lunes, 16 de agosto de 2021

Cuando Hernán Cortes ordenó “quemar sus naves”

 

Tal día como hoy 16 de agosto de 519, el conquistador español Hernán Cortés y sus hombres comienzan su expedición adentrándose en tierras de México tras haber ordenado quemar sus naves, para zanjar la disputa con los partidarios del gobernador Diego de Velázquez, que mantienen que hay que regresar a Cuba porque la expedición se puede dar por concluida. Intuyendo la riqueza de Tenochtitlán, Cortés y la mayoría de sus capitanes y tropas están en desacuerdo.

Para zanjar la cuestión, Hernán Cortés ordena varar y quemar todas las naves. De este modo todos se tienen que rendir ante las evidencias, no quedándoles más remedio que adentrarse en los nuevos territorios.

Siempre ha existido la idea de que Cortés mandó quemar sus naves. Esto no es cierto y es otro más de los mitos que se vienen repitiendo desde hace años. 

Ante la inquietud de varios soldados que le eran fieles al gobernador de Cuba, Diego Velázquez, y que en cualquier momento pudieran tomar los navíos y regresar a Cuba, pues no estaban de acuerdo en que Cortés hubiese desobedecido las órdenes del gobernador, unido a la decisión de don Hernán de iniciar la marcha hacia Tenochtitlan y su temor de dejar las naves a flote y que pudiera ocurrir tal cosa, ordenó que fuesen varadas en la costa y desmanteladas de todos sus aparejos.

Así lo indica Cortés en su segunda carta, “los dichos navíos no estaban para navegar, los eché a la costa; por donde todos perdieron la esperanza de salir de la tierra, y yo hice mi camino más seguro, y sin sospecha que vueltas las espaldas no había de faltarme la gente que yo en la villa había de dejar”. Poco después agrega: “Ocho o diez días después de haber dado con los navíos en la costa…” (Cortés, s/f, I: pp. 139-140).

Por lo que leemos, jamás menciona que hubiera quemado las naves. Bernal Díaz también relata lo acontecido y señala: “Estando en Cempoal, como dicho tengo, platicando con Cortés en las cosas de la guerra y camino que teníamos por delante, de plática en plática le aconsejamos los que éramos sus amigos, y otros hobo contrarios, que no dejase navío ninguno en el puerto, sino que luego diese al través con todos…” (Díaz del Castillo, 2014, I, p. 203). A continuación sigue diciendo “Después de haber dado con los navíos al través…” (Díaz del Castillo, 2014, I, p. 205).

Es decir, que los embarrancase o encallase para su posterior desguace o desmantelamiento.

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