde, la célebre Dakar, capital de Senegal. De Dakar
continuaron el viaje en dirección a Gao, la ciudad de los askias, en
Malí, una ciudad poco conocida que, sin embargo, conserva el
conjunto monumental de la tumba de esta importante dinastía,
declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Abandonando Gao llegaron por Sudán y
Etiopía hasta el final del continente para proseguir la ruta de
vuelo a través de Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán,
donde no pudieron llegar a admirar el que es hoy en día el monumento
más bello de la ciudad, construido en la década de 1960, el
mausoleo Mazar-e-Quaid, tumba del fundador de Pakistán.
El último tramo de la travesía, el
más peligroso, lo afrontaban con la preocupación del gran reto de
la vuelta al mundo: atravesar el océano Pacífico.La primera etapa
tenía como destino Darwin, la ciudad más al norte de Australia,
famosa por su Parque de los cocodrilos y por ser la entrada al Parque
Nacional Kakadu, una importante área protegida donde conocer la
cultura aborigen del continente.
El 2 de julio, con un tiempo
desfavorable, despegaron rumbo a América. Tras varios contactos por
radio que lo confirman, parece ser que lograron alcanzar la primera
de las etapas, las islas Nukumanu, un atolón situado en el suroeste
del océano Pacífico, partiendo desde aquí hacia su penúltima
etapa, la isla Howland, a medio camino entre Australia y Hawái.
El último contacto con el guardacostas
de la isla Howland indicaba que parecían perdidos y se estaban
quedando sin combustible. A partir de ese momento su rastro se perdió
y nunca más se supo nada del avión.
La extraña desaparición de los
tripulantes y su aeronave dio lugar a todo tipo de elucubraciones,
como la teoría de que fueron capturados por los japoneses. Hoy en
día, sin embargo, la hipótesis más aceptada apunta a que
consiguieron descender hasta la isla de Gardner – un pequeño
atolón llamado Isla Nikumaroro actualmente, perteneciente a Kiribati
-, donde murieron.
Teoría apoyada por el hallazgo de unos
huesos en la isla que, aunque en un principio fueron descartados como
los de Amelia, han sido recientemente relacionados con ella a través
de un estudio genético, lo que cerraría el misterio por la
desaparición de una mujer extraordinaria que cumplió su sueño de
vivir volando convirtiéndose en una leyenda.