sábado, 23 de julio de 2016

El Ferrocarril Ponferrada – Villablino, una obra que revivió una comarca

Tal día como hoy 23 de julio de 1919 tiene lugar la inauguración del Ferrocarril de vía estrecha Ponferrada - Villablino, construido en sólo 10 meses y medio.

Esta antigua línea une las comarcas de El Bierzo y Laciana en el oeste de la Provincia de León. Actualmente sólo se utiliza para el transporte del carbón de la cuenca de Laciana a la central térmica de Compostilla II.

Dada la necesidad de carbón nacional para paliar el desabastecimiento y contener los precios, en 1918 el Ministro de Fomento Francisco Cambó, convocó a los propietarios de las minas con el fin de presentar a las Cortes un proyecto de ley especial para agilizar los trámites de concesión del trazado.

El expediente de expropiación forzosa obligaba a que el ferrocarril fuese construido en un máximo de 14 meses y que además de transportar carbón y hierro, fuera un servicio público de viajeros. 

La construcción de la línea tuvo varios problemas, como una epidemia de gripe que hizo disminuir a un tercio los trabajadores disponibles, o deber usar la misma vía que se estaba construyendo para la logística de aprovisionamiento.

Pese a todo se construyó a razón de 600 metros diarios, incluyendo un túnel de 650 metros y diez puentes. Los edificios de las estaciones y apeaderos, se hicieron a medida que la vía llegaba a ellas y no antes, al no poderse trasladar previamente los materiales destinados a su construcción.

Se consiguió acabar la obra en diez meses y medio, recordando su construcción la usada por los norteamericanos al trazar su ferrocarril de costa a costa, batiendo el récord de rapidez de una linea férrea en España.

La concesión era por ochenta años, luego renovada por otros cincuenta y su último tren de viajeros fue el 10 de mayo de 1980

A partir de esta fecha quedó únicamente dedicado al transporte de carbón y algún viaje conmemorativo de “los amigos del tren.”

viernes, 22 de julio de 2016

El inquilino

 


El verano es tiempo de evasión pero como este año las noticias impiden evadirse, para intentar pensar en otras cosas, quiero contarte una leyenda urbana que – como toda leyenda – carece de ubicación y certeza, pero que resulta muy inquietante.
   
La historia comenzó, aquella tarde en que Marcos no podía disfrutar de su siesta. Él lo achacaba al tórrido calor de julio, con un sol furioso intentando filtrarse por las rendijas de las contraventanas y a la humedad ambiental  que le provocaba un sudor constante. Sin embargo no era solo el calor y la humedad, sino la discusión del día anterior con su inquilino Rachid, lo que había puesto su sistema nervioso en total tensión.
   
Jamás le había gustado Rachid, con su negro turbante y su mirada enigmática que sobrecogía al verlo y que no permitía jamás adivinar su pensamiento.
   
Pero lo peor era su inseparable mascota, una serpiente cobra que parecía adivinar el estado anímico de su dueño, permaneciendo siempre a su lado con la mirada fija en el interlocutor del amo, mientras su oscura lengua entraba y salía constantemente de su boca.
   
Marcos, desde siempre había sentido un invencible terror hacia cualquier serpiente, por eso a causa de esta, las relaciones con su inquilino siempre fueron tensas, pues se sentía enfermo ante el animal que dormía en una cesta en la trastienda del local.
   
Cuando fue a cobrar el alquiler atrasado de cuatro meses, ya tenía tomado la decisión de ponerlo en la calle. ¿Que culpa tenía él de que la crisis hubiese sido tan severa con el comercio del hindú..?. Al fin y al cabo vivía del alquiler, así que si no podía pagar tendría que irse de inmediato. Y nada de jueces ni abogados, pues como sabía que sus papeles no estaban en regla, si se negaba a hacerlo, lo denunciaría a la policía.
   
La entrevista resultó traumática. Al principio Rachid intentó negociar y más tarde suplicó un nuevo aplazamiento, pero todo fue inútil... Mientras hablaban, el reptil permanecía tras su dueño mirando a Marcos fijamente, lo que acabó poniéndole aún más nervioso y le forzó a terminar de forma abrupta la negociación, dándole solo dos días para que desocupase el local.
   
A la mañana siguiente la tienda había sido desalojada. Le avisó un vecino, que vio la puerta abierta y el establecimiento abandonado y vacío. Mientras esperaba al cerrajero, para cambiar las llaves Marcos se recostó en el único mueble que quedaba, el camastro que había usado su inquilino pues, por lo general, dormía en el local.
   
Un leve roce sobre el suelo le hizo volver la cabeza y en la penumbra advirtió entrando desde la trastienda, la silueta de la serpiente del hindú erguida y con sus ojos centelleantes.
   
Paralizado por el terror, sin atreverse a respirar siquiera, Marcos la siguió con la mirada mientras el reptil giraba su cabeza en todas direcciones de forma alternativa, venteando el aire.
   
¿Como habría olvidado Rachid su serpiente...? se preguntaba mientras temía que el sonido de su corazón le delatase. El sudor le cubría por entero y sus gotas, que oía caer, resbalaban sobre el jergón.
   
El corazón cada vez le latía más fuerte como si fuese a salirse del pecho, sus ropas y la cama estaban empapadas en sudor, se sentía cada vez más extenuado... Respirando hondo, se arrellanó en el camastro intentado tranquilizarse mientras se hundía en él buscando pasar desapercibido...

Pero todo resultó inútil. Desde el centro de la habitación el reptil de Rachid, con los ojos brillando en la penumbra, el cuello hinchado y la boca entreabierta en la que se escondían sus mortales colmillos venenosos, se dirigía lentamente hacia él...
   
En el informe del forense, constaba como causa única de la muerte “ataque cardíaco agudo” y al ser una de las últimas personas que lo vio con vida, Rachid hubo de prestar declaración, en el expediente, llevando en un cesto su inseparable mascota.
   
¿Es peligrosa..? - preguntó el agente que instruía el atestado.
   
¡En absoluto... ! - replicó el hindú, - hace ya años le hice extirpar los colmillos y hoy es tan inofensiva como un conejo. Puede tocarla si quiere...

J. M. Hidalgo (Historias inquietantes)

La batalla de los Arapiles, en la guerra de la Independencia.

 
Tal día como hoy 22 de julio de 1812, tropas hispano-portuguesas e inglesas al mando de Wellington derrotan a las francesas en la Batalla de los Arapiles

También llamada Batalla de Salamanca, fue uno de los enfrentamientos más importantes de la Guerra de la Independencia española y se libró en el municipio de Arapiles, al sur de Salamanca, con el resultado de una gran victoria del ejército anglo-hispano-portugués sobre los franceses.

En 1812, Wellington planeó una ofensiva estratégica contra el mariscal francés Marmont, que había construido en Salamanca importantes fortificaciones y cuando el 13 de junio el inglés emprendió la marcha hacia esta ciudad, el francés decidió abandonarla dejando solo destacamentos para defensa y así poder reunirse con tropas que venía desde Asturias como refuerzo.

Wellington llegó a Salamanca el día 17 y mientras sus soldados derribaban los fuertes franceses a cañonazos, ambos ejércitos, manteniendo las distancias, se enfrentaban en pequeñas escaramuzas con unidades de infantería que protegían la fuerza principal de sus respectivos ejércitos.

Cuando finalmente cayeron los fuertes de Salamanca, Marmont realizó una retiraba estratégica, al advertir que los ingleses – sin tener que atender a otro frente - podían poner toda su fuerza sobre el campo de batalla .

El 22 de julio se inicia la batalla de Los Arapiles, resultando herido el mariscal Marmont junto con su segundo, con lo que fue el tercero en jerarquía, Claussel, quien tomó el mando y aunque trató de organizar la defensa, fracasó completamente en su estrategia.

Después de una confrontación sangrienta, todo el ejército francés se desbandó librándose de ser  completamente exterminados, gracias a la intervención de una división francesa que hasta entonces no había entablado combate, y desde el cerro llamado el Sierro, en donde se había fortificado, protegió la retirada  hasta que la noche marcó el fin de la batalla.

Los franceses cruzaron de nuevo el Tormes al amparo de la oscuridad y Wellington entró al día siguiente en Salamanca en un desfile triunfal como un héroe, tras haber derrotado al tercer ejército francés completo desde su llegada a la Península.

La bajas, entre españoles, portugueses y británicos, fueron de unos 5.000 muertos y heridos y en el bando francés 7.000 muertos y heridos, así como 7.000 prisioneros, de manera que  la victoria de Los Arapiles, dejó abierto el camino hacia Madrid que fue tomado poco tiempo después, siendo  Wellington de nuevo aclamado como libertador por la población.

Sin embargo, la guerra aún persistía pues cuando en otoño inició Wellington su marcha hacia el norte, vio su avance interrumpido en Burgos, que resistió el asedio y amenazado por refuerzos que llegaban de Francia, hubo de abandonar el asedio y replegarse en una retirada muy dura y costosa en bajas, hacia sus bases de partida en la frontera de Portugal.

Aunque la batalla de los Arapiles no fue decisiva, marcó un punto de inflexión en la guerra peninsular que sumada a la catastrófica derrota francesa en Rusia, extendió por Europa la idea de que Napoleón no era invencible y que sus días de gloria podían estar acercándose a su fin.

jueves, 21 de julio de 2016

Los chumbos

Si los humanos fuésemos agradecidos, hace ya tiempo que, en todos los pueblos del sur, habría un monumento a la chumbera. Digo esto, porque la humilde, arisca y menospreciada planta, ha engañado con sus frutos  - cuando no satisfecho -  el hambre de no pocos habitantes de aquellas tierras, durante los muchos años, en que casi ninguna cosa había para comer.

Pero debo reconocer que la chumbera – y por eso la califico de arisca – defiende sus frutos con auténtica tenacidad, y hay que estar preparado, o tener mucha necesidad, para atreverse a cogerlos.

En primer lugar, sus pencas se hallan protegidas por una erizada coraza de púas, que hacen muy difícil aproximarse a ellas, pero no es eso lo peor, sino que los frutos que es lo que realmente interesa, tienen a su vez toda la corteza recubierta, por miles y miles de minúsculas espinas, que al más leve contacto, e incluso en ocasiones por simple proximidad, se desprenden clavándose en cualquier zona del cuerpo, y ocasionado al instante agudos dolores.   
   
Mi padre, que al ser buen sureño, las conocía muy bien, organizaba su recogida como si de una auténtica operación militar se tratase. Salíamos de madrugada, cuando aún los primeros rayos del madrugador sol del verano, no habían comenzado a calentar la planta, y esta se hallaba todavía humedecida por el escaso rocío de la noche.

Con sombreros calados hasta las orejas, manos enguantadas, y provistos de largos palos acabados en garabatos de hierro, iniciábamos en silencio la faena, siempre - y esto último era muy importante - por el lugar por donde soplaba el viento, pues la planta podía, en defensa de sus frutos, lanzar sus finas espinas, contra los desaprensivos atacantes, utilizando a Eolo como transportista.

Con todas estas precauciones, era raro que alguno de los improvisados cosecheros saliese lastimado, pero como los hijos somos siempre tan listos, un buen día desoyendo – tarde lo supe – los atinados consejos paternos, a pleno sol, sin tener en cuenta la dirección del viento, y sin ninguna protección, me dirigí pértiga en mano, hacia una tunera, y con más osadía que cerebro, inicie la operación.
    
Estoy seguro, de que la chumbera al verme llegar, debió partirse de risa, porque no llevaba ni diez minutos en la tarea, cuando un picor generalizado que alcanzaba sin excepción todas las partes de mi cuerpo, me atormentó a tal grado, que hube de abandonar la faena aún más rápido que la inicie, tardando más de dos días en desprenderme – con ayuda ajena  – de los miles de minúsculos dardos, que la vengativa planta me había clavado.
   
Pero si difíciles son de coger, peores son de digerir, y más aún de expulsar, sobre todo cuando se ingieren en grandes cantidades. En nuestras casas siempre nos habían avisado, que los chumbos debían comerse combinados con higos, para que luego su expulsión no resultase traumática, pero esa lección – que todos teníamos muy bien aprendida – se quebró con Martín, un niño llegado de la ciudad a principios del verano, y que pronto hizo buenas migas con la pandilla.
   
Aquella mañana, habían recogido dos canastos repletos de chumbos, que una vez lavados y limpios con arena, podían ya – con la precaución de hacerlo con guantes y tenazas – ser pelados para comer.
   
Todos fuimos comedidos, y siguiendo los consejos de nuestros progenitores - además del recuerdo de alguna desagradable experiencia anterior - comimos solo cuatro o cinco frutos cada uno. Pero Martín, que como niño de ciudad se las daba de listo, argumentando no tener nunca problemas, y desoyendo las advertencias, se comió más de veinte, tan gordos como puños.
   
A la mañana siguiente, los chumbos que tanto se había defendido para no ser cogidos y comidos, se negaban ahora a abandonar el cuerpo de su depredador, y el pobre Martín, quejándose lastimero pasó casi todo el día, con sus partes nobles dentro de un cubo de agua templada, al “baño maría”, intentando que la compacta mezcla se ablandase, y aprendiendo de paso, durante tan largo y doloroso calvario, lo peligroso que a veces resulta, desoír determinados consejos.

Había ya abandonado la vida en el campo, y con ella mi infancia, cuando fui testigo de la última experiencia que recuerdo sobre la planta a la que hoy aludo.      Transcurrían los años sesenta, y estábamos asistiendo a la llegada en tropel de los primeros turistas.

Serían las diez de la mañana, de un caluroso día de agosto, y en una calle de Málaga una gitana - vestido de lunares y clavel en el moño - había montado un pequeño tenderete, compuesto de mesa y barreño con agua, en donde flotaban entre trozos de hielo, al objeto de mantenerlos frescos, unas docenas de chumbos, que – a peseta la unidad – vendía a los transeúntes que lo demandaban.

En estas, un ciudadano británico: pantalón corto, famélicas y peludas piernas, cámara de fotos, y piel requemaba por una exagerada exposición al sol, se detuvo ante el improvisado comercio y pidió dos de aquellas frutas, para él desconocidas. Cuando la vendedora, con toda suerte de precauciones, se dispuso de pelar el espinoso objeto, el británico, en un deficiente castellano, la interrumpió diciéndole:

-. Por favor, no pelar, yo siempre comer fruta con cáscara.
   
No llegué a saber, si finalmente la gitana, cuyos ojos - al oír la increíble petición - parecían salirse de sus órbitas, acabó cediendo a la demanda del inglés, pero de haberlo hecho hasta podría llegar a entender, por qué no hay forma que nos devuelven Gibraltar.

J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

La historia del emblemático café de Fornos

Tal día como hoy 21 de julio de 1870, se inaugura en Madrid el “Café de Fornos", llamado luego el Gran Café, que estaba ubicado en la calle Alcalá, esquina Virgen de los Peligros, permaneciendo abierto durante un periodo de 38 años y en la actualidad ya no existe.

Se trataba de uno de los cafés de tertulia más famosos y lujosos que existieron hasta comienzos de siglo XX en Madrid y foco de la cultura culinaria madrileña, tertulias literarias y vida artística en general.

Se inauguró en julio de 1870, por José Manuel Fornos y el reportaje de la inauguración en “La Ilustración de Madrid” fue obra de Gustavo Adolfo Bécquer, siendo su apertura por su lujosa decoración de estilo Luis XVI, un acontecimiento en Madrid.

Llamaba la atención, el decorado, las pinturas, los tapices y alfombras y los amplios y cómodos divanes, las estatuas de bronce de las lámparas y sobre todo la vajilla, toda ella de plata,  convirtiéndose en el punto de reunión de literatos y aristócratas de la época.

El Café, pronto fue visitado por madrileños de todas las condiciones y, las crónicas narran, numerosas cenas y banquetes, casi siempre motivados por acontecimientos políticos o militares, ganando en elegancia al decorar sus paredes pintores de renombre en la época, siendo reformado el local en 1879 tras la muerte del dueño por los hijos de este.

La apertura del Teatro Apolo en 1880 le reportó numerosos clientes nocturnos, la cual aumentó al ofrecer un servicio de cenas baratas a partir de media noche, para la gente que salía del espectáculo.

Entre sus visitantes habituales se contaban Azorín; Pío Baroja; Marcelino Menéndez Pelayo y Manuel Machado, así como cantaores flamencos, por lo que  el café tuvo, una doble vida, durante el día café-restaurante de lujo y por la noche lugar de citas y juerga, donde según crónicas de la época había personas que llegaban a pasar hasta ocho días seguidos de fiesta en sus reservados.

La violenta muerte en 1904 de uno de los hijos del propietario, suicidándose de un tiro en la cabeza en uno de los reservados, desencadenaría la decadencia del Fornos y se empezó a impedir entrar a ciertas mujeres, viéndose amenazados los noctámbulos por las órdenes del Gobernador de Madrid, de que los cafés cerrasen a las doce de la noche, hasta que en 1908 cerró , aunque en 1909, volvería a abrirse con el nombre de “Gran Café” y nuevo dueño, hasta que en 1923, al reconstruirse por completo la esquina, desapareció todo rastro del café.

El Café de Fornos es citado por Hemingway en su novela “Muerte en la tarde”, sobre las corridas de toros; se cuenta que por él pasó la espía Mata Hari y que el 11 de febrero de 1873, cuando el rey Amadeo de Saboya se disponía a almorzar en un reservado, su secretario vino a traerle la noticia del “cese” de su reinado, pues el “presidente del Consejo, había terminado la sesión gritando ¡Viva la República!".

Amadeo ordenó entonces que no le sirvieran la comida y se fue paseando hasta el palacio, donde dijo a la reina que preparara las maletas para después, salir con su familia hacia la estación de Atocha, acompañados solo de dos diputados comisionados para acompañarles hasta la frontera portuguesa. Aunque todos sentían nostalgia y abatimiento, Amadeo no podía ocultar su interna satisfacción por abandonar un país que nunca le quiso y al que él jamás logró entender.

En España – otra  triste tradición nuestra - hasta los reyes reciben las noticias de su cese, en los bares...

miércoles, 20 de julio de 2016

Números

EL DULCE ENCANTO DE SER UN NÚMERO

Cuando se está ya más cerca de la mortaja que de la cuna, es normal hacer con asiduidad balance de las cosas y, uno de ellos me ha llevado al convencimiento de que, en la vida, somos solo números. No creo que seamos “un solo número” - como algunos opinan - sino muchos, según ocasión y circunstancia, pero números en suma.

Nada más nacer, lo hacemos como el hijo numerado de una familia, al que inscriben en un libro también numerado. Cuando tenemos un número determinado de años vamos al colegio, aspirando ser desde entonces el número uno de la clase, para lo que procuramos tener notas con números altos.

Celebramos la adolescencia con nuestro DNI, que – al fin y al cabo - es un número que nos acompaña toda la vida y que a partir de entonces, a mucha gente le interesará más, que nuestro propio nombre.

En la relación con los bancos, siempre nos asignan un número de cuenta, y comprueban luego el número de dígitos que registra el saldo de esa cuenta ya que, de no tener al menos cinco, no nos dan ni los buenos días.

La mesa electoral para votar, está identificada con un número, dentro de un colegio también numerado, en donde comprueban siempre el número del D.N.I, el de la lista y la papeleta censal, para al final ser nuestro voto, solo un número más.

De la condición de números, no se libran tampoco tus cosas, pues al adquirir  vivienda, comprueban el registro numerado de la propiedad y el número de metros, de habitaciones, de la calle, la escalera, el piso y la puerta, para luego volver a inscribirlo todo en otro protocolo, también ordenado por números.

Tanta es la fuerza de la numerología, que hasta instituciones, prestigiosas como la Guardia Civil, llaman de forma reglamentaria “números” a las personas que la integran.

Hace unos días, acompañé a la viuda de un amigo a visitar la tumba de este y, como la mujer tiene mala memoria, preguntó en la recepción del cementerio donde estaba enterrado su difunto esposo.

El empleado le aclaró que para decírselo, antes tenía que saber el número del nicho, el de sección y el del pasillo del camposanto: - Aquí los nombres no importan para nada señora, solo los números...” concluyó el celador. Y pensé de inmediato: “Como hasta ahora...”
   
A balance concluso, creo que aunque hay quien afirma, que los seres humanos son entes con identidad propia, en realidad pienso que somos solo fríos números de una relación infinita.
   
Según dicen, en el más allá, pasan cuentas del número de cosas buenas y del de malas hechas en esta vida y de eso depende la suerte eterna.
   
Por lo que veo en la otra vida, vamos por el mismo camino...

J. M. Hidalgo

El día que el hombre llegó a la luna.

Tal día como hoy 20 de julio de 1969, el módulo lunar Eagle de la misión Apolo 11, se posa en la Luna.

Con el nombre de Apolo 11 se conoció la misión espacial que Estados Unidos envió al espacio el 16 de julio de 1969, siendo la primera tripulada en llegar a la superficie lunar. 

La tripulación estaba compuesta por el comandante Neil Armstrong, Edwin Aldrin Jr. y Michael Collins, este último piloto del módulo de mando. El comandante Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie de la luna al sur del “Mar de la Tranquilidad”, seis horas y media después de haber alunizado lo cual fue retransmitido a todo el planeta.

El regreso se realizó el 24 de julio, en que los tres astronautas amerizaron en el Océano Pacífico poniendo fin a la misión. Como curiosidades cabe destacar que las computadoras del Apolo tenían menos capacidad de proceso que tiene hoy en día un teléfono celular, o que la superficie lunar – en contra de lo que se pensaba - estaba compuesta de roca dura por lo que resultó muy difícil plantar la bandera.

El cohete Saturno del Apolo tenía una enorme cantidad de combustible en su interior y como la NASA  no podía descartar la posibilidad de que estallase en el lanzamiento, con potencia similar a la de una pequeña bomba nuclear, situó a los invitados “importantes” a casi 6 km de la plataforma de lanzamiento.

Con tales riegos, los astronautas eran por tanto héroes, desde antes incluso de efectuarse el lanzamiento.

martes, 19 de julio de 2016

Bailen, el giro de la Guerra de la Independencia

Tal día como hoy, 19 de julio de 1808, tiene lugar la batalla de Bailen, junto a la ciudad jienense de este nombre, que enfrentó a un ejército francés al mando del general Dupont, con otro español  a las órdenes, del general Castaños.

A comienzos de junio, Dupont partió de Madrid para someter Andalucía, acosado continuamente por bandoleros, cruzaron poblaciones hostiles como Valdepeñas, que se levantó en armas el día 6, haciendo retroceder hasta Toledo, a buena parte de sus tropas.

Por su parte, Castaños se reunió con los mandos españoles en Porcuna, para decidir la estrategia a seguir y desplazó su ejército de día y de noche, cambiando constantemente de dirección, de manera que las tropas francesas, no pudiesen estar seguras de sus intenciones, mientras él se mantenía al corriente de los movimientos franceses, gracias a los paisanos.

Dupont,  no se atrevió a plantear una batalla a Castaños y prefirió retroceder, buscando enlazar con las otras tropas francesas,  que venían en su ayuda, pero al dirigirse con esa intención a Bailén, el 18 de julio, se encontró con Castaños, que en esos momentos salía de la ciudad, y allí mismo se entabló la batalla.

Los franceses colocaron su artillería de campaña - inferior a las piezas españolas - que  apenas causó daño alguno, mientras que gran parte de sus piezas, son desbaratadas. Dupont no puede esperar, a que Castaños le sorprenda por retaguardia, así que decide atacar aun estando en minoría, con el objetivo de romper el centro español.

El desenlace final, viene cuando el intenso calor apretaba, el cansancio se hacía pesado y el monte bajo estaba incendiado. La falta de agua para los franceses, incrementaba su baja moral y el apoyo popular de los bailenenses, a las tropas españolas fue importante.

Dupont decide un avance general, contra el centro español que fue frenado por una lluvia de artillera y fuego de fusilería y la situación de Dupont es desesperada. Piensa en un último esfuerzo, reuniendo a todas las tropas supervivientes y se coloca al frente con sus generales, lanzándose al ataque contra el centro, al descubierto. Ante las ingentes descargas españolas, sus líneas se deshacen, las bajas crecen, se detienen y comienzan a huir en retirada.

El hecho de que el enfrentamiento, tuviese lugar a las mismas puertas de Bailén, pudo ser decisivo para la victoria, pues la población local apoyó, en todo cuanto pudo a sus tropas. La ayuda más importante, fue  el suministro de agua para los soldados, en un día que los cronistas señalan, como "especialmente caluroso".

La Medalla de distinción de Bailén, instituida por Decreto de la Junta Suprema de Sevilla, el 11 de agosto de 1808, fue otorgada a todos los componentes del ejército, que participaron en la batalla.

La derrota del general Dupont, tuvo graves consecuencias para el esfuerzo de guerra francés, pues forzó al rey José I Bonaparte a abandonar Madrid, además de poner en duda, la invencibilidad de los franceses, mientras Napoleón, tuvo que acudir a la península, con un nuevo y numeroso ejército,, para consolidar su dominio.

Todos los años, desde hace más de cien, Bailén conmemora la victoria del ejército español en las mismas fechas de julio, contando con la asistencia, de tropas y de autoridades civiles y militares.

Soy

 
SOY

Soy; ese nombre que siempre se calla,
Una cita con otra persona,
Un atasco de tráfico absurdo,
La llamada que olvidaste antes.

Soy; la mirada perdida un momento,
La tardanza no justificada,
Una frase por mitad cortada.
Una excusa siempre diferente.

Soy; la palabra que nunca se dice,
Unas horas sin rastro pasadas,
Las ojeras del mucho trabajo,
El pensar de una noche de insomnio.

Soy; la ilusión de tus horas silentes,
Lo que te ha trastornado la vida,
La ilusión de volver a ser joven
El pecado que feliz cometes.

Soy; lo imposible, lo absurdo, lo incierto,
Lo real, lo irreal, lo fantástico,
Lo que llega de pronto a tu vida,
Y la cambia, la ilusiona y colma.

J.M. Hidalgo.  (Amores prohibidos)


lunes, 18 de julio de 2016

Locos

 


La vida me ha enseñado que, con frecuencia, la línea entre la lucidez y la locura es tan fina, que a veces ni se advierte…

He conocido locos furiosos, ingeniosos, depresivos, peligrosos, y un largo etcétera de otras clases, la mayor parte de ellos, durante mis muchos años de estancia en el Aeropuerto de Barcelona. Era tanta su afluencia a aquel lugar, que un día, conversando con un psiquiatra amigo, le planteé el porqué de este fenómeno, y aprendí de sus palabras, mucho sobre la dolencia.

Según me dijo, los locos, en su delirio buscan huir de si mismos. En el pasado, se concentraban en las estaciones de ferrocarril, pensando que en el tren, de alguna forma lo conseguirían.

Con el invento del avión, hallaron en el nuevo medio de transporte, algo aún más excitante, ya que, la huida se hacía – además – volando, y esto colmaba sus más surrealistas fantasías, aunque olvidaban -como solemos hacer también los que pasamos por cuerdos - que el problema nos acompaña allá donde vamos, porque casi siempre, el obstáculo somos nosotros mismos.

Además de estas explicaciones, mi observación personal me llevó a comprobar, que también el tiempo, y las fases de la luna, influían en la aparición por el Aeropuerto, de personas con este mal, que intentaban por todos los medios, tomar un avión con un propósito más o menos definido. Recuerdo especialmente la historia de dos de ellos….
            
Era alta y delgada, aparentaba tener unos sesenta años, y vestía siempre trajes de colores chillones, que difícilmente pasaban inadvertidos, cubriendo su cabeza con una pamela, y su cara con un velo de gasa, que impedía ver claramente sus facciones.
  
Quisiera hablar con su jefe, para un asunto de suma importancia…decía a media voz, al primer agente uniformado que encontraba. Como su aspecto era casi normal, y su lenguaje pausado, en un porcentaje muy elevado de casos, conseguía introducirse en el despacho de algún responsable (sentía predilección por la policía) y una vez acomodada, iniciaba su exposición.
   
Soy la princesa Clara Excelsa de Sajonia - comenzaba diciendo - y vengo a demandar de usted, en nombre de los derechos sucesorios que poseo, que ponga a mi disposición dos agentes uniformados, para desplazarse conmigo a la Sociedad de Naciones de Ginebra, en donde he de hacerme cargo de la herencia de mis padres, y de la que usted - naturalmente - tendrá parte a mi regreso.
   
Como la parrafada la soltaba toda seguida, y mientras lo hacía se tapaba parcialmente la boca con una mano - lo que dificultaba aún más su comprensión - cuando el funcionario se percataba, del estado de chaladura de su interlocutora, ya había transcurrido un buen rato, y la complicación estribaba ahora en hacerla marchar, pues solía negarse a hacerlo de buen grado.

Como cada vez, aceptaba las negativas en peor forma, un día, en que estuvo especialmente molesta, o su interlocutor no fue demasiado paciente, vinieron a hacerse cargo de ella, dos forzudos loqueros, a bordo de una ambulancia.

Mientras la conducían al frenopático, uno de ellos - más amante de la diplomacia que de la fuerza bruta - le dijo mostrándole las luces lanza-destellos, y la sirena del vehículo .- No se preocupe Alteza, que con este coche que llevamos, seguro que hoy nos darán su herencia sin dificultad .- Y la pobre pirada, se subió en él tan contenta.
   
El caso de Tello, fue bien distinto. Decía haber nacido en Porriño o en Villagarcia - eso iba según el día - y su obsesión era marchar en un vuelo, con destino a las islas del sur. Nunca concretó a que isla se refería, y para él cualquier avión, de cualquier compañía, y con cualquier destino, se dirigía siempre hacia el sur.

Vivía prácticamente en el Aeropuerto, durmiendo sobre un banco, y comiendo con lo que obtenía de la caridad pública. Vestía casi siempre la misma indumentaria, con una inconfundible gorra roja - tipo americano - que levantaba sobre su frente, siempre que iba a decir algo, que él juzgaba fundamental.

Aquel viernes, Tello había causado más molestias que de ordinario. Eran tan solo las doce de la mañana, y ya había sido descubierto, intentando mezclarse con el pasaje de dos autobuses, camino de un aeroplano, y como remate - nadie se explicaba como - lo encontraron sentado en la primera clase de un avión, que poco después partía, con destino a Nueva York.

Sin ofrecer resistencia, fue conducido hasta la Comisaría, de donde se llamó al Juzgado, para solicitar una orden judicial de internamiento, en un centro de salud. Doña Mercedes, la juez de guardia, al objeto de calibrar personalmente, la demanda sobre la que había de pronunciarse, compareció minutos después, acompañada de forense, fiscal, y secretario judicial, con la intención de interrogar a Tello.

Nuestro hombre se hallaba sentado tranquilamente, conversando con el agente que lo custodiaba, sobre sus añoradas islas, y la magistrada, tomando la iniciativa, le dijo. -Buenos días, buen hombre, soy la juez de guardia, ¿podría decirme, cuando sale ese avión que espera, para las islas del sur?
   
Tello, se levantó la gorra sobre la frente, y arrellanándose en su sillón contestó. ¡Conque la juez de guardia eh!, pues mira - le dijo como si la conociese de toda la vida - creo que saldrá pronto, pero tú no te preocupes, porque antes de irme, no te escapas sin que yo te eche un buen polvo... El examen de su señoría - tras hacer algún aspaviento por la respuesta - se acabó aquí.
   
A menudo, he recordado la forma de actuar de los locos, y en más de una ocasión  - tal vez porque todos tenemos algo de eso - me hubiese gustado rebasar la imaginaria línea, para poder comportarme – en alguna circunstancia - como ellos.
               
J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

"Vae victis": Cuando los galos conquistaron Roma

Tal día como hoy 18 de julio del 387 a. C. - según modernas estimaciones - el caudillo galo Breno toma la ciudad de  Roma.

Los galos eran pueblos que habitaron lo que hoy es Francia, Bélgica, el oeste de Suiza y las zonas de Holanda y Alemania al oeste del Rin.

Los griegos los llamaron celtas, hasta que los romanos cambiaron su denominación por la de “galos” y a la gran región en que habitaban, “La Galia”. 

Breno fue un jefe de la tribu gala de los senones, que alrededor del año 400 a. C., lograron cruzar los Alpes y tras vencer a otras tribus, se asentaron en la costa este de Italia, en la que los romanos llamaron “ager gallicus” -campo de galos - con su capital en la actual Senigallia.

Cuando poco más tarde invadieron Etruria, su población pidió ayuda a Roma y la intervención de esta se saldó con una derrota romana en la batalla de Alia.

Tras esta batalla, Breno dirigió su ejército contra la ciudad de Roma logrando tomar la capital salvo la colina Capitolina, que resistió sus ataques.

Al ver su ciudad devastada, los romanos trataron de comprar la paz pagando mil libras de oro (unos 327 kg).

Breno accedió a negociar su retirada mediante el rescate, pero cuando los romanos percibieron que los galos habían amañado de manera fraudulenta la balanza en que pesaban el oro, protestaron ante él, quien se limitó a arrojar su espada para añadirla su peso de la balanza mientras decía; “Vae victis!” (¡Ay del vencido...!)

Según la leyenda, en ese momento llegó a Roma el dictador Marco Furio Camilo con un ejército y exclamó: “Non aurum, sed ferro, recuperanda est patriae”. (No es el oro, sino el acero, lo que recupera la patria), atacando y derrotando a los galos.

Sea como fuere el final, la histórica frase de Breno, ha sobrevivido hasta nuestros días, habiendo quedado para hacer notar la impotencia del vencido ante el vencedor, sobre todo en las negociaciones que puedan establecer después entre ambos.

domingo, 17 de julio de 2016

El lunazo


En mi infancia, cuando llegaba el mes de enero y la luna se hacía la dueña del cielo, mi madre siempre decía que esta era la “luna de los gatos”, porque estos felinos entraban en celo de apareamiento durante sus frías y claras noches.
   
Pero la luna no solo fascina a los gatos, sino que de siempre ha sido fuente de atracción para enamorados y la de enero de forma especial, pues al encontrarse el satélite en su perigeo con respecto a la tierra, se ve mucho más cerca que el resto del año y, como decía un amigo noctámbulo, a la luna de enero solo le falta - para ser perfecta – que saliera en agosto, porque en este mes de buenas temperaturas, el fenómeno sería maravilloso.
   
También para los poetas ha sido la luna fuente constante de inspiración, atribuyéndola – no sé porqué - carácter femenino, ya para alabar la belleza de la amada, como Machado en su seguidilla “A la Luna de enero te he comparado, que no hay Luna más clara en todo el año”,o tachándola de equívoca y engañosa, como hace Zorilla con su “luna de enero”, donde la noche - jugando con ella al escondite - hace ver una realidad distinta de la que es: “...Pues por completa ilusión // La noche miente tan bien, // Que las cosas que se ven // No son las cosas que son”.
   
Pero si la luna es en todas partes clara en enero, creo que lo es aún más a las orillas del Guadalhorce, en donde la magia del sur hace de la noche día, hasta tal punto que algunos amantes de lo ajeno, usan de su luz para realizar sus fechorías en los campos en lo que - tanto ellos como sus víctimas – ha acabado por llamar “el lunazo”.
   
Sucedió hace años, en los inicios de la democracia, en donde en la ciudad se pensaba que lo que estaba en el campo no tenía dueño y, por consiguiente, había gente – tenida por normal – que los domingos iban el campo en su coche – con toda la familia - simplemente con la sana intención de robar...
   
Y si así actuaban los bien pensantes, imagina lo que hacían los que - de suyo - se dedicaban a esto como profesión.
   
En la zona de Campanillas próxima a Málaga, donde los campos estaban sembrados de alcachofas, se desplazaban cada noche en una excursión “recolectora” desde la cercana barriada de los Asperones, tanto gitanos como payos amigos de lo ajeno, que - provistos de bolsas o sacos - dejaban los sembrados en poco tiempo, más limpios que una patena.
   
Los agricultores, cansados de denunciar el hecho con nulo resultado, decidieron montar su particular guardia pretoriana en los campos, con la intención de – además de evitar los robos - dar un escarmiento a los ladrones, ya que las fuerzas del orden – inseguras en su actuación como todo en aquel tiempo – poco o nada lograban con sus nocturnas batidas.
   
El objetivo era muy sencillo, al caco cogido in fraganti se le sometía a un tratamiento, consistente en un baño en el Guadalhorce - naturalmente con ropa puesta - durante cuya maniobra de aproximación al cauce, solían escaparse algún que otro sopapo dirigido al involuntario bañista.
   
Una de esas noches en que sorprendieron a un gitano con un saco de alcachofas a medio llenar, mientras lo llevaban en volandas camino de las heladas aguas del río, este gritaba a pleno pulmón..

- ¡Llamad a los civiles...!. ¡Llamad a la Guardia Civil..!.¡Que vengan los civiles....!

La luna, hechicera, enamorada, luminosa y traidora, ha visto en las noches de enero desde su trono en medio del cielo, a más de un gitano o payo, ir - como en procesión y contra su voluntad - camino del gélido cauce del Guadalhorce...

J.M. Hidalgo (Recuerdos de mi tierra)

La “guerra” de la isla de Perejil

Tal día como hoy 17 de julio 2002, el Ejército español desaloja a los soldados marroquíes instalados en la isla de Perejil.

La isla de Perejil, es un islote deshabitado en disputa territorial entre España y Marruecos, situado en el estrecho de Gibraltar a unos 200 metros de la costa continental de África y a unos 8 km del núcleo urbano de la ciudad española de Ceuta.

España afirma que el Perejil forma parte de su territorio, si bien su situación político-administrativa es oscura, ya que no es ni parte de Ceuta, ni considerado plaza de soberanía

El incidente de la isla de Perejil fue un conflicto armado que involucró a España y Marruecos, desarrollado entre el 11 y el 20 de julio de 2002, al producirse la ocupación militar de la isla de Perejil por una dotación de la Marina Real de Marruecos.

El desalojo fue realizado mediante la denominada Operación militar “Romeo-Sierra”, para devolver a la isla a su estatus anterior, siendo la primera actuacion de fuerzas españolas después de las operaciones en la antigua Yugoslavia y la primera intervención desde la unificación de los tres ejércitos, realizada en el siglo XXI.

El 17 de julio, componentes del Mando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra toman tierra en el islote y detienen a las tropas marroquíes, entregándoselas a las tropas de operaciones especiales de la Armada Española.

Al día siguiente llegan legionarios desde Ceuta e impiden que desciendan a tierra algunos marroquíes que trataban de llegar a la isla con al menos una pequeña embarcación particular.

Los soldados marroquíes capturados fueron devueltos por la frontera de Ceuta y finalmente, pocos días después, se firma un acuerdo entre España y Marruecos, por el que se decide volver al statu quo anterior. Las tropas españolas abandonan el islote, que quedó deshabitado de nuevo.

La surrealista  guerra de la isla Perejil, había acabado...

sábado, 16 de julio de 2016

Llumener

LLUMENER

Algunas personas piensan, que solo en su país, su región o su ciudad, se saben hacer bien las cosas, y que el resto de la humanidad vive en la incultura, la oscuridad y la ignorancia. Yo, amigo lector, fui en un tiempo tan pueblerino como acabo de describir, pero - como alguien dijo- los nacionalismos se curan viajando, y eso felizmente, me sucedió.

En mi tierra había un dicho - que creía único - atribuido a aquellas personas que tenían malos instintos para con sus semejantes: “Tiene más mala leche que un mulo blanco” decía… Nunca comprobé su veracidad, entre otras cosas porque jamás vi un animal de este color, y fue precisamente a mi llegada a Cataluña, cuando tuve ocasión de contrastar la exactitud de la popular frase de mi tierra.

El hecho que narro, sucedió en la comarca del Pallars Sobirà, situada en el prepirineo, a un labrador de la misma llamado Ferrán Capdevila. Tenía nuestro personaje en su hacienda, una considerable cantidad de animales, y un día vio como su censo se incrementaba con uno diferente.

Era un mulo, engendrado del cruce entre burra y caballo, que ya al nacer, hizo fruncir el ceño al mozo del establo que ayudó al parto, puesto que el animal era blanco y eso - según dijo a Ferrán, mientras le contaba como había sido el nacimiento - no traía nada bueno.

Nuestro hombre, que no creía en ningún tipo de dichos, no hizo el menor caso al comentario de su empleado, aunque bien pronto pudo comprobar cuanto de cierto había en sus palabras.

A pocos meses de su nacimiento el burdégano, (1) había ya destrozado a mordiscos las ubres de su madre; lastimado a coces las patas de tres cabras con las que compartía corral, y abierto en dos ocasiones - nadie supo como - la puerta de la cerca en donde se guardaba el ganado, que hizo que este se dispersase, tardándose varios días – en ambas ocasiones - en poder reunirlo de nuevo.

Pero lo que colmó el vaso de la paciencia de su dueño, fue una tarde en que “Llumener”(2) - que así se había bautizado a la pequeña bestia - tras escaparse, entró en la masía y de encima de una mesa en donde se hallaban preparados para pagar, se comió todos los billetes de banco importe de la nómina de los jornaleros, dejando a esos sin cobrar por unas semanas, y a su dueño con un gasto imprevisto de consideración. El sentido práctico de Ferrán, le aconsejó entonces, vender el mulo cuanto antes.

A la semana siguiente había feria de ganado en el pueblo y bien temprano - con el animal de la brida - se encaminó hacia ella. De seguida pudo comprobar que eran muchos lo que sabían aquello del color, porque tras pasar el día entero haciendo de plantón, ni tan siquiera hubo un comprador que se interesase en su mercancía, y el que lo hizo fue para advertirle - cosa que ya tristemente sabía - de la mala fama que solían tener los animales de aquel pelaje. Por la noche, cansado y aburrido, regresó nuevamente a su casa y mientras lo hacía, se le ocurrió la gran idea.

 Un mes más tarde - durante el cual “Llumener” hizo al menos tres nuevas fechorías - volvió de nuevo a haber feria en una localidad lejana, y Ferrán se preparó para acudir a ella.

En primer lugar, compró en una tienda del pueblo unas cuantas latas de pintura gris y útiles para aplicarla - “Es para las puertas de los cobertizos”- explicó a preguntas del comerciante. Después, ya en casa, y tras trabar a “Llumener” de cuatro patas, dio al animal dos cuidadosas manos de pintura, luego esperó.

El día del mercado, pasada ya media mañana, y llevando un joven mulo gris de buena presencia, entró a la feria. Al poco rato, se acercaron a Ferrán dos tratantes de ganado de raza gitana, interesados en comprar, y tras conocer las buenas condiciones que el vendedor ofrecía - por motivos de urgente necesidad, según les dijo - y una vez examinaron los dientes del burreño para averiguar su edad, se cerró el trato, y gitanos por un lado, y labrador por el otro, salieron ambos de la feria.

No se habían alejado ni un kilómetro del lugar, cuando se desató una tormenta de verano, que en no más de treinta minutos, anegó el paisaje e hizo correr arroyos y torrenteras.

Los compradores, con “Llumener” asido del ronzal, continuaron caminando, hasta que en medio del chaparrón uno de ellos volvió la vista al animal y su visión le dejó atónito. El mulo se estaba volviendo blanco por el lomo, e iba adquiriendo rápidamente una tonalidad cada vez menos gris hasta llegar a sus patas, por donde este color “descendía” a chorros hasta el suelo.

Los gitanos, que también conocían la fama que el color blanco daba al animal, tras maldecir la memoria del vendedor payo, que tan ladinamente les había engañado, conferenciaron entre ellos y resolvieron dar rápida solución al problema.

Días más tarde volvieron a acudir a otra feria con “Llumener”, al que previamente habían convenientemente maquillado, más o menos como Ferrán hiciese la vez anterior. Antes de ir, no obstante, se informaron por un entendido en asuntos del tiempo, de que aquel día no se esperaba riesgo alguno de lluvia.

No he vuelto a saber -y lo digo con pesadumbre- que fue de “Llumener” después de esta su segunda, y probablemente no última venta.

J. M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

(1)Burreño / Burdégano - Mulo nacido del cruce de asna y caballo
(2) Llumener = En catalán, Lucero



El origen del calendario musulmán

Tal día como hoy 16 de julio del 622, el profeta Mahoma inicia su viaje desde La Meca hacia Medina.

Los musulmanes toman desde el año 622 d. C. el primer día del año lunar en el que se produjo  -16 de julio de 622- como referencia para su calendario.

Este hecho llamado “la Hégira”, tuvo lugar cuando los seguidores del profeta se hicieron numerosos en la Meca y las autoridades, empezaron a verle como una amenaza contra el orden establecido, pues proponían la eliminación de todos los dioses y su sustitución por el dios único Alá, por lo que se le acusó  de impostor y comenzaron las persecuciones.

Las amenazas a la seguridad de Mahoma llegaron a tal extremo que, después de la muerte de su esposa Jadicha, decidió huir a la ciudad de Medina considerándose el momento de esa huida o migración, como la fecha fundacional del islam que marca así su año primero.

Una vez en Medina, Mahoma se convirtió no solo en un caudillo religioso, sino también político y militar.

Los enfrentamientos entre las ciudades de Medina y La Meca culminaron con la conquista de esta última por los mahometanos en el 630, fruto tanto de la presión militar como de la negociación política y los convenientes enlaces matrimoniales.

Un Mahoma triunfante, eliminó del santuario de la Kaaba - piedra negra procedente de un meteorito que se veneraba en La Meca - los ídolos que lo ocupaban, siendo inmediatamente consagrado a Alá.

Poco antes de morir, el profeta realizó una peregrinación de Medina a La Meca, que ha servido de modelo para efectuar este rito, que todo musulmán debe realizar al menos una vez en su vida.

Su muerte el 8 de junio del 632 sin heredero varón, produjo una serie de luchas por la sucesión, recayendo el cargo en el suegro del profeta Abú Bakr, convertido así en su sucesor y el primer califa de los denominados “ortodoxos”.

viernes, 15 de julio de 2016

¡¡ Superadas las 400.000 visitas !!

En el día de ayer se superaron las 400.000 visitas a este blog. Muchas gracias a todos por vuestra lectura y seguimiento.

La “Piedra de Rosetta”, clave para el estudio de la egiptologia

Tal día como hoy 15 de julio de 1799 se descubre en Egipto la “Piedra de Rosetta”, que permitirá descifrar los jeroglíficos egipcios. 

Mientras construían posiciones defensivas cerca de Rashid  -antigua Rosetta-, una pequeña ciudad en las afueras de Alejandría, un soldado del ejército de Napoleón descubrió una piedra negra de basalto, de 1,18 metros de largo por 73,1 centímetros de ancho, con tres nítidas bandas de grabados

Esta piedra es un fragmento de una antigua estela egipcia de diorita de un decreto del año 196 a. C. dictado por el faraón Ptolomeo V, la cual fue probablemente trasladada a aquel lugar y usada como   material de construcción de un fuerte cerca de la localidad de Rashid, en el delta del Nilo. 

El decreto aparece en tres escrituras distintas: en jeroglíficos egipcios, en escritura demótica y en griego antiguo, reproduciendo el mismo contenido en las tres inscripciones, por lo que esta piedra- gracias a la interpretación que de ella hizo el egiptólogo francés Jean-François Champollion - facilitó la clave para el entendimiento moderno de los jeroglíficos egipcios.

Fue hallada durante la campaña en Egipto y cuando las tropas británicas derrotaron a las francesas en 1801, la piedra original acabó en posesión inglesa.

Transportada a Londres, está expuesta en la actualidad en el Museo Británico y aunque más tarde se descubrieron dos copias del mismo decreto, y hoy se conocen varias inscripciones egipcias bilingües y trilingües, la piedra de Rosetta fue un referente fundamental para el entendimiento de la civilización del Antiguo Egipto, hasta tal punto que el término «Piedra de Rosetta» es usado en cualquier otro contexto, para definir una clave que permita acceder al conocimiento.

Desde su hallazgo, la piedra ha sido objeto de rivalidades nacionales, incluida su transferencia de manos francesas a británicas durante las guerras napoleónicas y desde 2003 existe demandas para el retorno de la estela a Egipto, que - por lógica - es donde debería estar.

jueves, 14 de julio de 2016

Leyenda de Granada

 


Tras mucho insistirle para que me contase alguna historia – por fin - un día, mi buen amigo Tino - conocedor de miles de ellas - me sorprendió con una hoja mecanografiada, en que lo hacía, y al leerla, tuve la grata sorpresa de encontrar, un delicioso poema escrito en prosa.

La historia aconteció en Granada, en donde todo lo fantástico es posible. Su personaje se llamaba Manolo, y vivía pobremente en los bajos de una casa de la calle del Moro Yanguas, en pleno corazón del Albaicín granadino. Era pequeño, renegrido por el tórrido sol andaluz, y por estar todo el día viviendo a la intemperie, aunque él atribuía su color, a la mucha sangre árabe, que  - según decía -corría por sus venas.

Para comprender a la perfección la vivencia de Manolo, se hace necesario saber antes, quien era el “moro Yanguas”, que daba nombre a su calle, y que forma parte de la más pura tradición de las leyendas de la ciudad, en donde estas tienen vida propia. Se cuenta, que Mohamed Ali Yusuf, conocido como el moro Yanguas, fue uno de los últimos gobernadores de Granada - benefactor de la ciudad - durante el reinado del postrer monarca Nazari, Boabdil “el chico”, pues bien, Manolo, se jactaba de estar emparentado con tal personaje, y aún ser descendiente directo suyo.

Trabajaba como “fotógrafo” de turistas, a las puertas de la Alhambra, aunque si se analizaban con detenimiento sus útiles de trabajo, sus fotos tenían más de magia que de ciencia, pues no se comprendía como, con el equipo técnico con que contaba, pudiese imprimir alguna imagen. Con tres cañas cruzadas, y atadas entre si con hilo de bramante, había construido lo que él daba en llamar su trípode, sobre el que colocaba una caja negra – también de su invención – que le servía como cámara fotográfica, en uno de cuyos lados, y a modo de lente, había acoplado el cristal de unas gafas graduadas, rotas tiempo atrás.
   
Llevaba siempre, un cubo de agua de un aljibe del Albaicin, que él sostenía tenía propiedades como revelador, y así debía ser, ya que con tan escaso laboratorio, se apostaba cada mañana ante la puerta del majestuoso palacio granadino, en donde ofrecía a los turistas sus servicios de fotógrafo, poco menos que por la voluntad, y lo milagroso de todo esto era que sus fotos - aunque en blanco y negro y tono amarillo sepia, desde el mismo momento en que las hacía – eran compradas por estos, que al observarlas, tenían la impresión, de que su visita al palacio árabe, se hubiese efectuado  muchos años atrás.
   
Toda la impedimenta descrita, era transportaba por nuestro hombre, en su vehículo, formado por dos viejas ruedas de bicicleta, unidas por un eje metálico, y sobre el que había colocado un tablón de madera, rematado con un palo en uno de sus extremos, como volante y timón del artilugio.
   
Una vez acabada su jornada laboral, de siete días a la semana, y desde antes de la llegada del primer turista, hasta después de la marcha del último, Manolo, que invierno y verano vestía casi la misma ropa, ya de tiempo descolorida, por el inclemente sol del sur, recontaba el pequeño capital obtenido con su humilde industria, y cuando regresaba a su calle, toda la chiquillería salía a recibirle, para compartir con él las monedas, que atendían no solo a su sustento, sino al de los otros necesitados del entorno.
   
Manolo, que no tenía ningún familiar conocido, era – además - un auténtico samaritano, pues igual cuidaba de un enfermo, que ejercía el oficio de lañador –  naturalmente gratis – a cualquier comadre que tuviese sus cacharros en mal estado, relatando de forma incansable, y mientras hacía lo que fuese, su parentesco directo, en líneas familiares que sabía de memoria, con el mítico moro Yanguas del siglo XV.
   
Una mañana, como tantas otras, mucho antes de que los primeros rayos del sol, vistieran de oro las torres del palacio de la Alhambra, cargó en el artesanal vehículo, su singular laboratorio fotográfico, y enfiló camino abajo la Cuesta del Chapiz, en dirección a la Alameda de los Tristes, hasta recalar en el bar de las Chirimías, donde calentó el estómago con un café con leche. Iba Manolo a aquel bar, porque en él tenía barra libre para sus desayunos, debido al hecho de que nuestro hombre, era fotógrafo “oficial” de la familia que lo regentaba.

Reconfortadas sus desconsoladas tripas - que no habían ingerido nada desde la noche anterior - continuó disfrutando del paseo de su Granada, aún con soledad en las dormidas calles. Pasó por la Carrera del Darro, hasta desembocar en la Plaza Nueva, en donde solía tomar un trago del agua fresca de su fuente, y subiendo luego por la cuesta de Gomérez, concluyó la caminada a las mismas puertas de la Alhambra, lugar de su diario trabajo.

Lo que sucedió a continuación entra a formar parte del acervo de las leyendas de Granada... lo presenció Luis, el guardián del palacio nazarí, que abría sus puertas al público cada mañana. Estaba en esta labor cuando arribó hasta allí un fantástico coche “-Era un “haiga” (1) negro, con ribetes de plata en la carrocería – contó luego – de él bajó un hombre alto, moreno, tocada su cabeza con un blanco turbante, en el que lucía una joya, que relumbraba herida por los nacientes rayos del sol, y cubierto, casi hasta los pies, con una hermosa chilaba, hornada de fina pedrería...”  
   
El personaje se acercó a Manolo que, embobado miraba el lujo del recién llegado, y con voz muy queda le dijo “Me llamo Ramal Yanguas, soy tu primo, y he venido a buscarte... vente conmigo a casa”.

Manolo no lo dudó ni un instante, y dejando abandonadas en la calle todas sus pertenencias, entró en el fabuloso automóvil, y este, en silencio, enfiló lentamente la cuesta de Gomérez, y luego de pasar por el Generalife, se perdió de la vista, tras de la imponente figura del hotel Palace.
   
Nadie vio jamás otra vez a Manolo, aunque su recuerdo perviviría siempre. Desde ese día y durante meses, a la oficina de correos de la calle Reyes Católicos, fueron llegando giros postales, con sustanciosas cantidades de dinero, dirigidos a los más necesitados de la calle Yanguas, y cuyo remite – sin dirección alguna - era siempre el mismo, “Manolo, el fotógrafo”.    

Después de quinientos años, nuestro héroe, había encontrado - por fin - sus tan ansiadas raíces, y en la mágica ciudad de Granada, había nacido - por enésima vez - una nueva leyenda.

J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)


(1)  “haiga”: expresión andaluza usada para describir un coche de lujo, tomada de un nuevo rico, que al ir a comprarse uno, dijo al vendedor; “Yo quiero el mejor que haiga...”       


               

La leyenda del pistolero norteamericano Billy "El Niño".

Tal día como hoy 14 de julio de 1881, asesinan  a William Henry McCarthy, más conocido como Billy the Kid o Billy el Niño.

Billy el Niño, fue un vaquero estadounidense que acabó creando una leyenda al convertirse en un forajido, comenzando por ser vaquero y acabando por ser uno de los pistoleros más famosos del territorio pues se le consideró responsable de la muerte de 21 hombres.

Como muchas familias pobres de la época, los McCarty buscaron fortuna en el oeste de los Estados Unidos, donde montaron una lavandería y recibían huéspedes en su casa.

Pero en 1874, su madre falleció a causa de una enfermedad y su padrastro se marchó, abandonando a  Billy, de 14 años, que tuvo que sobrevivir trabajando en un hotel como lavaplatos y realizando otros trabajos mal pagados. En estas circunstancias comenzó su vida delictiva, cometiendo robos de poca monta y aunque fue arrestado por algunos de ellos, fue dejado pronto en libertad.

Billy pasó entonces gran parte de su juventud en los salones de la frontera y se unió a “Sombrero Jack,” un delincuente con el que cometió diversos delitos, por uno de los cuales fue nuevamente arrestado.

En 1877, Billy se empleó como vaquero de un ranchero y hombre de negocios inglés que murió asesinado y que había sido considerado como un nuevo padre por Billy, el cual junto con trabajadores y amigos obtuvieron órdenes de detención contra sus asesinos, formando un grupo de persecución conocido por “Los Reguladores”, pero al ser dichas órdenes posteriormente anuladas quedó el grupo en situación ilegal, pese a lo cual Billy mató al sheriff y a su ayudante  responsables de su muerte, en la calle principal de Lincoln, huyendo a Texas.

Con el fin de terminar con el conflicto, el gobernador de Nuevo México,  ofreció amnistía para todos los supervivientes y Billy aceptó, pero el gobernador faltó a su palabra arrestándolo, aunque logró huir, encontrando cobijo en el desierto.

Tras su fuga, Billy se dedicará al cuatrerismo,  con  la banda conocida como The Rustlers (‘los cuatreros’).

El Sheriff Pat Garrett capturó a Billy en diciembre de 1880, siendo juzgado y condenado a muerte pero en espera de la ejecución, volvió a fugarse de la cárcel,  matando esta vez, a sus dos guardianes.

Por último Garret y sus ayudantes cercaron a Billy dándole muerte el 14 de julio en una situación confusa y de versiones contrapuestas, que van desde el asesinato a incluso la de que el cadáver no era el suyo.

Desde el año 2000, se han llevado a cabo numerosas investigaciones y reportajes, sobre que  Billy  vivió unos años más. Uno de los más recientes empleando un identificador de caras del FBI,  que reveló que un granjero llamado Robert era idéntico a él, aunque Robert llegó cinco años después de que Billy "muriera".

Había comenzado su leyenda...

miércoles, 13 de julio de 2016

El eterno retorno

 


Hace ya muchos años, al estudiar historia de la filosofía, aprendí que los pensadores medievales consideraban que la vida era cíclica y que estábamos condenados a repetir en el tiempo– en un círculo infinito - nuestras experiencias y vivencias de una manera regular y continuada.
   
Lo cierto es que la teoría del “eterno retorno” entendía el tiempo de una forma lineal, con un principio y un fin y luego un nuevo comenzar.

Nietzsche fue más allá y sostuvo en su planteamiento filosófico, que no solo es el tiempo el que se repite, sino que también lo hacen las costumbres los sentimientos y las ideas, en una rueda infinita, monótona e inacabable.
   
Pero no quiero entrar en complejas teorías filosóficas, cuyo análisis no creo que sea objeto de este escrito, sino que mi pretensión es mucho más humilde, pues lo que quiero es examinar a través de la reciente historia, los episodios de eterno retorno que nuestra sociedad experimenta, en donde han cambiado las formas, pero persiste - por diversas causas – siempre el fondo.
   
Aún tengo frescas en mi memoria, las imágenes de aquellos españoles que en los años sesenta, ante la falsa propaganda de un régimen que no era capaz de atender sus expectativas, tenían que emigrar a Alemania. Iban con boinas, pantalones de pana y maletas de cartón, muchas atadas con cuerdas, para que no reventasen por la presión de las cosas que llevaban en su interior.
   
Estábamos en la época del “milagro español” y sin embargo los que vivían en nuestra tierra, habían de marchar forzados, porque las posibilidades que tenían aquí eran escasas o nulas.
   
Ha pasado el tiempo a ahora – tras años de democracia - las nuevas generaciones de españoles son llamadas de nuevo por la floreciente Alemania, para ocupar puestos en sus fábricas, sus empresas o el sector de sus servicios.
   
Lo que más me sorprende - si algo puede ya sorprenderme - es que nuestros gobernantes en su día tildaron de “fracasados” a los de allí, y mientras aquellos - de fracaso en fracaso - han llevado de nuevo a Alemania a liderar Europa, nosotros - de éxito en éxito - tenemos cerca de cuatro millones y de parados, y hemos estado en riesgo de intervención financiera.
   
¿Quién se acuerda ahora de las infantiles promesas de nuestros líderes, de que en el 2010, nuestra renta per cápita superaría de largo a la alemana..?
   
Una vez más, la fábula de la cigarra y la hormiga ha adquirido plena vigencia, pero aquí la cigarra no es el ciudadano español, sino que por el contrario, las autoridades germanas, han manifestado querer contratar en primer lugar, a trabajadores de nuestro país, porque los consideran los mejor preparados.
   
Nuestra enorme paradoja, es que tenemos preparación pero carecemos de políticos capaces de hacer otra cosa que no sea dilapidar, engañar con falsas promesas y confundirnos con trucos de trileros, escudando su total incapacidad en la existencia de una pavorosa crisis económica mundial que nos atenaza a todos...
   
Pero – si no estoy equivocado - Alemania también se encuentra en el mundo, y sin embargo - como por arte de magia - ha sabido salir de esa terrible crisis, tener un crecimiento positivo, una de las tasas de desempleo más bajas de su historia, y propiciar con su dinero el rescate de los países europeos más incompetentes, en cuyo entorno nos encontramos.
   
Ahora se llevan - como es natural- a los mejores, claro, y aquí quedan los inútiles y los inevitables y siempre necesarios “palmeros”, para apoyar incondicionalmente a las medianías y mediocreidades políticas que le dan de comer.
   
A nuestra escala, el eterno retorno vuelve otra vez a producirse.
   
Ahora no vamos a Alemania con boina, ni trajes de pana, ni maleta de cartón atadas con cuerdas. Ahora lo hacemos con ordenadores portátiles, teléfonos móviles y trajes de confección, aunque hoy igual que ayer y casi por los mismos motivos, – para poder vivir - seguimos teniendo que irnos a trabajar a Alemania...

J.M. Hidalgo (Reflexiones ante la realidad)

El gran apagón de Nueva York

Tal día como hoy 13 de julio de 1977, se produce un apagón durante 24 horas en la ciudad de Nueva York, que dio lugar a centenares de robos e incendios.

Fue un corte del suministro eléctrico por causas técnicas, que afectó a casi toda la ciudad cuando esta se enfrentaba a una grave crisis financiera y que duró desde el 13 de julio al 14 de julio. A diferencia de otros apagones como los de 1965 y 2003, el de 1977 se saldó con numerosos desórdenes públicos, saqueos y pillajes. 

Algunos historiadores citan la crisis financiera como la raíz de los desórdenes, mientras que otros señalan el calor excesivo del mes de julio de aquel año, pues la ciudad estaba en medio de una asfixiante ola de calor.

Fuera cual fuese la causa, con todo el departamento de policía en estado de alerta, los saqueos continuaron al día siguiente y se multiplicaron especialmente en las comunidades afroamericanas y puertorriqueñas, afectando a 31 vecindarios de todos los barrios pobres de la ciudad.

A la mañana siguiente aún se mantenían 5 incendios activos y 134 comercios habían sido saqueados. En Brooklyn, los jóvenes ataron las rejas de las tiendas a sus automóviles para arrancarlas antes de robarlas. Unos 550 policías resultaron heridos, mientras que 4.500 saqueadores fueron detenidos.

Debido al apagón, los aeropuertos de La Guardia y John F. Kennedy fueron cerrados durante ocho horas y los túneles automovilísticos anulados debido a la falta de ventilación, mientras más de 4.000 personas debieron ser evacuadas del metro y un número indeterminado de los ascensores. 

Un estudio del Congreso USA estimó que el costo de los daños alcanzó algo más de 300 millones de dólares.

La ciudad – que funciona casi por completo con electricidad - fue un caos total hasta las 22,30 horas del 14 de julio, en que se restableció completamente el servicio eléctrico de nuevo.

martes, 12 de julio de 2016

Gente Singular (Consejos paternos)

CONSEJOS PATERNOS

Hay mucha gente que vive de forma exclusiva, pendiente de lo que piensen, digan u opinen los demás. Incluso hay estudios – con mucho futuro por cierto – sobre lo que supone el sentir general de la opinión pública, los cuales tanto los medios de comunicación, como los políticos, y en general todos los que viven a costa de los demás, siguen a pies juntillas.

Lo que voy a contar ahora, es un ejemplo de como algunos hacen un seguimiento riguroso de la opinión pública, entendida de forma individual y fue protagonizado, hace ya mucho tiempo - como algunas de estas historias –  por mi progenitor .

No tendría yo más de seis o siete años, cuando una tarde de principios de verano fui acompañando a mi padre, para “ayudarle” en sus labores del campo. Aquel día nos dirigimos a una finca, que tenía en régimen de aparcería en el término de Casablanquilla, no lejos de nuestro domicilio familiar, y una vez allí mi progenitor, provisto de pala y azada, se dispuso – naturalmente sin mi ayuda - a limpiar de zarzas,  una acequia que bordeaba la heredad, y que se usaba para regar esta.

No habían trascurrido ni diez minutos desde que empezara con la faena, cuando pasó por la cercana carretera un vecino que, tras saludarle al uso del campo, es decir interesarse por la salud de toda la familia y todo lo demás,  dijo a mi ascendiente

-.“Benito, ¿no sería mejor que hubieses empezado a limpiar la acequia de arriba hacia abajo, en lugar de como lo haces...?


Mi padre, tras corresponder de igual manera a saludo y conversación, le contestó.
- Si, estoy seguro que tienes razón... y tras unos segundos de charla, el vecino siguió su camino, sin que mi ascendiente modificase ni un ápice lo que hacía.

Al poco se acercó al lugar otro conocido, reproduciéndose la situación de manera casi idéntica a la anterior, si bien este - en el capítulo dedicado a los consejos -  dijo :
- Deberías hacer este trabajo por la mañana, que es cuando hace menos calor...a lo que mi padre en su mejor tono – contestó:
- Es muy posible que tengas razón en lo que dices... sin por ello dejar de hacer exactamente lo mismo que antes hacía.

Como la escena se reprodujo no menos de siete veces a lo largo de la tarde, y cada vez con distintas propuestas de actuación, e idéntico resultado final en cuanto al hacer de mi padre, en un rato en que estuvimos solos - movido por la curiosidad de mis pocos años-  le pregunté,.
¿Papá, como es que le dices a todos que sí a lo que te aconsejan, y sin embargo sigues haciendo lo mismo.?

Mi padre, apoyándose en el astil de la azada, extrajo de su bolsillo su petaca de cuero llena de tabaco de picadura, y su librito de papel de fumar, y - en tanto se secaba el sudor de la frente- se dispuso a liar un cigarro, con la maestría que él solía tener en tal cometido, pues era capaz de hacerlo con una sola mano.

Luego de acabado y prendido, con el encendedor de mecha y pedernal que siempre llevaba consigo y mientras empezaban a surgir las primeras volutas de humo, hizo una pausa en su labor sentándose en una piedra de la linde, para contarme una de sus interesantes historias.

Verás – empezó diciendo tras adoptar actitud de narrador – dicen que un día, un padre y un hijo, tuvieron que ir a la ciudad distante unos kilómetros, y muy temprano, vestidos con la ropa de los domingos, salieron a lomos de un borriquillo que tenían. -No habían recorrido ni un kilómetro, cuando se cruzaron con otro hombre, que en voz alta y  para que ellos lo oyeran comentó.
“Hay gente para todo.... ¿será posible...? los dos subidos encima del burro... y llevan al pobre animal destrozado...¡ hay que ver!

El padre - continuo narrando mi progenitor – se bajó de la acémila mientras permaneció subido en ella el hijo, y a poco se cruzaron con otro transeúnte, que nada más verlos espetó, en similar tono que el anterior.

“Hay gente para todo... ya se vé... el pobre padre, ya viejo y cansado, andando y el hijo joven y fuerte, subido en el burro.... ¡vivir para ver!

Mientras se deleitaba, dando profundas caladas a su artesanal cigarro, continuó:
Al oír esto – siguió narrando – se cambiaron uno por el otro, ocupando el padre el lugar del hijo a lomos del burro, mientras este marchaba a pie a su lado, y en ese momento se cruzaron con el tercer viandante.
-“Hay gente para todo... - comentó este - el pobre niño andando, y el padre, un hombre fuerte y sano, encima del burro ¡desde luego vaya padre...!”


-El padre y el hijo se miraron entonces, y buscando contentar a todos, decidieron hacer el resto del camino ambos a pie, llevando - a partir de ese momento- al burro del ronzal, y fue entonces, cuando se cruzaron con el cuarto ciudadano.
-Este último, sin poder contener la carcajada, exclamó. 
-“Desde luego hay gente para todo.... ¿serán idiotas...? ¿pues no va el burro vació y ellos andando ...?

   
Mientras daba las últimas inhalaciones a la colilla a que se había reducido su cigarro, y reiniciaba de nuevo su labor - de igual forma a como lo había estado haciendo durante toda la tarde - me dijo en tanto me acariciaba cariñosamente la cabeza.
    
-Hijo...¿has entendido ahora porque sigo haciendo lo que hago, pese a lo que cada uno opine ?...
- y tras una pausa concluyó - porque es lo que creo que debo hacer...

Los niños, son pequeños pero no tontos, en realidad pienso que son los menos tontos de los humanos, y al cuento nada le dije, pues estaba seguro de que él, tampoco esperaba que lo hiciese...

Han transcurrido mas de sesenta años de lo que ahora narro y para mi sigue teniendo la historia tanta vigencia como entonces la tuvo.

No sé - amigo lector – cual será tu opinión sobre ella, pero quiero decirte que sea cual sea, estoy persuadido de que – seguramente - tienes razón...
 
J.M. Hidalgo (Historias de Gente Singular)

El asesinato en Madrid del teniente José del Castillo

Tal día como hoy 12 de julio de 1936, tiene lugar en Madrid el asesinato del teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo, que sería, junto con el del diputado derechista José Calvo Sotelo considerados como detonantes de la Guerra Civil Española.

Tras la proclamación de la II República, Castillo  se  declaró socialista y sufrió condena por su actuación durante la Revolución de 1934, pues se negó a reprimir a los obreros sublevados y una vez concluida en 1935, y ante el cariz de los acontecimientos, adoptó una actitud decidida en defensa de sus ideales de izquierda.

Tras el triunfo del Frente Popular en 1936, pasó a la Guardia de Asalto y en este tiempo se producen continuos y violentos enfrentamientos entre militantes de izquierda y de derecha, especialmente falangistas y carlistas, así como una ola de atentados contra los militares de la Unión Militar Republicana Antifascista.

Uno de estos incidentes tiene lugar el 14 de abril, en el que resulta muerto el alférez De los Reyes, de la Guardia Civil y en la represión subsiguiente muere, por disparos de uno de los hombres de la sección de Castillo, un primo del fundador de la Falange José Antonio Primo de Rivera.

Desde este día, Castillo se convirtió en objetivo de las milicias derechistas, las amenazas menudean y sus superiores le proponen trasladarle fuera de Madrid, cosa que él no acepta, sufriendo dos intentos de asesinato y las milicias de las Juventudes Socialistas lo escoltan sin que él lo sepa.

El 12 de julio, tras asistir a los toros, es advertido de que esa noche se va a atentar contra su vida, pero Castillo,  decide incorporarse a su puesto como cada día y a las diez de la noche, cuando dobla la esquina para encaminarse al cuartel, cuatro pistoleros de extrema derecha pertenecientes al Tercio de requetés de Madrid,  o falangistas según otros autores, le disparan sin darle tiempo a sacar su arma reglamentaria, siendo trasladado a una casa de socorro cercana donde ingresa cadáver.

El teniente Castillo, posiblemente, habría sido uno más de los militares asesinados por pistoleros de la derecha de no ser por los acontecimientos que siguieron al conocimiento de su muerte. Su asesinato motivará, en venganza, el secuestro y asesinato por algunos de sus compañeros de uno de los políticos más señalados de la época, José Calvo Sotelo, líder de la conservadora y monárquica Renovación Española.

La tesis más aceptada es que los compañeros de Del Castillo, era matar al jefe de la CEDA José María Gil-Robles, pero al no encontrar a este en su domicilio se encaminaron al de José Calvo Sotelo - líder de Renovación Española - al que se llevaron de su domicilio, con una orden de detención falsa, y tras dispararle dos tiros dentro del coche en el que iban, dejaron su cadáver en el depósito del cementerio del Este.

Los militares que dieron cuatro días después el golpe de Estado con la sublevación en Melilla del ejército de África, comenzando la Guerra Civil Española, reiteraron con frecuencia desde el final de la contienda que se habían rebelado a raíz de este crimen.

Pese a que es sabido, que durante muchos meses antes de que se produjera el asesinato ya se habían iniciado gestiones y concertado la sedición, incluyendo algunos como el puente aéreo, el primero de la historia, con el que aviones de la Luftwaffe alemana trasladaron a la península a las fuerzas rebeldes.