domingo, 14 de febrero de 2016

La ignominiosa derrota española en el Cabo San Vicente.

Tal día como hoy 14 de febrero de 1797 la escuadra española es derrotada de manera vergonzosa, en la batalla del Cabo San Vicente.

La batalla del Cabo de San Vicente, se desarrolló frente al cabo de este nombre, en la costa portuguesa del Algarve, entre la escuadra española, en aquel momento aliada a Francia por el Tratado de San Ildefonso, y la inglesa dentro de las Guerras Revolucionarias Francesas.

La escuadra española, la formaban 27 navíos de línea, 11 fragatas y un bergantín, con un total de 2.638 cañones, entre los cuales estaba el “Santísima Trinidad”, el mayor buque de guerra del mundo entonces, con 136 cañones y el único con cuatro cubiertas de artillería.

Poco antes de su llegada a Cádiz en medio de un fuerte temporal, fue interceptada por la flota inglesa, con solo 15 navíos de línea, cuatro fragatas, dos balandros y un total de 1.430 cañones al mando de John Jervis.

Aunque el almirante ingles vio clara su inferioridad numérica - dos barcos españoles por cada inglés - se decidió a atacar para tratar de impedir que se unieran a la flota francesa, pues advirtió que la escuadra española estaba mal dispuestos para el combate, mientras los ingleses conservaban sus líneas y en una audaz maniobra, separó a los españoles en dos grupos, lo que le permitió el uso de los cañones de sus barcos, mientras impedía que los españoles pudieran usar todos los suyos.

La batalla, se desarrolló durante todo el 14 de febrero, y acabó con una vergonzosa derrota para la armada española, pues de los 27 navíos con que contaba, solo entraron en combate siete, perdiendo cuatro de estos, y estando a punto de perder el “Santísima Trinidad” a no ser por la actuación de Cayetano Valdés, que acudió en su socorro cuando ya había arriado su bandera rindiéndose, y amenazó al buque insignia español con cañonearlo, si no levantaba de inmediato su pabellón y seguía luchando.

Valdés, actuando por propia iniciativa, apareció en un momento crucial en medio de los ingleses, y a toda vela entre la niebla, exhortó a su gente a salvar el barco o perecer en el intento y secundado por sus hombres izó de nuevo la bandera en el Trinidad, y salvó al buque insignia de caer en manos inglesas, por lo que fue ascendido a capitán de navío, llegando a convertirse con los años, en Capitán General de la Real Armada, donde dejó memoria por sus grandes cualidades de carácter.

Cuatro buques españoles más, quedaron muy seriamente dañados, y los británicos apresaron a cinco, siendo el  balance de la batalla de un total de 390 muertos y 454 heridos, lo que hacen un total de 844 bajas españolas.

La flota británica, demostró que, a pesar de estar en inferioridad numérica, la disciplina y el entrenamiento de sus marinos eran fundamentales para ser un arma de guerra imbatible.

El resto de la escuadra huyó hacia Cádiz, donde entró el 3 de marzo, siendo objeto de burla y escarnio de los gaditanos por su humillante derrota, la cual motivo que su almirante José de Córdoba, hubiese de  enfrentarse a un consejo de guerra, donde fue degradado.

Su falta de decisión y cobardía, hizo que pese a poder hacerlo, no atacase a los navíos ingleses, varios de ellos destrozados y a remolque y habría podido evitar que se llevaran cuatro barcos españoles, dado que los ingleses estaban dañados y casi sin municiones, mientras la escuadra española, salvo los siete barcos que combatieron, estaba intacta.

2 comentarios:

  1. Ante esto cabe solo una pregunta: ¿por qué?

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    1. La Historia es despiadada Pepe. Solo cuenta hechos, las conclusiones las hemos de obtener nosotros...

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