miércoles, 30 de octubre de 2019

La penicilina, un descubrimiento por casualidad

Tal día como hoy, 30 de octubre de 1928, el ciéntifico escocés Alexander Fleming, realizó en su laboratorio uno de los descubrimientos más importantes de la historia: la penicilina, por el cual obtuvo el Premio Nobel en Medicina en 1945.

Este compuesto de antibióticos consiguió tratar enfermedades como la neumonía, la escarlatina o las infecciones de piel y garganta, dolencias que en la época eran de suma gravedad.

Gran parte de los descubrimientos en el mundo de la investigación se originan de forma casual. Esto mismo, conocido con el término de serendipia, ocurrió con el hallazgo de la penicilina.

En 1928, el investigador Alexander Fleming protagonizó un acontecimiento que cambiaría el curso de la historia de la Medicina. El hallazgo de la penicilina, que Fleming no dio a conocer hasta 1929, abrió las puertas de la revolución antibiótica.

Muchas especialidades médicas no existirían hoy, si Fleming no se hubiera encontrado en una placa de su microscopio un hongo bautizado como "Penicillium notatum", asi pues fue la casualidad la que originó este importante descubrimiento.

Todo comenzó a finales de julio de 1928 cuando, antes de irse de vacaciones, Fleming dejó unas 50 placas inoculadas para que creciera una bacteria patógena, el estafilococo. A su regreso, el 3 de septiembre, en el desordenado laboratorio, encontró una de esas placas contaminada con un moho.

En lugar de tirar a la basura ese experimento fallido, la curiosidad de Fleming le impulsó a analizarlo. Observó que, alrededor del hongo, las colonias de estafilococos más cercanas a él estaban muertas, mientras que las más lejanas se habían reproducido normalmente e inmediatamente, se percató de que el hongo, llamado Penicillium notatum, había liberado alguna sustancia bactericida, que Fleming bautizó como penicilina.

Alexander Fleming abandonó sus trabajos entre 1929 y 1931 porque sus experimentos le indicaron que aquella sustancia no permanecería en el cuerpo después de ser inyectada y que por ello no podría servir para tratar una infección.

Sin embargo, sus artículos y conferencias acerca del tema fueron retomadas por Howard Florey, Ernst y Norman Heatley, quienes purificaron la penicilina y la usaron en ratones infectados con estafilococos para salvarles la vida.

Después de superar los ensayos clínicos en humanos, Florey, Chain y Fleming recibieron el premio Nobel de Medicina en 1945 por el descubrimiento y producción de la penicilina, lo cual estimuló la búsqueda de nuevos antibióticos y transformó la medicina.

La penicilina comenzó a utilizarse de forma masiva en la Segunda Guerra Mundial, donde se hizo evidente su valor terapéutico. Desde entonces, se ha utilizado con gran eficacia en el tratamiento contra gran número de gérmenes infecciosos, especialmente cocos. En este sentido, se ha mostrado sumamente útil para combatir enfermedades como la gonorrea y la sífilis.

En realidad, la penicilina inició la era de los antibióticos, sustancias que han permitido aumentar los índices de esperanza de vida en prácticamente todo el mundo.


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