lunes, 24 de marzo de 2025

Francisco de Goya, el genial pintor de cámara del rey Carlos IV

Tal día como hoy, 25 de marzo de 1789, el Rey Carlos IV nombraba a Francisco de Goya y Lucientes, pintor de cámara.

Francisco de Goya, fue el artista europeo más importante de su tiempo y el que ejerció mayor influencia, en la evolución posterior de la pintura, ya que sus últimas obras, se consideran precursoras del impresionismo.

De su padre aprendió el oficio de dorador, pero Francisco de Goya decidió dedicarse a la pintura. Para ello se trasladó a Madrid a formarse, junto a Francisco Bayeu, la persona que le proporcionó trabajo, en la Real Fábrica de Tapices.

Al mismo tiempo, Francisco de Goya empezó a pintar retratos y obras religiosas, que le dieron un gran prestigio, hasta el punto de que en el año 1785 ingresó en la Academia de San Fernando y, más tarde, el 25 de marzo de 1789, fue nombrado pintor de corte por el Rey Carlos IV.

Francisco de Goya, no solo trabajó como retratista para la familia real, también para la aristocracia madrileña, y de hecho, entre estos retratos, se encuentran algunas de sus obras más valoradas, como"La condesa de Chinchón" o las famosas "La maja vestida" y "La maja desnuda". Sobre estas últimas, se dice que representan a la duquesa de Alba, noble con quien Goya, había mantenido una relación, de tintes escandalosos.
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En 1799, concluyó una de sus grandes series de grabados, "Los caprichos", ochenta y dos aguafuertes, que constituyen una crítica feroz, de la sociedad civil y religiosa de la época. En esta serie, aparecen ya algunos personajes extraños y macabros, que acabarán protagonizando sus obras posteriores. Por esos mismos años, Francisco de Goya, también se ocupó de la decoración del fresco, de la ermita de San Antonio de la Florida.

En 1808, con la invasión de las tropas napoleónicas, Francisco de Goya pasó a encontrarse en una situación delicada, ya que mantuvo su puesto de pintor de corte con el Rey José Bonaparte. Ello no le impidió plasmar los horrores de la guerra, en obras como "El 2 de mayo" y "Los fusilamientos del 3 de mayo", que reflejan los dramáticos acontecimientos, de aquellas fechas en Madrid.

En cuanto a su carácter, es muy conocido el mal humor del pintor, tan típico de los sordos. La sordera que le agrió el carácter, fue provocada quizás por el saturnismo, una intoxicación por derivados del plomo, ya que el color blanco, se hacía con este metal.

Cada vez más sordo, Goya se encerró en sí mismo, se volvió huraño y solitario, pero a cambio pintó lo mejor de su producción, con nuevas y arriesgadas obras, como las geniales Pinturas Negras, que preludian el expresionismo o el surrealismo, casi 100 años antes de que este naciera.

El puesto como pintor de corte, bajo el reinado de José Bonaparte, le hizo caer en desgracia a la conclusión de la Guerra de Independencia española. Un hecho que le llevó a retirarse en 1815, de la vida pública.

El 30 de mayo de 1826, se hallaba en Madrid, adonde había viajado para solicitar del rey su jubilación, que le fue concedida el 22 de junio, con su sueldo íntegro de pintor de cámara y permiso para residir en Francia. De vuelta a Burdeos, todavía se entretuvo con algunos retratos, por ejemplo, el de Juan Bautista Muguiro, de la primavera de 1827.

Volvió a Madrid por última vez, a pasar el verano con los suyos, retratando entonces a su nieto Mariano. El 2 de abril de 1828, ya en Burdeos, sufrió un ataque que le dejó hemipléjico. Murió la noche del 15 al 16 de abril. 

A su cabecera estaba el pintor Antonio de Brugada, exiliado desde 1823 y albacea testamentario, del maestro. Todavía pudieron verle con vida su nuera y su nieto, que habían llegado el 28 de marzo, anticipándose a Javier.

El funeral se celebró el 17 de abril y fue enterrado, en el cementerio de la Chartreuse, en el panteón de los Martín de Goicoechea. Sus restos reposan hoy en Madrid, en la ermita de San Antonio de la Florida.

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