martes, 23 de junio de 2020

Noche de San Juan

 
Esta noche son las hogueras de San Juan.

Las hogueras, vienen marcadas por la proximidad del solsticio de verano, y a este, a su vez, lo determina el sol, que cansado de subir por el cielo hacia el norte desde finales del año anterior, decide regresar a sus cuarteles de invierno, en el hemisferio sur, y nos avisa con su marcha de que el frío – aunque parezca mentira – se acerca de nuevo.

Los solsticios han sido siempre tiempos de propósitos. En la antigüedad, en el de invierno - que sucede en diciembre - los homínidos, asustados ante la expectativa de que el sol siguiese bajando hasta perderse para siempre en el horizonte, dejándolos sumidos en la más profunda oscuridad, hacían incluso sacrificios para congraciarse con el dios sol, y conseguir que este desistiese de lo que parecía su terrible propósito.

No obstante, y aunque en la actualidad el hombre moderno sabe que esto no va a suceder, seguramente por el atavismo ancestral de milenios, tanto en uno como en otro de los solsticios, siente - de alguna manera - la necesidad de modificar su conducta para, a su modo, avenirse con el astro rey y consigo mismo.

En el solsticio de verano, además de propósitos, el hombre realiza también actos encaminados a este fin, que se manifiestan en las hogueras que para conmemorar el  evento, se desprende de todo lo que él considera un lastre en su vida.

Desde primeras horas de la víspera de San Juan, en las plazas, en las intersecciones de las calles o en los descampados, se hacinan montones de objetos adonde se van arrojando muebles viejos, ropas y todo tipo de cosas, que nos traen a la memoria situaciones desagradables o tristes. Es decir, todo lo que ha formado la parte menos deseable de nuestra propia existencia, y que queremos para siempre olvidar.

Luego, a la hora mágica de las brujas - o casi siempre antes, porque así lo quieren los impacientes - todo se torna una pira ardiente, en donde creemos poder calcinar lo más doloroso y  terrible, de nosotros mismos.

Cuando la hoguera es ya solo ceniza, el ser humano, ve con tristeza y a veces con estupor, que nada ha cambiando, y que aunque los objetos ya no existen, los recuerdos siguen, y una vez acabada la ilusión y el vértigo que el fuego produce, continúan siendo como fueron ayer.

Y mientras algunos intentan – sin resultado – destruir con el fuego lo que muchas veces forma parte de su esencia misma, esa noche mágica y fantástica, hay quien busca y casi nunca halla, un trébol verde de cuatro hojas, con la vana esperanza de que este cambie para siempre el signo y destino de su vida.

-“A  coger el trébol, el trébol, el trébol,
 A  coger el trébol,  la noche de San Juan…”

Precisamente por todas estas cosas, cada tiempo, cada fiesta y cada tradición, tienen su magia, su encanto, y su maravilla y hoy toca, disfrutar de esta…


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