Tal día como hoy, 12 de marzo de 1648, fallecía Tirso de Molina, uno de los grandes autores de la comedia española del Siglo de Oro, que dejó más de trescientas obras de este género literario, entre las cuales destacan "El vergonzoso en palacio", "El melancólico" y "Cómo han de ser los amigos".
Cursó estudios con los jesuitas y, en 1601, ingresó la Orden de los mercedarios, redentores de cautivos. Estudió en Toledo y residió en diferentes ciudades, donde ejerció como profesor.
Tirso de Molina, se dedicó sobre todo a la dramaturgia, lo que le llevó, en numerosas ocasiones, a conflictos, con las autoridades eclesiásticas.
En una de ellas, en 1624, cuando publica "Los cigarrales de Toledo", La Junta de Reformación, le condenó a destierro de la corte, por escribir comedias profanas.
Más tarde, en 1626 fue nombrado comendador del convento de Trujillo, sin embargo, poco duraría en el cargo, ya que fue confinado en el convento de Cuenca, por orden del visitador general, P. Salmeron. Todo hace indicar que este nuevo destierro, se debió a las mismas causas que habían provocado el anterior.
En 1632 fue nombrado cronista de su orden. En 1645 fue nombrado comendador del convento de Soria. Al año siguiente obtuvo el cargo de definidor provincial de Castilla. Falleció un año después, en la localidad castellana de Almanzán.
Fiel seguidor de la comedia nueva de Lope de Vega, Tirso de Molina hizo algunas aportaciones a la renovación teatral. Respecto a los personajes, los dotó de una profundidad psicológica y llama la atención, la presencia en sus obras de mujeres más decididas, que a veces muestran su independencia y manifiestan su desacuerdo, con una situación, hasta el punto de poder vengarse ellas mismas, sin la participación del varón.
Estudió, los asuntos de tradición nacional y se inspiró, en la realidad social y religiosa de la época. Con respecto a los temas, son frecuentes el libre albedrío, la predestinación y la salvación del alma.
En cuanto al estilo, Tirso emplea un lenguaje rico con influencias culteranas, manifiesta un gran sentido de humor, un manejo virtuoso del idioma y destaca el tono realista.
"El burlador de Sevilla", obra atribuida a Tirso de Molina, está protagonizada por el joven don Juan, dedicado al engaño y seducción de mujeres.
Es un joven, que no respeta las normas morales y desobedece las advertencias, sobre el peligro que corre su alma, respondiendo siempre con su frase "tan largo me lo fiáis". Será ésta la primera encarnación, de uno de los grandes mitos modernos, de inagotable fecundidad en la historia, de la literatura occidental.
Aunque existían antecedentes históricos y literarios de la figura del seductor y las muestras de un convidado, que viene del más allá, la originalidad de Tirso de Molina o de quien fuese el autor de la obra, radica en haber aunado estos dos motivos literarios, es decir, enfundir en la misma obra, el personaje de un joven libertino, burlador de mujeres y el de la cena macabra.
Esta pieza, como la mayoría de las de los dramaturgos del siglo XVII, responde estructuralmente, a una concepción dinámica de la acción, en paralelo a la vida que vive don Juan. Este vive su vida como si fuese un relámpago entre el amor y la muerte, entre el goce y el castigo. Don Juan, valiéndose de su capacidad de seducción, engaña y se burla de las mujeres, que va encontrando en su camino.
En uno de esos encuentros, don Juan conoce a Ana de Ulloa y se propone conquistarla, para nuevamente burlarse, como ha hecho con las anteriores mujeres. Entra en sus aposentos y Ana pide auxilio.
Entra su padre, don Gonzalo el comendador, y reta a don Juan. En el forcejeo, don Gonzalo muere a manos de don Juan. Tiempo después, don Juan entra en el cementerio y allí se burla de la estatua del comendador, invitándole a cenar. Al día siguiente don Juan con su criado acude a la cena, pero no da muestras de arrepentimiento. En un determinado momento, el fantasma del comendador, le da la mano al burlador y lo lleva a los infiernos.
La obra se divide en tres actos o jornadas y hay un constante cambio de espacio, de tiempo y de acción, y así transgrede la norma de la regla de las tres unidades. Los metros más utilizados son la redondilla y el romance, pero también se usan a lo largo de la misma, la décima o la quintilla.
Además de tratar el tema del joven burlador y la presencia de ultratumba, el autor juega con otros motivos literarios como las promesas no cumplidas, la noche, propicia para el amor y la muerte, o las advertencias ignoradas.
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