martes, 21 de julio de 2020

El llamado "juicio del mono"

Tal día como hoy, 21 de julio de 1925, John T. Scopes fue condenado por violar la ley del estado de Tennessee por enseñar la teoría de la evolución de Darwin en el llamado “Juicio del mono”. La condena fue posteriormente anulada.

Para los muchos que creían literalmente en la historia de “la creación” relatada por la Biblia, la teoría de la evolución, propuesta por Charles Darwin en 1859 resultaba blasfema, y su aceptación era una prueba de la decadencia y la degradación de la sociedad. Algunos estados sureños, en los que el fundamentalismo religioso estaba más arraigado, aprobaron leyes que prohibían la enseñanza de la teoría darwinista.

En Tennessee se había instaurado la “Butler Act”, según la cual en las escuelas públicas no podía enseñarse ese “engendro del demonio disfrazado de teoría científica” que era la teoría de la evolución. La única historia verdadera era la de la Biblia, la de Adán y Eva, moldeados por Dios desde el barro y una costilla respectivamente.

Cualquier profesor que se atreviese a predicar las atrocidades que sostenía Darwin en lo referente al origen del ser humano debería atenerse a las consecuencias. La “lógica” decía que un mono o una cucaracha pueden descender de donde les de la gana, pero el hombre, solo de Dios.

Y ocurrió que un joven maestro de la ciudad de Dayton, John T. Scopes, decidió en la clase de ciencias explicar ese tema. Hay que decir que Scopes sabía perfectamente lo que hacía y sus consecuencias.

Y así se llegó al juicio, que fue una verdadera batalla entre el dogma y la razón. La fiscalía estaba representada por William Jennings Bryan, exsecretario de Estado demócrata y excandidato presidencial en tres ocasiones. En defensa del acusado actuó Clarence Darrow, considerado uno de los mejores abogados del país.

El juicio duró ocho días, pero al final del mismo el jurado tardó solo nueve minutos en dar su veredicto. Scopes fue declarado culpable. Su castigo fue una multa de cien dólares (luego la multa se redujo a un dólar) porque al fin de cuentas admitió haber impartido enseñanzas sobre la evolución, pero se libró de la pena de cárcel, que era lo que había pedido el fiscal. A pesar del fallo, el resultado del juicio fue interpretado como un triunfo de los evolucionistas.

Apenas terminó el juicio, William Jennings Bryan repartió entre los periodistas copias de su alegato final. Dicho alegato no fue leído por él mismo en el juicio en forma completa, pero el fiscal quiso hacer públicas a través de la prensa sus conclusiones, que eran en realidad una declaración creacionista que apelaba al aspecto moral y la fe.

El escrito finalizaba con una expresión de fe: “Fe de nuestros padres, viva aún, a pesar de la mazmorra, el fuego y la espada; oh, cómo nuestros corazones laten fuerte con alegría al escuchar esa gloriosa palabra. Fe de nuestros padres. Fe sagrada; ¡te seremos fieles hasta la muerte!” .

El fiscal William Jennings Bryan fallecería de un ataque cardíaco, a los sesenta y cinco años, cinco días después de finalizado el juicio.

La ley de Tennessee sobrevivió, pero sin ser aplicada, hasta 1967. Lo que se enseña hoy en muchas escuelas en Estados Unidos sigue, casi un siglo después, dando vueltas entre el creacionismo y el evolucionismo.

En los estados de Texas, Oklahoma, Dakota del Sur e Indiana, están estudiando la implantación de leyes para poner ambas opciones al mismo nivel de enseñanza.


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